sábado, 23 de marzo de 2013

Un país sin presidente verdadero, y 5 verdades peligrosas de decir.


Quisiera afirmar que las cosas están bien, pero saben que mentiría si lo hiciera.
Que los eventos vayan por donde más nos convienen para finalmente lograr que las mayorías comprendan la realidad y la manera de mejorar, es otro asunto, y otra historia que parece por ahora, difícil de explicar. Sencillamente una parte importante de la población que vive en Venezuela, (fíjense que no digo venezolana…), no es aún capaz de entender lo que ocurre, a la luz de las últimas décadas vividas; no es desprecio ni soberbia; es la necesaria sinceridad con la que hay que trabajar estas cosas primero, si deseamos hacer un cambio real; es justamente la sinceridad que quienes han gobernado no han querido tener, por razones estratégicas y electorales a su conveniencia. Por eso un político nunca nos dirá que el sacrificio es necesario ante los errores cometidos; por eso un político no nos dirá que aceptar nuestra condición, -como lo debe hacer un alcohólico-, es necesario para poder corregir el rumbo; por eso es que un político no nos dice la verdad que por omisión le facilita a él y a su entorno, aprovechar las “bondades” económicas y de estatus, de tan altos cargos. Un luchador social, si lo diría.
Mientras todo esto ocurre y se calla, el país, -por las malas-, se convenció del fallecimiento del presidente, sin que exista un acta de defunción real y creíble de por medio, con una descripción rigurosa y verificable de las causas del deceso, y la fecha de la misma; no hay manera de creerle a quienes dicen que murió ese día, y a esa hora. Estoy convencido que con los años, (dada la cantidad de personas involucradas, los documentos secretos existentes y lo poco dado que es el latinoamericano a guardar secretos), se mostrarán las mentiras y cosas ocultas que hoy revolotean sobre nuestras cabezas defecando alegremente.

Al día de hoy, la principal alarma que suena en el país es la del gobierno interino impuesto en medio de una conveniente confusión jurídica, más que por la constitución clara y llana en sus indicaciones. Los herederos políticos de Chávez, decidieron asumir también como herencia, el poder que solo debe venir a través de un gobierno electo en un proceso comicial presidencial.
Con la arrogancia del ignorante que fue sorprendido con una herencia millonaria inesperada de un pariente lejano, los ahora autodenominados como gobierno encargado, se jactan de glorias prestadas, y del dinero que es de la nación toda, para pretender arrollar en unas elecciones totalmente llenas de dudas, más que de verdades. En el otro lado (de este escenario que hemos dicho, no debería tener lados, sino un solo ambiente central y equilibrado), Capriles se enfrenta al reto, no de ganar unas elecciones, sino  primero de conseguir dentro de sí, al líder que logre parecerse más a un luchador social, que a un político. Reto nada fácil para Barrabás Jr, y sin destino cierto.
Del candidato inmaduro oficialista, erigido sobre una constitución ultrajada, no espero más que el posible momento en que el pueblo, en “soberana asamblea popular”, y al calor de la imprudencia, como lo fue en tiempos de Jesús, lo nombren como el sucesor legitimo y ungido del Barrabás ya fallecido, víctima real del momento político que le toco vivir, más que victimario de una felonía hacia todos y todo.

En el hilar de este tejido nacional que de a poco sigue creciendo, cinco hilos corrompidos se están encajando profundamente en el telar, dañando lo que debería ser una tela fuerte y limpia, y quiero nombrarlos, aún a riesgo de muchas cosas, para por lo menos, no verlos atravesando mi conciencia con pérfidos hilos que pretenden coser hasta mis labios y mis manos.
VERDAD NUMERO UNO: Más que el cáncer desarrollado con los años, a Chávez lo que lo mata finalmente es su decisión de retener el poder nuevamente, basándose para ello en la modificación irregular de una constitución que el mismo alababa como perfecta e “innecesaria de modificar por lo menos durante 200 años”, más de 10 años atrás. Los lamentables eventos relacionados a la salud del presidente, los precipitan igualmente a su desenlace final, la decisión de cada venezolano al secundar con su voto, la reelección indefinida solicitada con insistencia, -sin importar derrotas, mandatos y dineros invertidos en referéndums-, por el mismo Chávez. Sus 14 años de gobierno no fueron ni siquiera suficientes para conseguir a algunos que continuaran la revolución por la vía del consenso y de elecciones inobjetables, fundamentadas en argumentos debatidos y puestos a prueba. Fueron necesarias las mentiras sin sonrojo de su parte y de los que le rodeaban acerca de su salud, para buscar un tercer periodo presidencial. Un sin sentido se levantó frente a todos nosotros, sin que ello de señas aún de querer ceder en sus propósitos ya históricamente inútiles.
Ahora resulta obvio que por lo menos  la mitad de las declaraciones de Maduro y de su entorno ministerial sin base legal, (como aquella diciendo que había hablado hasta 5 horas seguidas con el presidente, o que firmaba con fuerza y precisión usando su “rabo e´cochino”, cuanto documento le ponían en frente), deben ser falsas o cuando menos, inmoralmente exageradas.

