sábado, 8 de febrero de 2014

Si el estado se preocupa tanto por las minorías, ¿por qué a los “perdedores” de una elección no se les trata como tal?

No me voy a resistir en esta ocasión a plantearles desde el mismo principio, el punto central que en esta ocasión considero que hay que dejar expuesto y sin tabúes, pues guarda tras de sí, una de las mayores injusticias de la democracia que hasta el presente hemos construido.

Si las acciones consumadas, las decisiones tomadas y los discursos escuchados y/o leídos en lo que va de año, salidos de las entrañas del oficialismo y del oposicionismo, han dejado algo en claro de cara al país, es que las cosas que llamamos justicias, no son tales, y que la realidad en que vivimos no es lo que pensábamos construir, sino solo lo que hemos aprendido a “amontonar” y tolerar en lo que ahora es nuestra dependiente (-por no ser realmente autónoma-) vida nacional.
¿No es acaso la hipocresía, el espíritu de todo lo que políticamente nos rodea?
¿Acaso los verdaderos luchadores sociales no están cercados e impotentes ante la demoledora realidad dictatorial de nuestros propios vicios?
¿Dónde está entonces la consistencia que un verdadero político debe tener?
Estas cosas no las digo por el presidente adjudicado Maduro, (que en mi opinión sigue siendo un puesto a dedo, -independientemente de las elecciones amañadas-, e integrante de la pareja más exitosa políticamente hablando desde los tiempos de Jaime Lusinchi), sino por Capriles, que no puede negar su condición de perdedor oficial de elecciones, a consecuencia directa de su errante discurso político, en lo económico y lo social. Aprovecho para puntualizar algo: María Corina Machado, Leopoldo López y los demás de la MUD, no son mejores que Radonsky en este sentido, pues por lo menos este último, no se retira tras bastidores cuando no le conviene el momento político.
Es duro, porque todos quisiéramos una versión mejorada de nosotros mismos como candidato presidencial por quién votar, pero lo cierto es que en el caso de Capriles como candidato de turno que fue, no vimos a alguien que supiera decir lo que realmente entendía como nación.
Nadie ha sido capaz de explicar o hacer entender que Chávez fue, el dictador sin dictadura; el hombre del mensaje bueno y malo a la vez, pero siempre, el hombre de  las oportunidades perdidas:
Si la Venezuela de hoy fuese como un barril de excrementos, los logros de Chávez serían sin duda tangibles y sólidos como rocas, pero se verían aislados entre sí en el interior de este, y para tocarlos, necesitaríamos hundir nuestro brazo hasta el hombro dentro de ese barril fétido, para que, tanteando a ciegas, encontráramos en su fondo  lo que ahora yace inerte. Esas son las cosas conseguidas por el ahora muerto e inalcanzable por cualquier juicio humano, Hugo Chávez.
Como siempre, independientemente de la experiencia, lo que cuenta es la lección aprendida, y ello si será para estos 15 años transcurrido en revolución, una importante base para el futuro.

