sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Y Ahora que en Venezuela?

Es navidad.
La política, personificada al presente por un patético presidente y por un séquito de entusiastas usuarios de la cosa pública y ajena, que cual Grinch nórdico, se han encargado de robar lo pagano de la festividad, se antoja fatalmente herida, padeciendo en los estertores de su comprometida salud, un final imparable y necesario para el surgimiento de una nueva oportunidad republicana.
Y esto es importante, porque siempre lo más determinante en la vida es lo que precisamente está por delante en conjugación con ese presente inmediato que nos obsesiona, y por ello un nuevo año que nos llega es la oportunidad de navegar el universo de las circunstancias venezolanas que se resume sin embargo en enfrentar la gran decisión como sociedad, de resolverse, o bien, a enmendar las cosas que nos han traído hasta esta vacuidad hecha país, o bien, perecer en la sumisión y resignarnos a transformarnos en algo que ya no sería la “Venezuela bonita” que soñábamos pero que sin embargo, nunca fue.
Y lo digo porque debemos aclarar que no podemos ser incautos: Nuestra sociedad siempre fue un “cerdo salvaje” cubierto con un manto de seda blanca. Venimos de una historia plagada de guerras, combates, caudillos, y es por eso que de vez en cuando, en lo que el poder está disponible para todos, la aberración asume el control, y el resultado es el típico que ahora vivimos y padecemos.
Pese a esto, convencido estoy de que tenemos un enorme potencial también para lo bueno y sensato, lo cual por cierto, más de una vez hemos expresado a través de las cosas maravillosas de las que somos capaces como individuos y como sociedad, aunque no por ello volteemos la mirada lejos de las detalles terriblemente viciosos que han hecho vida entre nosotros, -de manera soterrada usualmente-, y que bajo ningún concepto deben ser minimizadas, ignoradas o censuradas; hacerlo sería  darle nuevamente la oportunidad al mesianismo para ocupar el aún fresco “vacío” dejado por Chávez y la laxitud social a ser arreada.
“No hay vicio del que se pueda liberar un alma, sin enfrentarlo primero y aceptar toda su cruda realidad”.
Lo que somos no debemos ocultarlo; hacerlo sería incurrir en el error de otras sociedades que allende a nuestras fronteras han preferido convertir en “estadísticas colaterales”, sus mayores debilidades y fallas. Es cierto que los métodos de la violencia en Venezuela se han visto “enriquecidos” sin que lo pretendiéramos, por las ideas y métodos importados desde Colombia, México o llegados sin resistencia alguna desde la misma TV estadounidense con sus cada vez más retorcidos programas de “entretenimiento”, pero ello no nos resta gravedad frente al hecho puntual de como siendo sociedad, hemos sido cómplice de su tolerante incorporación en el diario vivir de la nación.
Dicho esto, es hora de decidir.
¿Seremos más que nuestra propia historia, o nos dejaremos ahogar en los ya documentados fracasos sociales del siglo XIX y XX?

Si escribo estas líneas y lo hago hoy, cuando me preparo para compartir con mi familia una noche de significado espiritual, es porque definitivamente confío en que si podemos dar un cambio en el rumbo que seguimos, y lanzarnos en una aventura realmente espectacular y emocionante de descubrimiento y reorganización social, sin más sobresaltos que los producidos por la fuerza y profundidad de nuestros sueños morales y éticos.
¿Y ahora qué en Venezuela; cuáles son las opciones?
Ya en el 2012 las manifestaba, y no me detuve para recordárselos allí a mediados del 2016: Es definitivo y necesario el establecer el requisito de acordar el cumplimiento del un decálogo de valores, traducido en directrices concretas, que vayan más allá de los componentes de la sociedad que conformamos, ya que solo las nociones superiores a todos nosotros (pero compartidas por consentimiento mutuo), son capaces de impulsarnos de forma continua y sin cortapisas:
EL “DECALOGO”  DEL COMPROMISO FUNDAMENTAL:
1.- No podemos hacer nada fuera de la constitución y la venezolanidad manifiesta en ella, por tanto, nuestra máxima meta es el bienestar colectivo mediante los más altos valores individuales del hombre/mujer de Venezuela: Dios, honor bolivariano, verdad libertaria y justicia nacional. Esto únicamente podrá ser alterado por el ejercicio soberano de la sociedad venezolana toda, a través de la solicitud y realización de referéndum.
2.- “No pueden gastarse dos Bolívares (y prestar otro adicional), si no se tiene más que un Bolívar disponible para gastar”. Debido a nuestros abundantes ingresos petroleros, estos serán los únicos proveedores de “crédito” para nuestros planes nacionales de desarrollo, organizados mediante la planificación racional del tiempo republicano, sin que ello signifique bajo ningún termino convencional, gastar más de la mitad de dicho ingreso en ello, guardando el resto para posibles etapas sucesivas o extraordinarias, lo cual incluirá la protección de los planes de desarrollo ulteriores para la siguiente generación de venezolanos.
3.- Sólo el gasto social racionalmente necesario y el de desarrollo técnico industrial nacional, puede justificar inversión sin ganancia monetaria neta, a condición de que no viole el segundo postulado. Con ello se ejercerá la verdadera soberanía alimentaria, medica, electrónica y metalmecánica básica, estimulando y propiciando el diseño y la producción autóctona, con el consecuente fortalecimiento de la autoestima como nación, siguiendo una estrategia nacional y de consenso claramente diseñada y refrendada por las mayorías.
4.- Únicamente al satisfacerse adecuadamente los cuatro pilares básicos venezolanos de la estabilidad socio familiar (salud, educación, seguridad laboral y marco jurídico) en el marco de un tiempo razonable a futuro, se podrá considerar el invertir (más no obsequiar) recursos en el extranjero, con fines humanitarios y de desarrollo fuera de los acuerdos legalmente ya suscritos por la nación y tomados en cuenta por la misma constitución.
5.- Cada hombre o mujer relacionada con la administración pública, responsable de uno o más delitos y/o penurias colectivas o individuales en nuestro territorio, una vez debidamente juzgado, se le registrará públicamente su acción e identidad, para nunca ser olvidada. Esto ha de ser incorporado como clausula dentro de cualquier contratación o asignación de cargo público, de manera que su aceptación sea eminentemente voluntaria. No podemos permitir la impunidad.
6.- Nadie podrá pasar necesidad en los cuatro pilares básicos, al estar amparado cada ciudadano y extranjero/visitante por los derechos humanos suscritos por la nación, para lo cual también el estado asistirá y garantizará la manera en que esa persona asistida pueda compensar al colectivo, mediante su voluntario y valioso aporte laboral (Necesario es sembrar la noción de que nada es gratis, aparte del amor). Deseamos una sociedad de colaboradores, no de vividores.
7.- Ante la injusticia y culpabilidad social en el manejo de la nación durante las últimas 7 décadas, una gran etapa de amnistía nacional será aplicada, exceptuando a aquellos cuyas acciones implicaran la muerte comprobada y premeditada de otros, o la dilapidación de extraordinarios recursos económicos, los cuales deberán ser repatriados.
8.- Todo menor de 18 estudiará así trabaje, y todo mayor de 18 trabajará así estudie, salvo los casos excepcionales establecidos por las leyes. El estado garantizará esto a través de todo funcionario asignado para el cumplimiento de este mandato, so pena de ser suspendido del cargo público. Tan importante como aprender la venezolanidad, es que se aprenda el valor del trabajo digno, como elemento clave de progreso personal, y colectivo.
9.- Los trabajos relacionados a las labores de Medicina/salubridad, policía/defensa, educación y justicia, implicados a su vez estratégicamente con los cuatro pilares mencionados, serán los mejores remunerados, fiscalizados y reconocidos, desde el mismo momento en que comience el proceso de estabilización nacional. Todo individuo tomado prestado para la administración de lo público, se le garantizará su reinserción exitosa al campo no político nacional, una vez terminada su función, a fin de evitarle “tentaciones de hurto y corrupción” durante su labor publica. Su disponibilidad a la orden de los consejos nacionales de asesoramiento a crear en el futuro, será una de las recompensas para algunos de los más destacados individuos observados en estas y otras disciplinas fundamentales de la sociedad venezolana.
10.- Ningún cambio constitucional tendrá efecto hasta el siguiente periodo de gobierno, donde su influencia sobre los proponentes no sea mayor que para el resto de la población.

Cosas simples, pero que llevarlas a efecto resultan en una labor titánica, únicamente capaz de ser materializada por hombres y mujeres resueltos a construir, a lograr el derecho a poder decirse constructores de un mundo nuevo.
El estado actual de las cosas posibilita que directrices sencillas permitan generar profundos cambios. Esa es la fortaleza expuesta y a nuestro alcance en medio de la debilidad de una republica disgregada y al borde de la futilidad más absoluta concebible.
Estoy lleno de Fe; hemos llegado hasta aquí con nuestros valores intactos a pesar de la supina estupidez de quienes gobiernan, y solo por ello nos estamos ganando el derecho soberano de lograr proezas que aún muchos ni se atreven a soñar en otras partes del mundo.
No se dejen robar lo único que cuenta en verdad: Los valores que construyen los puentes con los que nuestros hijos exploran sus propias vidas.


