domingo, 6 de diciembre de 2015

Elegir entre los malos de hoy, o los malos de ayer.

El gran círculo nuevamente se cierra; las gestiones políticas pasadas que permitieron la creación y llegada al poder del otro bando (la izquierda), ahora se prepara para entrar en su etapa final, como en su momento lo hicieron quienes desde la centroderecha, arrojaron conceptualmente al país en un “viernes negro” (1983), donde no volvió a amanecer, incluso hoy.

Si gana el chavismo, -que tiene todo el poder para lograrlo-, será el triunfo de todo lo inmoral que puede encaramarse sobre la visión de una justicia social posible, más no alcanzable por esa vía. Conocemos ya cada uno de los mecanismos electoreros disponibles para que ellos logren tal fin, siempre basados en un modelo comprobado capaz de “lubricar” con eficiencia a toda la sociedad con dinero. Un trabajo de hormigas, que ofrecerá probablemente una cantidad de diputados injustificada desde cualquier punto de vista ético, sea la cantidad que sea.
Nota: Mientras eso quizás ocurre, Nicolás Maduro seguirá entregando 50000 casas por semana, convencido de que algún tecnicismo que le cruzaron por la cabeza sus funcionarios, explica la magia de estar entregando miles de casas diarias que nadie ve, para poder pasar de 800.000 viviendas, a 900.000, en solo unos días.
Ahora, si gana el oposicionismo, estaremos ante el resultado producto de la activación de un mero mecanismo de castigo hacia el gobierno por parte de sectores importantes de la población. Nada más, No habría ninguna idea que hubiera cautivado; tampoco ninguna estrategia sincera que hiciera factible el pensar en una política creíble y coherente para los siguientes años por parte de quienes hicieran oposición; solo ofrecimientos aislados. Solo promesas inarticuladas con la realidad.

Me preguntaban si había que ir a votar o no, y con sinceridad le respondo a quien me hizo la pregunta por este blog, que debemos ir a votar y escoger una opción; yo lo haré; iré a votar, y solo porque es el único "mecanismo" activo y existente en este momento (luego estarán las constituyentes y los revocatorios), para "modificar" el juego político  aunque solo sea para destrabarlo de a poco; desesperantemente de a poco. 

Por nada más voy a votar. No tapemos el Sol con un dedo.

