jueves, 28 de mayo de 2020

Política, justicia, reconocimiento y castigo en Venezuela.

Hoy vengo con una propuesta, pero antes quiero explicarles de otra manera este fenómeno conductual que caracteriza la etapa que vivimos como país, y ya no lo haré con tanta sutileza.
Me centraré en hacer una descripción de dónde y cómo estamos, seguidos de un brevísimo repaso de las acciones inmediatas a acometer, tras lo cual iré al grano con la propuesta, y finalmente les dejaré un mensaje a modo de conclusión, sin perder en ningún momento el hilo frente a la necesidad del reconocimiento de la virtud, y del castigo al delito, como aspectos muy humanos que hemos dejado definitivamente a un lado, no como consecuencia de la situación, sino como origen de lo que padecemos.

I.
Un derrumbe inevitable; una encrucijada, una decisión.
Les digo que escribo sintiendo que esto es lo más difícil que este año he publicado, y afirmo esto porque aunque les he hablado de las cosas que generalmente los políticos y analistas no nos dicen, (traducido esto en este “desnudar” de nuestras fallas y vicios como venezolanos y sociedad disfuncional), no hemos tocado en profundidad a pesar de ello, lo relacionado a ese aspecto elemental del ser humano y su sistema de valores, que exige y necesita ver aplicado un ideal de justicia sobre quienes le han dañado y dominado.
Y es que todo, absolutamente todo lo que se perdió en Venezuela, (incluso una vez cruzada la línea de no retorno y el consecuente derrumbe del país como imagen sostenible), fue por la indiferencia social (*) que tuvimos ante la injusticia que nacía, y tras lo cual, ahora todo lo que hagamos luego de la caída del presente régimen, se va a caer también no muy bien permitamos que esa misma impunidad vuelva a dominar al país que surja.
NOTA: (*): No traducida en hechos, en acciones de cambio.
Por esto es que les digo que este es otro de esos “espinosos y lacerantes” temas de nuestra vida como sociedad, que nos puede “herir” si nos acercamos a él sin precaución, dado que en esencia (al menos en este blog), nos estamos desgarrando las vestiduras en medio de la mayor vergüenza imaginable, frente a lo que hemos permitido que pase, entendiéndolo como la única manera de aceptar los errores y en consecuencia, rectificar.
No estamos destruyendo nuestros valores; al contrario: ¡Estamos despojándolos de la inmundicia que los había cubierto!

Entendamos que delante nos espera la decisión de si seguir contando o no con esta “política clásica” que ha vivido entre nosotros junto a sus protagonistas y sus tendencias ya evidenciadas como corruptas. También tenemos en frente la impostergable necesidad de definir un equilibrio ético como estrategia administrativa del Estado, basado en valores humanos como compendio a su vez de aquel conjunto de nociones elementales -pero justas, reales y palpables en el día a día-, que todos compartimos como personas, en tanto determinamos caminar por un camino de bien.
La idea de lo que como sociedad tenemos por definir, es hora de comenzar a verla desde la base de lo que debe ser: una familia nacional, construida bajo la conveniencia especifica de cuidarnos los unos con los otros de todo aquello que desde adentro o desde afuera, quiera o pueda perjudicarnos, y para ello tenemos que apelar a la construcción de una “misión” y una “visión” adecuada de lo que queremos convertir en una propuesta de sociedad “razonablemente justa” (*).
NOTA: (*): Así como suena, como si de un emprendimiento laboral se tratara, porque acaso, ¿vivir en sociedad no es un gran trabajo a llevar a efecto entre todos bajo reglas claras y con un beneficio neto personal y también colectivo?
Miren, es que lo único que necesitamos es acordar que nos conviene tener una sociedad que acepte a la ley por encima de todos, como la única manera de mantenernos en la forma de esa “familia nacional” capaz de dedicar sus esfuerzos no a sobrevivir, sino a prosperar.
Las matemáticas son sencillas: la prosperidad de uno que lo hace siguiendo el precepto de que “mis derechos terminan donde comienzan los del otro”, se suma a la prosperidad de los otros, resultando en un producto siempre positivo como comunidad.

Es la falta de ese unidad que tanto hemos mencionado la que ha resultado en este nefasto episodio violento y en “cámara lenta” que vivimos, donde Venezuela colapsó y se encuentra en proceso de caída total, tal como lo hicieron las torres gemelas en Nueva York, -WTC-, y la semejanza no viene por casualidad:
Ello obedece (tal como en el caso del WTC), a la acción premeditada de fuerzas que quisieron y lograron imponer sus ideas en el momento. En nuestro caso, el acto terrorista de la imposición de sus ideas y conveniencias, vino de la mano de la oposición y el oficialismo, casados en un solo régimen de gobierno, y que fueron los dos “aviones” con los cuales las más viles mentes terroristas de la política venezolana y cubana, se clavaron en la medula de una sociedad que crecía dividida en dos torres: nuestros sueños en una, y lo que estábamos dispuestos a construir, en la otra.
Esto último lo digo así porque teníamos (y aún exhibimos), una dicotomía entre lo que decimos querer y lo que finalmente hacemos, lo que trae a nosotros una triste vulnerabilidad frente a cualquier corriente oportunista que supiera colarse entre nuestras fisuras y divisiones, como de hecho lo ha ocurrido desde los años setentas.

Imagen: Sentido figurado: Oposición impactando la “torre de los sueños”. La “torre de lo que estábamos dispuestos a construir”, sería impactada minutos después por el oficialismo de la “revolución”.
(Nuestro respeto y solidaridad con el pueblo de los EEUU, a quien le pedimos permiso para hacer una alegoría a partir de estas duras imágenes reales producto de actos terroristas)



 
Imagen: Sentido figurado: La “torre de los sueños” cayendo; dentro de ella la población venezolana cae sin estar consciente de lo que ocurre en detalle, mientras se dirigen al suelo. La “torre de lo que estábamos dispuestos a construir”, con el resto de los venezolanos, caería luego, con el advenimiento del fenómeno “revolucionario”.

Esa “vulnerabilidad” se hizo parte integral de nuestra estructura social con el pasar de los años, permeando finalmente nuestras nociones de valores, al casi ridiculizarlos y arrinconarlos o reducirlos virtualmente a cosas que solo se practicaban en familia, y eso cuando se lograba levantar alguna sin haber terminado en hogares divididos y con resentimientos ocultos o disimulados tras una jocosa y ruidosa, -pero nerviosa-, arrogancia.


Imagen: Aspecto figurado en el que deambula la población venezolana tras la caída de las “torres nacionales” (¡el país completo!).


No quiero ser rudo, pero es que no queda de otra; es realmente fuerte visualizar al país como un símil de lo ocurrido en Nueva York, pero les digo que es lo más parecido que se me ocurre para decirles que “Venezuela explotó”.
Olvídense de que Maduro siguen el poder; olvídense también de que Guaidó sigue siendo “presidente de nada”, mientras Leopoldo y Ramos Allup le soplan los oídos. Todos ellos, -como nosotros mismos-, estamos envueltos en una inmensa nube de escombros, mientras el ruido y las llamas aún laceran nuestros oídos y piel, tras nuestra frenética caída desde las alturas, allá desde más arriba de donde las ambiciones y mediocridades del oficialismo y la oposición, impactaron contra nuestra débil estructura nacional…
Ya ellos no gobiernan; tampoco los cubanos, ni nadie; estamos cayendo al suelo, aún con los efectos de una ilusión en la mente colectiva, pero con algunos ya atormentados en el piso, donde vamos impactando y quedando uno a uno (nunca como grupo), deambulando, confundidos, tratando de aferrarnos a nuestros elementales instintos de sobrevivencia, como animales llenos de dolor y miedo por las heridas sufridas, aunque en realidad todos estemos en Shock…
Necesitamos entendernos como lo que somos y por como estamos; no hay manera de verlo de otra forma sin seguir engañándonos; no hay opción; no hay más que aceptar que el país explotó, y que lo que queda por hacer es decidirse a “recoger” los escombros (es decir, terminar de quitar a Maduro y a su gente, más a Guaidó y a sus jefes, más la servidumbre política y demás “chiriperos” cómplices), y proceder a “curar” las heridas, actuando congruentemente (repito), para aplicar el “único tratamiento”:
  1. Establecer un acuerdo moral y ético sobre lo que queremos hacer y las reglas para garantizar su cumplimiento (al menos en 4 líneas estratégicas y un decálogo de reglas para la reconstrucción nacional);
  2. Establecer una Junta de Gobierno (un año);
  3. Depurar FAN y Policía;
  4. Nuevo CNE y registro electoral (un año);
  5. Una Asamblea Constituyente para corregir los errores y vacíos de la Constitución, a fin de general un instrumento superior (seis meses máximo): Proponer Congreso bicameral, reducido y sin más de un suplente, elección uninominal exclusivamente, periodo presidencial de 4 años inicial y por una vez, sin reelección, para llevarlo finalmente a dos años (y obligarnos así a planificar); referéndum con opción cada 6 meses; contrato ético de renuncia al cargo; elección directa de contralor, fiscal y defensor;
  6. Tribunal de Justicia Especial (tipo “Núremberg”), para llevar a juicio a todo responsable por mala praxis administrativa, traición, crímenes de lesa humanidad, robo del dinero público, tortura, testaferrarios y a quienes disfrutaran de tales delitos, como cómplices (en dos etapas al menos: un año para los juicios a los cabecillas, y otro año para el resto de los investigados e imputados, con detención preventiva);
  7. Elecciones nacionales con doble vuelta para todos los cargos de elección, al año de instalada la Junta de Gobierno y luego del referéndum aprobatorio de las mejoras a la CRV, donde podremos votar entre los candidatos (no políticos partidistas, pues para ser candidatos deberán renunciar a la militancia), que hayan sobrevivido (o salido ilesos tras la investigación obligatoria y certificación de honestidad), al período de juicios del Tribunal de Justicia Especial;
  8. Reconocer a los héroes y caídos; señalamiento público a los que se les comprobara culpabilidad;
  9. Restituir Instituciones y estructura de servicios;
  10. Subsidios temporales.

