domingo, 5 de mayo de 2013

Repetir elecciones en Venezuela: ¿Llegaremos a eso, pese a los riesgos?


¿Podremos arriesgarnos a realizar un proceso electoral, pese a los hilos de poder que parecen moverse desde todos lados para controlarnos?
Leía hace poco al buen periodista venezolano Miguel Salazar (Las Verdades de Miguel), donde en uno de sus tweets proponía unas preguntas bien interesantes:
I.-¿Quiere Ud. si o no que se repitan las elecciones?;
II.-¿Estaría de acuerdo con un referéndum consultivo sobre el tema?
Aunque resulta una empresa difícil de realizar, lo cierto es que no es imposible, y lo hemos mencionado anteriormente en el blog. En principio, decía, se trataría de una cosa de todo aquel que se considere  “hombrecito”, dispuesto a poner el honor por delante; luego, no resulta tan fácil, cuando pensamos que quien detenta el poder, -secundado por el resto de la estructura del Estado-, no tendría por qué soltar lo que ya tiene en las manos, menos para que quizás lo tomen sectores con componentes ciertamente igualmente radicales en la oposición venezolana, y donde no habría garantía de continuidad de aquello que Chávez muy ineficientemente, logro comenzar a canalizar.
Por supuesto, esto último expresado sería negar que el pueblo venezolano haya aprendido de todas estas variopintas experiencias, aunque hay preguntas que subyacen detrás de toda buena voluntad en ese sentido:
¿En verdad el pueblo venezolano se reconoce como tal?;
¿Es capaz de autocriticarse y corregir mediante acuerdos donde todos participaran?;
¿Podría manejar un sentido equilibrado de las cosas, manteniendo a los extremos izquierdosos y derechistas bajo control?
Si las respuestas son negativas, tendríamos que preguntarnos si Venezuela merece entonces un destino mejor que el que tiene, o el que tendría, en caso de un hipotético gobierno de Capriles.
Estoy consciente que esto supone enfrentarnos a un vacio, -un precipicio si preferimos denominarlo así-, frente a nosotros; eso no lo quiere nadie, obviamente, pero… ¿Hemos hecho realmente algo para controlar nuestro propio destino?
¿Hay manera en que la palabra soberanía verdaderamente pese en el imaginario colectivo?
No es cosa fácil, cuando vemos como nos lanzamos a comprarle arroz con pagos generosos a los guyaneses, cuando ellos se niegan a devolvernos el territorio que no les pertenece (Guayana Esequiba), o cuando los estadounidenses o los cubanos pueden estar detrás de otros intereses más cercanos a ellos mismos que a los nuestros, en lo que a Venezuela se refiere, o cuando nos endeudamos hasta el cuello con los Chinos, o cuando aceptamos abiertamente opiniones injerencistas de parte de cuanto gobernante o personaje latinoamericano, decida decir sobre Venezuela.
Mientras estas cosas ocurran, el termino “soberanía” resulta un concepto ambiguo en lo que a las masas se refiere.
No dudo ni por un minuto que los últimos 14 años han servido para deshacer algo de esta ignorancia al respecto, como no dudo tampoco, en que estamos quizás a la mitad del camino en lo que a esto se refiere.
Así las cosas, proponer un referéndum, aunque resulta correcto, también resulta riesgoso frente al peligro ignorado por muchos: El de nuestra desdichada tendencia a aceptar “ayudas” de donde vengan, siempre y cuando “apoyen” a una de las partes, -particularmente si es la que gobierna-, de las dos que tan bien definidas están ahora en el país, y sin que cada una por su cuenta, deje de entregar soberanía.
Lo decía al principio del blog: Dos remando en un bote, pero en direcciones contrarias, solo logran dar vueltas sobre el mismo punto, sin avanzar.
Estoy de acuerdo en que requerimos repetir elecciones, y no porque Maduro lo esté haciendo bien o mal junto a su combo de “refritos” políticos, o porque Capriles o su sequito de radicales que comienza con Julio Borges, pasa por María C. Machado y termina con D. Arria, hayan acertado en sus señalamientos, sino porque la credibilidad del CNE es tan baja por las razones que hemos mencionado infinidad de veces en el pasado, que una diferencia de menos de 2%, no es suficiente para decir que el ahora gobierno,  ganó sin hacer trampa.
Simple y crudo como suena, pero cierto.
El periodista Miguel Salazar es digno de respeto y reconocimiento por lanzarse a decir algo que puede valerle la enemistad del alto gobierno en ejercicio, pero lo apoyo totalmente, pues en un país republicano, el interés de algunos, y ni siquiera el interés de la mitad de la población, -en contraposición a la otra mitad-, puede anteponerse a lo ético, a lo correcto, y a lo que la constitución en su esencia dicta hacer, inspirado en el ideal Bolivariano. No hay nada más.
Maduro se está haciendo el pendejo con los grandes y apremiantes asuntos nacionales, mientras dedica su tiempo a hacer gobiernos de calle, sin que las mayorías se den cuenta de que con ello, tácitamente está reconociendo que solo “bajando” él hasta la calle, se logra ver un gobierno a la “altura” de la gente, que sin embargo, no escucha lo que la misma gente dice.
Pareciera que consolidar de alguna manera populista la endeble base de su gobierno, resulta más importante que abocarse a realizar los correctivos que verdaderamente lograrían mantener el bienestar y la justicia en el diario vivir de cada ciudadano, protegido por un Estado humanista, claro de lo que es ser venezolano, y capaz de hacer respetar nuestra voz en el contexto de las naciones que nos rodean.
Insisto: Mientras creamos que la retención del poder justifica los medios para lograrlo, estaremos engañándonos a nosotros mismos, aceptando con ello que lo correcto y justo, abrazado de la verdad, no tienen cabida entre nosotros. El fin de la republica comienza allí, donde la tiranía venida de donde viniere, se comienza a abrir paso sin resistencia alguna.
Una Venezuela dividida en dos mitades políticas, no significa un atraso para el chavismo, o un avance para la oposición; significa que la parálisis comienza a afectar de manera peligrosa al país todo, y solo una medida sensata y equilibrada puede destrabar a la nación de su inmovilidad. La repetición de elecciones presidenciales es una de ellas.
Depende de nosotros.

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