El problema de la polarización que vivimos, está en que hacer esto que digo implica enviar un mensaje que se lee erradamente: "éste votó por la oposición porque apoya las ideas de estos, y desprecia absolutamente todo lo que el gobierno ha hecho". (o viceversa). ¿Ven el problema?: Hemos perdido la capacidad de conseguir puntos medios: No hay manera de decirle al gobierno "esto está bien, pero esto otro está muy mal; cámbialo o te saco del poder". Lo mismo con la oposición: "deja de despreciar todo lo que hace tu adversario; ha hecho algunas cosas buenas. Céntrate en ver como mejorarlas, y en cómo salir de las que son erradas; hazme una propuesta y veré si voto por ti". Por estas cosas, es que al final pareciera que éste no fue el turno del surgimiento de una tercera opción política equilibrada y honesta por donde se le mirase; tampoco la de un consenso político para procurar la despolarización de la sociedad, y con ello la del control de las terribles consecuencias que en términos de pobreza y  de violencia, tiene esto  para todos sin distinción.
El “círculo” debe cerrarse para poder avanzar, pues ocurre lo mismo que con un tornillo: Éste debe avanzar en un giro completo, para poder estar más cerca de ajusta y cumplir su función. Por ello, no vean el “círculo” solo bajo la percepción de la bidimensionalidad del espacio; obsérvenlo en su tercera dimensión; obsérvenlo con ojos de quien es capaz de “ver” una dimensión más que la mayoría, en el universo del tiempo y espacio donde las sociedad (que no sus individuos), se mueve y crece. Allí es donde se darían cuenta de que más que un circulo, es una espiral ascendente, de pocos grados de inclinación, y que por su tamaño enorme, resulta casi plana (y a veces hasta en bajada), para el ojo humano acostumbrando a lo pequeño y a lo inmediato.
Esta espiral que se nos muestra como un circulo a punto de cerrarse, en realidad nos debe recordar que aún no controlamos a nuestros políticos, y por ende, eso implica que ellos nos controlan a nosotros, en alusión directa al mantenimiento de castas sociales capaces de surgir y controlar al resto de la población, en un ejercicio más de sectarismo y precisamente, de injusticia social.
Por doquier vemos muestra de esta realidad en el mundo político venezolano; los discursos proferidos, insostenibles más allá de la burbuja de realidad donde viven debido al poder que detentan, permiten que lleguen hasta nuestros oídos, afirmaciones inauditas, que sin mucho análisis, son aceptadas por las mayorías, para su propia desgracia. Caso emblemático de esto, y de muy reciente data, nos viene de lo que decía el dirigente Jorge Rodríguez (PSUV), que podríamos catalogar en otro de esos caprichosos giros del irónico destino, como una legítima y muy conveniente para él, percepción de la realidad que es creída por muchos pese a estar bañada de la soberbia más pura y concentrada que época política haya visto en Venezuela:
“Esta es la fiesta de todos. La voz del pueblo es la voz de Dios. Acatamos la voz del pueblo, que es la voz de Dios”, expresó Rodríguez, en una transmisión de VTV.
(Diario Panorama; portal web; Política y Economía, 02:40 PM 05/12/2015)
Resulta que no hay mayor arrogancia que establecer una conexión directa entre Dios y un determinado pueblo, para apoyar una idea o una visión política en particular. Las implicaciones de tal falacia son enormes: Si “La voz del pueblo, es la voz de Dios”, entonces como ello “aplica” en Venezuela, debe “aplicar” también en los demás “pueblos” del planeta Tierra; de esa manera los Judíos tienen razón; igual que los árabes, los Chinos, o moviéndonos en el tiempo, el pueblo de la Alemania nazi, o el pueblo que apoya en la actualidad al movimiento terrorista ISIS. Todos resultan ser la voz de Dios, de acuerdo a la afirmación venida de un profesional de la Psiquiatría como lo es el Sr. Jorge Rodríguez, dirigente del PSUV.
“Así pues, la ligereza en las palabras desdice mucho de quienes las pronuncian”.
El “círculo” deberá cerrarse antes de que estas cosas pasen y den lugar a otras más avanzadas social y nacionalmente en el país.
Mientras, no veo ningún elemento que garantice que sustituir a diputados por otros en las actuales condiciones, y con las presentes concepciones sociales existentes, suponga una mejora neta; cuando más, marginal, y desde algunos ángulos de enfoque, más bien resulta en una “mejora” miserable.
Puntualmente les recuerdo que aunque el CNE demostrara a la prensa y al cuerpo de “acompañamiento” que el proceso de votación y totalización es transparente, no lo es así la manera en que se llegan a conseguir esas votaciones. Allí es donde está toda la trampa, y por cierto, toda la inmoralidad.
Queridos compatriotas, les digo que mientras Venezuela ha perdido la capacidad de activar constituyentes (al menos de la misma manera en que lo hizo para prepararse a solicitar el muy cercano ya en fecha referéndum revocatorio presidencial para el negligente de Maduro), lo cierto es que si interpretamos el sepulcral silencio en relación al tema hasta ahora, también puede leerse que la sociedad ha perdido en esa misma medida la posibilidad de afrontar sus propios errores, y con ello, el abrirse la oportunidad de cambiar y prosperar.
De una vez les digo que las elecciones de este 6 de Diciembre, deben mostrar cuantos “bachaqueros” e interesados en mantener el statu quo, existen en el país; de ello dependerá el triunfo chavista o el comienzo de la salida del escenario político del chavismo como movimiento mesiánico, que necesariamente deberá darle paso a algo más humilde, con mayor cantidad de líderes sociales, y menos “estrellas” políticas nacidas de los errores del fallecido presidente.

La sociedad toda deberá enfrentarse al predicamento de dilucidar si las largas colas, esta vez de votantes y no de bachaqueros, no sean solo esperanzados alineamientos de “marionetas” que van simplemente a elegir lo que los políticos quieren que elijamos.


Tengo fe. Se que no hay mal que dure 100 años; se que aprenderemos a tomar lo bueno de cada época política, y les sacaremos provecho. Sé que estamos llegando al tiempo de la incredulidad, y les digo que ello es bueno. No creer en nada de lo establecido, es el principio del comienzo de creer en algo nuevo. Así es la naturaleza humana. Así es la vida misma.

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy bueno este blog, siempre entro a leer los artículo, podrías hacer una publicación con el procedimiento y la fechas para el referéndum revocatorio