lunes, 15 de abril de 2013

El triunfo del abuso; la ratificación del régimen donde el fin justifica los medios.


Independientemente de por quién se fuera al momento de hacer la elección presidencial, el hecho es inocultable y debo ratificarlo: Con tan poco margen de diferencia entre un bando y otro, solo el uso inmoral y desmedido de los recursos del estado, sin mediar ética o valor bolivariano de por medio, puede ser la explicación para que el gobierno ilegitimo que se había montado sobre la muerte del presidente, retenga el poder, con tan miserable resultado.
Esto es la consecuencia directa del desgarro que la división a lo interno de la nación, logra hacer. Estamos ante un país donde un movimiento político tiene más fuerza que la propia concepción de nación que se pueda tener, y no porque el otro candidato la representase, sino porque justamente, no lo hacía.
Nicolás Maduro sabe en su corazón, que lo van a proclamar presidente sobre la tarima de mentiras construida encima de los restos de la ley, la rectitud y la honradez. Una vez más, las masas que no entienden lo que ocurre, apuestan su vida y destinos a la suposición vaga de aquello que conciben como conveniente para si mismos, y no para sus hijos.
Ahora, el abuso ejecutado,  al que no queremos reconocerle consecuencia alguna, de a poco nos llevará sin desearlo o entenderlo nosotros, a la necesidad dolorosa del sacrificio más áspero, mientras que una vez arrojada la esperanza al lodazal de la política venezolana, solo podremos esperar que quizás, Maduro enmiende y sea capaz de deshacer tras de sí, el fanatismo desmedido que hemos demostrado ser capaces de construir, para nuestra egoísta conveniencia.
El CNE tiene razón en algo: Un uno o dos por ciento de diferencia entre los dos candidatos es una tendencia irreversible, pero no hacia el triunfo del que abusó de todo lo que se podía abusar, sino hacia la carrera mortal que nos hemos dado a la tarea de hacer, contra el muro de la estupidez.

Ahora quiero soñar, e imaginar que Maduro, haciendo una introspección y reconociendo los caminos subterráneos para triunfar que se anduvieron, decida contra todo pronóstico, recapacitar y ofrecer un gobierno de coalición, donde chavismo u oposicionismo no existan, sino venezolanas y venezolanos unidos en un solo objetivo: Recuperar aquello que se quedó perdido en el camino: El sentido de la decencia hecho republica, justa, humana, compasiva, dialogante, amante de los valores, y buscadora de Dios.
Creo que nunca había estado tan cerca de sentir lo que seguramente Simón Bolívar sintió en su lecho de muerte, viendo tras de sí, las oportunidades perdidas no por él, sino por sus amados compatriotas.

Nada se detiene en el camino del tiempo...

jueves, 11 de abril de 2013

Termina la campaña electoral en Venezuela, -otra vez-, y no hay más opción.


Lo bueno de los extremismos y los bandos que se aborrecen entre sí, es que llegado a ese punto en la vida de una nación, no queda más alternativa que tragar grueso, buscar un consenso y construir  una tercera vía, democrática, justa y socialmente equilibrada.
Mientras, los venezolanos debemos prepararnos mentalmente para tiempos duros, propios de los momentos imprudentes que nos hemos permitido vivir: Devaluación, incrementos de precios, y disparo de la electricidad y la gasolina.
Con tantas bondades en esta tierra que llamamos Venezuela, podríamos estar tocando el cielo, pero en vez de eso, tocamos insistentemente las puertas de un purgatorio.
Eso se llama falta de voluntad y miedo al sacrificio justo.

lunes, 8 de abril de 2013

Comprometerse a reconocer resultados de elecciones, no sirve en Venezuela.


Maduro propone redactar documento de respeto de resultados electorales en Venezuela
BBC Mundo.
El presidente encargado de Venezuela y candidato a la presidencia, Nicolás Maduro, le propuso al Consejo Nacional Electoral redactar un documento en el que los candidatos de los comicios del 14 de abril se comprometan a respetar los resultados.
"Yo me comprometo a aceptar los resultados de las elecciones, yo lo que quiero es paz para mi patria y es lo que vamos a tener, paz", dijo Maduro en un acto electoral en el estado Monagas

Sencillamente, firmar un documento así, es aceptar incondicionalmente que el abuso desmedido del gobierno actual en materia de uso de recursos nacionales para promocionar a su candidato y mover personas el día de las elecciones, no implica ninguna injusta e ilegal ventaja en contra del resto de los candidatos.
El gobierno, junto a las gobernaciones y alcaldías allegadas políticamente, así como las instituciones nacionales del estado, están moviendo todos sus recursos en aras del triunfo de Maduro.
Eso no es de gente honesta: Es de gente que buscar retener el poder como sea.
Así cualquiera propone firmar un documento: Con el de la “paz” de saberse, manejando todos los poderes e instituciones, sin ningún tipo de resistencia. Ese es el peor legado de Chávez; el de dejarle el poder amasado a su alrededor, al que tenía más cerca a su lado a la hora de su muerte, y no al que pudiera democrática y popularmente, convencer con pruebas en mano, de las bondades revolucionarias.
El triunfo del Inmaduro, no garantiza ni de lejos que la causa revolucionaria siga el curso rectificado que se esperaría, como tampoco el triunfo de Capriles asegura un camino siquiera cercano al ideal republicano, humano y social que aspiramos. Una encrucijada nacional de la que solo Dios sabe el momento del aprendizaje y la rectificación.
Venezuela no puede seguir tan profundamente dividida, ni dependiendo de actores que alimentan a escondidas, esta división.

domingo, 7 de abril de 2013

Unos días para las elecciones. ¿Quién ganará?


No les puedo decir quién triunfará, pero si quienes perderán: Saldrán perdiendo el honor, la ética profesional, la verdad, lo justo, lo equilibrado. Venezuela en definitiva.
Gane Capriles, o gane Maduro (en orden alfabético), les digo que nuestras debilidades seguirán erigidas como enormes tepuyes, (Para los amigos de otras partes del mundo: El tepuy o tepui es una clase de mesetas especialmente abruptas, con paredes verticales y cimas muy planas (aunque no en todos los casos) características del escudo guayanés, principalmente en la zona de la Gran Sabana venezolana. Wikipedia.), frente a la vista de todos nosotros, pero irreconocibles a veces, -como los mismo tepuyes-, como realidades finitas, aunque parezcan monolíticas y de nunca acabar.
Me gustaría decirles que ganando Capriles (atendiendo a los candidatos igualmente en orden alfabético), las cosas mejorarán y que las cosas buenas del periodo de Chávez, -como las de los anteriores periodos-, serán sabiamente depuradas e integradas con justicia a otras extraordinarias y buenas iniciativas que se desarrollen a corto, mediano y largo plazo; o que ganando Maduro, habrá un cambio de rumbo en la revolución, haciéndose autocritica y humilde frente a todo el colectivo venezolano que quiera levantar la voz para pedir cambios positivos y mejoras en general, con lo cual pudiéramos deslastrarnos del mesianismo y del jalabolismo que tan profundo daño ha hecho a la política en Venezuela, casi siempre en aras de obtener beneficios económicos espectaculares para pocos, y dadivas para los demás.

…Pero debo “bajarme” de esa nube: Capriles no da garantías de esto, puesto que no lo dijo antes ni lo ha dicho de forma tacita en el presente, lo cual le dificulta ahora, estando muerto Chávez, reconocerle logros, por pequeños que fueran, mientras que  Maduro por su parte, pareciera empecinado en mantener la apariencia de ser el mayor jala pelotas de todos, aunque eso imponga expresar ideas estrafalarias como la de ser el “hijo de Chávez”, “nieto de una indígena”, “heredero de todos los indígenas históricos de Venezuela”, aparte de seguidor de Sathya Sai Baba, “apóstol de Chávez”, “metedor” de medios plátanos maduros a la oposición, y claro,  maldecidor de oficio de todo aquel que no vote por él.
Del resto de los candidatos, quienes no tiene tras de sí el “gancho” de la verdad para ir captado entusiastas, -al tiempo que tratan de navegar inútilmente en aguas imposibles de surcar en un sistema electoral de una sola vuelta-, no hay mucho que hablar en este momento y en estas elecciones. Como dice mi madre: “No voy a gastar pólvora en zamuros”.
Así las cosas, me temo que estamos ante una situación donde unas elecciones innecesarias, (si Chávez hubiera sido sincero y honesto consigo mismo y con el país en su momento, allá en el 2012 y hubiese desistido de esa fijación por el poder y por lo cual se lanzó a un tercer periodo), junto con un gobierno autonombrado a partir del 10 de enero 2013, con un candidato que el mismo presidente se vio obligado a seleccionar a dedo, (y no por consenso revolucionario y popular), unido a un aparato estatal incapaz de articular con sinceridad a la constitución de la republica, al momento de hacer cumplir los procedimientos de rigor, luego de fallecido el candidato nunca juramentado, sirven de marco para una etapa de la que el país  obtendrá lecciones que aún no infiere ni sospecha.

