jueves, 4 de febrero de 2016

24 años desde el 4 de febrero de 1992

Un breve comentario de alguien que estuvo allí.
(Primera vez que escribo sobre esto).
Participé siendo soldado adscrito a una unidad de infantería; estaba de permiso cuando escuché en la madrugada la noticia por la televisión; al amanecer me fui al cuartel, en un impulso irresistible de defender la constitucionalidad del país, aun a pesar de los gobiernos cuarto republicanos de ese entonces, que no hacían mucho esfuerzo por disimular ya sus arbitrariedades y acostumbramiento a lo incorrecto e indecente.
Mi intención de combatir el golpe en progreso se vio abruptamente amenazada cuando en un puesto estratégico de control vial de los que se habían alzados en armas, fui interceptado en el camino y retenido contra mi voluntad junto a otros militares  que habían intentado pasar minutos antes que yo; (recuerdo a otros compañeros que llegaron luego, estando todos nosotros precedidos por dos pilotos de la FAV que se dirigían a su comando y corrieron la misma suerte que yo.
Las horas pasaron, al tiempo que los eventos de aquel día permitían que quedáramos en libertad al deshacerse el punto de control rebelde, y aún con suficiente tiempo para que todos avanzáramos, pudiendo en lo particular, llegar a mi cuartel e incorporarme a la respuesta que las fuerzas leales al orden constitucional estaban ofreciendo.
Lo demás es historia ya lejana y de la que prefiero no caer en demasiados detalles: Los que alentaban el golpe de estado, no lograron sus objetivos, y en mi memoria quedaron los intensos recuerdos de un día de disparos, confusión, peligros y riesgos que solo pasados los años, debí reconocer cuán cerca estuve de morir. (Una tanqueta pro gobierno casi ametralla la unidad donde me desplazaba a medianoche de ese  4 que terminaba, al confundirme con los rebeldes: ver que te apunten y amunicionen una browning calibre .50, a solo 10 metros, no es cosa que se olvide, luego de haber estado todo el día con el traqueteo de los “FALES” 7.62mm). No sé cuantas armas terminé cargando y guardando esa noche; nunca más volví a ver un camión lleno de tan variada gama de armamento, tirados unos encima de otros como si de ramas secas se tratara. Las municiones se desparramaban a mí alrededor, y solo mi soñador honor impidió que algo quedara en mis manos o bolsillos.
Al fin, una media noche para darle paso al 5 llegó, y lo que más recuerdo es el silencio y lo solitario de las calles por donde circulaba con mi salvoconducto; era como ver un día de censo nacional, hecho noche y multiplicado por diez en la intensidad de soledad…
Los siguientes días fueron de reflexión. ¿Qué había pasado?; ¿Había sido un error, o un acierto?; ¿Por qué fallaron?; ¿Por qué el gobierno estaba tan sorprendido por los eventos; ¿Por qué las cosas que sabíamos debían hacerse para enmendar la situación del país, terminaron pretendiendo imponerse por la fuerza?
No podía negar que simpaticé inicialmente en los primeros meses que trascurrieron, con el arrojo de estos ex compañeros de armas, que habían arriesgado sus vidas por un ideal; mi vida como soldado tan solo con jerarquía de tropa, (pues estaba alistado en un pelotón de reconocimiento mecanizado), también llegó a su fin y sin remordimiento, un año después. En ese entonces las esporádicas muestras de propagandas que apoyaban a los insurgentes, eran de discreta distribución, y recuerdo haberlas guardado como muestras de material subversivo, aunque simpatizara con el arrojo inicial de los protagonistas; simpatía que no incluía al que comenzaba a despuntar: Hugo Chávez. Como militar que había sido yo, conocía su pobre papel en aquel episodio, solo salvado por los errores comunicacionales del entonces presidente Pérez, que le permitieron por cierto venderse como el adalid de los sueños de una mejor patria. El camino sinuoso y peligroso comenzaba su recorrido en Venezuela, y pocos lo entendían y muchos menos sabían denunciarlo.
Mi última muestra de interés genuino por aquellos personajes murió el día que Chávez llegó por primera vez a la Habana, y afirmó sin tapujos su pretensión revolucionaria. Enajenamiento insoportable, en la misma escala y magnitud del de un Rafael Caldera aceptando al lado de un presidente Clinton de visita en Caracas, su afirmación de que “todo aquí estaba chévere”.
Más de dos décadas han pasado, y solo los zalameros de aquel periodo (del que vi el ocaso que lo precedió un 3 de febrero, para amanecer y crecer a partir de un 4 del mismo mes), han quedado en el poder, como manada de perros caprichosos y salvajes sin dueño. Sus respuestas ante el colapso generalizado, solo son ladridos desaforados y rabiosos, sin ninguna posibilidad de raciocinio por la misma naturaleza que les dio vida.
Hace 24 años luché contra la chispa insurreccional que dio origen a esto que ahora languidece, y pese a poder decir que hice lo correcto a la luz de los sucesivos eventos transcurrido en todos estos años, aún todo se me antoja como un recuerdo incomodo que como piedra en fardo, he debido llevar sobre mi hombro, en un camino que se ha mostrado cada vez más cuesta arriba, sabiendo que las ideas realmente valiosas y necesarias, languidecían en el olvido de las conveniencias no reveladas.
Ahora en el crudo presente que no cesa de abofetearnos usando nuestras propias oportunidades desperdiciadas como base para forjar las manoplas que nos sacan sangre sin misericordia, pareciera también que aguardamos, -como si de un pueblo supersticioso de la antigüedad se tratase-, estando a la espera de aquel cataclismo que anuncie definitivamente el presentido (y casi anhelado), momento del fin del mundo, pero del mundo de la corrupción y destrucción moral que como sociedad, hemos permitido en todo sentido existir entre nosotros, y que muchos malinterpretan como nacido hace 24 años, cuando en realidad, su germen había sido sembrado muchos años atrás, desde aquel primer momento en que la insensatez, consiguió guarida entre nuestros políticos ni bien comenzada la década de los setenta.
Y hablando de mala semilla, no me olvido de ti, Nicolás Maduro. Tu éxito como zalamero mayor junto a tu pareja, devenido en señor de la nada reinante, de lo infame y opuesto a la más elemental ética, no puedo permitir que pase en vano por la historia de este país. Hay lecciones importantes que sacar y apreciar.

Seguiré escribiendo, aunque sé que no necesitaré de otros 24 años para cerrar tu insulso capitulo. Ya hoy no aguantas un referéndum revocatorio constitucional.

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