Felices fiestas.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Venezuela aun no llega al fondo

Dia tras dia, y como retando hasta la misma calma a la que estaba acostumbrado el colectivo humano de Venezuela en estas fechas, la cosecha de tantos "desaciertos" sembrados sigue su curso, y con ello el desconsuelo de las masas que todavia no encuentran sentido al descalabro que derrumba todo alrededor.

Tarde o temprano toda sociedad que centra en un solo individuo la suma de sus decisiones importantes, -en detrimento de su estructura institucional-, termina arrojada por el abismo de la improvisación y de la perdida innecesaria.

¿O no es innecesaria?

Los ciclos sociales existen; eso no hay que explicarlo, pues de sobra lo han hecho ya los estudiosos del tema. Nuestra sociedad (que no el país, que tan solo es un "reflejo" en el espejo humano de la vida como colectivo), que pasa por una transición cíclica de enormes consecuencias, y cuyo desenlace se pierde en la oscuridad de los años por venir, se debate ahora entre los estertores de un fin anunciado, y un nacimiento no esperado.

Los actores políticos lucen agotados y desgastados, sin ideas claras; los medios de comunicación nunca habían "descomunicado" como ahora; los periodistas jamas habían estado tan "circunscritos" a describir eventos, sin adentrarse en las consecuencias o en las causas, mientras que las instituciones se han empeñado sin coordinación predeterminada, a formalizar la impunidad y el trampa como forma de organización social que ha pretendido ser elevada al rango de república, con las terribles consecuencias que ahora vemos entre la ética y la moralidad que se pierden, cual hilos de sangre que descienden por un cuerpo herido y atormentado.

Cuando la improvisación se hace pan diario sin que exista castigo por los daños causados, sabemos que estamos cerca del final de algo; cuando los políticos se ven mas contundentes a través de los twiter que escriben que por lo que hacen en la calle, intuimos que algo esta desahuciado y  presto a concluir.

Ver a un presidente negar toda responsabilidad ante los acontecimientos, (al igual que su séquito de zalameros políticos que asumen lo que haya que asumir para mantenerse en el intimo circulo de poder), es también ver como pretende eternizarse la cadena de malas decisiones que une mediante sus patéticos eslabones de anarquía y atraso político y económico, a toda la sociedad.

No hay excusa para vivir de error en error, independientemente de que "algo" en medio, salga medianamente bien.

Debe comprenderse lo que asomé hace unos instantes: El "país" es reflejo en el "espejo" de la "sociedad". No al revés.
De nuestra claridad en la necesidad de las estructuras institucionales, e inmediatamente en la igualmente necesaria muestra de compromiso inobjetable a ejercer la vida social a través del amparo de estas instituciones, teniendo como piso a la constitución y como cielo a nuestras creencias, depende la estabilidad misma no del país como república, sino de la república misma como forma de luz que "refleja" nuestra "imagen social" en el espejo que da forma al país (ahora si), que proyectamos y aspiramos como camino para la prosperidad.

Contemplen de esta manera las cosas, y entenderán el por qué Maduro sigue en el poder tres años después de llegar a el, pese a su pésimo trabajo y actuar.
Piensen así y deducirán rápidamente las causas del pobre desempeño de la Asamblea Nacional, de la MUD, y del PSUV.
Usen ese angulo y entenderán el por que del torpe movimiento que ha significado el cono monetario, la inflación, el billete de 100, la frustración popular hecha acción anarquica (ante la falta de liderazgos congruentes), un TSJ silente, un BCV invisible, y unas FANB solo en modo represivo.

Observen la inacción de todos los políticos, y comprenderán los intringulis que limitan conceptualmente cualquier despertar moral en medio de una explosión de honestidad y cooperación supra partidista.

Mientras, los escollos no dejan en pie a nadie que pretenda seguir el camino ya andado. El cambio a de llegar, si se pretende mantener alguna coherencia como nación. No somos Libia, ni Siria, pero no estamos muy lejos de traer a la mente la imagen de una colonia de esclavos, centrada en seguir las instrucciones de su amo: Ese que ven en el espejo, y que no es mas que imagen distorsionada de si mismos.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿Cómo justificar "la nada" en la que vivimos?

“…Aquel en quien bulle un pensamiento sobre otro pensamiento, se extravía, porque el fuego del uno ablanda al otro.
El cielo os llama y gira en torno vuestro, mostrando sus bellezas inmortales, y ponéis en la tierra la mirada; y así os castiga quien todo conoce.
Mas vosotros hacéis un religioso de quien nació para ceñir espada, y hacéis rey del que gusta de sermones; y así pues vuestra ruta se extravía.”
                                                                                                  Divina Comedia, Dante Alighieri

“Pareciera momento de actuar, pero solo he podido contemplar. Espero un masivo accionar y me pregunto por qué no he ser yo quien los lidere por el camino de la reivindicación de lo justo. Morir como murió Renny Ottolina pasa por mi mente, y reflexiono: ¿Acaso un pueblo que no ha terminado de despertar, merece que un alma inmole su cuerpo en la hoguera de la futilidad?”

Supongo que no se extrañarán en lo absoluto al preguntarse el por qué a estas alturas de lo que definitivamente no se nos antoja como “divino”, aunque si como de “comedia”, poco salga de mi “rutina de supervivencia” como venezolano, para sentarme a escribir sobre las atrocidades (que ya no estupideces) que se suceden sin parar en el país, mientras que pareciera que el colectivo humano que somos, se declara incapaz de atender el llamado silente que hace la constitucionalidad perdida, por un profundo accionar social de carácter democrático que lograse al fin corregir el entuerto en el que nos hemos estado acostumbrado a vivir, tolerando en el proceso a la mayor y más depravada corrupción concesible de la mano del madurismo y del MUDismo, sobre los restos del chavismo que a su vez reemplazó al clientelismo adeco-copeyano.
Y es que observo como “la nada” sigue reinando en Venezuela, llevada por un lado, de la mano del incapaz más grande que ha podido llegar al poder en el país, (en clara muestra del poco sentido republicano que exhiben quienes gobiernan y disfrutan con gobernar desde los espacios donde pueden delinquir sin ser tocados), y por el otro, por la complacencia impúdica de una sociedad nacional toda, que cómodamente optó por la entrega de las conciencias o por el silencio de la inacción, donde todo esfuerzo individual y circunstancial, resultó disminuido y hasta ridiculizado, sacrificando en todo caso frente a ese enfermo proceso de gobernar para lucrar, a los mecanismos propios de la manifestación democrática de los que tanto nos pavoneábamos como prueba del gentilicio venezolano.
Es por eso que ahora con irresistible chocancia vemos como todas las marchas, los llamados y reclamos, las manifestaciones y las protestas, no hacen más que girar en círculos -cada vez mas agotadores y pequeños-, sin cruzar nunca la imaginaria barrera social que separa la sumisión, del sacrificio, en ese estrecho e incomodo espacio donde insistimos en mantenernos no ya para vivir, sino para subsistir, a sabiendas ya de que dar cualquier paso adicional contra la ahora clarísima dictadura reinante, supondría riesgo cierto para la vida o la libertad, y con certeza, ninguna garantía de que dicho esfuerzo supusiera la llegada al poder de la justicia y la constitucionalidad a través de hombres y mujeres probos y transparentes en sus actuares.
NOTA: DICTADURA es, porque al igual que la de Augusto Pinochet, ésta no dejará de tener su carácter dictatorial y represivo por el mero hecho de llamar en algún momento dado, a un instrumento de consulta popular.
Así, el vacío se encuentra con el precipicio de nuestras esperanzas, y la resultante en todo caso es apenas una vaporosa niebla que irrita nuestros ya cansados ojos, inhibiendo con ello  el espíritu, para que las masas no reaccionen.
Una diáspora de humanidad a lo interno de Venezuela no logrará direccionar en algún sentido de progreso real al país,  mientras esta diáspora se encuentre como sociedad, dispersa y sin valores o principios éticos en crítico equilibrio con lo que debe ser nuestra resolución a esforzarnos y perder temporalmente comodidades en el camino.
En estas semanas en las que solo contemplo y conjugo ideas para escribirlas, (mientras llega el momento en que el resto de nosotros se cuestionen a sí mismos y decidan qué hacer), he podido contemplar como cual patética comparsa de carnaval que busca entretener y festejar soterradamente la orgia resultante del usufructo del poder y de los dólares nacionales, sus protagonistas (funcionarios electos y no electos, herederos todos de Chávez y participantes del bochorno hecho gobierno dejado por él), manosean casi en frenesí, todo cuanto intacto debiera estar, como superestructura ética necesaria que soportara todos nuestros esfuerzos por determinarnos exitosamente como sociedad con algún grado de coherencia entre lo que se dice, y lo que se hace.
La resultante de que las cosas estén entonces en total contraposición a lo que debieran ser de acuerdo a lo que nuestros corazones intuyen, es la aparición de esta inmensa represa de opulencia y desaire social enquistado en todos los niveles de gobierno en el país, que ahora se resiste al avance de aquella masa humana arremolinada sobre sus propias agonías, ignorante aún del verdadero poder que subyace en ella en cuanto al unísono decidiera moverse en una sola dirección.
Chocante seguramente suena todo cuanto digo, pero como escribía Dante: Ahora, si te han bastado mis palabras y si me has escuchado atentamente, si recuerdas aquello que te he dicho, en parte habrás tus ganas satisfecho al ver por qué la planta se marchita, y verás por qué causa yo te dije “Que hace avanzar a quien no se extravía”.
Y esto es así porque solo avanza quien no se extravía; solo avanza quien se decide a detenerse al sentir la aprehensión por la necesidad  de ubicarse en el tiempo y el espacio que le rodea, para lograr en un momento de introspección, el poder para cuestionar todo sobre la idoneidad o futilidad de su andar y por extensión, la de su propia sociedad, porque es verdad gritada a los cuatro vientos que solo las sociedades que se detienen a valorarse, pueden evitar el extravío de sus propios pasos, entendiendo que para llegar a ello primero han debido buscar tener el coraje para aceptar que pueden estar equivocados todos como nación en la dirección hasta un momento dado tomada.
Para esto que hay que comenzar con una de las cosas más elementales dentro de las que constituye de por sí la esencia de nuestra sociedad bipolar: reconocer la obsesión por marcarnos como carneros en un rebaño, tercamente empeñados en diferenciarnos en cuanto a quien es nuestro “dueño” en el terreno político, económico o social, dificultando con ello cualquier movimiento libre de conciencia entre líneas de pensamiento políticos siempre en desarrollo.
Fatalidad absoluta el haber abrazado la idea absurda de la polaridad; el “bueno y el malo”, el “blanco y el negro”, el “capitalista y el socialista”, el “escuálido y el chavista”; el “estás conmigo, o estas contra mí”.
Enferma estrategia terminó siendo aquella que abogaba puertas afuera por la “pluripolaridad”, pero puertas adentro maldecía todo cuanto no pasara por el lente oscuro y borroso de la polaridad absoluta.
La exitosa consecuencia de esto para los pocos, pero extremadamente dañina para los muchos en la particular manera de interpretar el mundo humano en la Venezuela de hoy, que ha resultado en el encasillamiento político de las masas, y la dificultad de estas para explorar y abrazar opciones conciliadoras.
Así, hemos terminado en el patético estado actual de las cosas, donde cual cocina abandonada, el chiripero bajo la nevera “A”, se pelea al amparo de la oscuridad con el chiripero bajo la nevera “B” al otro lado de la habitación, por las migas que hacen en su pequeño y polarizado mundo, valiosos tesoros por los cuales despreciar y matar al bando contrario, ignorando que sigilosamente al principio, (y ruidosamente después, cuando la tasa de reproducción los amenaza con las practicas de canibalismo entre ellos mismos), las ratas (políticos y operadores económicos), que están más arriba, como verdadero origen de las migas, se devoran todo cuanto valioso había tras aquella inmundicia convertida en modo de vida nacional.