Estamos claros en que nada de esto es fácil, y menos mientras deambulamos entre tanta adversidad y desánimo, con anacrónicos políticos susurrándonos al oído que todo lo planteado es un error y que solo ellos tienen la razón; la situación sanitaria que vino a sumarse, creada por el Coronavirus y aprovechada maquiavélicamente por el régimen (oficialismo y oposición), en medio de este “proceso de colapso” (usando ellos al virus más como una excusa de control social que como una razón genuina de preservación de la salud pública), ha causado que el país que creía haber llegando al “sótano de lo posible” con la paralización de la producción y venta de gasolina tras el derrumbe del sistema petrolero venezolano, se sienta ahora atravesando un “desierto”, como  recordándonos a los venezolanos que las “siete plagas de Egipto” si existieron, y que las tenemos todas al mismo tiempo aquí.

A pesar de todo lo descrito y conocido, siempre habrá tiempo, energía y sensatez para recuperarnos y transformarnos: Al contrario que con la vida humana individual, en el contexto de nuestras interrelaciones sociales, el que “muera” el Estado fallido, no significa no poder “renacer” de inmediato como otro distinto (en el sentido de que se plantea nuevas metas y exigencias) y superior a todo lo pasado, si ello resulta de la suma de voluntades; es decir, del consenso (ahora sí), de una sociedad.
Decía Juan Luis Arsuaga (paleontólogo de origen español): “Vivir es estar permanentemente a punto de morir; la vida de las sociedades, -como la de cualquier sistema vivo en realidad-, es un equilibrio dinámico”
“Un equilibrio dinámico”…
Aceptémoslo: somos un complejo enorme y nacional de interacciones que en teoría debería buscar tener un equilibrio; uno que nos saque de esta disyuntiva existencial para decidir si el equilibrio dinámico es más conveniente que la barbarie propia de un extremo u otro, en tanto vemos que históricamente nunca tales radicalismos, alejados de los valores humanos más básicos y virtuosos, han resultado en beneficio neto y permanente para ninguna mayoría.
Les pregunto otra vez:
¿Tenemos como sociedad, visualizado con claridad la importancia del valor humano?
¿Es la virtud en verdad un valor exaltado entre nosotros?
Y si no lo ha sido, ¿Nos platearemos realmente hacerlo?

¿No es acaso esa personalísima noción de que “hago un esfuerzo, obtengo una recompensa y con ello satisfago mi necesidad y la de mi gente”, el pilar que nos motiva también a interrelacionarnos como sociedad, buscando cubrir la necesidad de resguardo y apoyo, como la proyección lógica de aquella idea individual y primigenia de seguridad y prosperidad?

Probablemente la respuesta a estas preguntas resulte vaga aún hoy, porque esa escurridiza noción de equilibrio (buscado, no conocido, y tan solo sospechado), es la que ofrece los parámetros necesarios para administrar la sociedad, y allí mis queridos amigos, -insisto-, es donde tropezamos y caemos aparatosamente.
Decía Fiódor Dostoyevki: “Sin una idea superior no pueden subsistir ni un hombre ni una nación”
Percibo con toda la humildad que puedo, que por estar nosotros “huérfanos” de ese ideal superior, es que ahora nos hemos ido descubriendo, -a un ritmo angustiantemente lento-, como una sociedad carente de algo elemental, entendiéndose con más claridad entonces la razón de existir de este “desierto conceptual” que como individuos, -y luego como colectivo humano-, atravesamos y padecemos.
Ahora sabemos que en los valores humanos más elementales y virtuosos que guardamos, está la solución a lo que padecemos, si hacemos voz común, y esos valores nos dictan el hacer tres cosas de inmediato:

  1. Conceptualizar la idea superior que asumiremos por consenso; ésta debe ser creada a partir del único instrumento disponible; LA LEY: el preámbulo de la constitución vigente (*) y su articulado, sin terceras interpretaciones.
NOTA: (*): Su inconsistencia con el instrumento constitucional originalmente salido de la constituyente, deberá ser atendido oportunamente en la próxima Asamblea Nacional Constituyente de seis meses de duración, a formarse una vez lo convoque la Junta de Gobierno.
  1. Derrocado el régimen actual (conformado por todo el oficialismo y su oposición cooperante), proceder a implementar un proyecto de Estado congruente, apartidista(*) y profundamente justo de hecho y de derecho, que nos permita creer en el ejercicio real de ese ideal superior que nos hemos planteado;
NOTA: (*): Los partidos políticos, -que son ONGs en realidad-, solo deben existir como instrumento de organización de esfuerzos bajo la línea de pensamientos que se quieran tener, a condición de que no viole los valores humanos que hemos aceptado como convención del pacto de la familia nacional. Para el Estado y su Gobierno, recuerden que necesitamos hombres y mujeres sin más afiliación política que la de la venezolanidad misma; es decir, ser ciudadanos que han demostrado capacidad de trabajo, y no facilidad para el engaño.
  1. Llevar a cabo el ejercicio duro de la justicia sobre quienes se detecte que fueron cómplices, testaferros, encubridores, o responsables de conducir y/o ejecutar la tragedia nacional vivida, y esto con el propósito de aleccionarnos como sociedad sobre las nefastas consecuencias de aquella impunidad practicada.

Lo último parece obvio, pero resulta que no lo es: tendemos a olvidar nuestros más grandes y terribles episodios de miseria, -junto con sus protagonistas-, sin entender que con ello, depositamos en nuestros corazones un agua amarga imposible de digerir.
Y es que la impunidad permitida hasta el presente nos acostumbró como “sociedad” a la también aberrante tendencia de “borrar” los nombres de los que nos hicieron daño, y esto es particularmente cierto al referirnos a los políticos (*).
NOTA: (*): Entendiendo ya por políticos a aquellos cuyas desviadas y generalizadas carencias de principios éticos nos ha llevado a sentenciar que “todos son culpables hasta que se demuestre que solo son sospechosos”. Queda por demostrar que quedará alguno de pie tras el proceso de investigación.
Expresar política en una opinión y en un actuar es una cosa, y vivir de la política, otra, totalmente despreciable por cierto.

Ante esto debemos hacer la pregunta de rigor:
¿Esa capacidad de olvidar, de justificar, ha traído beneficio o perjuicio?
Yo opino que ha traído mucho perjuicio.
Este fenómeno “amnésico” se explica en parte porque la mente social es en cierta manera una “extensión” de la mente individual; lo hemos comentado en el pasado. Posee mecanismos similares de acción y de autoprotección frente a lo que percibe que no puede entender o manejar, y aunque la sociedad lo hace a otras velocidades y tiempos (¿Recuerdan lo que hablábamos de la explosión y colapso del país al estilo del WTC?), sus reacciones suelen ser tan viscerales o razonables como le es posible de concebir también a un individuo, justificando con ello en muchas ocasiones el violentar sus propias leyes y hasta el aceptar una incongruencia moral o ética, en contra de los “valores” propios de poblaciones con algún grado de civilismo en sus venas.
Esa barbarie es lo que yo denomino el “Síndrome Barrabas”:
Es lo observado cuando Pilatos se lavó las manos ante una decisión de ejecución requerida por una élite fanática gobernante, dejando hábilmente que esta responsabilidad recayera en una “sociedad” representada en la plaza, y que venía excitada y atizada por las calumnias y manipulaciones de la misma élite del Sanedrín, decidiéndose entonces y sin rubor por perdonar al delincuente (Barrabas), por sobre la vida del inocente (Jesús).
Este síndrome lo hemos padecido convulsivamente desde hace décadas, y debido a ello nos resistimos a ver el grado de perversión que hemos sido capaces de tolerar para no arriesgar nuestra propia integridad o la de los que nos interesan, siendo precisamente ese modo de pensar, la “mecha ardiente” que finalmente hizo estallar cualquier contención moral en los políticos que se alternaron entonces en el poder bajo nuestra propias narices.
Queda claro: Nuestro “pecado” ha sido la falta de determinación para la aplicación oportuna y clara del correctivo y del castigo ejemplarizante.

Con esto hemos posibilitado el pensamiento sin freno del robo y el usufructo del poder en absolutamente TODO lo imaginablemente concebible en Venezuela. ¡En TODO!
¿Les viene nuevamente a la mente esa imagen que les describía la vez pasada, de Sodoma y Gomorra?; bueno, así, tal cual es la Venezuela en la que hemos vivido: No porque todos seamos pervertidos, sino porque a nuestro alrededor hemos dejado crecer y prosperar a la perversión.
¿En verdad alguien todavía piensa que el régimen de gobierno que nos subyuga a través de sus líderes, operadores y oposición, no es perverso?
No caigan en débiles nostalgias y falsas nociones de que “éramos felices y no lo sabíamos”, porque no lo éramos en tanto estábamos conviviendo con el enemigo puertas adentro; evitemos mirar atrás con nostalgia, porque allá también está el comportamiento tóxico que nos fue envenenando.
Sobre el pasado solo hay cinco acciones realmente importantes a realizar: perdonarnos a nosotros mismos y asumir la “pela”; identificar los logros que rescatar, los meritos que reconocer, los infractores que castigar, y los errores que rectificar.
Dicho lo dicho, ahora, les pregunto:
¿Se imaginan cuánto lo pensarían los potenciales delincuentes de cuello blanco (y luego “rojo” y de todos colores), si tuvieran la certeza de que están ante una sociedad que se ha replanteado y ha asumido la ley como valor inexcusable, ante lo cual ahora no existiera tolerancia con el delito a la cosa pública o a los crímenes de lesa humanidad, y que en caso de caer en las manos de la justicia, sus nombres e identificaciones quedarían registrados?