No es el mensaje; es la maquinaria.
Una de las lecciones más estremecedoras que el gobierno ha dado, desde el segundo referéndum revocatorio en el 2007, es la de que más que el mensaje, más que el contenido de una visión política o estratégica de nación, lo que cuenta en realidad es la maquinaria partidista y estatal para obligar a que los resultados electorales, sean convenientes para quienes detentan el poder político, administrativo  y económico, -petrolero e impositivo-, del país. Para quienes no viven en Venezuela, se los digo, -a riesgo de decir la sexta verdad peligrosa-: Aquí las elecciones se ganan mediante el abuso y el descaro del gobierno de turno, (que mediante resultado del último e ilegal referéndum del 2007 del que hablábamos, puede ser el gobierno de “para siempre”). En otras palabras: En este país, un régimen puede pasar por gobierno “legítimo y honesto”, si el poder ejecutivo, el electoral y el judicial, están de acuerdo, por la conveniencia que sea. Sea chavista u opositor.

Situación muy delicada.
Esta afirmación quizás pueda ser desechada, solo si para el 14 de Abril del 2013, los autonombrados como gobierno de turno, pierden. Sólo así podré decir, que hay esperanza de un cambio, -de una reflexión democrática-, a corto plazo. No hay gobierno humano infalible; por ello la necesidad del fracaso y la introspección, a través de la rotación equilibrada y justa de oportunidades democráticas, como herramientas para la revisión y la mejora, de cara a renovar una propuesta y una estrategia, siempre que estando enmarcada en la constitucionalidad legal de una nación justa y clara de su destino, pueda tener oportunidad de retomar la administración pública, para mejorarla durante el periodo que le corresponda. Eso se llama, madurez política y claridad de nación.

Cuando no es la maquinaria, es el interés que no va más allá del plato de comida de la semana.
Pero cuando ni la madurez ni la claridad prevalecen, ni son el común denominador de un colectivo llamado a ser ciudadanía de un país, las cosas comienzan a tergiversarse, y a marchar por senderos que tienden a girar en círculos, en desiertos de subdesarrollo.
Uno de los mayores éxitos del gobierno que concluyó el 9 de enero del 2013, fue el de supeditar la lealtad de muchos, a pocas y bien definidas ayudas sociales, con una intención táctica o estratégica que dejo a cada quien, determinar. Una especie de “…No te suelto para evitar que te ahogues, pero tampoco te saco del agua”, que solo fue posible, en la Venezuela  resultante de 21 años continuos de crisis económica y social: De 1977 a 1998. El resto, solo ha sido la expresión directa de la consecuencia de aquel tiempo deformado y magnificado por medio de la miopía política de pocos, y la ignorancia de una identidad nacional necesitada de ejercicio, de muchos.

Millones de venezolanos y extranjeros, son hoy clientes de un par de decenas de misiones sociales, todas ellas diseñadas para mantener una especie de “statu quo” nacional, donde la sensación de justicia por fin alcanzada, y por muy limitada que sea, se mezcla con la costumbre de subsistir en el lodazal resultante de tanta ignorancia ante lo que debe ser nuestro, pero con orden, y nunca sin sacrificio o esfuerzo.

Lo que Chávez trató, -sin éxito o sin mancha- de hacer, era solo una parte de lo que muchos soñábamos en ese mismo tiempo que debía hacerse, pero corrimos con el destino de tener que exponernos de una vez por todas, (al dejarle esta tarea a un solo hombre), al conjunto de todas nuestras miserias, y a las consecuencias de todas ellas, a la vez.
Ahora, los pasos inmediatos que eso suponga para nuestra vida republicana marchita y pisoteada, solo se dejan entrever a ratos, cuando el polvo que nuestros tropiezos levantan, se aquieta por momentos, no siendo percibidos, sin embargo, por la mayoría, -enceguecida al presente-, por el agite de valores externos y no naturales a los nuestros.
El andar valientemente por la calle del medio, después de una venezolanidad recuperada, aún aguarda ante nosotros, aunque ignoro a qué distancia, o a cuántas penurias.

Por razones que no entiendo, Nicolás Maduro pareciera estar ganando la competencia de quién es el más Barrabas. No sé si ello supone que el premio de esa competencia, es la silla presidencial de Venezuela. En poco tiempo lo sabremos, a la vez que descubriremos qué tanto hemos entendido nuestra precaria situación.

Una cosa les aseguro: Poderosos intereses extranjeros aguardan por los resultados. Sean cuales sean estos, y pareciera que esos intereses, pesaran más que los nuestros.

Aún no sabemos qué es ser venezolanos, y tenemos miedo de descubrirlo por el trabajo y esfuerzo que ello implica. Si perdemos el temor, y determinamos que nuestra meta de acción final es Venezuela y nuestra prosperidad, hasta una frase del mismísimo Hugo Chávez puede destacarse en este camino, ya tergiversado al presente por los que pretenden usurpar su legado: “Irreverencia en la discusión; lealtad en la acción”.

Dios nos guiará si lo pedimos, de la misma manera en que nos protege de la maldición arrojada por Maduro.

Recuerden:
“Lo cortés, no quita lo valiente.” (Refrán popular)
“El arte de vencer se aprende en las derrotas.” (Simón Bolívar)
“Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad.” (Simón Bolívar)

lunes, 1 de abril de 2013

Apoyos del foro de Sao Paulo en tiempos de elecciones: Cuando el amor y el interés salieron a pasear.


EL UNIVERSAL, Lunes 1 de abril de 2013  08:30 PM
Caracas.- “El presidente encargado, Nicolás Maduro, asistió al Museo Histórico Militar, ubicado en la parroquia 23 de Enero de Caracas, para sostener una reunión con el Comité Ejecutivo del Foro de Sao Paulo. La organización manifestó su apoyo a la candidatura de Maduro para las elecciones presidenciales del 14 de abril.”
¿En qué quedamos entonces?; ¿Cómo se le llama a la emisión de opiniones por parte de entes extranjeros, en apoyo a uno o a otro candidato presidencial en Venezuela?
Para mí eso no tiene otro nombre que injerencia en asuntos internos nacionales.

Tanto los mercados totalmente abiertos, inhumanos y sin control, -como algunos desearían para nuestro país, en aras de una hipotética recuperación de la economía-, como los escenarios de controles asfixiantes e incompetentes, -con “convenientes” cuellos de botellas controlados por pocos-, y aspirados siempre por las mentes calenturientas de muchos que se llaman a sí mismos revolucionarios, constituyen en realidad, solo las dos caras de la misma llave que al final de cuentas, abre la puerta a la intromisión desmedida, en los términos políticos y económicos, llegando a veces hasta los íntimos hilos sociales de la nación (caso de la inmigración incontrolada y no monitoreada de millones de amigos venidos de otras tierras allende a la nuestra).
Tengo que decir que independientemente del barrabás que gane las elecciones presidenciales venideras, aún hay tiempo para enmendar y cerrar definitivamente esa puerta por la cual se escapa nuestra identidad, nuestra conciencia de venezolanos. Una tercera opción, -una que vaya por el medio de la calle-, y que aproveche lo aprendido en todas estas décadas, siendo capaz de liberarse, -sin ofender a las partes ahora en pugna-, de los lastres que tanto error ha puesto sobre nuestros hombros nacionales, deberá surgir eventualmente, y ello, sin embargo, no se logrará con elecciones auspiciadas por gobiernos inconsistentes juridicamente y candidatos que como gallos, son echados a pelear salvajemente, mientras ocultos apostadores internacionales, se restean por el animal que mayores ganancias ofrezca al final de la pelea.