Pero volvamos al asunto de esta entrada al blog, y por ello vuelvo a preguntar:
Si una minoría introduce una petición ante la asamblea nacional, o ante cualquier otra institución que atienda “al soberano”, y estas solicitudes son generalmente escuchadas, pregunto yo:
¿Quién oye a la minoría, -esa aún de mayor tamaño-, que resulta perdedora en una elección?
Nos han vendido durante décadas, -sin importar el color político de quien lo haya dicho-, que el ejercicio de hacer elecciones, es signo inequívoco de la salud de una democracia, (y que por tanto, a más elecciones, con más partidos de por medio, es más democracia); al mismo tiempo que se nos afirma, como si de un axioma eterno se tratara, que la atención de las minorías, es tan relevante como la atención de las necesidades de la mayoría, lo que ha dado puerta franca con el tiempo, a la aceptación de nuevos paradigmas, (aún sin la consulta de las mayorías), que no siempre han desembocado necesariamente en superiores valores sociales. Sabemos que a veces un solo hombre o una sola mujer, han marcado a la sociedad con una idea o con un trabajo contra toda creencia, pero independientemente de esto último, -que no es lo que quiero discutir ahora-, el punto central es:
¿Por qué atendemos tanto a una “minorías” para algo, pero las ignoramos e incluso, las despreciamos y volvemos públicamente antagonistas de nuestros propósitos, para otras cosas?
¿Ven la falla?
El caso de las minorías que resultan nacer cuando uno o varios grupos de electores quedan fuera de la carrera electoral, cuando aparece finalmente el ganador, -al igual que los miles y miles de personas que hubieran preferido votar nulo, (con el fin de expresar su desacuerdo con las opciones electoralmente disponibles)-, es donde el camino de lo que socialmente se debería hacer justo y equilibrado, se bifurca y en vez de proseguir por el sendero del sentido común y socialmente aceptable, se va mas bien por el del interés particular del grupo ganador, construyendo con ello el circo donde a expensas del desprecio a la institucionalidad y la constitución, finalmente nos entretenemos y viajamos por todo el país, derrochando con ello cuanta oportunidad de crecer se nos cruza por el medio.
Tras todo esto, debería relucir la obvia cuestión de cómo los intereses de pocos, son los que realmente terminan prevaleciendo en contra de los de las mayorías, desnudando el asunto crucial: No hay en Venezuela, una noción, un espíritu o una idea justa, más grande que cada persona que habita aquí. No hay algo en que confiar y que logre inspirar la suficiente voluntad para emprender un compromiso colectivo.
Es claro que la elevar mesiánicamente a un ser humano, por sobre todos nosotros, no serviría.
 Así las cosas, parece que la necesidad de llegar al foso, antoja estarse escribiendo precariamente en las desvencijadas bases de nuestros pilares nacionales.
No es fácil prepararse para algo que dolerá y que sobretodo, anudará la garganta con el dolor de la impotencia que emergerá cuando la realidad ya no pueda ser disimulada o ignorada, ante todas esas oportunidades perdidas, o con la contemplación de la escena protagonizada por todos aquellos que se aprovecharon impunemente de nuestros recursos, soberanía, y gente buena.

No sé si atravesaremos un periodo violento y traumático, o si por el contrario, nuestra idiosincrasia, (de a poco metamorfoseada por la continua entrada ilegal y no canalizada de colombianos a nuestra sociedad), ha permitido producir un desangramiento en cámara lenta, que nos dejará salir de esta primera etapa (el verdadero final de la cuarta republica, cerrada por Chávez-Maduro), solo con el suficiente sufrimiento para comenzar a despertar a nuestra verdadera realidad y a los retos profundos y sociales pendientes por enfrentar y atender.
Nuestra mayor falla es esa; es la que justamente permite que quienes quedan como minorías políticas después de unas elecciones (es decir, todos aquellos que no ganaron con el candidato favorecido), o aquellos que quisieran expresar su opinión mediante el voto nulo, para que los escuchasen, no vean en Venezuela como manifestar sus ideas y propuestas, y que en todo caso, estas fueran consideradas.