II.
Lo planteado a continuación obedece exclusivamente a una idea que quiero compartir con ustedes, -como siempre-, para que la consideren y mejoren en el caso que fuera aceptada y prosperara.
Entiendo que habrá gente en contra, como otros estarán de acuerdo; no se trata de venganza ni retaliación: solo se trata de que todos sepamos que hay congruencia entre lo que se postula y lo que se hace, y que hemos entendido que el perdón como sociedad, no implica ignorar las consecuencias de los actos individuales.
Todo lo que a continuación se propone como concepto, tiene que ver con algo radical en relación a nuestra percepción social de los eventos de al menos los últimos 40 años, y a la forma en que los tenemos presentes; implica un cambio de dogma, pero a favor de una conmemoración permanente, solemne, con un lado crítico (un muro), que nos permita mantener presente lo ocurrido a lo largo de este periodo de reconstrucción social y nacional.
El concepto básico propuesto es el siguiente:
Levantar un monumento en cada ciudad del país, a partir de las plazas Bolívar existentes o por construir, con una obra constituida en ellas, por dos partes enfrentadas, con una en lo alto, de color blanco, y la otra hasta su mitad (pero visible) en negro y bajo el nivel del terreno, donde queden registrado y visibles, los nombres y documento de identidad de aquellos que sean encontrados culpables frente a los hechos ocurridos:
1: El monolito blanco.
Tenemos una deuda con mucha gente; lo sabemos. Hablamos de todos aquellos compatriotas que con sus actos han dado brillo a un país lisiado, y que en consecuencia no han sido justamente valorados y reconocidos: Desde aquel del buen trabajo ejemplar y brillante, hasta los de aquellos que actuaron con una convicción y cayeron bajo el peso de la tiranía de la cuarta y quinta república.
Nos referimos con esto a buscar compensar una necesidad que ha sido mediocremente atendida en el país: la recompensa que el ser humano necesita por lo hecho con valor moral y ético, en el marco de una sociedad de derechos, deberes y leyes (en la forma de esa posibilidad real y en paz de gozar del fruto de su trabajo).
Obviamente no cabrán todos lo que han hecho algo bueno, aunque no por ello debemos dejar de intentar representar por cada población, región y finalmente por el país todo, a los que deben ser reconocidos:

  • Victimas políticas de ambos periodos: caídos en las manifestaciones, los desaparecidos forzosamente, y aquellos casos documentados y de relevancia pública de ciudadanos que hayan perdido su vida por negligencias o complicidades en el Estado;
  • Militares y policías caídos durante la lucha contra la guerrilla y los movimientos paramilitares (siglo XX y XXI), así como los que han sido víctimas del régimen;
  • Presos exclusivamente políticos comprobables de la 4ta y 5ta república, civiles y militares;
  • Personajes probos (sin tener sospechas o comprobación de hecho punible) que hayan contribuido decididamente a la construcción de la localidad, región o el país.

En el caso de la capital del Venezuela, el lugar elegido para esta obra vendrá de la mano del monumento a los Próceres, el cual sería modificado profundamente a fin de ampliarlo e incluir de manera solemne, además de los caídos y víctimas en el Distrito Capital, a los nombres de todos aquellos que en el país sufrieran destino semejante al de los casos señalados, como un compendio de la tragedia nacional vivida.
Estas estructuras deberán estar custodiadas como homenaje, las 24 horas, siguiendo el protocolo del monumento en el Campo de Carabobo, por un plazo no menor a 5 años, a partir de lo cual sería revisada la estrategia de presencia permanente, labor que hará la FAN como acto de contrición por la participación de sus componentes en el sometimiento nacional durante los regímenes señalados.





Imágenes: Aspecto conceptual a partir de los cuales podrían diseñarse un monolito en vertical, rodeado con los nombres; segunda imagen tomada como referencia, (a partir de un monumento del glorioso pueblo argentino a sus caidos en la Guerra de las Malvinas).


2: El muro negro de la infamia.
El proceso de reinstalación de la justicia en el país no solo implicaría la investigación justa de aquellos que estén bajo sospecha o señalamiento, sino que también contempla el de la verificación y certificación de la probidad de todo político y personaje empresarial que haya tenido relación con el Estado (y que lo pretenda tener), y los resultado de todo lo investigado y procesado penalmente no solo permitirá el ejercicio de la justicia -y la demostración de una congruencia-, sino que también permitirá la puesta en práctica de la contraparte al monumento con el monolito blanco donde exaltaremos a los caídos; hablamos ahora del muro negro de la infamia.


 Imagen: Modelo conceptual del Muro negro de la Infamía.



Imagen: Una lista representativa del alcance que tendrá el proceso de investigación y de “certificación de honestidad”, en todo el aparato administrativo y político del país. (“El que no la debe, no la teme”; todos se someterán al rigor de la investigación).

Este monolito negro tendría un diseño que obligaría siempre a que sus bases estén visibles por debajo del nivel del suelo, de manera que solo sea visible por su parte más alta, siempre en contraposición física y por debajo del monolito blanco de los reconocidos en cada población, región y en el país, (como ampliación de los Próceres).
En esta “lapida” de lo que nunca debe volver a repetirse, se grabarían los nombres e identificación de:
  • Quienes fueran encontrados de acuerdo a la ley, culpables de crímenes contra la Patria, su población y sus recursos. (una letra “(F)” junto al nombre del ex funcionario indicará que se comprobó la participación de su familia en el uso del dinero hurtado del patrimonio de la Nación; una letra “(P)” indicará que se encuentra prófugo);
  • Testaferros. (una letra “(F)” junto al nombre del ex testaferro, indicará que se comprobó la participación de su familia en el uso del dinero hurtado del patrimonio de la Nación; una letra “(P)” indicará que se encuentra prófugo).
  • Esbirros. Civil o militar: todo aquel que participara activa y violentamente en el mantenimiento del régimen señalado.
Comprendan que la decisión de proponer esta idea/concepto de un sitio publico simbólico en cada ciudad del país, donde encontremos desde el reconocimiento hasta el señalamiento, obedece a la necesidad de establecer un claro “antes y después” en lo referente a la impunidad, porque el país necesita el shock de verse reflejado a través del nombre de cientos de hombres y mujeres que incurrieron en delitos graves a la Patria y a la cosa pública.
Simplemente son demasiados. El daño que infringieron a lo moral y lo ético, no será cosa que se repare de un día para otro.
Tengan idea por favor de la gravedad del daño estructural que tenemos como sociedad.
La herida que tiene nuestro país es grande y profunda, y aunque cura, no lo hará con “tratamientos convencionales y estéticos” como pretenden los políticos de oficio que nos tienen secuestrados. Esta sed y hambre de justicia de parte de todos, nos tiene que hacer aceptar un dolor y un sacrificio de manera voluntaria, no porque sea un castigo, sino porque será nuestra resolución a cambiar y prosperar, aunque ello requiera poner el “hierro caliente de la justicia” directamente sobre la herida para cauterizarla, y aunque sabemos que dejará una “cicatriz”, no buscaremos ocultarla, para así tampoco olvidar.
Los que han muerto, merecen nuestra resolución a ser mejores y libre, también en su honor.


III.

Quisiera terminar este articulo con una conclusión que nos conectara con lo que hasta ahora se ha planteado en este rio de palabras que ha fluido hacía ustedes a lo largo de estas semanas, pero francamente creo que ya no estamos para eso; por eso les digo directamente: sincerémonos de una vez por todas, actuemos, y en el proceso hagamos reconocimiento de la virtud, con el castigo al delito.

No busquen a Venezuela entre los restos de este Estado fallido que permitimos tomar forma por ser nosotros una sociedad dispersa; déjenla ahora morir con honor: ese honor es el de saber que nos deja siendo capaces de afrontar con gallardía la construcción de una Venezuela 2.0.
Nuestro error ha sido no asumir que la ley es para una sociedad, lo que para familia es el amor.
Somos venezolanos por la forma en que hemos trabajado y la manera en que nos hemos forjado al calor de los aciertos y errores; eso nos ha dado una combinación única y maravillosa de virtudes únicamente opacadas por errores pendientes de corregir.
No es a un hombre o a una mujer a la que hay que seguir; no sigan a alguien porque eso les dicen; sigan a sus corazones basados en una sola convicción: “Tengo derechos que solo terminan donde comienzan los del otro, y que si juntos nos respetamos bajo la premisa de una ley común, entonces nos cuidamos mutuamente y prosperamos”.

sábado, 16 de mayo de 2020

Sobre políticos y políticas en la Venezuela 2020.

La destrucción de lo que conocemos como Venezuela, no es un acto que esté de manera inminente por ocurrir; de hecho, en realidad ya ocurrió, pero como pasa con las cosas cuando las vemos en la escala de lo Nacional, los acontecimientos ocurren frente a nuestros ojos como en “cámara ultra lenta”, de manera que con todos nosotros inmersos en ella, pocos perciben que nos encontramos en el aire, siendo proyectados entre escombros, metralla y llamas, a medida que los gases de la explosión se expanden y destruyen.
En esa realidad que difícilmente se ve, ya Maduro no gobierna, ni Guaidó cogobierna, porque todos estamos inmersos en la poderosa dinámica de la explosión ocurrida.
Ya no hay retorno.

I
Sobre políticos.
El tema de la recuperación socioeconómica de Venezuela no podríamos desarrollarlo con la profundidad requerida, si no comprendemos primero el alcance del trabajo que ello implica y si no se entende antes de ello que la clase política existente mayormente en el país mostrará fuerte resistencia frente a cualquier idea que amenace con no entrar por el aro que ellos mismos sostienen frente a nosotros.
Ustedes saben que lo digo porque será un trabajo cuyo alcance incluso hoy se mantiene fuera de la comprensión de muchos entre nosotros (como la explosión), toda vez que existen sectores que aún hoy siguen resueltos a permanecer políticamente fieles a lo único que les dio sentido social en sus vidas (*), -independientemente de su condición económica-, y ello como consecuencia directa del agobiante vacio conceptual y moral que políticos de toda índole permitieron nacer y desarrollar en el país al clientelizarlo y hacer de la coima, la moneda más aceptada en circulación.
 (*): La “revolución” que consiguió cabeza oportuna en Hugo Chávez, por ejemplo, o la sumisión de miembros de un “partido político” cualquiera frente a la estructura rígida de mando.