...y para completar, al final de cuentas, ninguno de los candidatos logra "picotear" el verdadero fruto podrido que de a poco, daña la cosecha completa.

sábado, 23 de marzo de 2013

Un país sin presidente verdadero, y 5 verdades peligrosas de decir.


Quisiera afirmar que las cosas están bien, pero saben que mentiría si lo hiciera.
Que los eventos vayan por donde más nos convienen para finalmente lograr que las mayorías comprendan la realidad y la manera de mejorar, es otro asunto, y otra historia que parece por ahora, difícil de explicar. Sencillamente una parte importante de la población que vive en Venezuela, (fíjense que no digo venezolana…), no es aún capaz de entender lo que ocurre, a la luz de las últimas décadas vividas; no es desprecio ni soberbia; es la necesaria sinceridad con la que hay que trabajar estas cosas primero, si deseamos hacer un cambio real; es justamente la sinceridad que quienes han gobernado no han querido tener, por razones estratégicas y electorales a su conveniencia. Por eso un político nunca nos dirá que el sacrificio es necesario ante los errores cometidos; por eso un político no nos dirá que aceptar nuestra condición, -como lo debe hacer un alcohólico-, es necesario para poder corregir el rumbo; por eso es que un político no nos dice la verdad que por omisión le facilita a él y a su entorno, aprovechar las “bondades” económicas y de estatus, de tan altos cargos. Un luchador social, si lo diría.
Mientras todo esto ocurre y se calla, el país, -por las malas-, se convenció del fallecimiento del presidente, sin que exista un acta de defunción real y creíble de por medio, con una descripción rigurosa y verificable de las causas del deceso, y la fecha de la misma; no hay manera de creerle a quienes dicen que murió ese día, y a esa hora. Estoy convencido que con los años, (dada la cantidad de personas involucradas, los documentos secretos existentes y lo poco dado que es el latinoamericano a guardar secretos), se mostrarán las mentiras y cosas ocultas que hoy revolotean sobre nuestras cabezas defecando alegremente.

Al día de hoy, la principal alarma que suena en el país es la del gobierno interino impuesto en medio de una conveniente confusión jurídica, más que por la constitución clara y llana en sus indicaciones. Los herederos políticos de Chávez, decidieron asumir también como herencia, el poder que solo debe venir a través de un gobierno electo en un proceso comicial presidencial.
Con la arrogancia del ignorante que fue sorprendido con una herencia millonaria inesperada de un pariente lejano, los ahora autodenominados como gobierno encargado, se jactan de glorias prestadas, y del dinero que es de la nación toda, para pretender arrollar en unas elecciones totalmente llenas de dudas, más que de verdades. En el otro lado (de este escenario que hemos dicho, no debería tener lados, sino un solo ambiente central y equilibrado), Capriles se enfrenta al reto, no de ganar unas elecciones, sino  primero de conseguir dentro de sí, al líder que logre parecerse más a un luchador social, que a un político. Reto nada fácil para Barrabás Jr, y sin destino cierto.
Del candidato inmaduro oficialista, erigido sobre una constitución ultrajada, no espero más que el posible momento en que el pueblo, en “soberana asamblea popular”, y al calor de la imprudencia, como lo fue en tiempos de Jesús, lo nombren como el sucesor legitimo y ungido del Barrabás ya fallecido, víctima real del momento político que le toco vivir, más que victimario de una felonía hacia todos y todo.

En el hilar de este tejido nacional que de a poco sigue creciendo, cinco hilos corrompidos se están encajando profundamente en el telar, dañando lo que debería ser una tela fuerte y limpia, y quiero nombrarlos, aún a riesgo de muchas cosas, para por lo menos, no verlos atravesando mi conciencia con pérfidos hilos que pretenden coser hasta mis labios y mis manos.
VERDAD NUMERO UNO: Más que el cáncer desarrollado con los años, a Chávez lo que lo mata finalmente es su decisión de retener el poder nuevamente, basándose para ello en la modificación irregular de una constitución que el mismo alababa como perfecta e “innecesaria de modificar por lo menos durante 200 años”, más de 10 años atrás. Los lamentables eventos relacionados a la salud del presidente, los precipitan igualmente a su desenlace final, la decisión de cada venezolano al secundar con su voto, la reelección indefinida solicitada con insistencia, -sin importar derrotas, mandatos y dineros invertidos en referéndums-, por el mismo Chávez. Sus 14 años de gobierno no fueron ni siquiera suficientes para conseguir a algunos que continuaran la revolución por la vía del consenso y de elecciones inobjetables, fundamentadas en argumentos debatidos y puestos a prueba. Fueron necesarias las mentiras sin sonrojo de su parte y de los que le rodeaban acerca de su salud, para buscar un tercer periodo presidencial. Un sin sentido se levantó frente a todos nosotros, sin que ello de señas aún de querer ceder en sus propósitos ya históricamente inútiles.
Ahora resulta obvio que por lo menos  la mitad de las declaraciones de Maduro y de su entorno ministerial sin base legal, (como aquella diciendo que había hablado hasta 5 horas seguidas con el presidente, o que firmaba con fuerza y precisión usando su “rabo e´cochino”, cuanto documento le ponían en frente), deben ser falsas o cuando menos, inmoralmente exageradas.

VERDAD NUMERO DOS: El presidente de la asamblea nacional debió asumir la presidencia de la republica desde el 10 de enero del presente año  a falta del candidato ganador, y ello debía ocurrir hasta tanto se realizaran las elecciones presidenciales, una vez declarada la ausencia absoluta del candidato elegido y nunca juramentado (Hugo Chávez). Todo lo demás ha sido desde ese momento, irregular y sin precedentes legítimos que puedan calmar conciencias o soportar decisiones, decretos, resoluciones o pactos firmados. Maduro, los jueces involucrados y hasta el mismo Diosdado Cabello, como presidente activo y elegido de la asamblea nacional, son cómplices de una situación totalmente anormal y repudiable hoy y siempre. No hay justificación para dos meses sin fe de vida del presidente electo; no hay justificación para tantos días sin gobierno y presidente, condición que se erigió permanente desde los mismos días posteriores a las elecciones presidenciales.

VERDAD NUMERO TRES: La pretendida deificación del fallecido presidente, colocándolo sin reparo alguno a la altura del mismísimo Jesucristo, mientras que su círculo colaborador más cercano (el mismo responsable de los fracasos a la hora de implementar y seguir todas las propuestas del presidente), autodenominándose como los “apóstoles” (“Iscariotes” seguramente), de Chávez, lo exaltan como el único, -aún estando muerto-, capaz de llevar a la revolución a buen término (mientras que “convenientemente” ellos se mantienen en el poder), no hacen más que reforzar la idea de que, ido el presidente, la nitidez de los propósitos inmediatos revolucionarios, han comenzado a perderse de la mano de los altos jerarcas que nunca entendieron a la verdadera revolución planteada, y con ello, emerge el cuestionamiento acerca de la idoneidad de los erigidos como gobierno sin legitimidad clara, pese a la unción de Maduro por parte de Chávez en diciembre, (no como presidente encargado, sino como candidato a unas elecciones presidenciales, en caso de su ausencia permanente; léase correctamente). De a poco, y también de la mano del mismo Maduro y de los ministros no designados por nadie, al pretender elevar al presidente fallecido a las alturas del Chimborazo, codo a codo con Bolívar, no hacen más que  banalizar su discurso, -tal como a su vez hizo el gobierno con el del mismo Libertador, (salvando claro, las enormes distancias y abismos entre Chávez y Bolívar en lo que a las intenciones de Maduro respecta), haciéndolo útil para detentar, “en nombre de todos y todas”, y “por el bien del pueblo”, (anónimo y mansamente guiado, útil para lo que convenga a los que detenta el verdadero poder político y económico), mientras terminan de fragmentar a la sociedad venezolana, totalmente desorientada de su propia identidad nacional, en medio de un país que perdió su rumbo, sin siquiera sospecharlo.
Nicolás Maduro, en su posición de presidente encargado sin asidero constitucional, desprecia con sus superficiales, arrogantes e irreverentes declaraciones, (quizás motivado a sus creencias hinduistas no cristianas, asociadas a gurús, y en todo caso, totalmente respetables para quien esto escribe), la santidad de Jesucristo, y el profundo significado divino de éste, al colocarle a su diestra, “como un Cristo más”, a un hombre del que desconocemos siquiera, si en su lecho de muerte, se arrepintió de sus pecados: Hugo Chávez.
Igual existe un abismo entre lo que dice Maduro, y su pretensión de igualar a Chávez con Bolívar: Este último jamás pretendió revestirse en poder, ni buscó cambiar ley alguna para retenerlo indefinidamente con el fin de imponer su interpretación del mundo por el liberado. Nunca tuvo tantos recursos como el primero, y aún así, no se murió sin dejar tan pocos resultados concretos como este, pese a durar el periodo de independencia, lo mismo que los dos gobiernos nacionales del hoy fallecido Chávez.

