sábado, 20 de agosto de 2011

Nacionalizar el oro.

Creo que sin importar en qué “bando político” estén queridos compatriotas, este tema acordarán conmigo que es polémico en más de un sentido, siendo esta acción nacionalizadora interesante para su análisis, más cuando lo podemos considerar como un excelente ejemplo de cómo, llegado a un punto de no retorno en la vida republicana, no hay más opción que tomar una medida contundente.

En este caso, vemos que por un lado, (A): Se nacionaliza y se hace propio del estado (de la republica; -en teoría, de nosotros-), todo el beneficio del mineral oro, como en su momento lo fue el petróleo, y solo si consideramos que será toda la explotación aurífera efectivamente controlada, (dado que lo contrario sería estar ante una medida incompleta, que seguiría entregando soberanía), y luego, (B): Zanja de un golpe, toda explotación ilegal que ya de por si son imposibles de detener por la vía ordinaria, habida cuenta del poder corruptor que el mismo mineral en este caso posee sobre todo aquel que se atraviese en su camino para salir al exterior y convertirse así en ganga con que hacer millonario en poco tiempo a sus traficantes, burócratas y vendedores relacionados.

Nada más en estos días, coincidencialmente, pensaba en los funestos garimpeiros que desde Brasil y Guyana, no hacían otra cosa más que destruir la selva y nuestra integridad territorial, al buscar el codiciado mineral, que finalmente se llevaban como les diera la gana. Nunca se pudo controlar esa plaga, y solo una medida radical puede solventarlo. Esta decisión anunciada ahora por el presidente, -si se cumple-, puede ser una acción contundente en su esencia, con chance de ser parte de una visión integral de gobierno y de republica sustentable. Su ejecución a cabalidad es menester, para que no sea otra letra muerta arrastrada tras nuestras miserias, ni otra empresa perdida en nuestra incapacidad para ser serios.

Acá les dejo el artículo:

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“Crearán ley para nacionalizar la explotación del oro”

(EL UNIVERSAL, miércoles 17 de agosto de 2011)

Caracas.- El presidente Hugo Chávez anunció que pronto dictará una ley para nacionalizar la explotación del oro, a través de la Ley Habilitante.

"Vamos a nacionalizar el oro. No podemos permitir que se lo sigan llevando", manifestó el primer mandatario. Apuntó que ya tiene las leyes para reservar el Estado la actividad de exploración y explotación del oro, y todas las actividades conexas, para convertirlo en reservas internacionales.

Según Chávez, el instrumento legal le permitirá tomar la zona del oro que todavía sigue anarquizada, con mafias y contrabando.

Estimó entre 12 y 13 mil millones de dólares las reservas de oro del país, "no podemos permitir que se lo siga llevando".

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Se dice que puede haber tras esto un deseo de controlar aún más las reservas internacionales del país, (control que se traduce generalmente en su uso incontrolado, sin una restitución adecuada y oportuna), o incluso, que se quieren resguardar a estas reservas ante posibles sanciones internacionales.

Como sea, en ningún lado está escrito que debemos guardar el dinero en un sitio determinado, (por lo que su movilización no es un pecado político), y esto es más relevante cuando consideramos que en realidad, -en ese fondo que generalmente no tocamos cuando evaluamos nuestras potencialidades-, una banca nacional poderosa y bien regulada, podría ser más bien, fuente de préstamos internacionales, y no al revés, (como lo es ahora), con nuestra ilógica dependencia del dinero foráneo, siendo para colmo, país petrolero.

Mientras, y en cualquier caso, saludemos la correcta y mesurada nacionalización de aquello que no supimos regular ni aprovechar con cordura durante décadas. Más que la solución instantánea, es la admisión de una debilidad medular. Ello es el primer paso; es reconocer nuestra flaqueza republicana, para comenzar, -si la sensatez nos ampara y planificamos celosamente-, sin pérdida miserable de esfuerzos y dineros, a ejecutar lo necesario para ser congruentes y constantes en el progreso.

Sé que el mal ejemplo ronda entre nosotros con estos temas, (como el caso del carbón y otros minerales), que como el oro, parecieran mejor a veces dejarlo en el suelo que explotarlo de la manera irracional, despilfarradora y egoísta, con la siempre resultante ecuación que lleva como variable, la de “algunos” vende patria millonarios en dólares, y “muchas” miserias nacionales.

Las nacionalizaciones sabemos que son temas polémicos en Venezuela: Un sector petrolero que prosperó luego de esta acción, se marca como éxito, mientras que un sector del hierro y el aluminio, solo ha conocido deterioro y fracaso en las últimas décadas, dejando ver que no es nada fácil el panorama al que nos enfrentamos, y que no deja aperturas para la arrogancia.

Distraigámonos un rato con esto de las nacionalizaciones a medias de siempre, y el despilfarro y robo serán mayúsculos.

Prevenidos deben estar que el descuido de siempre, no termine “escribiendo” con oro puro, el epitafio de una revolución que pudo ser, y no fue.

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