Tal ha sido el vacío conceptual, moral y emocional existente, que se nos ha hecho difícil el entender que los políticos  que sobrevivieron al periodo entre los años ochentas y noventas, han estado operando en todo este tiempo  como incompetentes sistémicos, reacios a ejecutar cualquier cambio en el paradigma construido en los lujuriosos años del dilatado periodo “cuarto y quinto republicano”.
Esa dificultad para comprender nosotros lo que ocurre, también nos nubla la vista frente al hecho de que ese mismo stablishment  había alentando el nacimiento de nuevas “camadas” de políticos que como en palabras del vicealmirante (ret) venezolano Carratú Molina, han resultado ser “jóvenes que nacieron viejos” en lo político, refiriéndose a que aún cuando fueron engendrados en medio de una crisis social sin parangón que ofrecía la apertura a nuevas concepciones, fue voluntariamente que se dejaron abrazar más bien por lo más rancio de la vieja política venezolana y sus modos de operación, adosándose con ello al modelo de “dar servicio al poderoso, en vez de poner el poder al servicio del ciudadano”.
Por estas cosas es que les digo:
Necesitamos de consciencia ciudadana, y no de imposición al ciudadano;
Necesitamos reconocer las señas de los que vienen con intenciones ocultas tras rimbombantes proyectos de “sociedad civil”, sólo para mostrar luego que la intención es la de decirnos qué es lo que debemos hacer;
Necesitamos que el anhelo por la ley venga del corazón y sea practicada con la razón, por una mayoría nacida del consenso, y no del aplanamiento por una minoría;

Olvidémonos de formar a la sociedad para que sea toda “feliz y prospera”; la inteligencia no fue repartida por igual, como tampoco la imbecilidad. Más bien concentrémonos en crear una sociedad que ofrezca las mismas oportunidades a todos, aunque no todos las aprovechen, y hecho eso, procuremos un equilibrio que nos permita movernos juntos en una sola dirección de prosperidad general.
Necesitamos una sociedad que  dirija sus esfuerzos también a que las armas sean usadas para corregir las injusticias (manifestadas estas a través del delito y los ataques a la Soberanía Nacional) y no para imponer dogmas a la fuerza, pues mientras que la primera se logra en una sociedad democrática, la segunda solo se alcanza en sociedades secuestradas, vulnerable a las leyes no de la mayorías, sino de los que detentaran en el poder.
La necesaria habilidad para escuchar, reflexionar y armar un concepto superior entre muchos de nosotros -que no entre todos-, nos resulta difícil de practicar en la actualidad, solo porque seguimos sometidos a los viejos programas conductuales de la política del siglo pasado, y que en la forma de sus políticos menos talentosos para servir, -pero si muy hábiles para delinquir-, insisten aún hoy, por acción o por omisión, en actuar como si fueran “sanguijuelas chupa voluntades”, debilitando con ello nuestra capacidad de generar una ruptura con esa minusvalía política que hemos insistido en asumir artificialmente y en exhibir.
Esa “minusvalía” nos ha privado de conseguir entre nosotros a hombres y mujeres probos que sean administradores y no burócratas; servidores, y no ladrones.
Esa misma “minusvalía” nos ha impedido entender que las diferencias son naturales entre los humanos, pero que aprovecharse de ellas no lo es, pues obedecería nada más a la ambición de tener más poder que los demás, aún cuando sea a expensas de estos.
Insisto en que no se trata todo esto que hablamos  de un “aplanarnos” bajo un solo dogma dictado por alguien más, como si de otra forma extrema amenazante de “socialismo” o “derechismo” que se nos quiere vender convenientemente disfrazado bajo las voces cautivantes de una supuesta “era de justicia” por venir.  Definitivamente no es eso lo que queremos.
Hablamos de lograr compartir un ideal sano, justo y libre, a través del cual podamos construir y compartir de forma natural, una noción lo más clara posible de lo necesario que es el ejercicio del ordenamiento legal que resolvamos tener, y el sometimiento voluntario y sensato a una sola idea: la de que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás.
En otras palabras: hablamos de un equilibrio entre derechos y deberes capaz de ser mantenido porque ambos valores nazcan del consenso alrededor de valores humanos fundamentales: esos que van desde el derecho a decir lo que se quiera (con responsabilidad), hasta el de tener una idea, poder materializarla y si es dentro de la ley (esa misma que me permite comprender cómo no abusar de los derechos de los demás),  hacerme millonario y disfrutarlo sin temor, porque lo haría sin abuso.
Hablar de valores humanos es referirnos a ideales elementales del individuo, que por su ejercicio nos hacen asertivos y gregarios: La búsqueda de la verdad y el ejercicio de la rectitud para prosperar, y todo ello porque se percibe al amor como la esencia de todo lo que genera invariablemente paz, al alejarnos del egoísmo, el conflicto y la violencia.
Cuando comencemos a vernos como individuos con derechos y deberes genuinos y dignos, cuando veamos que la familia es un ideal hermoso sin importar cómo esté compuesta, y que la sociedad puede ser una gran alianza por la extensión natural de esos mismos valores humanos para entonces  arroparnos y cuidarnos como nación, la necesidad de sometimientos a dogmas, minusvalías o a la idea de un “gran hermano” desaparecerían, liberando nuestra energía entonces para construir en armonía con nosotros mismos y los que nos rodean, libres de cadenas del pasado, de miedos al futuro, y de pretensiones egoístas, pues la transparencia asumida sería nuestro propio control.
¿Hablamos con todo esto de una utopía?; yo sinceramente creo que no, porque definitivamente este asunto cuando lo razonan con la mente y el corazón en calma, ven que depende mayormente de la visión que tengamos y de lo que decidamos en justo valor humano que es factible de hacer.
Yo creo que podemos llegar lejos, ¿Y tú?

II
Sobre economía nacional y políticas: La posible trampa de la dualidad Izquierda – Derecha frente a nuestros ojos.

El tema con el que necesariamente debemos continuar a partir de este punto, nace del convencimiento ya explicado de que requerimos mantener presente que lo que acordemos hacer como sociedad ha de ser por consenso, y no por lo que unos pocos puedan indicar, porque se trata de hacer una visión de sociedad, y no de una donde nos dejamos arrollar por la imposición de otros.
Basta con que entendamos que el consenso surge naturalmente de una sola manera: comunicándonos: Cuando hago este esfuerzo de escribir y publicar, estoy haciendo también un acto consciente de comunicación (además de un acto de fe), pues aspiro de ustedes solo la reflexión y el enriquecimiento entre todos, buscando así acuerdos mínimos pero realizables, para una actuación como sociedad tras la ocurrencia de la explosión vivida.
Ese es el reto mis hermanas y hermanos: lograr ponernos de acuerdo y no matarnos en el intento. Los personajes nefastos que ya conocemos son los que se han aprovechado de esa vulnerabilidad para doblegarnos y secuestrarnos: se apalancaron incluso en nuestra propia altivez como herramienta para obstruir hasta los más pequeños intentos de acordar algo.
NOTA: Si tienen dudas acerca de esto último, les sugiero que se detengan un momento y observen el espacio de la “Venezuela tempestuosa” existente en Twitter, y como básicamente, el país allí es un inmenso archipiélago virtual de pequeñas islas vulnerables.
Allí la gente llega con la misma facilidad a amarse y a reflexionar, como casi también a matarse y escupirse tratando de ser quienes tengan la razón, dándole nombre incluso a los que tienen éxito en una cosa u otra, bajo el calificativo de “influencers”, y donde los “seguidores”, “likes” y “retuits”, pesan tanto como los “robots”, “cuentas falsas” y “trollers”, todo por tan sólo 250 caracteres de opinión o de egoísmo arrojados a ese tormentoso océano, donde también encontramos a grupos con disimulados intereses, maniobrando como si de un juego “online” se tratara, capturando “seguidores, territorios, prisioneros, esclavos, soldados y privilegios” de cara a la reorganización del país a sus medidas…

