jueves, 7 de marzo de 2013

¿Un país moviéndose por inercia?


¿Y fue suficiente un solo hombre  para empujar a una nación toda?
Eso definitivamente no sucedería en tiempos de repúblicas  en tiempos de consensos de justicia…
Pero hoy, con la  partida física del presidente  dejando tras de sí más dudas que certezas en torno a sus últimos dos meses de existencia, nos encontramos con la extraña sensación de haber casi que perdido a un pariente, al que en sus últimos días de convalecencia y vida, una autoridad torpe,           -quizás más preocupada de su supervivencia política y económica que de otra cosa- nos impidió compartir sus últimos días de existencia con la familiaridad a la que nos tenía acostumbrados; al final, se fue solo, víctima de sus propios errores, y sin la oportunidad de poder haber visto consagrada su revolución, lo que resultaría imposible a la larga de todas maneras, dado el protagonismo que su figura reservó finalmente para casi cualquier cosa que ocurriera en el país, siendo el mismo némesis de su  sueño revolucionario.

Por cosas del destino, no habrá un Chávez llamado a vivir el rechinar de dientes necesario para enmendar los errores; por lo menos, no aquí en la tierra. La titánica tarea de volvernos hacia nosotros mismos para recapacitar, recae en los que hoy se abalanzan con cariño a un peregrinar tras su líder fallecido, mientras que el resto cavila sobre sus propias carencias afectivas, y sobre la imposibilidad de tener un líder indiscutible a quien seguir.

Con la partida de un hombre que pasará a la historia de Venezuela en todos los sentidos posibles, aguardando quizás su descanso final  en el panteón nacional, (lo cual sentenciaría nuestra incapacidad para saber esperar y actuar), poco a poco nos iremos despabilando, y reparando con ello en los movimientos políticos y económicos que tras el velo del luto, se nos hacen al presente, difíciles de ver. Los que hoy detentan el poder con el desparpajo que permiten los laxos poderes nacionales, continuarán amoldando lo que sea necesario amoldar, siempre bajo el pretexto de defender al pueblo, mientras la burguesía desarrollada a la sombra de Chávez, como el hongo pestilente que necesita de la oscuridad, termina sacando los mejores “dividendos” de tanto amor por la gente

El país está secuestrado por su propia soberbia y su capacidad para ignorar todo pacto de ley creado.

Dicen por donde yo nací, que lo cortés no quita lo valiente. Por eso mis respetos y condolencias para quienes amando a Hugo Chávez, amaron la esperanza de crecer, aunque desconocieran cómo.
Pese a todo, sigue siendo el politico que más cerca ha estado de señalar hacia el camino correcto.
Mi saludo a un hombre que pudo hacer mucho, pero estuvo limitado por las circunstancias y las concepciones de su propia vida. Cumpliste tu ciclo.
Ahora esperaremos por los nuevos protagonistas; los nuevos villanos y las nuevas esperanzas, confundidos todos entre viejos y nuevos barrabases, escogidos una vez más, al calor de las pasiones de las masas soberanas.
Definitivamente, si los seguidores y detractores de Chávez mostraran la misma pasión de la que hacen gala a diario, pero no hacia un hombre, sino hacia  Dios, ¡Qué grande sería esta nación, retumbado seguramente con su nombre entre todas las demás naciones!
Cuando las masas lloran, es peligroso acercarse a ellas con la verdad en la mano. Habrá que esperar, hasta que el tiempo de hacer llegue, y se les pueda decir  que quizás, la era de los grandes líderes llegó a su fin, y que el desierto que antecede a la conciencia del colectivo ciudadano, aguarda por todos, y no por pocos, para cincelar en la gran pieza de granito nacional, a la república humana y de justicia social que anhelamos todos.

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