VERDAD NUMERO DOS: El presidente de la asamblea nacional debió asumir la presidencia de la republica desde el 10 de enero del presente año  a falta del candidato ganador, y ello debía ocurrir hasta tanto se realizaran las elecciones presidenciales, una vez declarada la ausencia absoluta del candidato elegido y nunca juramentado (Hugo Chávez). Todo lo demás ha sido desde ese momento, irregular y sin precedentes legítimos que puedan calmar conciencias o soportar decisiones, decretos, resoluciones o pactos firmados. Maduro, los jueces involucrados y hasta el mismo Diosdado Cabello, como presidente activo y elegido de la asamblea nacional, son cómplices de una situación totalmente anormal y repudiable hoy y siempre. No hay justificación para dos meses sin fe de vida del presidente electo; no hay justificación para tantos días sin gobierno y presidente, condición que se erigió permanente desde los mismos días posteriores a las elecciones presidenciales.

VERDAD NUMERO TRES: La pretendida deificación del fallecido presidente, colocándolo sin reparo alguno a la altura del mismísimo Jesucristo, mientras que su círculo colaborador más cercano (el mismo responsable de los fracasos a la hora de implementar y seguir todas las propuestas del presidente), autodenominándose como los “apóstoles” (“Iscariotes” seguramente), de Chávez, lo exaltan como el único, -aún estando muerto-, capaz de llevar a la revolución a buen término (mientras que “convenientemente” ellos se mantienen en el poder), no hacen más que reforzar la idea de que, ido el presidente, la nitidez de los propósitos inmediatos revolucionarios, han comenzado a perderse de la mano de los altos jerarcas que nunca entendieron a la verdadera revolución planteada, y con ello, emerge el cuestionamiento acerca de la idoneidad de los erigidos como gobierno sin legitimidad clara, pese a la unción de Maduro por parte de Chávez en diciembre, (no como presidente encargado, sino como candidato a unas elecciones presidenciales, en caso de su ausencia permanente; léase correctamente). De a poco, y también de la mano del mismo Maduro y de los ministros no designados por nadie, al pretender elevar al presidente fallecido a las alturas del Chimborazo, codo a codo con Bolívar, no hacen más que  banalizar su discurso, -tal como a su vez hizo el gobierno con el del mismo Libertador, (salvando claro, las enormes distancias y abismos entre Chávez y Bolívar en lo que a las intenciones de Maduro respecta), haciéndolo útil para detentar, “en nombre de todos y todas”, y “por el bien del pueblo”, (anónimo y mansamente guiado, útil para lo que convenga a los que detenta el verdadero poder político y económico), mientras terminan de fragmentar a la sociedad venezolana, totalmente desorientada de su propia identidad nacional, en medio de un país que perdió su rumbo, sin siquiera sospecharlo.
Nicolás Maduro, en su posición de presidente encargado sin asidero constitucional, desprecia con sus superficiales, arrogantes e irreverentes declaraciones, (quizás motivado a sus creencias hinduistas no cristianas, asociadas a gurús, y en todo caso, totalmente respetables para quien esto escribe), la santidad de Jesucristo, y el profundo significado divino de éste, al colocarle a su diestra, “como un Cristo más”, a un hombre del que desconocemos siquiera, si en su lecho de muerte, se arrepintió de sus pecados: Hugo Chávez.
Igual existe un abismo entre lo que dice Maduro, y su pretensión de igualar a Chávez con Bolívar: Este último jamás pretendió revestirse en poder, ni buscó cambiar ley alguna para retenerlo indefinidamente con el fin de imponer su interpretación del mundo por el liberado. Nunca tuvo tantos recursos como el primero, y aún así, no se murió sin dejar tan pocos resultados concretos como este, pese a durar el periodo de independencia, lo mismo que los dos gobiernos nacionales del hoy fallecido Chávez.

