domingo, 22 de noviembre de 2015

400

Cuatrocientas veces me he sentado a escribir en este blog; cuatrocientas botellas con mensajes he lanzado al mar de la esperanza que es internet, para llegar a aquellos que en la orilla de este mar, y mirando al horizonte, buscan respuestas a los asuntos de Venezuela, y a veces, del mundo.
Cien “guerreros” más que los “300” que lucharon en la épica batalla de las Termopilas, en tierras mediterráneas, y de los que espero mejor destino.
Cuatrocientos ladrillos para construir; no cuatrocientas piedras para confrontar.
No estoy de acuerdo con la violencia, porque esta nos invita a cortar camino a costa de la sangre de los más jóvenes, como siempre termina siendo en todo conflicto, mientras que finalmente los sobrevivientes, -y no esos muertos-, son los que llegan a los acuerdos, aún en deshonra de los que derramaron sangre.
No podemos seguir peleando “guerras de independencia” a punta de plomo y espada, para luego vivir a la sombra del caudillo de turno que resultara ganador; en algún momento tiene que haber un cambio intelectual, que establezca por fin un cambio real en el lenguaje político y social, donde la sabiduría pueda más que lo visceral. No hay otro camino para construir y pavimentar un sendero sin odios ni cicatrices que clamen venganza luego.
Algún día palabras como moral, ética y honor, volverán a tener valor en la estructura social venezolana.
Mientras, la misma “cremita” para la “irritación” que Chávez le ofreció a los estadounidenses cuando negó la asistencia de estos en el desastre de Vargas en el 99, deberemos en un giro del destino, ofrecérsela y untársela a oficialistas y oposicionistas, para que dejen la irritación que la arrogancia de creerse con las barbas de Dios en una mano, y la razón en la otra, les ha producido luego de tantos años de pugnas, división y odios inútiles que solo han beneficiado a los corruptos y a los extranjeros que hicieron negocios y acuerdos leoninos con el gobierno, y que finalmente nos han devuelto al mismo punto del camino, aunque con mas ampollas en nuestros pies y cansancio en las almas.
Cuatrocientas veces he querido decir que hacer cosas con buenas intenciones no basta, si en el trayecto de lograrlas, dejamos también destrucción, inmoralidad, deshonor, mentiras y dolor. No podemos permitir que se siga institucionalizado, de la mano de quien sea, el concepto de el que llega a la presidencia, a la gobernación, a la alcaldía o a la asamblea, se lo lleva todo.
Cuatrocientas veces hemos hablado en el fondo, a través de la lectura entre líneas que hacemos, de la elemental y necesaria noción del equilibrio; porque es el equilibrio queridos compatriotas, lo que finalmente puede sacarnos de este atolladero conceptual sobre el que estamos todos.
No puede haber impunidad frente al equilibrio de las instituciones.
No puede haber violencia ante el equilibrio de la justicia social
No puede haber corrupción ante el equilibrio de la justicia instituida
No puede haber una sociedad herida, cuando el equilibrio de todas las voces que viniendo de cada ciudadano son escuchadas, marcan el compás de nuestra marcha y la del gobierno republicano.

No digo que cuatrocientas “migas de pan” he dejado para llevarlos a la verdad, porque no soy poseedor de tal concepto, ni portador de semejante arrogancia. Un teclado sin nombre que solo escribe en silencio, seguro de que comparte las mismas ansias por llegar a un nuevo entendimiento colectivo de lo que la verdad es, a la luz de una sociedad que solo cohesionada puede lograr objetivos grandes, allí donde los empujones y tirones individuales, solo vuelven “girones” el manto republicano que ha debido construirse con los años.

Cuatrocientas veces más puedo seguir lanzando botellas al mar; se que ustedes estarán yendo y viniendo a la orilla del mar, buscando compartir sus angustias, y sus esperanzas. De eso se trata la humanidad que nos conecta; de eso se trata ser pueblo de una sola nación.

Gracias por no perder la Fe. Busquen en sus vidas otras cuatrocientas razones para no perderla.

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