viernes, 24 de diciembre de 2010

Un repaso a los requisitos mínimos para la buena Venezuela.

-Hagamos una abstracción y no pensemos en políticos. No pensemos en presidentes ni funcionarios en ejercicio. Imaginemos por un momento que nosotros tenemos el control del destino nacional, y que ello nos hace totalmente conscientes de que el país de nuestros hijos y nietos pasa por nuestras manos y por las decisiones que tomemos ahora.

Supongamos que los políticos nos hicieran caso y sintieran temor por nuestra férrea voluntad soberana-

-Imaginemos también que logramos “encarrilar” a los políticos, y a sus desempeños en los cargos públicos de elección popular, como aquellos empleados o contratados por concurso de credenciales y otras selecciones legales, donde solo vemos llegar gente, -ciudadanos-, con una “mística” de trabajo y servicio al prójimo-

-Visualicen que no existe un líder de esos que terminan arrastrando todo hacia sus alrededores; cuando más, algunos moderadores, dispuesto todos ellos a ceder las funciones a otros-

-Concibamos ahora un escenario donde la mayoría, en calma, acuerda importantes decisiones, mientras que las minorías en contra, aceptan voluntariamente someterse en todo caso a los preceptos constitucionales que nos identifican como venezolanos y que todos por igual cultivamos por estar resguardados de cualquier injusticia-

-Finalmente, imaginemos que lo peor ya ha pasado, y lo que queda por delante en nuestro horizonte, es construir-

Este último punto es importante definirlo aunque sea de manera general, y lo hemos comenzado a hacer cuando hemos hablado de estrategias y planificación, en varias entradas del blog, pues necesitaremos hacer un balance realista de los que nos quedó, de lo que tendremos disponible en lo inmediato, y de lo que necesitamos para cada etapa sucesiva a futuro, en términos de mediano y largo plazo. Debemos generar una estructura de control para cada paso por cierto, que sea claro como el cristal. En ese estamos de acuerdo, supongo.

Ciertamente hay decisiones que al día de hoy, serán tomadas por el presidente y no por el colectivo que somos todos. Mientras, el resto de los poderes públicos mantendrán la misma línea complaciente en general, por lo que no hemos de esperar cambios en eso. Recodemos que ese colectivo del que hablamos, y del cual somos parte, lógicamente, debe estar equilibrado, con sus voceros y estrategas tomados de cada sector social con capacidad efectiva y preparación, así como conocimiento real para desarrollar las metas y acciones a seguir, al tiempo que escuchan a los que no están preparados para ello, y cuyas necesidades y planteamientos deben estar integradas plenamente en ese desarrollo estratégico que aspiramos para todos los que elijan trabajar.

Necesariamente, pasar de un régimen “presidencialista” a uno “colectivista”, llevará tiempo y no menos de una discusión acalorada. Deslastrarnos de conceptos socialistas, comunistas o democráticos estilo cúpulas dominantes, llevará no poco esfuerzo.

Aunque estas palabras las leerán más de un amigo que no es venezolano o que no vive aquí, no por ello debo ocultar nuestra tremenda incapacidad, más bien negligencia suprema, para aprovechar con cordura los vastos recursos económicos a nuestra disposición, en clara afirmación de aquella idea que dice que los recursos económicos solo son aprovechados en la misma proporción que existen recursos humanos efectivos controlándolos.

Podríamos sentir consuelo al saber que muchos otros países petroleros y monoproductores, tienen el mismo problema, pero en verdad, eso no es excusa para que nosotros, que somos muy autocríticos, -incluso muchas veces con extrema dureza-, pero no por ello incapaces hasta hoy y por lo menos hasta el 2012 para las presidenciales, o 2014-2015 para la asamblea, de convertir la crítica en un camino de correcciones continuas, hacia lo prospero. Los últimos 12 años han sido un buen ejercicio, por los múltiples aspectos positivos y negativos involucrados, pero necesitamos enseriarnos e irnos con decisión a la construcción de lo que queremos.

Creo que estamos de acuerdo desde hace tiempo sobre el cómo y el por qué debemos establecer una imagen de lo que deseamos como nación venezolana; eso es fundamental, pues por allí comienza cualquier voluntad para esforzarse y sacrificarse. En la medida en que esté claro eso como visión en el colectivo, más difícil será que algún “particular” pueda “vendernos” imágenes de “atajos” idílicos, pero no verificables en la realidad hasta que es muy tarde.

Insisto: un decálogo básico de arranque es necesario para estructurar físicamente lo que hemos guardado en nuestros corazones; uno como el que redactamos hace un tiempo (21-5-2010) que constituye un ejemplo sencillo de la dirección que todos previa consulta, podemos tomar; permítanme traerlo nuevamente, adaptado al presente escrito:

1.-No podemos hacer nada fuera de la constitución y la venezolanidad manifiesta en ella, por tanto, nuestra máxima meta es el bienestar colectivo mediante los más altos valores individuales del hombre/mujer de Venezuela: Dios, amor, honor bolivariano, verdad libertaria y justicia nacional, con dos ideas básicas desde todo comienzo:

I.- Dios, Justicia y pueblo;

II.- ¡Las leyes son para cumplirlas!