Por todas estas razones (las de la constante manipulación política tras fachadas de apoyo y ayuda), es que es oportuno abordar el espinoso tema de las tendencias políticas que de a poco se van poniendo de “moda” en Venezuela cuando hablamos de supuestas salidas a nuestros problemas: la Izquierda y la derecha.
Sé que este tema creará roces y heridas, pues algunos dependen de ellas para sobrevivir o para surgir en el mundillo de la política y la influencia económica; también sé que abordarlo resultará sanador para muchos, y lo digo porque en el extremis social y existencial que atravesamos, las posiciones radicales afloran de forma natural (¡porque somos humanos!), y por lo que de la “izquierdosa” situación reinante en Venezuela al presente, podemos pasar sin darnos cuenta a una “derechosa”  tendencia  igualmente extrema que no supondrá un beneficio neto, si dejamos de tener en mente los siguientes hechos:
  1. Identificar a un político como de “derecha” resultaría ser peligroso sin abordar primero las nociones que pueden defender e implicar, y que van desde el Capitalismo puro y duro, centrado en el beneficio de quienes sean capaces de invertir e influir, pasando por el modelo conservador del control total del Estado interventor (en la línea filosófica del Keynesianismo en sus variantes y combinaciones), para llegar finalmente al modelo liberal y la escuela económica austriaca (con un Estado más bien arbitro).
  2. En la Venezuela presente, en lo que Maduro salga del poder, la llegada de un modelo de libre mercado sin restricciones de ningún tipo por parte de un gobierno que se instaure en ese momento sin tomar en cuenta la opinión de la gente (y si la de los que dicen ser la consciencia de la gente), podría permitir el arribo a nuestro territorio de una enorme cantidad de personajes y testaferros que serían representantes de cientos de intereses, políticos y operadores económicos hasta ese momento a salvos en el exterior luego de que amasaron fortunas tras el robo de la cosa pública en el país, y que al “invertir” lo robado acá, se apoderarían de los  grandes proyectos de recuperación nacional, lo que probablemente apalancaría el control de pocos sobre la vida de muchos, a través de las consabidas coimas y clientelismos que rápidamente veríamos prosperar frente a nuestro ojos encandilados, ya no como expresión de una agonizante etapa nacional presente, sino como de una engañosa fase de recuperación posterior.
  3. El actual reclamo de ciertos sectores en el país por la construcción de nuevos partidos políticos de derecha, en sustitución y prohibición de los de izquierda, puede terminar, a pesar de lo tentador y retaliador que suene, más bien reforzando la estructura partidista que al pasar del tiempo se ha evidenciado en Venezuela como el principal lobbie de clientelismo, beneficios económicos y competencia desleal existente, al hacer uso de ventajas alejadas de cualquier ética inspirada en valores humanos.
  4. Por último, no podemos despreciar el hecho de que el aparato derechista que puede montarse en el país, bien podría convertirse en la “sucursal nacional” de la extrema derecha a nivel mundial, (como de hecho lo han sido hasta hoy los partidos de izquierda, socialistas y comunistas  en Venezuela, a través del Foro de Sao Paulo, la Internacional Socialista y otros escenarios igualmente dogmáticos), con lo cual dariámos entrada a grandes corporaciones que controlan el poder económico y político en Occidente, de la mano de personajes como George Soros, Warren Buffet y tantos otros multimillonarios y operadores que en línea con estrategias de producción de capital inorgánico (impresión de dinero), transacciones financieras que no generan trabajo ni producto, (como ha ido ocurriendo en la EEUU tutelada por los lobbies en el congreso americano bajo la guía de Wall Street, y con lo cual ese país ha ido perdiendo independencia económica a favor del capital especulativo), y que en el caso de dominar el panorama político de Venezuela, (como ocurre progresivamente en Argentina, por ejemplo), nos convertirían -otra vez-, en meros espectadores de la distribución de las riquezas, -como lo ha sido con la izquierda socialista y comunistoide de hoy-, aún cuando se dijera en defensa de esa derecha, que “con ellos se vive mejor”, pues no se trata de vivir mejor o peor, sino de hacerlo con dignidad y justicia.
Lo que quiero decirles es que no es sano ni aconsejable caer en la tentación de abrazarnos con posiciones extremas (ni siquiera con izquierdas pragmáticas como la china, ni de derechas feudales como la estadounidense, aun cuando en ambas se señalen “bondades” innegables) y esto implica la necesidad entonces de liberarnos de varios "parásitos mentales" para así entender que el libre mercado y la libre iniciativa ciertamente si son necesarias, pero bajo un monitoreo razonable por parte de una sociedad a través de su Estado como árbitro, que evite el monopolio excesivo, la extracción de riquezas sin medida o en definitiva, de prosperidad, tanto del país como de sus trabajadores propietarios (*) o de los trabajadores que sean dependientes como empleados.
(*): Vamos, no seamos mezquinos: el dueño de una empresa legalmente fundada y éticamente levantada, también es un trabajador, solo que goza de beneficios adicionales por haber tenido la visión para aprovechar una oportunidad comercial. Que lo haga sin abusos, es lo determinante. “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Y es que alejándonos de esos extremos, vemos que resulta natural que cada quien tenga derecho de disfrutar de su producto y riqueza, siempre que estas sean bien habidas, fruto de la inversión, el trabajo y el desarrollo, (y no fruto de influencias mal habidas, la recompra de acciones especulativas bursátiles, del dinero fácil imprimido sin control en bancos centrales partidocráticamente politizados, o de la inflación de ganancias y sueldos para quienes se encargan de operar y dirigir tan aberrante e injusto sistema de proceder) y todo esto debe ser bajo la supervisión preventiva y correctiva, como decíamos,  de un Estado en esencia arbitro, y no interventor, redimensionado hacia lo pequeño y eficiente, operado por administradores y no por políticos, que pueda ser auditado, que se base en impuestos razonables y relativamente bajos (ningún impuesto deberá ser dedicado a otra cosa que no sea el beneficio del colectivo, no pudiendo nunca ser utilizado para ayudas internacionales, burocracia inamovible y no dada al servicio público eficiente, o a coimas políticas frente a otras naciones a cambio de favores, como tampoco para el armamentismo innecesario), al contar Venezuela aún con importantes regalías propias de los recursos que si bien sean administrados por el Estado venezolano, podrían ser explotados y desarrollados adecuadamente (*) por terceros.
(*): En el marco de la constitución y las leyes.
Hablamos de un Estado que no pueda usar el dinero recaudado para promocionar a los mismos funcionarios ni a sus partidos políticos; de un Estado que se base en que el trabajo del individuo y la asociación de estos (cumpliendo con la premisa de que sus “derechos terminan donde comienzan los de los demás), deben ser resguardados de abusos de propios y foráneos.
Hablamos también de un Estado donde el uso de criptomonedas sea aplaudido, pero no como vía de riqueza ilícita mediante la especulación de su precio o la minería que se aproveche de condiciones ilegitimas creadas por regímenes mafiosos dentro de un país (*).
(*): Las criptomonedas deben ser reconocidas constitucionalmente, para así proceder penalmente contra quienes hayan delinquido en esta área, pudiendo ser extraditables y sus bienes confiscados y asumidos por el Estado.
En ese Estado, el oro adecuadamente extraido del suelo o recuperado de cuentas en el exterior, necesariamente debe convertirse (*) en el único sostén del valor de la moneda venezolana, a través de un Banco Central autónomo y reducido en funciones, incapaz de salvar banqueros o bancos, pero sí a ahorristas y deudores legítimos (de manera que dicho BC solo se dedique a arbitrar el capital en consecuencia generado, y no a la impresión inorgánica de dinero a instancia y solicitud del gobierno de turno), en tanto se crea un sistema mundial de divisas no especulativas ni sujetas a criterios de intereses hegemónicos, que bien puede ser política de Estado en Venezuela de cara a crear una matriz de opinión favorable a nivel internacional.
(*): Hasta la aparición de criptomonedas solidas y de valor estable (no especulativa).
Sería un Estado que no se derrumba frente a las apetencias de un gobierno en particular, como tampoco frente a fluctuaciones económicas externas (como la del Petro al depender del precio del petróleo), donde no se permitirían impuestos abusivos (como el emblemático IVA), ni aquellos que se pudieran solapar bajo tecnicismos impositivos que solo busquen tapar los agujeros fiscales causados por una negligencia gubernamental que se pasee impune.
Hablamos de un Estado saneado y sensato, reflejo de una sociedad que alaba a lo justo y castiga ante lo injusto, donde si sea posible que un funcionario renuncie por cuestiones éticas.

Solo bajo un escenario como el que describimos, totalmente plausible y posible, podremos encarar la idea de que cada quien pueda tener igual derecho a ser millonario si las oportunidades honestas y el actuar ético están frente a él, como lo tiene a ser un asalariado satisfecho con su paga, reconocimiento y ambiente social de trabajo, disfrute y vida familiar, siempre y cuando ambas cosas -insistamos en ello-, no sean producto de la especulación y el abuso de unos, o de la esclavitud de otros.

¿Suena a revolución?: pues les digo que no lo es; es únicamente poner los pies en la tierra y admitir que ha habido errores históricos que nos han hecho perder oportunidades, producto del abuso de unos contra otros,  y que nos han llevado precisamente al presente en explosión en el que vivimos, porque es que el socialismo y el comunismo, no “nacieron solos”: siempre ha habido una profunda condición de explotación previa antes del surgimiento de “algo”, sea una revolución como la francesa, o un manifiesto desfasado como el de Marx. Así es como vemos que la izquierda no nace sin un capitalismo que la inspirara previamente, y las “derechas” no se crecen sin que existan “izquierdas”  abusando siempre de todo lo que se pueda abusar en un territorio y en una sociedad dada. Es un circulo vicioso.
Requerimos de un equilibrio desapasionado, donde usualmente encontraremos a la verdad esperando por nuestra capacidad para llegar a acuerdos que beneficien a todos, menos a los inmorales.
El capitalismo sin controles, vendido como la panacea en forma de la “verdadera derecha” que Venezuela necesita,  puede ser solo el discreto “canto  de sirenas” de quienes se saben capaces de aprovecharse de un entorno económico sin más regulaciones que las que ellos mismo se pondrán una vez llegados al poder.
No es eso lo que deseamos, y no lo deseamos porque ya sabemos que podemos esperar más, sin perder nada.
Podemos evaluar una muestra de lo que el capitalismo sin control puede hacer, en cuanto la “frontera” entre lo administrativo del Estado y su guía política en forma de Gobierno, desaparece, haciendo que el comportamiento económico se aproxime demasiado a un keynesianismos duro y salpicado de claros visos de innecesaria y asimétrica distribución de los recursos de una nación, mediante la identificación de eventos económicos específicos ocurridos en los EEUU desde los años 70´s:
  1. La liberación del dólar de su anclaje al patrón oro en los años setentas, a instancia del gobierno de turno, permitiendo con ello la impresión de dinero que se daba valor a sí mismo, con lo que también pasó a ser de uso como herramienta de presión geopolítica, al tiempo que como factor de recuperación de empresas insolventes aunque éstas no fueran productivas, mediante la emisión e inyección de dinero público impreso, llevando a una situación en la que hay más dolares disponibles por impresión directa de billetes, que por recaudación de impuestos.
  2. La autorización para la recompra de valores en el mercado bursátil por los mismos emisores desde los años ochentas, disparando hasta hoy los índices bursátiles incluso cuando el mundo y EEUU sucumben frente a una pandemia que detiene economías;
  3. La privatización casi total del sistema de salud y farmacéutico, sin posibilidad de libre competencia real que regule el valor de los servicios y bienes a favor del consumidor;
  4. La privatización del sistema educativo universitario, obligando a la financiación mediante créditos estudiantiles con tasas de interés abusivas en ese nivel educativo;
  5. La tercerización de la producción de bienes hacia países donde las condiciones de trabajo se conocía que eran inferiores, injustas y más baratas, aumentando con ello el margen de ganancia de los mercados de bursátiles propios, aunque desplomara los niveles de empleo propio;
  6. La reducción de tasas de interés hasta valores "cero" o negativos;
  7. La generación masiva de letras o bonos del tesoro americano.