Apartando entonces el hecho de que realmente ni oficialismo ni oposicionismo tienen el conjunto completo de las verdades necesarias a aplicar para avanzar, lo cierto es que ninguno de los dos bandos tolera al otro, (más allá de la necesaria presencia de estos), -en sus respectivas miopes “lógica política”-,  para usarlos de enemigos y culpables automáticos de cuanta cosa vaya a dar al traste por culpa de las propias decisiones y acciones.
Sabemos que no existe una sana contienda electoral, con exposición de temas, motivos y estrategias, donde veamos que ocurrida ésta y elegido un ganador, este se dedicase a hacer coalición de gobierno, recabando las propuestas y personajes útiles que el contrincante ahora vencido, tuviera, lo que resultaría absolutamente natural en una sociedad que valorara el bienestar colectivo como la consecuencia lógica de vivir todos bajo un mismo cielo y una misma historia.
Permítanme volver a preguntarles: ¿Por qué la minoría nacida al perder una elección, no es considerada y atendida con el mismo “celo” con que se atiene a las minorías que son más bien minúsculas por el número de individuos involucrados, comparativamente hablando?
Los errores del adjudicado presidente Maduro como tal, no son accidentales; tampoco lo son las consecuencias directas de estas carencias conceptuales en nuestro colectivo, y que inevitablemente permitieron  hacer suya la visión, -forzosamente limitada por ser la de un solo hombre (Chávez)-, de un líder que despreció sistemáticamente a toda la población que no votó por él.
Las medidas políticas, económicas y sociales siguen obedeciendo a los intereses ocultos, y no a las verdades que la población debe escuchar, por mucho “balde de agua fría” que sean, con lo que postergan aquello que es necesario para enmendar.
La oposición no se salva de esta ceguera reinante y persistente, y es por ello que no resisten estar “mancomunados” en una MUD, aunque solo fuese para atender elecciones. La convocatoria de algunos sectores MUD, (interesados en reposicionar a lo interno sus piezas de poder), a asambleas y marchas resultan tan estériles como las acciones  equivalentes del gobierno, en tanto ellas obedecen a los mismos errores políticos del pasado, -y estimuladas por cierto por aquellos representantes del pasado-,  nos mecen peligrosamente hacia caminos que solo nos expondrían al dominio de otras fuerzas políticas y económicas internacionales igualmente nefastas.
En definitiva, existe una hipocresía intrínseca en nuestro sistema de gobierno, y no hay socialismo ni revolución que valga a la hora observar esta contradicción interna: Las minorías resultantes de la perdida de elecciones y del no conteo y reconocimiento de los votos nulos (o blancos), simplemente son silenciadas y convertidas en el “enemigo visible”.
Seguimos caminando hacia un vacio doloroso, y muy pocos apuntan en la dirección correcta. Frente a los protagonistas políticos en oficialismo y oposición, las cartas incluso marcadas, parecen echadas.
Por estas cosas es que yo no apoyo al oposicionismo y a su MUD, como no coincido ni simpatizo con el oficialismo y su PSUV. Ambos son los lados de una misma desgastada y cuarta-republicana moneda, necesaria de gastar para dar el siguiente paso, seguramente más cercano a un concepto más avanzado y justo con todos los que vivimos aquí.
Solo la Revenezolanización, a través de  la valoración del alma escrita de la nación (la constitución), abrirá nuevos y limpios caminos, con un futuro constructivo por delante. La solución no pasa por la conciliación ni por la negociación de las fuerzas políticas del pasado; pasa por darle oportunidad a los luchadores sociales que somos la mayoría silenciada, que con gusto aprobaríamos ser juzgados y señalados si desviásemos el camino; cosas que no harían estos políticos de pacotilla actualmente al mando del oficialismo y el oposicionismo, que cuando ya tienen planificado huir del barco, -hacia sus propiedades en Miami y Europa-, (cuando se sientan inseguros aquí), aún con la existencia nefasta de esta aberración que supone para una nación adolecente y soberbia como la nuestra, la reelección indefinida.


Seguiremos esperando porque los cambios reales se den. Una jornada como la vivida en ese reciente acuerdo colombo venezolano, realizado en Maracaibo, a propósito del contrabando que no conoce de frontera en este país puente, -y donde vimos políticos haciendo lo que esperamos de ello, y con el lenguaje apropiado para un verdadero político-, sería un magnífico ejemplo de lo que debería comenzarse a hacer para enmendar este enorme entuerto que no tiene otra génesis que el interés por el poder, y por el dinero. 

No hay comentarios: