lunes, 13 de julio de 2009

¿Dejaremos botado siempre los juguetes viejos cuando nos dan uno nuevo?

Ese es el problema (en mi humilde y humana opinión...) de no terminar de apreciar lo nuestro. Por eso la debilidad ante lo novedoso...
Si notamos que hay un color de moda, creemos que si desarmamos el rancho y lo volvemos a armar, pintadolo de ese color, dejará de ser rancho.
Lo mismo ocurre con la democracia: No nos decimos: "...agarremos esto y hagamosla modelo para el mundo, como muestra de valor justo y social, guiado por Dios."; ¡No!, ...preferimos decir "¡desarmemos eso y hagamos uno distinto; ya veremos si funciona!"...

Es como el(la) que pinta la casa en Diciembre, cuando le llegan los aguinaldos, creyendo que así, los problemas con la esposa (o), se van a acabar.
A veces tratamos a la nación como si fuera una empresa, que cambiándole el logo, o el sentido en que mira dicho logo en su marca registrada, atraerá mas clientela, sin necesidad de mejorar el producto. ¡Lo podrido no cambiará con envase nuevo!.
No hemos sido capaces de mantener el hilo de un plan de desarrollo ni siquiera por cinco años, sin exponerlo a cambios caprichosos de cualquier indole, o pesados lastres que garantizan su zozobra.

No nos molestemos por esto que hay que escribir; la verdad hay que decirla para que la solución concertada pueda ser asimilada.

Seamos claros: Muchos sienten debilidad por lo del exterior. Ponerle a una plaza el nombre de cualquier extranjero, por admiración hacia lo de afuera, resulta denigrante cuando ello refleja la desconcideración silente hacia lo nuestro: todos los Pedros, Juanes, Joses, o Marias, Elenas y Josefinas que en esta tierra, se rompen el alma trabajando en medio de injusticias, para levantar a los hijos que serán a la larga quizás, los arquitectos desnutridos y desempleados de nuestro futuro.

La apenas adulta Venezuela necesita curarse de sus enfermedades para poder criar a sus hijos y nietos del futuro; matarla y buscar otra totalmente distinta, sólo logra desdibujar lo que somos, y lo que nuestras experiencias pueden permitirnos llegar a ser como nación, con un espiritu fuerte y claro.



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