Como ven, la “derecha” y la “izquierda” no necesariamente debemos contextualizarlos como una simple polarización entre “el bien y el mal”, o el “blanco y negro” de la política o la economía, pues los matices que conseguimos en ellas (entre las izquierdas y entre las derechas) van a depender de las circunstancias globales y siempre e invariablemente, de las ambiciones de quienes pretenden el poder corporativo o nacional a través de su ejercicio.
Ese paroxismo surgido tras el advenimiento de la Guerra Fría al comenzar la era de las armas nucleares, con la creación de la noción político-económica del “Este – Oeste”, y el segmento de los “No Alineados”, solo constituye un artificio fácil de asumir por aquellos que siendo socialistas o derechistas, toman el poder para sí haciendo añicos cualquier corriente filosófica económica, -incluso la keynesiana-, bajo el peso de sus propios intereses.
Los extremistas nunca van a aceptar que lo importante es que todo emprendimiento económico (origen de la política misma), debe seguir el camino más probo aunque sea al mismo tiempo el más duro: Ese donde nadie salga perjudicado cuando las oportunidades comerciales son aprovechadas por quienes las saben ver y generar con ello ganancias sobre la base del trabajo, la producción y la libre competencia, y no definitivamente, sobre la mentira que supone la manipulación de los mercados, la explotación y la especulación.

En definitiva, ambas corrientes políticas extremistas en su necesidad de imponer su modelo una vez instaladas en el Estado a través de un Gobierno, usarán eventualmente el monopolio de la violencia, la represión y a veces de las leyes reformadas a tales efectos, para hacer valer la idea que les acompañe, y eso aún cuando nos ofrecieran o hicieran llegar “bondades” que parecieran ser prosperidad para todos (sobre todo en comparación con lo que se tenía antes), ya hemos visto que en realidad sólo son migajas a las que no debemos acostumbrarnos si es que queremos vivir con la frente en alto y con la convicción de que será posible dejarle un mundo digno a nuestros hijos.

Puntualicemos para recalcar esto que es importante: los abusos economicos han existido con izquierdas y con derechas; ambas pueden llegar a ser igual de déspotas, sea por la vía de la dictadura (caso de la derecha con Pinochet en Chile, levantandola de una crisis economica generada por el socialismo de Allende, o para la izquierda con Fidel Castro en Cuba y el aislamiento y misería resultante), o también por la vía de un régimen que permitiendo toda clase de elecciones al estilo de un gobierno “democrático”, igual fuerza el resultado siempre a su favor (caso de la revolución de Hugo Chávez y otros en América Latina).
IMPORTANTE: Ambas se apalancarán en las miserias dejadas por el otro para justificar su propio ascenso al poder. Siempre será reducido este asunto frente a los que menos entienden, a una confrontación del bien contra el mal, y aunque ciertamente con la derecha extrema se puede "vivir" (término relativo) mucho mejor que con la izquierda extrema, ambas se distancian en el ejercicio de los valores humanos de los que si podríamos disfrutar en un ambiente de libertad y paz mediante el ejercicio de un gobierno de CENTRO (un concepto que en Venezuela NO EXISTE, y que no se relaciona con gobiernos autodenominados de centro en Europa. Anotemos también que la Derecha como tal no ha EXISTIDO en el país más allá del pensamiento y la practica empresarial).

Los "lideres" que comienzan a pulular en las redes (que no en la calle), los van a querer endulzar: Si un político se vende como de derecha, a través de un partido político “de derecha”, pero ofrece ayuda a la gente con medidas que no son capitalistas (como los subsidios, que sabemos son necesarios por simple lógica en un principio en el caso como el de Venezuela, pero que contradecirían la postura real de un derechista ortodoxo vendido como tal frente a sus electores), nos encontraríamos una vez más ante un charlatán que nos habría manipulado para llegar al poder, -tal como ocurrió en el país con los izquierdistas y los centro izquierdistas en su momento- a fin de montar sus propios negocios y alianzas comerciales nacionales e internacionales.
Definitivamente lo que se requiere es de un equilibrio carente de colores políticos condicionantes, pues solo así se demuestra que se aspira es a reposar sobre el filo de lo justo; es esa actitud la que da forma a la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, e implica honestidad desde el primer momento, no dudando en explicar con palabras diáfanas lo que pasó, lo que está pasando y lo que pasará, en función de las necesarias medidas que tras un consenso, se opten como correctas y justas.
Es decir:
Venezuela no necesita de políticos que hagan marketing bajo la suposición de que son de izquierda o de derecha: necesita de administradores honestos que estén posicionados en el centro, y que por tanto al no tener más interés que el bienestar de los ciudadanos, tengan la transparencia necesaria para explicar las medidas pragmáticas pero justas a ejecutar, al tiempo que detallan, proponen y acatan planes y fechas de finalización para las ayudas que en forma de subsidios auxiliarán a la población en las primeras etapas de la reconstrucción, mientras se restablece la oportunidad igualitaria para trabajar y el valor del trabajo como único camino honorable para el progreso social hasta donde sus mismos individuos sean capaces de llegar.
El control por parte de pocos, de los recursos y servicios de muchos, no puede ser permitido a menos que imprudentemente se quiera sembrar otra vez lo que sería la semilla para la próxima miseria social que arrasase con todo, como ha ocurrido ahora en el país tras su explosión
Venida de la Izquierda o de la Derecha, el abuso del poder siempre lleva a la misma encrucijada histórica, y ello ocurre hasta tanto la población aprenda, rectifique y actúe.


III
El decálogo como regla que condicione la política real.

Es lo que necesitamos; un contrato con clausulas claras sobre cómo se va a hacer y en qué plazos de tiempos;
Un instrumento que nos permita detectar y prescindir rápidamente de quien no cumpla su función, porque se trata de un conjunto de reglas configuradas como un “contrato ético”, con ideas bien definidas.

En lo personal no veo otra manera de establecer parámetros justos y comprensibles por todos, que no sea a través de un instrumento tan sencillo y directo como éste, contentivo de reglas que han de ser inviolables tras su aprobación.
Podríamos decir que ese papel debería tenerlo la Constitución con sus postulados, pero no lo puede hacer en este instante porque carece de la suficiente claridad en sus preceptos, pues ha creado en sus líneas y su modo de aplicarse un vacío en lo referente a la esencia de lo que es “ser venezolano y vivir en Venezuela”.
Los políticos y constituyentes que elaboraron la última carta magna vigente (*), dejaron esos graves vacios de interpretación en ella, y ante la premisa de que “todo político es culpable hasta que se demuestre que solo es sospechoso”, hemos de concluir que lo hicieron adrede para posibilitar mediante las convenientes interpretaciones posteriores de parte de personajes afectos al gobierno, el espacio para adoptarla a las conveniencias de quien detentara el poder centralizado que finalmente se construyó en el país.
(*): Existen señalamientos referidos a que el instrumento aprobado en la constituyente, no fue la misma que se divulgó y aprobó finalmente en referéndum soberano, lo cual le restó “soberanía” al mencionado acto aprobatorio, y consecuentemente ha podido dejar a la nación en un grave vacío jurídico durante dos décadas. El asunto debe ser investigado y probablemente quede resuelto mediante la necesaria Asamblea Constituyente que deberá llamarse.
Lo que necesitamos ahora es algo que no requiera de interpretación de terceros, al establecer reglas que garantizarán que los mencionados postulados constitucionales se cumplirán, consiguiendo con ello al mismo tiempo la certeza de que nos libramos de la influencia de todo aquel que adversando a lo justo, buscará seguramente manipularnos.
No podemos volver a ser tan crédulos y a la vez sumisos.
Este decálogo o libro de las 10 reglas al que lleguemos finalmente, es la vía más expedita para apasionarnos y enamorarnos del proyecto de vida y prosperidad que estaríamos ejecutando a través del marco legal vigente, ahora sí, como ciudadanos, sin más recelo que aquel que se puede sentir por quien vaya en contra del bienestar colectivo en un ambiente de posibilidades, justicia y derecho legitimo e irrevocable para gozar de la recompensa honrosa producto de las iniciativas y el trabajo ético.
Les digo que sí es posible llevar esto a feliz término, porque no estamos hablando con esto deaplanar” a la gente, (insistamos en ello), sino más bien de no dejarnos “aplanar” por quienes permitamos que asuman el poder a través de un gobierno electo, pues lo deben asumir en nombre de nosotros, y no de ellos.
El decálogo no es un anacronismo; este instrumento es como una subrutina necesaria dentro del programa a ejecutar en el país, (como si de un software se tratara), porque lo que tenemos por delante precisamente, es una tarea específica.
Nuestro trabajo –no lo duden-, es especifico, en cuanto y tanto con tan solo salirnos de ese critico punto de equilibrio en los términos políticos a los que nos hemos referido en este articulo del blog, las cosas se irán al traste.

Ejes estratégicos y Decálogo (gráficos 1 y 2). Versión más reciente del  plan de desarrollo mediante los cuatro ejes estratégicos, y del instrumento reglamentario nacional propuesto.