2.- “No puede gastarse dos Bolívares y prestar otro adicional, si no se tiene más que un Bolívar disponible para pagar”. Debido a nuestros abundantes ingresos petroleros, estos serán los únicos proveedores de “crédito” para nuestros planes nacionales de desarrollo, sin que ello signifique bajo ningún termino convencional, gastar más de la mitad de dicho ingreso en ello, guardando el resto para posibles etapas sucesivas o extraordinarias, lo cual incluirá guardar para la próxima generación de venezolanos

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3.- Sólo el gasto social racionalmente necesario y el de desarrollo técnico industrial nacional, puede justificar inversión sin ganancia monetaria neta, a condición de que no viole el segundo postulado. Con ello se ejercerá la verdadera soberanía alimentaria, medica, electrónica y metalmecánica básica, estimulando y propiciando el diseño y la producción nacional autóctona, con el consecuente fortalecimiento de la autoestima como nación, siguiendo la estrategia nacional y de consenso diseñada.

4.-Unicamente al satisfacerse adecuadamente los cuatro pilares básicos venezolanos de la estabilidad socio familiar (salud, educación, seguridad laboral y jurídica), se podrá considerar el invertir u obsequiar recursos en el extranjero con fines humanitarios y de desarrollo, fuera de los acuerdos legalmente ya suscritos por la nación, y tomados en cuenta por la misma constitución.

5.-Cada hombre o mujer relacionada con la administración pública, responsable de una o más delitos y/o penurias colectivas o individuales en nuestro territorio, una vez debidamente juzgado, se le registrará públicamente su acción e identidad, para nunca ser olvidada.

6.-Nadie podrá pasar necesidad en los cuatro pilares básicos, al estar amparada ésta por los derechos humanos suscritos por la nación, para lo cual también el estado asistirá y garantizará la manera en que esa persona asistida pueda compensar al colectivo, mediante su voluntario y valioso aporte laboral.

7.- Ante la injusticia y culpabilidad del colectivo en el manejo de la nación durante las últimas 7 décadas, una gran etapa de amnistía nacional será aplicada, exceptuando a aquellos cuyas acciones implicaran la muerte comprobada y premeditada de otros, o la dilapidación de extraordinarios recursos económicos.

8.-Todo menor de 18 estudiará así trabaje, y todo mayor de 18 trabajará así estudie, salvo los casos excepcionales establecidos por las leyes.

9.-Los trabajos relacionados a las labores de Medicina/salubridad policía/defensa, educación y judiciales, implicados a su vez estratégicamente con los cuatro pilares mencionados, serán los mejores remunerados, fiscalizados y reconocidos, desde el mismo momento en que comience el proceso de estabilización nacional.

Todo individuo tomado prestado para la administración pública, se le garantizará su reinserción exitosa al campo no político nacional, una vez terminada su función, a fin de evitarle “tentaciones de hurto y corrupción” durante su labor publica. Su disponibilidad a la orden de los consejos nacionales de asesoramiento a crear en el futuro, será una de las recompensas para algunos de los más destacados individuos observados en estas y otras disciplinas fundamentales de la sociedad venezolana.

10.-Ningún cambio constitucional tendrá efecto hasta el siguiente periodo de gobierno, donde su influencia sobre los proponentes no sea mayor que para el resto de la población.

Más adelante quizás podría ser recomendable alguna medida que permitiera a todo funcionario público, igual que diputados, alcaldes, gobernadores y presidente, demostrar su correcto y honroso desempeño, para lo cual voluntariamente, aparte de no aceptar otro cargo público durante ese periodo, entregaría su pasaporte y se comprometería a no salir del país hasta tanto, se le verifique su patrimonio y actuar público, lo cual debería cubrir un periodo no mayor de seis meses, en una administración eficiente. Posterior a esto, el reconocimiento público por su intachable labor, es necesario.

Una revisión exhaustiva de todos los acuerdos internacionales (bilaterales o multilaterales) firmados y en vigor por todos los gobiernos es necesaria. Tanto por lo menos como la ratificación de nuestras fronteras y de los reclamos que por motivo de ellas tengamos sobre nuestros vecinos.

Conforme estas cosas se vayan logrando, nuestro peso político a nivel internacional irá creciendo, con lo cual deberemos ir asumiendo responsablemente ese rol.

Educación; aprender a exigirle a los funcionarios públicos un buen desempeño y su atención permanente a lo que requiere el colectivo representado, así como los resultados de cada labor emprendida para cubrir esas necesidades.