VERDAD NUMERO CUATRO: El estado ha sido incapaz de administrar lo jurídico y lo económico con transparencia y con una estrategia clara y solida de desarrollo nacional, pese a los ingresos petroleros y fiscales ya inmedibles de estos 14 años, al tiempo que se denotó como profundamente negligente para diligenciar a un sector productivo, privado y público,  que estuvieran ajustados a las leyes laborales y la distribución justa de riquezas y ganancias, con lo cual en vez de estimular la iniciativa e inventiva privada y pública técnico-industrial y productiva, más bien la acorraló y asfixió. La beca y la ayuda económica cruda, sin propuestas y metas a corto y mediano plazo, transfiguraron las políticas de incentivos, en meras copias sin sentidos de aquella tarjeta “mi Negra”, (ofrecida por Manuel Rosales durante la campaña presidencial antepasada) como manera de hacerle llegar directamente a la población, la ganancias del petróleo, en una clara acción populista distorsionadora de la concepción de nación trabajadora, estudiosa y capaz de afrontar retos y sacrificios que debíamos ser.
Fronteras desdibujadas en medio de reclamos territoriales olvidados, invasiones y expropiaciones llevando la bandera de Venezuela como si de conquistas legitimas se tratara; deudas externas innecesarias, traslado de las dependencias de unas naciones extranjeras hacia otras, identidad nacional hecha añicos a favor de la integración latinoamericana a su imagen y semejanza, así como pobreza fronteriza convertida en contrabando desmedido como vía de enriquecimiento, entre muchas otras cosas nefastas, cuelgan del pecho de Chávez, como cuentas en su rosario rojo y sectario.
El presidente se concentró en trasladarnos de una dependencia yanqui, a una dependencia más domestica (aludiendo a Latinoamérica), pero al fin de cuentas, igualmente dependiente y corrosiva para nuestra identidad y soberanía.

VERDAD NÚMERO CINCO: Más que eliminar la miseria extrema, se subsidió la pobreza en general. Como quien cuelga sobre un caldero hirviente, el gobierno cayó en la trampa de justificarse a través de números y estadísticas macro, festejando la baja de unos puntos en la pobreza extrema, mientras que finalmente, la más miserable de todas las pobrezas, -la que nos ahoga a todos en medio de injusticias, inflaciones continuas, impuestos como el IVA, devaluaciones sistemáticas y regulares, desempleo real, servicios públicos y gasolinas estancadas en sus precios desde hace más de dos lustros y que en algún momento estallarán en nuestras narices con aumentos muy fuertes, así como niveles de inseguridad y asesinatos galopantes-, nos ahogan a todos por igual, en la única cosa que se distribuye equitativamente entre todos los que no somos millonarios, políticos o traficantes: La miseria.
En beneficio de una visión política muy particular de las cosas (rehacer a la sociedad venezolana de acuerdo a un modelo de desarrollo humano basado en un socialismo internacional, sin soberanía real frente a los supuestos aliados que nos ayudan, en un “necesario plazo de tiempo cercano a los 20 o 30 años), se ha institucionalizado la dadiva continua frente a los problemas sociales, mientras que los orígenes de tales problemas (y de esas miserias que nos afectan), son premeditadamente dejados a un lado, en aras de algunos objetivos primarios de control social por parte del aparato gubernamental.
Valores fundamentales como la ética, el honor, la venezolanidad, la patria como hogar colectivo, la justicia social inspirada en las leyes de Dios o la ayuda al más necesitado, (para que no necesite mas), son meras retoricas que nunca terminan de materializarse como ejes fundamentales sobre los cuales construir los cuatro pilares esenciales de la familia y la sociedad: Educación, Trabajo, Salud y Justicia.

Tener héroes es bueno; tener ídolos, es malo. No hay de otra. La vía es la del consenso, la de la constitucionalidad, la de la libertad de expresión y pensamiento, mientras que estos no atenten contra la venezolanidad constitucionalmente descrita. El llamado a la unidad no puede ser un exhorto; la unidad debe ser consecuencia del entendimiento de lo que nos fortalece, y de lo que nos debilita.
Ser venezolanos, viviendo en Venezuela, no es un “soplar y hacer botellas”; es un trabajo monumental, que seguramente construirá héroes y líderes comunitarios que descubrirán el verdadero poder popular de los uno, (es decir, cada ciudadano en esta tierra venezolana), siendo como “uno” al unísono, en lo que se refiera a las cruciales decisiones que crean y construyen, o dividen y destruyen.

Elijamos pues, entre dejar atrás el subdesarrollo de las conciencias, o revolcarnos como cerdos en el fango que los que detentan el poder, dejan tras de sí al pisotear y vomitar la tierra venezolana con sus excesos y ambiciones.

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