Un contrato que establezca las reglas generales del juego, con claridad para todos no es algo a tomar a la ligera, porque si no lo han visto aún, se trata ni más ni menos que de las normas de convivencia que necesitaremos tras la salida del actual régimen del poder, y el advenimiento de algo sobre lo cual podremos volar, o bajo lo cual podríamos enterrarnos en un nuevo oscurantismo político lejano del sentimiento libertario del cual tenemos sed y hambre…
El decálogo nos da las pautas para aplicar la estrategia de los cuatro pilares fundamentales de reconstrucción nacional. Así de simple, sin postulados ni manifiestos comunistas, como tampoco con directrices de libre capital puro y duro; hablamos es de sensatez, de sentido común, porque mis queridos amigos, por una vez en la vida debemos darle el beneficio de la duda a lo que pareciendo subjetivo, en realidad guarda dentro de sí la sabiduría que los siglos han ido acumulando en el ser humano, así éste no lo quisiera: Necesitamos del sentido común, meditando con el, lejos del calor de las muchedumbres y de las crucifixiones.
Nuestro sentido común nos dice que necesitamos tomar el control del país a través de un Estado que actúe como árbitro honesto, y que usando a un gobierno rotativo y cada vez de más breve existencia, se dedique exclusivamente a hacer cumplir lo que está escrito y lo que la experiencia nos vaya sugiriendo que podemos y debemos mejorar.
Gobiernos de 5 o 6 años solo nos han llevado a un juego de “cara o cruz” en la política venezolana, haciéndonos girar sobre el mismo punto muerto, como cuando dos remeros reman en sentido contrario estando en el mismo bote. Ya vimos que los referéndum revocatorios pueden quedar inutilizados por las manipulaciones del gobierno que sea blanco de la consulta, cuando éste influye sobre el resto de los “poderes” del Estado; por esa razón la permanencia en el poder gubernamental no necesita exceder los dos años, revocables a los seis meses, si nos encontrarámos bajo un sistema de gobierno que siga planes estratégicos nacionales de 5, 25 y 50 años, al no depender del político o mesías de turno, sino de la planificación nacional producto de ese estructurado, centrado y calmado sentido común.

Si lo piensan bien, se dan cuenta que conforme vamos avanzando como sociedad, tanto menos es necesario la instauración de gobiernos conformado por políticos, pues necesitaremos en cambio más de los gobiernos de hombres y mujeres competentes, sometidos por completo a la ley de la República, y conscientes de que vienen con el reto de administrar (*) no de la misma forma que los anteriores, sino más eficientemente en función de la realidad que para el momento se viva, en conexión intima con lo aprendido del pasado y lo vislumbrado para el futuro mediante la planificación que siempre deja puerta abierta a la opinión de las siguientes generaciones.
NOTA: (*): Al hablar de administradores, no debemos confundir el término necesariamente con “empresarios”; un profesional altamente calificado no deja de ser un excelente administrador idóneo para una función pública solo por el hecho de que fuese en su vida un asalariado en justa medida.
Estemos claros que la denominación de “empresarios” puede seguir siendo en el mundo de los 2020, contentiva de figuras aun muy casadas con los viejos modelos de gestión de influencias y coimas, y si dudan de ello, miren hacia Chile y su actual presidente “empresario”.

Entiendo que había ofrecido explicar más el contenido de cada una de las reglas de este decálogo (cosa indicada en la entrada anterior del blog), pero me ha parecido más adecuado en vista de lo importante del tema, ahondar más en las implicaciones de dicho instrumento que está llamado a estar en manos de la gente, condicionando a los que elijamos como miembros del periodo de transición. Por esa razón continuaremos en los próximos días con dicho desarrollo.


IV
Una opción muy probable en el horizonte: la transición moderada, sin llegar a lo que deseamos.

No pretendo echarles un balde de agua fría ahora tras todo lo que hemos hablado,  al decirles que a pesar de las mejores intenciones que se puedan plantear acá, lo cierto es que no hay manera de que este modo de pensar nos augure un éxito seguro si termina caminando en solitario apenas como una anécdota en la red, o siendo palabra de una minoría porque el asunto no pasara de algunos de nosotros.
Por eso lo crucial de divulgar, para enseñar otras opciones de pensamiento no partidistas (*), pero sí ciudadanas.
NOTA: (*): Entendamos que los partidos políticos no tienen por qué ser malos; el problema es cuando la inmoralidad y la falta de ética se hacen dueños de ellos, al crear cúpulas de poder y de decisión. Al convertirse en eso, poco a poco van convirtiendo también al país en guetos políticos.
Como la novela de Orson Wells (1984), el aparato del Estado secuestrado por los partidos políticos y su “gran hermano”,  finalmente impuso sobre la población el método del “doble pensar”, que cambiaba el significado de muchas palabras claves en el ideario colectivo para poder estructurar la adecuada critica a lo injusto, tal cual como nos pasó a nosotros, vendándonos los ojos y tapándonos las bocas. Así, “democracia” se convirtió en “partidocracia”, y la disensión se volvió "traición"...

Y visto todo esto, ¿Cómo evitar quedarnos a medias entre nuestras “altas” esperanzas y las “bajas” ambiciones de 99% de los políticos en Venezuela?
En estos tiempos en los que nuestro sentido común está tan divorciado de la concepción que tienen la mayoría de los políticos venezolanos, no resulta descabellado el temer que bajo las actuales circunstancias, pueda ser más fácil que nos impongan un modelo de transición, a que nosotros le impongamos el nuestro a ellos (es decir, a los que asuman la figura de gobierno transitorio y luego el gobierno electo), porque aceptando primero que existe ese abismo entre los políticos de hoy y la población a la que ellos en teoría pertenecen y representan, tenemos también frente a nosotros la necesidad de asimilar la idea de que los mecanismos convencionales de participación ciudadana han quedado agotados (y pendientes de recuperar), a través de un trabajo premeditado que comenzó el oficialismo, y al cual por una suerte de “simbiosis espontanea” se unió la burda oposición que ha reinado en el país desde…siempre.
(¿Recuerdan aquella famosa consulta que hizo la oposición en la que supuestamente les decíamos lo que debería ser la hoja de ruta de su trabajo en la Asamblea Nacional, y que nunca acataron?).
(¿Recuerdan el arribo al poder “virtual” del diputado Guaidó con su gobierno paralelo al estilo de la dividida Libia post-Gadafi, y como este presidente encargado “de nada” (más que de la confianza que muchos pusieron en él), se fue disolviendo entre el barro político de personajes tóxicos de la vieja política y las ambiciones de los llegados en los últimos 20 años al mismo escenario de la manipulación y el engaño, y que aún denominamos “oposición” venezolana?)
No lo duden: la política reinante hasta hoy ha contado cuidadosamente con nuestra separación social (es decir, nuestra incapacidad para fundirnos alrededor a un solo ideal) y con la consecuente incompetencia que hemos demostrado como mayoría para interpretar los mecanismos de ocurrencia de los eventos con lo que nos ha causado progresivamente todo este enorme daño.
Por estas cosas es que les digo a ustedes que la educación y la reflexión se vuelven acciones de capital importancia a incentivar entre nosotros mismos, porque solo el empoderamiento real de estas nociones ofrece la oportunidad de deslastrarnos de quienes como titiriteros han deseado (y conseguido en muchos casos), manipularnos.
Sencillamente nos hemos vuelto “alérgicos” a la verdad; nos causa “roncha” que se diga algo que vaya en contra de nuestras particulares formas de ver las cosas, y en consecuencia toda nuestra estructura social y de Estado, padecen de los mismos puntos ciegos y vulnerabilidades de nuestra mente colectiva, proyectada desde la individual.
¿Y cómo no ser ciegos, si no habíamos entendido hasta hoy ni siquiera el por qué o el cómo hemos sido tan vulnerables?
La falta de una educación equilibrada que estuviera carente de manifiestos políticos pero si decididamente cargada de profundos valores humanos,  nos ha puesto frente a nuestros ojos el por qué no hemos sabido decidir adecuadamente en cada coyuntura que ha llegado, y en cada “intercepción de caminos” que hemos tenido delante, entre la posibilidad del éxito y la del desastre: Sencillamente sin educación adecuada, no hemos sido capaces de elegir el mejor camino, monitorearlo, y rectificarlo sobre la marcha.
Esta manía persistente entre nuestros pueblos de dejarnos encandilar por imágenes épicas de guerrilleros asesinos que son puestos como “paladines de la justicia” por los políticos de Izquierda, o por multimillonarios todopoderosos de Occidente puestos como “adalides del éxito a seguir” según los políticos de Derecha, nos tiene definitivamente contra el piso, sin criterio propio y por supuesto, sin autoestima. ¿Y quién puede dar amor si no es capaz de amarse?
Imagen: La deificación en la educación administrada por un gobierno más que por un Estado, impones dogmas y barreras tan graves para el ciudadano, como lo es para un eunuco su condición.
Por esa falta de autoestima es que reaccionamos tan violentamente en cuanto alguien pone en duda nuestras ideas, actuando entonces en consecuencia con esta usual atomización social que nos pone indefensos en las manos de quienes han sabido asociarse para delinquir o abusar.
Es la falta de autoestima colectiva -y particularmente la que es muy “visible” entre los políticos radicales, que no aceptan opinión contraria a la de ellos-, la que hace que el que se pare en el centro como concepción de equilibrio, sea tildado de “contrarrevolucionario” por un izquierdista sin autoestima, o como “pro-socialista” por todo aquel derechista con la misma carencia emocional...
Por eso necesitamos acostumbrarnos a aprender a analizar, y no a que nos regalen el “análisis” hecho ("deporte nacional" entre influencers y encuestólogos en Venezuela);
Aprender a obrar con maneras equilibradas que puedan ser medidas y evaluadas de cara a su mejora continua es tan crucial como lo es saber leer y escribir.
Necesitamos dejar el “copia y pega” al que nos han acostumbrado los políticos de vieja escuela; necesitamos comprender lo necesario del pensamiento libre basado en los valores humanos más nobles (no conservadores o liberales; solo los más humanos).
NOTA: La educación en Venezuela debe seguir unos parámetros aceptados por consenso para ser aplicados por el Estado en calidad de árbitro, mas no en el papel de operador exclusivo de la educación en el país; la libertad de educación es tan importante como la libertad de culto, a condición de que no viole en ninguno de los dos casos el bienestar de la sociedad y la nación (es decir, que no violen los valores humanos).
Toda esta reflexión que quizás les parezca atípica (porque ya lo saben, no soy más que un ciudadano común hablándole con la verdad en la mano, sobre aquello que es capaz de comprender), nos lleva a la pregunta que es crucial aquí y origina el subtitulo de esta parte:

¿Cómo evitamos que nos manipulen en este primer periodo comprendido entre los preparativos frente a la salida del poder de Maduro con todo su círculo de poder, y la aparición del gobierno electo tras el periodo de una Junta de Gobierno ajena a Guaidó y los demás políticos corresponsables del actual estado de las cosas?