La nada en la que vivimos no puede ser justificada más, porque la verdad ha ido quedando desnuda conforme los sucios ropajes que tenía puesta se han desgarrado ante tanta injusticia e inoperancia.
Así, quienes la intuyeron (esta degradación casi imperceptible que daba lugar a la nada) en la cuarta republica, que otros validaron en el comienzo de la quinta, y que ahora todos la declaran consumada en lo que constituye la segunda mitad de ésta etapa ya agonizante e incapaz de sustentar la oprobiosa ambivalencia de los abusadores que usufructúan el poder por el poder mismo.
Por eso es que el exitoso dueto Maduro/Flores quiere bailar salsa, mientras pagan (no sin nerviosismo en sus rostros), los ingentes prestamos que idos por el vertedero de la corrupción, fueron captados con hambrientas intensiones durante el gobierno de Chávez. Por eso Diosdado recoge tienda discretamente para salvaguardar sus beneficios económicos, al tiempo que los demás testaferros y operadores terminan de saquear lo que queda suelto por aquí y por allá, empujando el dólar negro hasta la locura, mientras que una oposición que se empecina en ser inútil, encabezada por el MUDismo y sus tristes (por inútiles) personajes investidos de secretariados y de presidencias respectivamente, les hacen el juego al gobierno, al decretar sin más razón que la estupidez o la complicidad, la muerte del referéndum revocatorio, haciendo hasta suyos el lenguaje oficialista para referirse a tales resoluciones nacidas de supuestos “diálogos”, terminando así el oposicionismo neutralizado y en minusvalía frente a los desaciertos que pocos advirtieron, pero muchos desoyeron.
Por estas cosas es que el MUDismo -y personajes secundarios por sus roles de “tontos útiles”, como el gobernador de Lara, Henry Falcón, o “radicales”, como María Corina Machado-, se presentan agotados y demasiados comprometidos frente a una población escéptica antes sus posibilidades, ya no mayores que las propias de un PSUV a su vez secuestrado por sus dirigentes y bases con poder.
NOTA: Es por eso que a estas alturas, pedirle a un simpatizante chavista que ha renunciado a depositar su voto o apoyo en los rastreros maduristas que actualmente ejercen el control de la herencia Chávez, que tenga a bien endosarse a las filas del oposicionismo-MUDismo, viene siendo como pedirle a un astronauta, estando en pleno vacio del espacio, que se aguante la respiración y se quite el traje que lo mantiene vivo, solo con la promesa de que si aguanta lo suficiente, la oposición (MUDismo), lo salvará con un traje mejor, sin especificar el por qué es superior al que tenia puesto. Algo así. ¿Se lo imaginan?

Es por estas cosas que vale decir que Nada está de más cuando se ignora, pero todo comienza a sobrar cuando se conoce; porque es en esa transición donde nos encontramos justo ahora como sociedad, despertando entre los restos de una republica que vemos ahora como terminan de ser saqueados por las hienas y los buitres del stablishiment político-económico venezolano, y de donde tiene necesariamente que surgir un cúmulo de ramificaciones conceptuales que aunque en apariencia caóticas al principio, convergerán eventualmente como líneas que dibujan la trayectoria de cuerpos en movimiento atraídos por un mismo centro de gravedad: Es decir, la superación como sociedad, de la posibilidad cierta de ser aniquilada como república.

El cambio que nos permitirá zafarnos de estas lacras hoy en el poder, es impostergable e inevitable, aunque de momento escape a nuestra comprensión el momento exacto de estas cosas que han de ocurrir para que cual capullo que se abre mirando hacia un cielo azul y despejado, logremos salir de esta restringida zona de “confort” para la supervivencia, en la que nos hemos metido y abracemos sin temor a perdernos, al sacrificio como parte del precio a pagar por la auto infringida ceguera que permitió toda la cadena de desmanes que finalmente con el nombre humano (y probablemente colombiano) de Nicolás Maduro, se instaló mediante el ejercicio de la zalamería y la confabulación de todos nuestros vicios, en el trono de poder erigido por Chávez para sí mismo, en donde encumbramos sin más resistencia que nuestra propia prosperidad, a la figura de una dirección presidencialista totalmente sujeta a la vulnerable falibilidad de un jerarca inobjetable por el resto, incluso, por quienes pretenden ser sus torpes opositores.
No hay necesidad de vivir en un infierno como el que Dante describía, pero entiéndase que mientras no estemos dispuestos a cambiar todos, ese precisamente seguirá siendo nuestro hogar, y el de nuestros hijos.
Despertaremos este mismo año, o ¿requerimos que el puñal de la hipocresía continúe penetrando aún más profundamente entre las viseras de la sociedad?
Recuérdenlo: NADIE va a sacar por nosotros a un gobierno que es manifiestamente mediocre y perverso; al menos no sin pedir un precio impagable a cambio.

¿Moriremos algunos si lo intentamos?; es probable, pero ¿No es mejor acaso morir por una causa, teniendo a los políticos de oposición que han permitido llegar las cosas hasta aquí, como escudos delante de nosotros, que morir a manos de la delincuencia en una buseta, al atardecer de un día cualquiera con estos miserables como gobernantes?

domingo, 23 de octubre de 2016

¿Qué pasa en Venezuela?