VERDAD NUMERO CUATRO: El estado ha sido incapaz de administrar lo jurídico y lo económico con transparencia y con una estrategia clara y solida de desarrollo nacional, pese a los ingresos petroleros y fiscales ya inmedibles de estos 14 años, al tiempo que se denotó como profundamente negligente para diligenciar a un sector productivo, privado y público,  que estuvieran ajustados a las leyes laborales y la distribución justa de riquezas y ganancias, con lo cual en vez de estimular la iniciativa e inventiva privada y pública técnico-industrial y productiva, más bien la acorraló y asfixió. La beca y la ayuda económica cruda, sin propuestas y metas a corto y mediano plazo, transfiguraron las políticas de incentivos, en meras copias sin sentidos de aquella tarjeta “mi Negra”, (ofrecida por Manuel Rosales durante la campaña presidencial antepasada) como manera de hacerle llegar directamente a la población, la ganancias del petróleo, en una clara acción populista distorsionadora de la concepción de nación trabajadora, estudiosa y capaz de afrontar retos y sacrificios que debíamos ser.
Fronteras desdibujadas en medio de reclamos territoriales olvidados, invasiones y expropiaciones llevando la bandera de Venezuela como si de conquistas legitimas se tratara; deudas externas innecesarias, traslado de las dependencias de unas naciones extranjeras hacia otras, identidad nacional hecha añicos a favor de la integración latinoamericana a su imagen y semejanza, así como pobreza fronteriza convertida en contrabando desmedido como vía de enriquecimiento, entre muchas otras cosas nefastas, cuelgan del pecho de Chávez, como cuentas en su rosario rojo y sectario.
El presidente se concentró en trasladarnos de una dependencia yanqui, a una dependencia más domestica (aludiendo a Latinoamérica), pero al fin de cuentas, igualmente dependiente y corrosiva para nuestra identidad y soberanía.

VERDAD NÚMERO CINCO: Más que eliminar la miseria extrema, se subsidió la pobreza en general. Como quien cuelga sobre un caldero hirviente, el gobierno cayó en la trampa de justificarse a través de números y estadísticas macro, festejando la baja de unos puntos en la pobreza extrema, mientras que finalmente, la más miserable de todas las pobrezas, -la que nos ahoga a todos en medio de injusticias, inflaciones continuas, impuestos como el IVA, devaluaciones sistemáticas y regulares, desempleo real, servicios públicos y gasolinas estancadas en sus precios desde hace más de dos lustros y que en algún momento estallarán en nuestras narices con aumentos muy fuertes, así como niveles de inseguridad y asesinatos galopantes-, nos ahogan a todos por igual, en la única cosa que se distribuye equitativamente entre todos los que no somos millonarios, políticos o traficantes: La miseria.
En beneficio de una visión política muy particular de las cosas (rehacer a la sociedad venezolana de acuerdo a un modelo de desarrollo humano basado en un socialismo internacional, sin soberanía real frente a los supuestos aliados que nos ayudan, en un “necesario plazo de tiempo cercano a los 20 o 30 años), se ha institucionalizado la dadiva continua frente a los problemas sociales, mientras que los orígenes de tales problemas (y de esas miserias que nos afectan), son premeditadamente dejados a un lado, en aras de algunos objetivos primarios de control social por parte del aparato gubernamental.
Valores fundamentales como la ética, el honor, la venezolanidad, la patria como hogar colectivo, la justicia social inspirada en las leyes de Dios o la ayuda al más necesitado, (para que no necesite mas), son meras retoricas que nunca terminan de materializarse como ejes fundamentales sobre los cuales construir los cuatro pilares esenciales de la familia y la sociedad: Educación, Trabajo, Salud y Justicia.

Tener héroes es bueno; tener ídolos, es malo. No hay de otra. La vía es la del consenso, la de la constitucionalidad, la de la libertad de expresión y pensamiento, mientras que estos no atenten contra la venezolanidad constitucionalmente descrita. El llamado a la unidad no puede ser un exhorto; la unidad debe ser consecuencia del entendimiento de lo que nos fortalece, y de lo que nos debilita.
Ser venezolanos, viviendo en Venezuela, no es un “soplar y hacer botellas”; es un trabajo monumental, que seguramente construirá héroes y líderes comunitarios que descubrirán el verdadero poder popular de los uno, (es decir, cada ciudadano en esta tierra venezolana), siendo como “uno” al unísono, en lo que se refiera a las cruciales decisiones que crean y construyen, o dividen y destruyen.

Elijamos pues, entre dejar atrás el subdesarrollo de las conciencias, o revolcarnos como cerdos en el fango que los que detentan el poder, dejan tras de sí al pisotear y vomitar la tierra venezolana con sus excesos y ambiciones.

domingo, 17 de marzo de 2013

Humo negro sobre Venezuela

Como en su momento ocurrió en el vaticano, el humo negro parece que ha aparecido sobre nosotros, para avisar que no habrá (por ahora…), liderazgo alguno, oficialista u opositor, capaz de enrumbar las cosas por donde aspiramos todos los que por la calle de la venezolanidad y la venezolanización caminamos, esperanzados en ver un redireccionamiento en el rumbo de Venezuela, que nos aleje definitivamente de la falta de visión oposicionista, o de la arrogancia de aquellos que siendo oficialistas, juegan a la estrategia de crear enemigos para justificar sus acomodadas posiciones de poder . 

Contrariamente a lo que muchos piensan, como el humo negro que para los católicos parecía no acabar durante la espera por la elección de un nuevo papa, el luto nacional no termina con el entierro o la exhibición del cuerpo de Chávez, según decidan que sea más conveniente para los altos jerarcas en el gobierno. Nuestro verdadero “luto” nacional terminará cuando el luto de cada hogar, víctima de la criminalidad y la falta de valores nacionales, pese en el colectivo que somos, y muy particularmente, en el Estado y quienes se encuentren ejerciendo el poder. Solo entonces podremos levantarlo. No sin mirar atrás y pensar en los caídos innecesariamente en un combate no comprendido, en una guerra no declarada, contra nuestra propia ceguera como país.

El panorama venezolano luce más desolador que nunca, pues la hora de las imprecisiones y las dudas se acerca galopante. El vacío de liderazgo real (no de aquel liderazgo partidista, o caudillista, o tan siquiera elegido en primarias más parecidas a inocentadas de muchacho que otra cosa), se hará patente y duro con el pasar del tiempo; la revisión de las creencias atesoradas como infalibles hasta hace poco, de parte y parte, darán paso a dudas razonables. Ante lo que se avecina como un reto al colectivo nacional que deberá fundarse de a poco, se levantará la realidad de que por un lado, la oposición no puede pretender crear un líder, sea mediante primarias o concesos y negociaciones, -sujetas a los caprichos de los hilos ocultos de poder entre sus filas-, pues este debe insurgir como la lava de un volcán en erupción, capaz de aglutinar sobre sí los esfuerzos coordinadores naturales para alcanzar el poder, sin pretender ser él mismo el poder, y por el otro, que el presidente Chávez, pese a sus indiscutibles aciertos y humanas formas de acercarse a los problemas individuales, colectivos y nacionales, -pero siempre salpicado por garrafales errores administrativos y conceptuales-, no fue en definitiva, Jesús el Cristo, ni el redentor de los pobres (como si lo fue de facto, Jesús), mientras que sus fichas claves en el alto gobierno, -estando él en vida-, rotadas entre los diferentes puestos creados, y hasta la saciedad, no llegaron más allá de cumplir el papel de una especie de “Judas Iscariote” en colectivo, -al que le falta aún suicidarse tras su traición-. Ninguno ha sido capaz de tomar las ideas del Chávez que pudo ser, para así sacudirles el polvo cuarto y quinto republicano, y enrumbar con un aire superior y claro, un camino innovador en el país.  No hay manera en que el trabajo de los luchadores sociales  y de los que con esperanza seguían  al hoy fallecido presidente, pueda ser honrado por la sarta de personajes que hoy tomaron del suelo, -más que de su mano-, el testigo de esta carrera de profundidad, que amenaza con dejar ya sin “aire”, a más de un corredor, desprovisto de cualquier estrategia sensata de competencia. En el ínterin, los zorros más viejos y sagaces, de bando y bando, amenazan con su paso lento pero firme detrás de cámaras, con alzarse en sus pretensiones de poder, en la oportunidad en que los visionarios pero aún desprovistos de poder real organizado, no logren ascender la empinada cuesta en esta carrera de fondo.