Esfuerzo: No tanto para sobrevivir en medio de la negligencia de los gobiernos que no cubren efectivamente las necesidades, sino para hacerle ese seguimiento requerido por los políticos. No será fácil. No tenemos la cultura de ello, aunque la experiencia de los últimos 10 años ha servido de manera significativa.

Humildad: Porque todos somos responsables por el país que tenemos, un salto hacia la paz pasa necesariamente por la expresión de la humildad, y todas sus implicaciones personales, familiares y sociales.

Credulidad: creer que en verdad se puede. Creer que en verdad mirar hacia adelante, y mirar hacia allá, implica dar un paso a la vez, con un pequeño logro seguro en cada ocasión, de allí la necesidad de la persistencia, de la planificación, y de la unidad con la venezolanidad como bandera.

Estrategia: necesaria como el aire. Clara como ésta, y “respirada” por todos, por igual.

Un paso a la vez: Hay que dejar claro que cada paso ejecutado, garantiza una marcha sostenida en el tiempo. Procurar hacer todo a la vez, es como dar un salto y quedarse plantado allí mismo. Por esto último es que las burocracias crecen sin control e incrementan su ineficiencia: un funcionario dando un paso, de mil, logra más que mil funcionarios dando todos los pasos a la vez. Por eso la burocracia venezolana no funciona. No se requiere más gente, sino mas control ético, estratégico y jurídico, sobre cada paso dado.

Ese es el tipo de paso que si llevan a buen destino.

Presidencia: Un mandatario normal, que inspire respeto por su correcto actuar, capaz de hablar con la verdad a todos, incapaz de ocultar lo que pasa, y dispuesto cuando lo requiera, a reconocer que necesita ayuda para cumplir lo necesario para mejorar. Un presidente decidido a renunciar tan pronto detecte que su trabajo no está rindiendo frutos, pero también resuelto a señalar cada error y cada individuo involucrado en las fallas. En definitiva, un tipo capaz de decirle a los funcionarios subalternos y electos, como a la gente, que si no cumplimos la venezolanidad, la constitución y las leyes, estaremos fritos.

No se detiene a justificar su humildad, ni su austeridad a la hora de no gastar los dineros públicos en cosas que no beneficien al colectivo. Su guardarropa no sería mayor que el de un ciudadano promedio, y reprocharía a cualquier funcionario que actúe en contra de la moral republicana en este sentido. Por ello se aleja de otorgar cualquier “favor” especial.

No temerá decirnos cuando está rodeado de intereses políticos y económicos ajenos a lo que ofreció en campaña, que pudieran arrastrarnos a todos al fracaso y que necesita por tanto de nuestra contraloría para evitarlo; tampoco temerá exigir el tiempo que como cabeza de familia, -si fuera el caso-, requeriría, a fin de mantener su rol como padre, su entorno y su salud emocional, como cualquier ciudadano normal. Desde el principio, dejará claro que aborrece a los zalameros y jaladores de testículos, a quienes no dudará en identificar y alejar; no temerá denunciar cuando algunos le estén pidiendo favores por el apoyo electoral ofrecido. Nos dirá sin pelos en la lengua cuando algún factor externo a la nación, pretenda desviarnos de nuestra venezolanidad en aras de la hipocresía diplomática. Trabajará como lo que es: un servidor público. Se esmerará en preparar el terreno para un buen desempeño del próximo que llegue a la presidencia.

No nos pondrá la mano en el hombro como el jefe que se lleva bien con sus empleados; más bien se dejará poner la mano del colectivo en el hombro, en clara sumisión al mandato de la sociedad republicana.

En resumen, será un venezolano (hombre o mujer) llamado al puesto, y no un político que se sacó el premio.

No esperen queridos compatriotas, que la receta para mejorar sea mucho más larga que esta; lo básico es también lo más difícil de lograr; por eso les he hablado insistentemente sobre la revolución que de por si constituiría el que decidiéramos cumplir con la constitución y las leyes, todos por igual.

Por eso las leyes son lo que son; por su “horizontalidad” para ser aplicada sobre todos por igual, en una teoría que debemos llevar pronta y rigurosamente a la práctica.

Por lo mismo es que las ideas básicas, en apariencia “asépticas”, como la del ideal de la venezolanidad, pueden tener éxito sobre otros paradigmas elaborados, más parecidos a convenientes adoctrinamientos antinaturales que otra cosa. Espero estar siendo claro en este punto, amigos míos. Lo que no agrede la susceptibilidad, por saberse aplicado a todos, es más fácil de digerir y practicar.

El pasado solo es tolerable cuando sus lecciones iluminan lo que forjamos en el presente; si de alguna manera los eventos del pasado siguen arrastrándose como excremento fresco de perro pegado al zapato, el presente es maloliente e incomodo; no nos deja pensar, organizarnos, planificar y construir milímetro a milímetro los futuros que deseamos.

Límpienle los zapatos al presente y no culpen al perro; continuemos caminando.

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