Estoy convencido de que lo que está ocurriendo, estaba cantado desde hace años.
Este es un país usufructuado, y los verdaderos dueños se están hartando del trato injusto.
Habían opciones más democráticas, y también opciones menos democráticas, pero se ha dado lo que vivimos por la calle del medio de la sinvergüencería y a la vista de todos, como la resultante de una profunda y nefasta mezcla entre lo civil y lo militar, con los bienes de la nación como adhesivo, en medio de lo que visto desde afuera, se antoja como una orgía de deprave moral y fornicación constitucional.
Que los que gobiernan en Venezuela se quiten ahora la careta solo porque ya se sienten cómodos dentro de capas tras capas de protección creada por años de tecnicismos pseudo-legales, teorías revolucionarias acomodaticias y justificaciones épicas, no significan necesariamente que sea porque se les cae alguna parte de la estructura de poder que han levantado, como tampoco es porque se esté haciendo más visible lo que estaba a la vista en realidad desde hace más de diez años: una dictadura informal, que no necesitaba ni siquiera “formalizarse” para hacerse con el poder, pues ya lo tenían, y ante eso, los que estamos vivos aquí en la Venezuela del presente, nos toca comenzar a experimentar, -ya por fin con las mayorías cada vez más conscientes de que ello ocurre-, el sabor agrio de la dictadura de los que hoy nos dominan.
¿O acaso, no nos tienen “dominados”? (como sociedad nacional).
La riqueza distribuida a las masas hambrientas de paternidad, definitivamente consolidó el poder, y no porque cegara a las masas con esa riqueza (pues ciegas están en realidad desde que nacieron en cuanto a la definición republicana; ceguera levantada por cierto, como monumento al fracaso cuartorepublicano), sino porque hizo sentir cómodos a millones de almas que siendo venezolanos o no, terminaron adquiriéndose a la membrecía revolucionaria con gusto.
Venezuela no solo ha rodado cuesta abajo cayendo desde las altura de lo moral y de lo ético; también ha terminando cayendo en el fango de lo pesetero, poniéndole precio a todo, y viviendo a través de esa valoración materialista de las cosas, que ya no acepta trámite alguno en ningún tipo de gestión, sin que haya dinero de por medio, aunque se tratase en principio de un asunto gratuito.
Aquí, como en cualquier país y tiempo humano, nunca se repartió poder: solo se creó la ilusión de ello a través de la distribución no auditada pero siempre bien direccionada en términos de beneficios políticos para los gobernantes, de las riquezas del Estado (con infinidad de “peajes” y cobro de favores de por medio), y eso fue suficiente sin embargo, para hacer sentir a gusto a millones de seres. Tantos de ellos fueron seducidos en Venezuela, que en realidad resultaron suficientes para permitir la llegada al poder de aquel que siendo conocido por todos como incapaz y zalamero en extremo (Nicolás Maduro),  bastó el haber sido ungido por el líder mesiánico al calor del delirio de su enfermedad terminal,  para que se lanzaran a sus brazos, con el deseo casi secreto pero por todos anhelado, de seguir disfrutando de todo cuanto se les obsequiaba en la revolución bonita.
Hoy, cuando postergan hasta quién sabe cuándo las elecciones regionales, o cuando  suspenden el referéndum revocatorio ya de por si herido de muerte para el 2016, (en espera quizás de un 2017 que a su vez les permita redistribuir a lo interno del PSUV y de las Fuerzas Armadas el poder una vez que Maduro fuera revocado), o  incluso cuando se prohíbe la salida del país y se persigue a ciertos personajes de la chiripero oposicionista (sea en la calle o en la Asamblea Nacional, con los colectivos comandados por los mismos personajes de siempre), resulta que impresionante que a pesar de ello, las cosas parecieran seguir inmersas en un absurdo juego que solo pareciera ratificar el reinando de la confusión entre las masas, mientras mantienen/retienen las riquezas bajo el control de las minorías que gobiernan o co-gobiernan (empresarios aliados, testaferros, factores político-económicos externos, entre otros).
El gobierno ha sabido llevar con premeditación y manejo psicológico, el uso de técnicas distractoras, (como aquella de tirar dos “piedras”, para ocultar su verdadera intención, pues solo un instante después recogen una de ellas y hacen creer a quien caiga en su juego, que se ha rectificado en el proceder gubernamental, logrando al final siempre, con la “pedrada inicial bien colocada”, su discreto propósito de control y mantenimiento en el poder a expensas de los engañados). Es en parte por eso que entre los diez personeros más importantes del país en el gobierno, han dicho suficientes afrentas a la República y a sus ciudadanos al lanzar públicamente esas “piedras”, como para haberles detenido y enjuiciado por lo menos una decena de veces a cada uno, y sin embargo, la “nada” sigue operando impunemente, como prueba del efectivo alcance hasta ahora conseguido por sus singulares técnicas de gobierno utilizadas.
Y no se escapa de esto la oposición, sean que estén presos, en “casa por cárcel”, en la Asamblea Nacional, en Gobernaciones o Alcaldías. TODOS SON CULPABLES de algún modo, por dilatar la toma de medidas estrictamente legales, pero en profundo concierto con el espíritu constitucional (que es social), de nuestra carta magna. Pilatos no puede señalar de inmoral a Judas, porque al final todos ellos son igualmente responsables de cometer injusticias; al menos tanto como la misma turba de “pueblo soberano” que eligió a Barrabas, en vez de al Jesucristo de la Palestina del siglo uno.
Si se preguntan por qué una caminata de mujeres en Caracas, dirigida por María Corina Machado no tiene más efecto que el de perder calorías al calor del cielo caraqueño, es porque aun no existe  la “masa crítica de sociedad” orientada hacia una misma idea, y eso ocurre porque la oposición y el chavismo no han sabido resistirse a la tentación de pasarle por encima cada vez que se requiera, al espíritu de la constitución, a favor del poder puro, como medio de estatus y riqueza personal.
Las caminatas que no van a ninguna parte, solo desgastan.
Por no haber mostrado ninguno de ellos precisamente  la capacidad para poner sobre sí mismo y sin condiciones a la constitución, es que las cosas pasan como vemos y padecemos. Le pasa lo mismo a cualquier país, (incluyendo a EEUU), en cuanto la “dictadura de la constitución y la ley” son dejadas de ser leída con ojos de consenso social, siendo entonces tergiversada y adaptada su interpretación al capricho del interés de pocos, que no dudan en usufructuar el bien común.
No hemos entendido que realmente vamos a “vivir y disfrutar” cuando veamos que la constitución y las leyes se cumplen; nos “regocijaremos” seguramente al contemplar cómo lo injusto es castigado, y sus víctimas resarcidas en sus pérdidas de alguna manera. Nacerá de inmediato la esperanza, y con ella la resolución a pasar por sacrificios, no ya para aguantar y sobrevivir por nuestros hijos, sino para construir precisamente para ellos, un país a imagen de nuestros sueños, pero abierto a la mejora y a la incorporación de los propios sueños de nuestras generaciones de relevo, porque estaríamos entonces ante la letra del espíritu nacional (la de la constitución que hayamos aprobado) cumpliéndose a cabalidad, dando origen a la semilla del árbol frondoso nacional donde todos conseguiríamos cobijo, alimento y buena semilla para el futuro.
No insistan queridos compatriotas en ser opositores o  chavistas a ultranza; olvídense de aquello que no dé pie a la concordia; suelten las amarras que los atan a los pensamientos de un solo hombre en un bando o en otro; es necesario que se arrojen por la borda las arrogancias, pues debemos recordar en todo momento que únicamente los radicales están o bien sedientos de llegar al dominio del poder, o bien fanáticos por retenerlo, o bien, resentidos por no haber alcanzado jamás dicho poder. A eso se resume la miseria humana: A los tres conjugaciones del poder: pasado, presente o futuro.
No se sorprendan por lo que ocurre; más bien céntrense en qué soluciones quieren para las cosas, porque son esas las que tenemos que exclamar a viva voz para que los que se pretendan convertir en voceros y articuladores políticos de la voluntad popular (la verdadera voluntad: la de todos), llegue a materializarse en un plazo razonable de tiempo, cuidándose de que esas soluciones sean de provecho para cada uno, al menos en lo que se refiere a la oportunidad igual para todos. Lo demás, lo iremos canalizando con el profundo sentido de justicia social y cero viveza que anhelamos contemplar con cada amanecer en esta bella tierra.
No permitan que la situación los haga desfallecer; estos son tiempos en que hasta a Dios algunos pueden poner en duda, pero como les he dicho en el pasado: ¿No es acaso en los momentos de tribulación donde los verdaderos valores de los que estamos hechos, se ponen a prueba?
Maduro y sus cómplices, esos que no dudaron en dejar de ejercer la constitución en su letra y espíritu, viven un tiempo prestado. La tragedia llegó a Venezuela porque su gente no supo empoderarse de la ley, y solo ahora que cada uno está sufriendo las consecuencias, es que la larga cadena de eventos que harán dejar atrás a la quinta república, ha acelerado su movimiento.

Tengan Fe; tengan buenas ideas y manifiéstenlas. No les dejen a los demás el trabajo de pensar y vivir por ustedes.

miércoles, 12 de octubre de 2016

La ilusión de la impunidad.