 
Maduro representa el antónimo de su propio apellido; Capriles sigue hasta el día de hoy, incapaz de mostrar un discurso integrador frente a la realidad del país. Sus salidas en tiempo electorales hacia Colombia, EEUU y otros destinos internacionales, debilitan sus posibilidades de crear una imagen de fuerza nacionalista. Mientras los oposicionistas luchan por defender la internacionalización de la política venezolana al ritmo de Bogotá, Washington o Brasilia, el oficialismo perdió la capacidad de construir en Venezuela, al escoger la revolución latinoamericana como paso previo a la concreción de metas claves a lo interno de nuestras fronteras. El resultado ha sido una nefasta pérdida de oportunidades, al tiempo que las necesarias acciones de justicia social, se convertían en prebendas políticas partidistas, lejanas a cualquier sentido práctico de construcción nacional realmente autosustentable en el tiempo.

Aún son tiempos de agitación y cabezas calientes. Las bravuconadas reditúan mayores dividendos políticos que las palabras congruentes con los equilibrados actos que una política venezolanista y justa, recomendarían.
Tener poder para detentar una posición, sigue siendo en nuestro país, más importante que demostrar con argumentos los valido de una propuesta política.
Pareciera que nadie entiende, que ya no es el tiempo de sustituir una posición política por otra: Es tiempo de crear una nueva.


jueves, 7 de marzo de 2013

¿Por qué embalsamar un cuerpo ahora sin vida?


Es la pregunta que en el momento de las cabezas calientes y los corazones agitados, deseo hacerles a los venezolanos.  Adicionalmente tengo estas: ¿Lo que haya hecho, bueno o malo, el Sr. Presidente Hugo Chávez, queda guardado en su cuerpo ya muerto?; ¿Necesita la revolución planteada por él, usar de soporte, -de muleta-, a su cuerpo seco y sin vida?, o ¿será que sus sucesores políticos, lejos de su altura de pensamiento y visión, necesitan convenientemente la “presencia” del comandante para enfrentar con alguna ventaja las próximas elecciones presidenciales?...
¿Será que pretenden que sea el cadáver de Chávez el que gane las elecciones?
¿Será este el país donde un muerto, -biológicamente hablando-, sea “capaz” de ganar unas elecciones?
¿Haremos historia en Venezuela y el mundo?
¿O será todo solo un mal rato del erigido en el aire como presidente encargado?
Con semejante intención política de parte de los atrileros ahora devenidos en mandatarios y líderes políticos de máximo perfil, le estarán quitando a Hugo Chávez hasta la posibilidad de “revolcarse en su tumba”, ante las injusticias que seguramente en su nombre, pretenderán, y lograrán hacer, sus autodenominados herederos políticos, mientras que los verdaderos luchadores sociales, aquellos que veían en la política revolucionaria el medio de negociar con ética y valores, serán de a poco pero sistemáticamente, apartados y reducidos. La institucionalización de la adoración hacia un cuerpo seco  sin vida, terminará predominando sobre el pensamiento de Hugo Chávez en lo que parpadeen, mientras esa sea vía práctica y fácil para mantener y ampliar cuotas de poder político y económico.
El presidente no merece semejante destino material; su obra no merece eso.
Es un error en términos divinos, y en términos espirituales.
Es una prueba inocultable, de que la inercia sigue mandando en este país, alejado totalmente de su sentido como nación republicana, heredero de Bolívar, y no de quien acaba de morir. Solo la madurez que la sabiduría da a través de los años, permitirá dimensionar su verdadero aporte. Esto no puede hacerse al calor de los eventos recientes, ni usando como voceros a quienes se benefician directamente de sus puestos con acceso directo al poder.
Estoy seguro que ni Dios en las alturas, ni el mismo Sathya Sai Baba, en la terrenal India hace unos años, cuando aún vivía, -y del que se dice que Nicolás Maduro era seguidor-, aprobarían semejante aberración. No se puede adorar ni admirar un cadáver. Que asiáticos o rusos lo hagan con sus personajes históricos es su problema; no tenía por qué ser nuestro ese error.
Entiendo que de dejar su cuerpo enterrado en la sabana, como quizás hubiese deseado el presidente, sus huesos serian, al estar sin protección, robados por cualquier santero o brujo, buscando alentar supuestas fuerzas sobrenaturales; sin embargo, eso no es excusa para desplazar la acción al otro extremo, lejos del sentido venezolano de las cosas, y ungir a Chávez, cual becerro de oro, como el Dios que nos sacará del desierto.

Eso, no es tarea de un solo hombre, no importa cuántos barrabases elijamos, a falta de un mesías.
Aún hay tiempo para honrarlo, -en lo que corresponda, y más allá de los puntuales y graves errores-, …de la manera correcta.

¿Un país moviéndose por inercia?


¿Y fue suficiente un solo hombre  para empujar a una nación toda?
Eso definitivamente no sucedería en tiempos de repúblicas  en tiempos de consensos de justicia…
Pero hoy, con la  partida física del presidente  dejando tras de sí más dudas que certezas en torno a sus últimos dos meses de existencia, nos encontramos con la extraña sensación de haber casi que perdido a un pariente, al que en sus últimos días de convalecencia y vida, una autoridad torpe,           -quizás más preocupada de su supervivencia política y económica que de otra cosa- nos impidió compartir sus últimos días de existencia con la familiaridad a la que nos tenía acostumbrados; al final, se fue solo, víctima de sus propios errores, y sin la oportunidad de poder haber visto consagrada su revolución, lo que resultaría imposible a la larga de todas maneras, dado el protagonismo que su figura reservó finalmente para casi cualquier cosa que ocurriera en el país, siendo el mismo némesis de su  sueño revolucionario.

Por cosas del destino, no habrá un Chávez llamado a vivir el rechinar de dientes necesario para enmendar los errores; por lo menos, no aquí en la tierra. La titánica tarea de volvernos hacia nosotros mismos para recapacitar, recae en los que hoy se abalanzan con cariño a un peregrinar tras su líder fallecido, mientras que el resto cavila sobre sus propias carencias afectivas, y sobre la imposibilidad de tener un líder indiscutible a quien seguir.

Con la partida de un hombre que pasará a la historia de Venezuela en todos los sentidos posibles, aguardando quizás su descanso final  en el panteón nacional, (lo cual sentenciaría nuestra incapacidad para saber esperar y actuar), poco a poco nos iremos despabilando, y reparando con ello en los movimientos políticos y económicos que tras el velo del luto, se nos hacen al presente, difíciles de ver. Los que hoy detentan el poder con el desparpajo que permiten los laxos poderes nacionales, continuarán amoldando lo que sea necesario amoldar, siempre bajo el pretexto de defender al pueblo, mientras la burguesía desarrollada a la sombra de Chávez, como el hongo pestilente que necesita de la oscuridad, termina sacando los mejores “dividendos” de tanto amor por la gente…

El país está secuestrado por su propia soberbia y su capacidad para ignorar todo pacto de ley creado.