La respuesta a esta “peliaguda” pregunta pasa por una estrategia (si, una vez más, por una acción de planificación que debe nacer del consenso y de la voluntad para implementarla), constituida por CINCO palabras claves e igual número de líneas de trabajo apuntando al mismo propósito:
  1. COMUNICACIÓN: Acordar como población que ha sido víctima de tantos atropellos y censuras, que todos hemos tenido “un poco de razón, así como un poco de error”, y en consecuencia, que escuchar y expresar genuinamente, será nuestra forma de precisar dónde está la razón y dónde no, usando métodos de recolección de información comprobables científicamente (consultas a través de referéndum, por ejemplo).
  2. EDUCACIÓN: Enseñarnos entre todos a analizar los hechos; a Identificar la verdad mediante metodologías técnico-científicas (análisis generales de causa-efecto, matrices FODA, análisis CAME, y un largo etc.); aprender a conectarnos con nosotros y con todos (empatía), entendiendo que el pensamiento libre solo puede darse en ambientes igualmente liberados de dogmas políticos, centrados así constitucionalmente solo en el contexto de los mencionados valores humanos elementales.
  3. CONCILIACIÓN: Lograr acordar, convenir no solo ideas, sino también los recursos estratégicos para una ejecución simultánea y auditada, logrando el cumplimiento de etapas sin excusas ni postergaciones. Lograr el beneficio de todos a través del ejercicio férreo de la Justicia.
  4. CONSENSO: Establecer las acciones que se acometerán (por ejemplo: si se deciden los 4 ejes estratégicos, decidir qué aspectos se acometerán en cada uno de ellos primero, cuáles de segundo y en qué plazo, y así sucesivamente) y quienes provisionalmente las llevarán a efecto.
  5. PARTICIPACIÓN de todos nosotros: En el cambio de gobierno; En la presión para que se cumpla lo acordado; En el establecimiento de la Junta de Gobierno, de un Tribunal de “Núremberg” (*), y de los Ejes Estratégicos de trabajo y las Reglas a aplicar.
(*): Núremberg: ciudad alemana donde se instalaron los tribunales que fueron creados por los Aliados tras el fin de la 2da Guerra Mundial, con la intención de hacerle juicios a los responsables de los crímenes de guerra demostrados, lo que en nuestro caso obedece a la necesidad (ya planteada), de tener tribunales de emergencia que instauren el imperio de la ley de forma rápida y veraz, para posibilitar la construcción de la fe de que en efecto, estamos cambiando y progresando.




Mapa mental expresando la relevancia de los cinco aspectos estratégicos a considerar para la implantación del modelo de desarrollo elegido, y la consecuencia de su no aplicación (graficas 1 y 2).

Entendamos que con todo esto lo que se busca es el evitar caer en la tentación de comenzar a crear “a lo desesperado”, "comités sobre comités", con miembros, suplentes, "suplentes del suplentes", asistentes con sus respectivas suplencias, (y así hasta el infinito…), solo para terminar creando una grosera estructura burocrática inútil y retrograda; tampoco se trata de tenerle aversión a los políticos de “oficio”, y que debido a ello comencemos a elegir como alternativas no muy sensatas, gente a ciegas, -a bastonazo limpio-, usando para ello criterios e indicadores tan infundados como el del “número de seguidores que tienen en Twitter”, “el brillo que tengan como empresarios”, “la cantidad de videos que tiene en YouTube”, “el número de iglesias que pastorea”, “la cantidad de cargos que ha tenido en la administración pública”, o “lo bonito que escriba” en internet.
De hacerlo así, sería el comienzo del fin anticipado; el inicio de otra tortuosa etapa que quizás era innecesaria…
Necesitamos gente que además de haber mostrado congruencia en lo que han expresado en los últimos años (porque no sirve que escojamos a paracaidistas llegados mágicamente de EEUU o Europa, que sólo hayan ido por ahí expresándose de acuerdo al viento del oportunismo político o económico que soplaba, pero siempre a favor de ellos), también nos deben demostrar con claridad (entiéndase, mediante “contrato” firmado), que aceptan el ser relevados de las funciones asignadas una vez cumplidos sus muy definidos plazos de trabajo en el proceso de reconstrucción (o cuando muestren incompetencia, imprudencia o negligencia; lo que ocurra primero), pues en caso de que permitiéramos esas desviaciones (a través de concesiones que ya lastimosamente hemos repetido en el pasado), sólo estaríamos caminando en círculos, obviando con ello que lo fundamental como sociedad inclusiva que queremos ser, es demostrar que partiendo de la premisa de ser un proceso socio-económico fundamentado en valores humanos elementales, todos somos necesarios sin que haya nadie irreemplazable como líder.

Y es que hay que repetirlo hasta que se nos grabe entre ceja y ceja: La historia humana ha estado llena de líderes, dictadores, conquistadores, reyes y príncipes, porque precisamente han habido pueblos enteros que han delegado por una razón u otra, el ejercicio de sus soberanías en la sola interpretación de un individuo, en la sola voz de una persona, y consecuentemente, en los errores y desatinos de un solo ser mortal como cualquier otro.
La consecuencia es inevitable: la sociedad sometida a la voluntad de uno, desacelera su desarrollo y establece un ritmo de vida dependiente de aquel que le mande. Algunos pueblos han visto breves épocas gloriosas bajo esa mentalidad, pero en todos los casos, eventualmente la gloria fue sustituida por el desgaste, el desaliento, la corrupción y la pobreza que a su vez los hizo vulnerables a las apetencias de otros pueblos.
El camino más retador es el de la Democracia, y lo es porque requiere de participación activa, con delegación mínima y ninguna suposición ni interpretación de terceros.
La pereza es característica de los pueblos fácilmente oprimibles.
Pedir libertad, -en vez de luchar por ella-, es también carácteristica indeseada de esos mismos pueblos.
Hemos cometido el error de asumir que la Democracia "que no hemos ni siquiera logrado aplicar", es inviable y que debe ser sustituida por modelos “exitosos socialistas” o por “verdaderas democracias de derecha”, obviando con todo ello que lo que realmente hunde a cualquier sistema, es lo que sus funcionarios, dirigentes y población estén dispuestas a tolerar fuera del marco de las reglas establecidas como exaltación de la condición humana.
Los políticos son criaturas que deben redefinirse a medida que van naciendo nuevas generaciones de estos; es necesario salir del cliché de que la Democracia funciona es con los partidos políticos y con los políticos venidos de estos; necesitamos entender que la razón de existir del político como tal, ha ido quedando en desuso frente a la evolución ciudadana de las últimas décadas, requiriéndose ahora, con la elevada capacidad de comunicación en tiempo real que tenemos, la de hombres y mujeres que con espíritu de empatía por el bienestar social, estén dispuestos a asumir funciones públicas sin más remuneración que la establecida por la constitución y las leyes al tiempo que con las necesarias garantías de su reinserción laboral y reconocimiento en cuanto terminen sus funciones públicas.
Winston Churchill lo decía: “Nadie finge que la democracia sea perfecta o absolutamente sabia. De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno… excepto todas las demás formas que han sido intentadas”.

Tiene que agotarse en algún momento esa manera de pensar que justifica a un político nada más por su “capacidad para atender los asuntos de política”, como si con esa expresión tan vaga estuviéramos refiriéndonos a personajes infalibles, tal y como aquellos jerarcas religiosos que en la edad media, se identificaban como las únicas autoridades de Dios en la Tierra.
Siempre habrán visionarios incomprendidos pero cuyas palabras quizás inspiren nuevas visiones y sueños que calen positivamente con los años, y eso será casi en la misma proporción en que existirán personajes retrógrados que apelarán a las cosas “buenas y seguras del pasado” para proponer nociones dejadas atrás que solo exaltarán el conservadurismo del statu quo alcanzado por algunos en detrimento de los que irónicamente, llevan a los políticos al poder: los votantes y a toda la población menor de edad del país.
Por esa razón,  nosotros de la manera más razonable posible podemos elegir buscar la verdad más sólida para construir puentes que nos lleven a avanzar en el ejercicio de los valores humanos.
No hay otra opción más que enfrentar las posibilidades y opciones que tenemos, frente al escenario de que en realidad, la “Sexta República” que puede llegar tras la caída del actual régimen, termine siendo un largo peregrinar de quizás 20 o 25 años durante los cuales logremos trabajosamente atravesar ese desierto del que deseamos salir, hasta llegar finalmente a un territorio de posibilidades morales y éticas firmes donde declarar la llegada de una “Séptima República”, tan inimaginablemente distinta a lo que podemos concebir hoy, que resulta una arrogancia no dejarle ese trabajo a nuestros bisnietos y los hijos de estos.
Nada de esto lo podremos ver nosotros; sólo calmados y sentados en el equilibrio de un gobierno de justicia y libertad (lejos aún de nosotros que seguimos nadamos en el excremento de nuestras propias fallas), imaginaremos lo que podrá llegar una vez extintas las generaciones e ideas que nos llevaron a este laberinto conceptual en el que vivimos.

No sería necesariamente un periodo intrínsecamente malo; podría haber debate y error, pero seguramente los aciertos poco a poco se irían acumulando y erigiendo como puntales de algo nuevo a construir. Nos dolerá en algún momento el ver que pudimos cambiar las cosas más profunda y rapidamente, pero que quizás no estuvimos a la altura del reto histórico enfrentado. (Así lo percibo yo, a pesar de que les digo que podemos hacer estas cosas ahora).
Si hoy cayera Maduro, no es difícil imaginar quiénes asumirían el poder ante el vacío que nosotros mismos abríamos dejado.

La pregunta es: ¿Hasta cuándo dejaremos ese vacío?