Tierra arrasada por la barbarie de la que es capaz el ser humano; así se presenta Venezuela: Desde el frenesí por el perpetrado robo de dólares por parte de los llamados cuello blancos (funcionarios y relacionados con éstos), pasando por los crímenes “comunes” en una sociedad “acostumbrada”, hasta llegar a la locura del canibalismo y lo bizarro en las cárceles sin ley, a la sombra de un  sistema penitenciario corrompido y nefasto.
Toda acción tiene una reacción, como todo efecto ha sido originado por una causa. Por eso es que hasta el sol de hoy, hemos sido incapaces de ver el problema antes de que este aparezca, y ello ha traído el lamentable “cuadro situacional” que se nos presenta delante de nuestras narices, aunque no como el anuncio de final de los tiempos que muchos parecieran esperar, sino más bien como el ultimo crujir de algo que no puede seguir doblándose y cediendo más, amenazando ahora con devolverse hacia nosotros con violencia inusitada, a razón de la energía acumulada a través de los años de tanto errar al andar.
Ciertamente la justicia se antoja hoy inalcanzable, quizás de la misma manera en que la impunidad pareciera revolotear sin limitación alguna sobre nosotros, aunque siempre en medio de un aire que por ser transparente, no oculta la verdad de cómo aquello que es ofensivo, llegó hasta aquellas alturas.
El presente no es fácil para la mayoría de los venezolanos, y la verdadera dureza de estos tiempos viene del hecho de que los años que precedieron esta debacle anunciaban el desenlace que tales circunstancias toleradas por la sociedad, generarían más tarde.
Ese fue en parte el origen de este blog con sus  “reflexiones sinceras sobre Venezuela”, (y sobre los venezolanos); al menos así pensaba cuando lo titulé y así he procurado llevarlo desde que en el 2009 comencé a escribir sobre esta querida tierra que de a poco en poco se venía a menos en manos de gente que no terminaba de atinar que hacer para asumir un camino congruente de crecimiento y justicia social permanente.
He sido testigo, (como todos ustedes), en la manera en que la nación ha caído victima de su propia sociedad, incapaz de articular un gobierno coherente mas allá de las apetencias particulares de periodos tras periodos de gobiernos, y esto, que podía sin embargo verlo sintiéndome un poco como espectador, ya hoy no puede seguir siendo así, pues me encuentro envuelto en todas las vicisitudes concebibles que podía padecer el venezolano de a pie (esos que somos mayorías, insisto), y que en todo caso es como lo está pasando cualquier persona que en esta nación haya optado por ser honesto y en su propia capacidad, correcto.
Escribir se ha vuelto difícil, porque por un lado siento con cada vez más fuerza que lo que había que decir, dicho está, y las acciones que han de tomarse esperan más bien por las mayorías que en algún momento despertarán y reaccionarán al calor de sus conciencias, más que por la visceral reacción de sus estómagos.
Por otro lado, no puedo renegar que mi vida se ha estado circunscribiendo cada vez con mayor intensidad al solo esfuerzo de intentar lograr llevar el sustento del día a mi familia (ni de lejos para la semana), no ya con lo que gano en una quincena (que no representa en mi empresa ni un salario mínimo), sino con lo que logro hacer casi que en el día a día, consiguiendo algún trabajo extra, o vendiendo algo que tenia.
Ver en cada jornada que pasa con una lentitud angustiante, el cómo mi familia pierde peso y se desnutre por los desatinos nacionales de otros, resulta muy duro, y más cuando veo que a todos los que me rodean (compañeros de trabajo, familiares, amigos, vecinos) pasan por el mismo proceso al estar cada vez más limitados por sus menguados ingresos frente a la inflación galopante y sin control, donde reina la aberración de los precios en la economía nacional.
Desamparo frente a tanta injusticia; frustración ante tanta impunidad; impotencia ante los que se escudan en el hecho de ser gobierno para hacer lo incorrecto y censurable. Un cuadro desgarrador y desolador donde únicamente los valores propios y la resolución a no ser aplastado por las circunstancias te mantienen de pie, aferrado a lo que has concebido como moral y ético, como correcto y enaltecedor, pero sin saber a ciencia cierta a dónde te llevará aquella obstinación por hacer lo correcto.
Y es que la limitación como sino de todo cuanto nos rodea, se ha instalado entre los venezolanos, solo para mostrarles a los pocos que quieran verlo, que lo más difícil apenas comienza a tocar nuestras puertas, a causa de los responsables primarios de todo esto: El mismo pueblo, -el colectivo que somos todos-, hoy ultrajado y arrasado, dividido y aún así arrogantemente incapaz de dejar la prepotencia a un lado y buscar en comunión, la salida a la crisis conceptual que se han negado a aceptar, pero si a padecer.
Mientras, los responsables secundarios (los elegidos a cargos públicos, y los funcionarios que aun recibiendo una paga mensual, optan por el tráfico de influencias y el robo de bienes del estado), siguen “enlodazados” en medio de sus propias heces productos de tanta ineptitud y desprecio por lo moralmente correcto, hundiéndonos a todos nosotros en el proceso final de esta etapa humana en la que nos hemos empeñado en vivir y hacer eterna. Nada cambia en apariencia, y el fin de la republica (que no de la nación), pareciera casi que la única salvación concebible para sacudir desde sus cimientos a toda la sociedad, hambrienta de autoestima (como de alimentos), y por ello crédula ante la lisonja de quienes terminan abusándola.
Estas cosas las digo porque es claro a estas alturas de los acontecimientos y tendencias, que los que están aferrados del poder (el chiripero que hace vida bajo el cadáver del PSUV), no quieren perderlo a través de un “referéndum” que saben perdido de antemano, por lo que  lo entorpecen mediante el recurso del ardid político-jurídico, declarando abiertamente que no quieren que no se hará fuera de sus propias condiciones y tiempos.
A esto debemos unirle las declaraciones realizadas por varios diputados oficialistas, defendiendo que no se hagan elecciones de gobernadores este año, por los “problemas económicos” que hay en el país, lanzando con ello a la letrina todo mandato constitucional que apuntara al ejercicio de la voluntad popular en los plazos previstos, en una acción que resulta ser hecha a imagen y semejanza de lo hasta ahora orquestado por el gobierno y el CNE para impedir que el espíritu de la constitución se cumpla mediante un ejercicio soberano y democrático.
Ante estas cosas no podemos quedarnos con la boca abierta contemplando bizarras pretensiones, como si sorprendidos estuviéramos ante tamañas osadías, cuando lo que es realmente impresionante es la ceguera social que ha impedido ejercer entre todas las partes, ese ejercicio de soberanía que cualquier empeño republicano exige de todos.
El adjudicado presidente de la Republica (Nicolás Maduro), es ya poco menos que un loco jugando con su propio excremento en los pasillos del manicomio, mientras que el retorcido jefe de enfermeros que le cuida (Diosdado Cabello), se complace ante el espectáculo grotesco que le permite seguir tras bambalinas al mando de tan patético equipo de “cuidadores” del “psiquiátrico” en el que se ha convertido Venezuela.
No me pidan entonces que ante tanto sufrimiento personal y colectivo que nos rodea y atraviesa, siga siendo considerado con quienes abusan de lo que somos; no me pidan que no diga que metiendo en una licuadora a oposición y oficialismo juntos, no lograría conseguir ni siquiera comida para cerdos, porque ya no puedo. Todos somos patéticamente culpables de esta debacle que ahora nos arropa y ahoga: “ciudadanos y extranjeros” que en este país creyeron que con solo ir a votar cada 5 o 6 años por el personaje de turno que prometía amor eterno para su pueblo (Chávez incluido), todo se resolvía, sin que mediara algún tipo de control efectivo por parte del ahora ya desdibujado “soberano”.
Patética ilusión, que pareciera ser convalidada entonces por esa recientes encuestas misteriosas que afirman que la esperanza del venezolano está creciendo, al igual que su optimismo, y que mas que demostrar alguna mejora en la percepción que tienen los venezolanos sobre la situación, en realidad estarían demostrando qué tan disociados estamos del origen y sustento de la crisis existencial que vivimos, primero como sociedad, y luego como nación capaz de ser estructurada estratégicamente mediante el concepto de republica, para alcanzar un progreso determinado.
Cual territorio en guerra, solo devastación y dolor van quedando, y como siempre, únicamente los sobrevivientes podrán superar las barreras firmando la paz para cambiar aquellas cosas que dieron origen a la debacle original. Únicamente queda resistir y declarar a viva voz nuestra inconformidad con la situación, sin dejar de intentar actuar bajo todos y cada uno de los mecanismos institucionales disponibles y aún sobrevivientes, como única vía racional y controlable en el tiempo para obtener cambios, no ya para nosotros, sino para nuestros hijos.
No perdamos de vista que en ese cielo despejado donde revolotea la impunidad, también la justicia planea señorialmente y a mayor altura a la espera de un cambio social, que como en la Europa de la postguerra con los juicios de Núremberg, llegará y la impunidad no será más sobre este tiempo y esta tierra.
El referéndum debe ir, aunque sea en el 2017 para sacar a Maduro y marcarlo en la historia como el primer presidente revocado por su mal gobierno. Las elecciones para el 2019 llegarán, y otros cambios arribarán, en la medida en que el dolor de paso franco a la verdadera esperanza: Aquella forjada al calor de acciones coherentes, de pasos firmes dirigidos hacia la verdadera soberanía. La que nace de los que aquí vivimos, obsesionados por las verdad, el honor y el recuerdo de quienes quedaron en el camino intentando cambiar las cosas.
No lo olviden: “El honor no está en la rigidez con que procede, sino en la honestidad con que se hace”.

Consigan un político que trabaje en función de ello, buscando siempre el consenso de la gente, y tendrán un buen dirigente; un buen líder para iluminar el camino que nosotros hayamos escogido…

miércoles, 7 de septiembre de 2016

1-S y sucesivos: Los necesarios pasos para seguir cerrando el círculo en Venezuela.

Aunque lo que nos queda por delante es construir juntos los pilares de un nuevo paradigma republicano para nuestro país, -y para ello la unión, el acuerdo y el consenso serán necesarios-, debemos reconocer que hoy por hoy lo que necesitamos es llegar hasta las bases mismas del derruido edificio republicano que va quedando en Venezuela, para de esa manera lograr, -solo a punta de justicia-, demoler lo que vaya quedando como refugio para la impunidad y los antivalores, evitando con ello el riesgo de que la pretensión de pocos, -divorciada siempre de las mayorías-, lograsen construir a sus inmorales conveniencias.
Les digo esto porque al ver la marcha del 1-S, y contemplar la reacción de obstinada negación ante la realidad por parte del oficialismo desde las mismas horas de la tarde de ese primero de Septiembre (y reforzada esta negación en los días sucesivos con más vehemencia), solo pude reflexionar y recordar en silencio algunas cosas que había escrito con anterioridad, cuando lo inevitable del cierre del ciclo político-social que vivimos en Venezuela se hacía evidente ya desde hace unos años. Y es que resulta imposible decir mucho más a lo que hemos conversado en el blog, ante la cantidad de epítetos que el gobierno, -ya sumido en un paroxismo-, lanza a diestra y siniestra, sin mayor coordinación que la generada al calor de la más elemental falta ética concebible, (porque de eso se trata, de falta de ética), consecuencia directa de años de influencias extranjeras y acéfala dirigencia.
En lo que se antoja como un odioso giro del destino, lo que parecía un proceso de cambio real, luego de años de “puntofijismo”, tras 17 años solo se ha convertido en la prueba más cruda y reciente de las consecuencias que hay que asumir como sociedad, cuando dejamos que un solo hombre transformado en jerarca y "dios" presidencial de Venezuela, secuestre la autoría de cada buen cambio propuesto en el pasado, enredándolos con una personalísima y subjetiva visión del mundo, para terminar mezclando imprudentemente los más rancios vicios sociales de los que como venezolanos éramos capaces, creando así un caldo de cultivo ahora capaz de dar vida a lo inconcebible años atrás.
Es de esa manera como la vulgaridad se ha hecho parte integral y cotidiana del gobierno, recordándonos el por qué los hombres están cayendo con aparente facilidad de sus pilares morales y dan paso a la corrupción, o al cinismo nacido de la impunidad de aquellos que ejercen su abuso sistemático, ahora devenido en la acción de despotricar y maldecir a quienes disienten de sus acciones, opacando con ello incluso a los mayores desaciertos del oposicionismo más exasperante que aún hoy trata de sobrevivir y hasta de prosperar entre las mayorías que lo quieren es un cambio rotundo.
Ver en estos días a Nicolás Maduro insultando en vivo y directo por TV desde Caracas, o corriendo tras los que le caceroleaban en Margarita, es tan perturbador moralmente como lo es leer lo que el fanatismo político oficialista puede llegar a escribir y titular como “la maldita MUD” (en aporrea.org; así tal cual podía encontrarse en su página), que al saber todos nosotros de la existencia “simultanea” del igualmente agrio fanatismo opositor que mencionábamos, van dejando en realidad poco espacio para suponer que algún día y bajo estas circunstancias, pueda haber un hipotético dialogo sin condiciones más allá de las genuinamente constitucionales.
Y esto es porque quizás los bandos presentes de hoy, no son los llamados a protagonizar los necesarios cambios para ver el siguiente ciclo político-social del país.
Hace un par de meses escribía:
“Hoy no puedo, -como no he podido en todos estos días-, escribir algo más en referencia a cualquiera de los inútiles/inmorales/negligentes/culpables  funcionarios que en esta debacle nacional permanecen encumbrados en los distintos niveles de Gobierno y en las distintas instituciones del Estado. Sería como decir más de lo mismo.
Hablar de los militares que solo se han convertido en garantes del statu quo de este “Gobierno/Estado” apelmazado en una sola masa de futilidad, sería un poco más del mismo e inútil intento de explicar la parálisis existencial del país.
¿Y si hablamos de la oposición?: pues también constituiría similar pérdida de tiempo, al saberlos hasta el presente, incapaces de construir algo que pudiera ir más allá de ellos mismos (lo que implicaría incorporar aquella visión “revolucionaria” que pretende recuperar espacios de justicia para la sociedad).
NOTA: Estemos claros: Si la gente MUD verdaderamente estuviera poniendo los valores por delante de sus propias ambiciones políticas en pro del país, ya la “Mesa de la Unidad” sería el único partido de oposición, y no una amalgama tipo chiripero (como lo es el “Polo Patriótico”).
Por cierto: hablar del PSUV actual es como recordar aquella célebre gallina que estando en algún paraje agrícola de EEUU en el siglo pasado, resultó que una vez mal arrancada su cabeza en el acto de ser sacrificada para servir de alimento,  siguió viva, terminando su existencia comiendo y defecando como una sonámbula ya sin capacidad de percibir casi nada de la realidad que le rodeaba”
“Definitivamente el país dejó de ser eso que concebíamos en nuestro imaginario colectivo como nación, desdibujándose incluso con respecto a los bocetos que soñadores y hasta socialistas tenían del futuro; Venezuela ya solo es una especie de “sobreviviente de un holocausto moral”, que pese a todo, aun tiene a los locos que le quieren atormentar con visiones políticas personalísimas, allí encaramados en sus hombros, gobernando.
No hay decisión o acción moral o ética que se levante hoy a iluminar cualquier camino constitucional; el presente aún representa a la “nada”, y en medio de ella, un presidente destructor, víctima de la ignorancia política y desnudo en medio de un patio desierto, jugando con sus propias heces.”
Inevitable es entonces que ante este panorama y estos acontecimientos, sin querer se siga el “fácil” y cuesta abajo sendero de la debacle nacional, como viacrucis no pretendido pero necesario para por fin descubrir lo que realmente debe hacerse:
Gobernar mancomunadamente (mayorías y minorías, juntas, escuchándose las unas a las otras), sin pretender encumbrar a ninguna corriente de pensamiento personal, (ni siquiera a Bolívar, más allá de lo constitucionalmente sugerido), por cuanto partiendo del consenso se habría elegido el crear una línea estratégica venezolanista, de justicia social, participativa y representativa al mismo tiempo, capaz de asumir el necesario sacrificio de todos ante los errores cometidos y cuyos responsables ahora son debidamente enjuiciados y sentenciados, sin dejar a un lado la protección justa y equilibrada a los más necesitados, que también habrían de honrar la deuda social con trabajo comunitario (pues administrar los recursos no implica necesariamente regalar los recursos), haciendo en su conjunto de la justicia imparable, -enemiga acérrima de la impunidad-, el piso necesario para reconstruir toda la credibilidad sobre la idea de la Republica venezolana posible de construir.

Pero el tiempo de esto aún no ha llegado, por la falta de decisión y claridad en las masas.
Aún tenemos por delante días donde nos contemplaremos como “sociedad prostituida involuntariamente al mejor postor que gobierna o que hace oposición, sin alternativa más allá de esa terrible dualidad enfermiza”.
“Porque nos guste admitirlo o no (mas lo segundo que lo primero), en eso nos hemos convertido socialmente pese a los abusos de los que hemos sido víctimas: Pueblo siempre sin nombre y con dos caras (dependiendo del bando político involucrado), usado por los altos políticos y funcionarios como vulgar y barata muñeca sexual inflable y desechable para satisfacer sus bajas pasiones del momento, sin que mayores consecuencias sufran quienes delinquen con caradurismo en nombre de todos nosotros. Así resultamos ser una sociedad devaluada como la moneda que se usa (el Bolívar), en medio de un mar negro-azulado formado por ese excremento del diablo (el petróleo), que se insiste en explotar y usar para corromper naciones y corroer corazones.”
Ardemos en ganas por dibujar nuestro futuro, pero mientras insistamos en usar el mismo lienzo mojado con los fluidos descompuestos de los errores pasados, jamás atinaremos a tomar nuevo lápiz con punta afilada para hacer los fuertes trazos necesarios.

Permítanme decirles que esto ocurre porque estamos en esa encrucijada donde sabemos que hay que hacer algo, pero no sabemos cómo hacerlo, y por ello insistimos a veces con torpeza en usar lo que ya de por si antes no daba resultados, a falta de algo elemental: Sensatez, consenso y honestidad para aplicar la ética de la constitución y sus leyes.

Nicolás Maduro saldrá del poder, y eventualmente los cogollos políticos del PSUV también (es decir, no de forma simultánea posiblemente), pero habrá que esperar los tiempos necesarios, porque como decíamos, toda estructura republicana alternativa para auxiliarnos ante esta coyuntura existencial de la Nación, la dejamos secuestrar o asesinar por quienes (con nuestra anuencia y comodidad político-participativa), fusionaron el Gobierno con el Estado, estando este último ahora huérfano de instituciones fuertes e independientes que le regulen y autocorrijan de las desviaciones ocurridas, cargado así a esa “mutación gubernamental”  con la peligrosa tendencia de despreciar, censurar y perseguir a toda disidencia  –por sensata que sea-, que entonces hoy vemos que carece de espacio político vigente, al encontrarnos con que el cuartorepublicanismo existente se ha endosado por completo el derecho a ser considerados como única “oposición”, en la misma medida por cierto, en que el oficialismo se apoderó de “Bolívar”, como si de una “marca registrada” exclusiva con la que promocionarse y lucrar, se tratara…
Vemos pues que el gran círculo político, en Venezuela debe cerrarse; lo que hemos de decidir muy pronto es si lo haremos por las “malas”, o por las “más malas”, porque “por las buenas”, a la luz de lo que estamos padeciendo, ya es claro que no es posible.
Eso sí: Aún mañana habrán miles por despertar a estar ruda realidad, y entonces deberemos aguardar, porque este es un asunto de donde salimos todos juntos (como mayoría social), o de donde no sale ninguno (como hasta ahora).
Aun las mayorías no encuentran el camino para expresar y vivir "republicanamente" en el equilibrio, en esa "media distancia" casi verdaderamente revolucionaria entre los extremosos bandos políticos y económicos de hoy, que no supieron buscar, ni tuvieron la humildad de preguntar a toda la nación, por donde era el camino correcto.
El destino final si es de amor y de hermandad, pero solo porque la confianza de una justicia implacable nos abrirá eventualmente en el país, los espacios necesarios para sacar lo bueno de los venezolanos, y compartirlo.
Mientras, reconocer nuestras limitaciones y mediocridades, en medio de la más abyecta justicia secuestrada, será el primer paso. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

Una marcha que dejará aún más en evidencia la fractura republicana, al tiempo que se sigue desdibujando el referéndum como instrumento legal y ético en el país.

Insistir en que solo marchan los de la oposición a solicitar el ejercicio constitucional del referéndum, es un error que deja por fuera a todo aquel que no siendo de la oposición, censura y reclama la renuncia de Maduro por incapaz; igualmente errado es la pretensión del gobierno de descalificar toda expresión de disidencia o critica, enfrentándolo con contramarchas, campañas millonarias y movilización del aparato policiaco y militar, en compañía de los colectivos no pocas veces armados y |violentos.
Expresiones radicales leídas reiteradamente en medios electrónicos y redes sociales en el país, que estigmatizan a oficialistas y opositores por igual,  parecieran reforzar simultáneamente esa miope visión de “exclusividad opositora” o de "exclusividad oficialista", que no hacen mas que mostrar la intransigencia que  domina a los bandos políticos y de poder en disputa (mientras las verdaderas mayorías son ajenas a sus intríngulis, pero no a sus consecuencias económicas y sociales), exhibiendo en el ínterin el desespero con el que dichos bandos se apoderan de lo que constituyen instrumentos republicanos y de “dominio público” (Como el referéndum), tergiversando con ello el panorama nefasto que la intransigencia gubernamental, devenida en una especie de régimen a conveniencia de quienes gobiernan, más que a nombre de los “gobernados” (en franca contradicción por cierto, con la idea republicana de colectivo soberano y participativo).
Hay miseria y miserables de bando y bando; eso no puede ocultarse, ni dejará quizás de verse en la marcha del 1-S, aunque ello no sea garantía de que serán señalados y criticados, en lo que pareciera una obstinada obsesión social por defender a los indefendibles (a muchos de los políticos protagonistas de hoy), dilatando con ello el sufrimiento que padecemos como sociedad.
En resumen, la marcha del 1-S puede ser un bello gesto de manifestación popular, aunque seguramente no será traducido con atino por quienes deberían escuchar y obedecer.
En cualquier caso -y a nuestro pesar-, probablemente solo se convierta esta manifestación en un hueco esfuerzo que ningún cambio acabará produciendo, simplemente por estar muy atado aún al trauma de viejas manifestaciones, por pretender cambios inmediatos sin poder militar que lo catalice constitucionalmente, ni moral que lo inspire en la estructura ética del Estado (hoy disfuncional y en descomposición), o por caer en la creencia infantil de que vivimos en una república amante y practicante de la constitución y sus leyes, mientras la estupidez se apodera de gente encumbrada y acolchada ($$$) en el poder que significa en Venezuela ser gobierno.

Si no hay ética, no puede moverse nada a favor de lo ecuánime y de lo sublime.

En cuanto al referéndum solicitado para revocar a Nicolás Maduro, quiero insistir en lo más importante, y lo cual se está pisoteando sin pudor alguno:
En la voluntad popular reside el concepto de pueblo soberano, y la manifestación de éste en su resolución a efectuar el referéndum en sí (que no implica su destitución hasta la realización de la medición electoral), debe ser respetado en el hecho de haber sido solicitado al cumplirse la mitad de su mandato (el de Nicolás), y por tal razón, aunque los tecnicismos del CNE pospongan hasta enero o febrero su realización, el resultado final debe buscar cumplir la voluntad popular planteada en el 2016, y por tanto, respetarse el resultado con el consiguiente llamado a nuevas elecciones presidenciales. Si el referéndum fuera solicitado en el 2017, -siguiendo la misma lógica del espíritu constitucional-, debe entenderse que la consulta solo busca revocar al mandatario, mas no a su partido político (cosa que si está planteada con claridad en el presente).
Difícil resulta obtener estas altas interpretaciones de la boca de nuestros políticos; más difícil aún será sacarles del capricho en que viven y hacerlos obedecer, pero el tiempo está a nuestro favor, porque no hay manipulación que dure lo suficiente para cubrirlos, ni continuidad en el poder que soporte los cambios que incluso la aparente inmovilidad produce en las sociedades.
El tiempo de la desconfianza ha llegado; es otra manifestación del desierto de las ideas y de las arenas de la futilidad.
Debo apelar a la vieja literatura, para decir: “Los perros de la guerra están sueltos”.

Solo espero que no muerdan a los inocentes más de lo necesario antes de que despierten y actúen.

domingo, 21 de agosto de 2016

¿Por qué la oposición y el gobierno no atinan a solucionar nada aún?

¿Por qué seguimos flotando en esta “nada” desesperante, secuestrados todos por tan pocos negligentes en el poder?