Dicen por donde yo nací, que lo cortés no quita lo valiente. Por eso mis respetos y condolencias para quienes amando a Hugo Chávez, amaron la esperanza de crecer, aunque desconocieran cómo.
Pese a todo, sigue siendo el politico que más cerca ha estado de señalar hacia el camino correcto.
Mi saludo a un hombre que pudo hacer mucho, pero estuvo limitado por las circunstancias y las concepciones de su propia vida. Cumpliste tu ciclo.
Ahora esperaremos por los nuevos protagonistas; los nuevos villanos y las nuevas esperanzas, confundidos todos entre viejos y nuevos barrabases, escogidos una vez más, al calor de las pasiones de las masas soberanas.
Definitivamente, si los seguidores y detractores de Chávez mostraran la misma pasión de la que hacen gala a diario, pero no hacia un hombre, sino hacia  Dios, ¡Qué grande sería esta nación, retumbado seguramente con su nombre entre todas las demás naciones!
Cuando las masas lloran, es peligroso acercarse a ellas con la verdad en la mano. Habrá que esperar, hasta que el tiempo de hacer llegue, y se les pueda decir  que quizás, la era de los grandes líderes llegó a su fin, y que el desierto que antecede a la conciencia del colectivo ciudadano, aguarda por todos, y no por pocos, para cincelar en la gran pieza de granito nacional, a la república humana y de justicia social que anhelamos todos.

jueves, 14 de febrero de 2013

La naturaleza aborrece el vacío.

...Mientras, el país se comporta como un huérfano,   tratando de entender su puesto en el mundo y hasta su propio significado...

Una bandera hecha gorra; una gorra que como la bandera, da para todo, como si de una prostituta que por costumbre más que por necesidad, trabajara en el viejo y siempre buscado oficio.

Cuesta conseguir las palabras adecuadas para describir el ruinoso estado de las cosas y de las actitudes en Venezuela, mientras que los barrabas de la política contemporánea, dan sin saberlo, sus últimos pasos.

Como las antípodas del viejo y querido mesías,  los protagonistas de esta historia trágica nacional llegaron no para unir, sino para sembrar la división; el gran choque contra la pared de la ironía  es anunciado con trompetas rojas tocadas sobre mesas de unidad, mientras los atrileros, antes a la sombra, ahora juegan a ser los actores principales.

Triste contradicción que enceguece a los que estaban llamados a ver, y da voz a los que debieron callar...

Voces vacías, que critican por ver que el país se cae a pedazos, mientras que nadie alza la voz para exclamar que todos somos culpables. Bolívar, el grande, el mancillado por quienes siempre detentan el poder, decía: "Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad publica: la ignorancia y la debilidad".

El tiempo más difícil se va aproximando inexorablemente: el tiempo de reconocer y decidir. El que y el por qué, quedan como preguntas para vuestros corazones.

No permitan que los errores pasen en vano, ante una supuesta incapacidad manifiesta para sacar una lección de vida.

El resto de nuestra vida republicana está esperando por todos, a la vuelta de la esquina de la razón.


martes, 8 de enero de 2013

No es que el chavismo o la oposición le tengan miedo a Diosdado.


Toda esta pelea estéril se veía venir, y muchos parecieran no ver las posibles razones para lo que está pasando, apartando el hecho muy puntual de que la constitución no es clara en este asunto de presidentes reelegidos por tercera vez y hasta el infinito, porque semejante payasada, -atizada por quien ya estaba en el poder por segunda vez-, nunca fue considerada durante la constituyente.
sin duda que debe haber una lucha de poderes e intereses a lo interno del oficialismo; ellos, -los más encumbrados-, conocen la verdadera situación del presidente, y se manejan con un sigilo y una apariencia casi que traidora, mientras que se resisten a declarar la falta temporal de Hugo Chávez, para no verse con ello en la obligación de nombrar a Diosdado como presidente temporal, y mostrar con ese acto, -por primera vez en 14 años-, que se pude vivir sin Chávez de presidente. Ese mensaje directo aunque quizás silencioso, es mortal para ciertos intereses arropados a los pies del comandante, y es lo último que desean evidenciar.

Parece que lo más correcto y apegado al espíritu constitucional, es justo que asuma el presidente de la Asamblea Nacional, una vez declarada la ausencia temporal del presidente elegido. Cuando este se recupere, seria juramentado.

Mientras, hasta el venidero 9 de enero, a las 11:59pm, su gobierno y sus ministros, correspondientes al periodo 2006-2012, tienen validez constitucional.

Si somos serios, con algún atisbo de republicanismo aún en el corazón nacional, esa será la senda a tomar. Caso contrario, se inventará lo injustificable, para seguir, por parte de los poderes establecidos y ya en ese momento declaradamente sumisos, jalando y mimando los testículos presidenciales de Hugo Chávez.
Elijan pues, entre jalar y cumplir.

domingo, 6 de enero de 2013

Un nuevo año, y esta vez para repasar lo que no debería postergarse.


Hay que decir lo que todos estamos pensando: Mientras que, (I): los políticos oficialistas dependientes directamente de un Hugo Chávez en el poder como vía segura para mantener y hasta incrementar sus propios tentáculos económicos y sus capacidades de influencia, se vuelven convenientemente “más chavistas que Chávez”, nos encontramos con que, (II): los oposicionistas siguen sin cambiar un ápice en sus ya más que probadas inconvenientes concepciones políticas, -anhelando viejos tiempos más que otra cosa-, y siguen incomprensiblemente aún sin cambiar a sus “dirigentes” mediáticos, pese a ser ellos los artífices de sus derrotas en seguidilla y sin fin, tratando obstinadamente de lanzarse al protagonismo, casi como esperando que las sobras del poder dejadas por los primeros, pudieran servirles a sus pequeños y segundones intereses alimenticios, por lo que nos encontramos, más allá de estos dos bandos visibles, (III): a un país que sigue demostrando su parálisis, como consecuencia directa de la dependencia intelectual y administrativa que ha mantenido durante 14 años de un solo líder, de un solo pensamiento, y de una sola fuente de ideas, no supeditado, -de paso-, en pleno a la constitución y la venezolanidad que se intuye, en ese verdadero colectivo que pensamos, somos todos.
Es en este cuadro donde una irritante, mohosa y torpe oposición, se espanta y gime porque el vicepresidente N. Maduro, ante esas peticiones mediáticas, -que no populares, ni originadas en asambleas de ciudadanos no conformes con la actuación del presidente y su gobierno-, no les dé él  oportunidad para ser protagonistas de algo que no sea el del papel de perdedores de cuanto proceso electoral se haga en el país.
Como si de un mal sueño se tratara entonces, parecieran estar esperando a que les abrieran las puertas de Miraflores y que con un brazo pasado sobre los hombros, les dijeran que todo fue un error, y que ellos, oposicionistas, tenían la razón.
Sigan soñando, mientras que sus seguidores, despiertan.    
Las convenientes y radicales declaraciones de Diosdado Cabello en contra de la oposición, al momento de ratificar su presidencia de la asamblea nacional, parecieran asombrar genuinamente al diputado Julio Borges, como si él no supiera que el mismo ocupa un curul en el mayor cenáculo de víboras que puede haber en Venezuela, y donde la zalamería hacia Chávez es el ya fétido menú de siempre.
Ahora, para completar el escenario de estos días, casi podemos ver con cansancio, como los bandos políticos se desgarran sus vestiduras cuando de la toma de posesión del presidente se trata; un universo político girando tan solo sobre una insulsa fecha, de la que no depende nada, al estar el país sujeto a los designios de una sola tolda política administrando todo el sistema de gobierno en Venezuela, secundado todo ello en apariencia por las recientes elecciones presidenciales y regionales, por lo que siempre habrá justificación para lo que haga falta hacer.
La esencia del alma escrita de la nación, -la constitución-, será irrelevante. Todo lo que tenga sentido ético, prudente y honorable, será irrelevante también.

Matizando todo cuanto ocurre, la aparentemente real enfermedad de Hugo Chávez, (del que nunca hemos visto una foto en su lecho de recuperación, pese a ser una figura pública, y a que esto no disminuye en lo absoluto nuestro deseo por su pronta recuperación…), debe ser lo primero a mencionar en esta reflexión que comparto con todos ustedes, porque creo que lo prudente es en este tiempo, el repasar con calma y cabeza fría, aquello que por lo menos, debe atenderse para comenzar realmente a enmendar lo que nos ha llevado a este atolladero existencia nacional que hemos descrito, y que no nos deja sacar un provecho neto de nada hecho por todos los gobiernos que han existido desde el siglo XX, y que no nos permite tampoco diseñar un futuro donde tal cosa pueda concretarse. Permítanme titularlas, al tiempo que las enumeramos:

1.-“La injusticia presidencial”:
Aunque como decíamos, deseemos su pronta recuperación, no podemos tapar “un sol” de nuestra realidad nacional con el dedo: Cualquier trabajador informal, cualquier empleado público, e incluso, cualquier militar o empleado bajo contratación colectiva, que compartiera la misma condición médica del presidente, desde hace rato habría acabado con la cobertura de su seguro HCM y estaría pasando por su respectivo infernal episodio hospitalario público, con un traslado mediante ambulancia alquilada, para terminar en cualquiera de nuestros centros asistenciales, viendo cómo hacen una colecta, un bingo, o un préstamo desesperado, venden el carro o aceptan injusticias, para seguir con el tratamiento que requerirían y mantener así alguna esperanza de recuperación. Pasar las de Caín seria el menor de los males.
Nuestro Sr presidente no tiene esas preocupaciones, mientras que miles en Venezuela si las tienen, y eso no es justo. Eso debe cambiar. El derecho a la salud es fundamental; tanto como las otras tres “patas” de la “mesa familiar” (Educación, trabajo y seguridad). Es necesario acabar con los privilegios políticos que también crean clases sociales, al momento de medir la capacidad de costear servicios médicos, cosa que tanto daño hace a la mera sensación de justicia en el país. El asunto claro está, no es condenar a Hugo Chávez  a pasar las mismas vicisitudes de cualquier mortal en Venezuela, sino elevar la calidad médico-asistencial en el país, a tal punto que ni el presidente requiriera algún trato especial y discriminatorio al compararlo con los demás, al llevarlo a cualquier parte del mundo, con los gastos que sean necesarios.

2.-“El Gran Reseteo”:
Como si de una computadora se tratase, que requiriera un reinicio ante la corrupción de las subrutinas, hay que empezar el cambio en el país desde varios flancos simultáneos, de manera que podamos cambiar las mentalidades:
I: Hay que partir de cero y elaborar un nuevo registro electoral; renovar todas las autoridades del CNE, mediante concursos y resultados apegados a la ley. Investigar y castigar a los responsables de actos de corrupción en los reiterados procesos de compras de insumos y maquinarias electorales.
II: Se debe implementar una nueva cedula de identidad nacional, al tiempo que se retira del concepto de ciudadanía por nacimiento a aquellos ciudadanos que no puedan demostrar su origen, debido a que en realidad no nacieron el Venezuela, y solo lograron el documento por las debilidades que tal proceso ha exigido hasta el presente, y que permites irregularidades y corruptelas (por ello pasarían a ser nacionalizados y bienvenidos dichos ciudadanos venidos de otras tierras);
III: Hay que plantear un periodo especial de justicia, que permita ponerla al día en 2 años. Un escenario factible es garantizar la vida de los magistrados y su salida del país mediante convenios con otros países para garantizar la integridad de sus familias, previa selección de estos mediante los mecanismos transparentes de la misma ley; sacar a las fuerzas policiales elites de sus residencias en barrios o urbanizaciones que estén desprotegidas, con la misma finalidad que para los magistrados, (la seguridad). No se trata de extremismo en este sentido; es solo el reflejo de la situación que existe ya, y que el mismo Bolívar advertía en su momento: "La impunidad de los delitos hace que éstos se cometan con más frecuencia: al fin llega el caso en que el castigo no basta para reprimirlos".
Las cárceles deberán ser renovadas, y toda estructura de poder interna por parte de los procesados, abolida; se les deberá asignar trabajos que permitan a estos mantener a sus familias.

IV: Detener todo endeudamiento externo que no sea para programas sociales urgentes o básicos, que al momento seamos incapaces de financiar debido a los errores arrastrados hasta el presente, únicamente dentro de un periodo breve de transición hacia la autonomía económica, excluyendo así cualquier programa social que pueda entenderse como dadivoso y políticamente oportunista. La prioridad absoluta debe ser la autosuficiencia, mediante la renta petrolera y los impuestos justos (Ello implica eliminar el IVA, que es el peor de todos,  al afectar por igual a ricos y pobres)

3.- ·El Desmontaje”:
La experiencia de estos años ha demostrado con claridad que se debe unificar en una sola estructura el aparato de servicios públicos, desmontando el paralelismo creado por el actual gobierno entre el llamado poder popular (que no es tal en su cabalidad, pues igualmente toda acción final depende de decisiones políticas de altos niveles, que son administradas luego por entes públicos de menor envergadura, que ven en ello a su vez oportunidad de sacar dividendos políticos, mientras que los llamados consejos comunales, solo son validos si pertenecen a la tolda política del presidente en ejercicio), y los demás poderes y estructuras administrativas constitucionales, (sea nacional, estadal o municipal), que logre con ello atender al ciudadano y a los grupos de estos, de manera íntegra, rápida y honesta; es decir, eliminando la corrupción y la impunidad ante esta.

4.- “El Seguimiento”:
Hay que reimponer el orden establecido en la constitución y las leyes nacionales, y bajar así la impunidad, la sensación de indefensión, y la inseguridad galopante, mediante las mencionadas acciones policiales contundentes que vayan más allá de lo meramente preventivo. Un cambio radical es necesario, mas allá de la buena iniciativa, -pero imperfecta y expuesta a las mismas raíces corruptivas vigentes en el país-, de la Policía Nacional Bolivariana, a fin de librarnos de esa impunidad que corroe y distorsiona todo sentido de justicia. El ciudadano deberá ser educado acerca de sus deberes, y de sus derechos. En pocas palabras: Todos a ponerse derechos.


5.- “La Recuperación Territorial”:
Es hora de reactivar todos los reclamos en proceso por asuntos limítrofes que han quedado congelados en el tiempo, debido a omisiones, negligencias, conveniencias y traiciones a la patria, siguiendo con este plan de recuperación una clara estrategia de establecer las fronteras históricamente comprobables a favor de nuestro país: El Esequibo y el Golfo, en principio.

6.-“Curar el sistema de salud”:
Establecer un verdadero sistema integrado de atención y cura a nivel nacional, gratuito para quienes no tengan, y de un costo módico para quienes posean, libre de trabas burocráticas, injerencias extranjeras innecesarias cuando la hubiere, clientelismo de cualquier naturaleza, y exceso de burocracia, fortaleciendo en el proceso el espíritu del servidor público de la salud; su prestigio, remuneración y respeto como elemento fundamental de la nación.

7.-“La Revenezolanización”:
Reconquistar al país; redescubrir nuestra identidad; reasumir los valores morales y republicanos que nuestros libertadores legaron y que están reflejadas sin necesidad de interpretaciones mayores en la constitución; educar a nuestros niños sobre el significado de nacer y vivir en esta tierra venezolana; reencontrarnos con el amor a Dios y al territorio que nos ha obsequiado para desarrollarnos, para ser libres, para ser hombre y mujeres de bien.

Decidan pues, o posterguen todo esto un año más.

martes, 25 de diciembre de 2012

¡La mejor navidad para todos en el planeta Tierra!

lunes, 24 de diciembre de 2012

Y después de las elecciones, ¿La nada?


Definitivamente, pasaron ya las insípidas elecciones de gobernadores y legisladores estadales, y con ello quedaron a la vista los dos protagonistas verdaderos que protagonizaron, a pesar de no poder ser “vistos”: uno es el presidente de la republica, que definitivamente, por la razón personal o médica que sea, parece que se siente más cómodo y seguro en un hospital de Cuba que en uno de Venezuela, y el otro, fue la abstención que rondó el  46%, sobre aquel total de los que en el vetusto y muy objetable registro electoral, estaban inscritos y aptos para votar.
Sé que en referencia al título de esta entrada, (en términos humanos y físicos), la nada como tal no existe; sin embargo, en lo que se refiere a este concepto en las esferas de nuestra concepción nacional, pareciera que de existir, no hay en Venezuela material suficiente para rellenar ese “vacío” con ideas, honestidad o alternativas consensuadas, lo cual sin dudas amenaza nuestros “espacios” nacionales internos; más aún en la medida en que somos testigos en estos días, de como la derrota electoral de un sector de la nación,  parece que solo favorece al otro, cuando en realidad, acrecienta el daño al país, pues como si de viejos enemigos de territorios distantes se tratase, parecieran estar combatiendo en una tierra de nadie (Venezuela), por lo que esta puede ser ofrecida a los aliados de cada bando, en ofrenda de alianzas, sin remordimientos...
Hemos comentado el cómo la división, y la identificación del adversario político con el enemigo externo que nos quiere dañar, ofrece un “simplificado” escenario desde donde sacar beneficios políticos en la medida en que la percepción de la sociedad se radicaliza en torno a esas ideas simplistas, concibiendo con ello la posibilidad cierta de establecer bandos de apoyo, del mismo tipo de esos en los que con las condiciones y recursos correctos, se desencadenan guerras civiles y sangrientas, en algunas naciones subdesarrolladas.
Exclamaciones actualmente expresadas de parte y parte en los bandos ya conformados (unos ganadores y otros vencidos después de sucesivas y costosas elecciones), como las del vicepresidente Nicolás Maduro, (más propias de un vicepresidente del PSUV que de uno de la nación, a juzgar por sus declaraciones recientes, atacando y despreciando a aquellos elegidos por la gente, distintos del PSUV, clasificándolos como los de la legión del mal), o del también peseuvista Jorge Rodríguez, que sin medir demasiado en el sentido común, afirma sin rubor que: “Unos minutos más y le ganamos en Miranda” (Según el CNE, la diferencia final entre Jaua-Capriles fue de aprox. 47.300 votos), por lo que ante esto, lo que queda es hacer la inevitable pregunta:
¿Tan impresionante es la maquinaria del PSUV, que se traerían por los pelos a último minuto a 50.000 votantes para que sufragaran y así remontar la diferencia con el que finalmente ganó?; ¿Es así como entienden los actuales políticos, que se debe hacer política; a punta de movilización de masas, a modo de “zombis electorales”?; ¿Fue por cierto, esa la misma maquinaría zombi que permitió el triunfo de Chávez en Octubre?
Es posible por cierto, -viendo en retrospectiva como hasta ahora el impacto de las maquinarias  ha sido más que evidente, contundente-, decir que realmente después del 2006, Chávez no ha ganado ninguna elección, sin la asistencia de la maquinaria invasiva y manipuladora de su partido, (como en menor medida, dada la diferencia abismal en la disponibilidad de recursos, se ha dado en cualquier otro partido político en Venezuela , desde donde el mismo PSUV aprendió esas artes), creado exprofeso desde los restos del MVR, a partir del descalabro de éste en el referéndum consultivo del 2007, donde la iniciativa del presidente perdió.
Visto en frío, (Tan frío, que me acusarán de apátrida y escuálido, sin serlo, al tiempo que un oposicionista pudiera frotarse las manos suponiendo erróneamente que apoyo su torpe actuar de oposición), no ha habido más voto conciencia desde entonces en las filas oficialistas capaz de lograr determinar un resultado electoral favorable al presidente, por sí solo.
Todo ha dependido de la maquinaria, y no de la reflexión y la introspección.
Es duro lo que afirmo, pero podemos entender que todo esto es la consecuencia directa del giro que han tomado las cosas hasta el presente, (y no me canso de buscar una manera nueva de describírselos y decírselos), pues por un lado, las filas oficialistas pasan todos sus esfuerzos por el filo de la aceptación de  un único líder, mientras la oposición, que no entiende  que la postura contraria a priori, (de ser la némesis de todo cuanto emerja del gobierno),  no encierra la estrategia que es capaz de superar las limitaciones del chavismo, sumido ya de por si en sus “endógenas” e insalvables limitaciones, propias de toda aquella épica vivida a través de la existencia de un solo hombre, por muy bueno o malo que resultase ser.
Por estas cosas pintadas en el lienzo nacional de hoy en día, es que en la pasada entrada les decía (y añado ahora dos palabras al final):
“Pareciera que nadie ha entendido las premisas básicas de la lucha inteligente, de la lucha que exige de resistencia: Hablar con la verdad en la mano, y el honor en el corazón, sin violencia, sin arrogancia, solo con humildad e integridad.”

Por esta afirmación que me atrevo a hacer, es que  creo  que muchos venezolanos,  -por no decir que todos-, deberían evaluar qué es lo que entendemos realmente por oposición:
¿Es esa “cosa” que insiste en ir en contra de quien gobierne, alternando ese rol entre quien gana y quien pierda una elección?;
¿Es para el presente tiempo, no ser chavista?;
¿Es estar en contra del socialismo, o del comunismo, o del capitalismo?, o debería ser:
¿Criticar todo lo que pueda mejorarse a la vista de omisiones o de los errores cometidos, teniendo en la otra mano la solución por consenso a plantear?

Sabemos que cuando el gobierno es oposición (si; no se trata ni de lejos solo del PSUV ejerciendo ese papel; -el partido es únicamente, -dada la senda asumida-, un promotor de las ideas de Chávez, al tiempo que un garante de su reelección-: Sabemos desde hace rato que la participación “activa” del aparato gubernamental en ese rol es fundamental para mantener la idea de un enemigo culpable, siempre externo y ajeno a cualquier decisión errónea del mismo gobierno), la división artificial de la nación es un hecho. El resultado de semejante estrategia básica desde hace más de 10 años ha puesto al descubierto su riesgo principal: una Venezuela que se disolvió, y una que no supo nacer. La indefinición y la falta de unidad, es el principal hándicap ahora.

Al presente, aún con un futuro nacional inmediato borroso como nunca debido a lo ya expresado, a la incertidumbre que rodea la salud del Sr. presidente, y a las medidas políticas que deberían tomarse, buscando aguantar los desaciertos económicos que inevitablemente vivimos, y que seguramente resultarán tremendamente impopulares y odiosas para un pueblo acostumbrado a vivir de las postergaciones, al tiempo que se ha conformado con las  migas que los altos jerarcas dejan caer bajo la excusa de la misión social, tenemos ante todos la tarea de entender lo que se ha hecho bien, y lo que se ha hecho mal, en los roles de gobierno y oposición, pues sigue siendo ello el principal por resolver.

Es aún en este mismo presente, (como viene siendo también en los “presentes” que se han sucedido desde hace muchos años), donde los que han tenido a regañadientes que asumir el papel de oposición, no han entendido en lo absoluto, lo que debía plantearse como alternativas a los errores nacionales en estos poco más de dos últimos periodos presidenciales. Sus acciones opositoras se han limitado a seguir “el librillo” político usado hasta los años 90, decorándolo torpe e improvisadamente con medidas populistas tan limitadas en su alcance real en lo social como las tomadas por el sector oficialistas, confundiendo en ese proceso, a Hugo Chávez con la autoría intelectual de aquella etapa de identificación de los problemas nacionales, cuando como hemos  dicho, el “autor” fue, y ha sido, el consenso nacional que de a poco, entre pasillos y conversaciones de calle y hasta de familia, fueron perfilando aquel conjunto de acciones necesarias para de algún modo, ir creando el marco de referencia capaz de ir corrigiendo los entuertos que en sucesión, se iban creando por desaciertos políticos de gobiernos tras gobiernos,  ante la impotencia de las mayorías sociales. Eran esas acciones ya impostergables para los mismos años 90, las que confundíamos en su necesaria fase ejecutoria, con el “requerimiento” de que llegase “al poder”, un tipo con pantalones. Alguien que, -sin exigirnos mucho a todos, ya que se supone que somos un país rico por petrolero-, hiciera lo que decíamos, y no lo que él, (alojado en Miraflores), interpretara, lo que constituye per se la génesis del proceso opositor que ha devenido en una criatura lenta, ciega y torpe, que en realidad se ha manifestado incapaz de actuar por un consenso que vaya mas allá del interés de quienes los dirigen y lideran, cual chiripas siempre nerviosas, a la sombra de aquel que detenta la presidencia en Venezuela.
Nada cambiará conforme este patrón se mantenga. Mientras los partidos políticos sigan siendo clubes de poder, y  la política, instrumento distorsionado que represe a los verdaderos protagonistas de las luchas sociales honestas y consecuentes con sus ideas del progreso nacional. Nada ha sido inútil; aún hay tiempo. En realidad es inevitable: Es cuestión de trabajar con fe y estrategia, independientemente de los ganadores o perdedores de hoy; el futuro se construye con los que aún no tienen edad para competir en ese juego electoral amañado, de maquinarias partidistas forradas de recursos.
Son ellos los únicos suficientemente inocentes, abiertos de corazón y de mente, como para reunirse con todo aquel que en verdad quiera construir una diferencia, y tomar lo mejor de todos los proyectos intentados en nuestro país hasta nuestros días.

Feliz navidad para todos los venezolanos, y los amigos que venidos de otras tierras, tratan de encontrar entre nosotros, sentido a la vida.