Respuestas:
1.    Porque la MUD no entiende que ser “oposición” no supone que sea oponerse a todo lo que hagan quienes no estén con ellos.
2.    Porque el oficialismo no entiende que estar en el Gobierno no es hacerse “uno” con el Estado, amoldando el marco legal a sus conveniencias, al tiempo que reniegan de todos aquellos que disientan. (Pues eso es autocrático y eventualmente dictatorial, como es el caso presente).
3.    Porque aunque hay una sola masa social sufriente, existen dos cúpulas políticas, que impiden cualquier solución que no pase por la aniquilación del otro bando politico.
En la Venezuela de estos tiempos es clarísimo que la manifestación de la voluntad popular no es suficiente para ejercer gobierno (Comenzando con el ignorado hecho de que la expresión del “50 más 1” en una votación -no exenta de polémicas en este país sin ética en sus funcionarios-, no puede ser entendido a priori como una Democracia que atiende también a las minorías en una Republica: es decir, a ese “50 menos 1” que termina siendo el perdedor, al quedar relegado, desdibujado, e inexistente frente a los que gobiernan, como “pueblo” al que por ley a de tomarse cuenta en sus necesidades y derechos); tampoco ayuda la actual componenda interinstitucional “CNE-TSJ-FANB” que hace imposible asociar cualquier concepto de “soberano”, al de un mandato emanado de la población, haciendo que entonces cualquier mención por parte de un político a la idea de “soberano”, termine siendo solo un discurso vacio, “populista, pero sin pueblo que lo escuche”.
No resulta suficiente la “chatarrera de motores fundidos” (que ya son 15) que el gobierno se empecina en mantener como estrategia de acción en su agenda ya inútil e irreversible; ahora también toman turno en esta vorágine de inutilidad política, personajes fuertemente asociados con la cuarta republica que se vuelven voceros y actores principales de la actual “vanguardia” opositora venezolana, haciendo fútil casi toda esperanza que quisiéramos anidar, cuando se escuchan expresiones como: “Nosotros junto al pueblo organizado estamos luchando por tal cosa…”
Frases como esas, alegóricas a un pueblo que no resulta soberano ni en su casa,  resultan presentes a diario tanto en el vocabulario del cinismo oficial, como en la prepotencia opositora, siendo de uso común y sin restricción moral, resultando en un engaño sistemático (por premeditado) y continuo (por el tiempo que lleva practicándose) de la población, que entonces viene y cae en la errada  creencia de que “solo organizándose de acuerdo a lo que se le dice”, (y no solo ejerciendo lo que en la constitución se establece), pueden obtener algo en concreto.
Esa sugerencia político-partidista resulta en un desprecio directo a la idea de republica esgrimida por nuestra constitución, como noción clave y fundamental de organización, capaz de garantizar el ejercicio pleno de los derechos y deberes constituidos como elementos básicos de interacción y progreso de todos nosotros, sin excepciones ni discriminaciones de alguna índole.
Déjenme decirles que no hace falta la existencia de una “burocracia” paralela nacida de colectivos, comunas, consejos, misiones, entre otros, para que los derechos y deberes de los individuos sean respetados y exigidos, a condición esto de que la noción republicana se mantenga por consenso sobre todos nosotros, como la expresión máxima de ciudadanía entendida y practicada en Venezuela. Es así únicamente como los funcionarios honrarían sus compromisos con la gente, y los políticos prometerían cosas que de no cumplir, saben que supondría su destitución y caída en desgracia frente al colectivo.
Fíjense que tan corrosivo como es ese engañoso mensaje de paralelismo burocratico, resulta ser también la idea que ha ido tomando fuerza en la oposición como principal argumento para apelar al referéndum revocatorio, referida a la sustitución del actual “modelo” (refiriéndose ellos a la revolución chavista), lo que a falta de un modelo alternativo (difícil de ver nacer de las “entrañas” de la actual MUD o de algún movimiento conciliador de tercera vía, pues aún no existen), ha hecho que varios políticos de vieja “estirpe” sugieran la idea de la vuelta a un “pasado posible” (entiéndase: todo lo anterior a Chávez), como solución casi mágica a los problemas actuales, obviando con ello el hecho inocultable de que la semilla de lo que hoy nos ofrece estos amargos frutos (la forma de hacer revolución, sus protagonistas y las consecuencias socioeconómicas y políticas que padecemos), fue creada, sembrada y “cuidada” al calor de los errores políticos, económicos y sociales de ese mismo pasado que ahora dicen, era “mejor”, con el agravante de que muchos de esos “cultivadores” originales, aún son protagonistas de lado y lado en el actual mundillo político venezolano.
Insisto: ¿No es acaso mejor procurar entonces recolectar bajo un concepto y nombre de aceptación universal para todos nosotros, todos los aciertos de ambos modelos, (descartando en el proceso todo lo negativo), como base entonces para construir un renovado y fresco modelo de desarrollo socio económico que pueda ser abrazado por todos sin resquemores, al ser reflejo fiel y sin interpretaciones adicionales, de la constitución?
Por estas cosas ocurridas hasta hoy, es que Venezuela se ha vuelto un peligroso desierto donde las mayorías pasan todas las penurias de tan aventurada acción sin rumbo claro ni organización practica; por eso vemos al mismo tiempo presos comunes y presos políticos envueltos en la misma tramoya jurídica inoperante, injusta y clientelar; pacientes sin medicamentos y hospitales sin tratamiento ni ética que los mantenga de pie; poderes del estado poniendo de rodilla a otros poderes, por ser todas instituciones parcializadas con sus propios intereses en medio de una sociedad victima de la inmoralidad que la hace traficante de su propia existencia.
Un país entonces en desasosiego, críticamente desorientado y organizativamente disfuncional, incapaz hasta hoy de autocorregir ese rumbo que pocos en un poder mantenido de facto a través de la esquiva de los mecanismos legítimos constitucionales, siempre a costa de las mayorías ya acostumbradas a la miseria, como quien se pudiera “acostumbrar” a ser pellizcado permanentemente con un alicate de presión.
Resulta positivo (en medio de la amargura) sin embargo, el reconocer que ese desasosiego y esa desorientación experimentadas hoy (se admitan o no), suelen ser los principales indicadores previos a importantes cambios sociales por venir. (Por eso nada cambió mientras había dinero para repartir: casi todos se sentían “comodos”)
El débil piso conceptual sobre el que 99% de nosotros tratamos de hacer equilibrio (entre la sobrevivencia y la subsistencia), en tanto que el 1% que mantiene el poder político y económico, vive en una orgia de dinero y posibilidades casi infinitas para los suyos, sus amigos y sus “socios”, nacionales o internacionales, tarde o temprano cederá, y solo la previsión que seamos capaces de establecer, podrá evitar una caída desoladora, donde Venezuela solo sería un eco lejano en la historia, para dar paso a otra cosa.
La única opción al final estará íntimamente relacionada con la noción que vamos a tener que lograr concebir de lo que debe ser un gobierno de consenso, que sea por cierto, imposible de asociar con un partido político especifico (*).
(*): Entiéndase sobre todo MUD y PSUV, porque se habrá comprendido que estos no han sido más que enormes fachadas tras las cuales las personas de débiles escrúpulos podían someter a las mayorías y ponían en práctica la impunidad frente a lo mal hecho, arrasando con sus verticales y cupulares estructuras, a las voces de quienes se atrevieran a alegar por la verdad.
Solo al entender que el éxito nacional viene de las masas de personas comprometidas con la noción de Republica como único instrumento de superación social, y que sea verificable “en tiempo real” por las mayorías para garantizar la aplicación de la voluntad soberana  bajo los designios de la carta constitucional y las leyes nacidas a partir de ellas, es que podremos romper el enfermizo paradigma que nos está hundiendo en esta situación tan agobiante.
El ejercicio de la justicia ciega e imparcial (pues nace de la noble intención de proteger al colectivo constitucionalmente organizado en republica), se erige como el primer paso para construir la confianza requerida en toda propuesta social de paz y desarrollo.
No es por accidente que este tiempo se levanta como el momento del desespero y de los desesperados; las voces altisonantes en el oficialismo y en la oposición admiten las más depravadas conductas sin castigo alguno aplicable, pues se trata de que el final de un ciclo se acerca, aunque no sin antes exigir el pago del precio de tanta injusticia, inmoralidad y complicidad tolerada de parte de un pueblo bipolar en su conducta, -al hacerse víctima y victimario-, que no supo exigir sus derechos sin gritos ni violencia, ni obligarse a cumplir sus deberes sin haber apelado a la corrupción o a las excusas.
Mientras sigan privando los tecnicismos y los burocratismos sobre la voluntad del “soberano”, la mentira se mantendrá “fresca y mandona” en un territorio, antes pretendido como sana ofrenda a la vida por el civilismo y a la búsqueda de justicia y progreso que creíamos desear.
Pero no nos mortifiquemos; el gran ciclo de cerrará: recuerden que antes fueron los llamados adecos y copeyanos en el antiguo congreso nacional quienes haciendo uso del ardid político, dividían elecciones  y creaban obstáculos en contra de la llegada de un entendido cambio de gobierno de la mano de un ex militar, mientras que ahora son los llamados hijos del ex militar los que con iguales argucias políticas y administrativas usadas en el pasado (de allí la idea de que esto sea un gran ciclo), buscan obstaculizar, retrasar o anular, cualquier cambio que los aleje de la embriagante orgia de poder conquistada.
Los que hoy se erigen como “adalides y paladines de la causa justa en contra de los ogros sádicos que nos gobiernan”, no son mejores que quienes detentan el poder en la actualidad, y que usaron la misma frase para justificar sus pretendidos cambios de gobierno.
Entender esto es clave para ver que aún cambiando gobierno en este preciso momento, y aún tomando las medidas adecuadas en lo económico, no significaría para nada que estaríamos saliendo de “la noche a la mañana” del desierto en el que poco a poco hemos estado perdiendo la vida republicana, pues aspectos claves como la justicia, la ética y los valores morales que emergen necesariamente del núcleo familiar, también han perdido peligrosamente su sentido al calor de esta sofocante percepción nacional en donde nos hemos metido.
Insistamos en que no se trata de ser pesimista; recuerden que hemos conversado de estos aspectos tan abstractos en el pasado: se trata más bien de ser optimistas pero razonablemente realistas, frente a las consecuencias que hay que asumir.
Ya no son tiempos de improvisar; más bien lo son para adaptar, sin perder de vista valores intangibles pero demoledoramente influyentes y determinantes como la moral y la ética.
No hay amor sin moral; no hay moral sin verdad; no hay ética sin educación, y no hay educación sin registros fidedignos de lo elevado y de lo oprobioso que nos ocurra.

Pese a estar caminando peligrosamente cerca del borde del abismo, también es cierto que siempre hemos estado a un paso de tomar la dirección correcta; a un paso de despegar en un nuevo vuelo, deslastrados quizás de tantos errores. Todo aguarda en definitiva por una decisión colectiva, lejana de figuras mesiánicas o demasiado centradas en sí mismas y en su “infalibilidad” como líder. En resumen: Todo aguada por un consenso nacional.
Como en un tratamiento doloroso para una enfermedad, la recuperación comienza en el mismo momento en que aceptamos el sacrificio y el dolor del momento, a cambio de un futuro mejor. Aún tenemos tiempo de deslastrarnos de esa prostituida definición de “pueblo”, y pasar a la de “colectivo de personas ciudadanas”, que se dice fácil, pero que implica un cambio profundo hacia la buena estructura del pensamiento verdaderamente republicano.
Nos ha costado avanzar, porque hemos desatendido la necesaria estructura ético-moral que mantenga a la sociedad en cohesión y evolución. Vivir de épica, de mesías políticos, de grandes figuras históricas, asfixia al presente, porque todas esas cosas pertenecen consecuentemente al pasado. Es lo que cultivemos en el hoy, -con las lecciones del pasado-, lo que nos da verdadera energía e impulso para progresar.   

Aún somos merecedores de cosas buenas; solo tenemos que ganarlas, esforzándonos.