lunes, 2 de marzo de 2026

Primer trimestre del 2026, ¿Cambios reales en Venezuela, o la ratificación de que todo sigue igual, pese (o a propósito) de las acciones de EEUU? (*)…que no de los venezolanos.

 


Y finalmente ocurrió lo que se dejaba ver en el horizonte como una significativa probabilidad tras los movimientos militares estadounidenses de finales del año pasado en el Caribe: El gigante -pero envejecido vecino del Norte-, tomó cartas en el asunto venezolano, a conveniencia de sus propios intereses, con lo que el tablero político nacional fue movido de un solo -y “limpio”-, golpe.

 

Evitemos por ahora el hacer una lista de los “cambios” (cosméticos) ocurridos desde que los Estado Unidos de Norteamérica entraron por iniciativa propia a la vida “nacional” (nunca antes ese término había estado tan reducido en su significado), y comenzaron a tomar disposiciones y girar ordenes como los nuevos “jefes” de la “cosa nostra” venezolana; los gringos tomaron el control (previa conspiración con otros jerarcas del régimen), sacando así a la pareja Flores-Maduro casi que quirúrgicamente, aparentemente como un acto “ejemplarizante y de advertencia” para que los demás entraran por “el aro” estadounidense de la obediencia (particularmente la triada del poder mafioso venezolano conformada por Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez y Padrino López), mientras que el bando de la “oposición”, más tomado por sorpresa que otra cosa por la acción estadounidense, condujo a que improvisada -y provisionalmente-,  María Corina Machado (MCM) se autoerigiera como la cabeza visible de la oposición, haciendo malabares para tratar de garantizar su llegada al poder en Venezuela (a todas estas por cierto, pasando con muy bajo perfil el ciudadano supuestamente electo en los comicios…).

Irónicamente, al presente el poder luce más “sólido, estable y seguro” que nunca en manos de los “representantes” de facto de EEUU; es decir, nos referimos a la mencionada triada oficialista, que es la que cuenta realmente con el control de la fuerza civil y militar en todo el territorio, por ahora.

COMENTARIO 1: Tengan en cuenta que tiene sentido la estrategia y táctica asumida por los estadounidenses: “descabezar” ejemplarmente al régimen para “aleccionar” al resto; que se cumplan las instrucciones estadounidenses sin resistencia a cambio de que conserven el “control administrativo” de la estructura de poder interior; piénsenlo: EE.UU. no quiere quitar al “líder” y generar un caos; ya les pasó en Libia…

 

Si nos ponemos a hacer historia, fíjense que ya ha quedado casi olvidada en el tiempo aquella fecha en la que debió tomar posesión el ya entonces geriátrico y cabizbajo candidato asignado a dedo por MCM, que nunca habría sido reconocido como triunfador de la contienda, por la naturaleza misma de aquella ficticia elección realizada por el régimen. No está de más el decir que ese proceso comicial fue una muestra contundente de que aquel adagio en Venezuela cayó en saco roto, hasta casi el infinito:

"Con el mal no se dialoga; se le combate".

La oposición probó en esa ocasión lectoral con sus propios huesos (y con los nuestros), que su real participación ya no era necesaria en el juego político; mucho menos sus escasas ideas, requiriéndose únicamente su complicidad tacita. En consecuencia, no ganaron nada real en el proceso electoral que el régimen propuso, gestionó, e impuso, y solo perdieron todo los que les quedaba. Incluyan en ese proceso a la misma MCM, y al presidente electo que, a pesar de sus avanzados años de vida, optó por la fuga segura a España que a la confrontación con el régimen para defender su “triunfo”.

Ya nadie habla seriamente de que asumo su cargo; todo fue demasiado turbio, y optan por llamar a una nueva elección donde la diarrea de candidatos lloverá sobre nosotros…

COMENTARIO 2: Por cierto, de los políticos que en el exterior permanecen, no podemos esperar nada nuevo; de los ocultos aquí, tampoco, mientras que el “outsider” necesario (por su honestidad y estrategia fresca y transparente), no aparece, y eso sin tomar en cuenta que lo que actualmente depende del presidente estadounidense Trump, (si, triste situación por depender de potencias extranjeras), está limitado al hecho de que solo le quedan dos años de gobierno para “controlar” al régimen -y su simbiótica oposición venezolana- en el caso de no sucederle en la presidencia de EEUU un aliado político (entiéndase, republicano);

Luego habrá que ver lo que ocurre…

 

Pero volvamos a la medula: salió Nicolas Maduro, y aún así, -y en contra de las primeras interpretaciones de la población dentro y fuera de Venezuela con sus celebraciones-, no ocurrió el cambio mágico y rápido que se deseaba y que se cultivaba en el imaginario colectivo, quizás inspirado por un poder divino guiando a una MCM en la clandestinidad (que luego se limitó a llamar únicamente a “la vigilia y la oración”, tras el triunfo de Edmundo…

Hoy la realidad abofetea a los aún adormilados, para que despierten.

 

…Entonces, ¿qué pasó?; ¿Eso significa que Maduro no era el pilar del sistema totalitario venezolano como para acabar con la pesadilla, una vez extraído este del país?

La respuesta corta es que efectivamente, él no era el pilar, aunque si su principal fachada. Lo hemos dicho desde hace tiempo: Venezuela, como territorio sin ley o forma ciudadana que buscara el bienestar colectivo, ha estado regida por una corporación de mafias; es decir: ese aparato cívico-militar autosustentable que incluye íntima y profundamente a la oposición, ha estado actuando bajo la estrategia del poder distribuido y disimulado para evitar su decapitación (como efectivamente pasó en tiempos de Chávez, oportunidad por cierto perdida por la extrema incompetencia de quienes tuvieron el acceso al vacío de poder resultante).

¿Lo Recuerdan?; les hablo del 2002. Allí ellos aprendieron la lección…

Entonces, ¿Alguien aún cree que el movimiento del gobierno de EEUU supuso la transición a algo distinto a lo interno y profundo del país, teniendo exactamente a los mismos protagonistas a disposición para relevar/repetir a los actuales pillos, ahora con nuevo “jefe”?

 

Algo sigue estando muy mal, y no sé si la gente comienza a intuirlo por las consecuencias apiladas y sufridas en carnes propias desde el 3 de enero del 2026.

Obviamente, si elegimos tomar en cuenta los aspectos geopolíticos que hemos tocamos en el artículo pasado de este mismo blog, el tema se complica grandemente y adquiere capas de distracción que encubren a su vez movimientos e intereses más profundos y sensibles que resultan imperceptibles para la mayoría, y lo cierto es que hará falta gente que entienda todo esto para conformar entonces un verdadero cambio social, político y económico en el país, que no pase en modo alguno por la realización a priori de unas elecciones, mientras se arrastra como caballo de troya, a tanto despojo político entre las patas.

No olviden esto: La figura de la Junta de Gobierno (con un fin bien definido y un tiempo finito para realizar lo programado), y su adjunto Tribunal de Justicia para la reconstrucción nacional, son fundamentales.

Piénsenlo; no hay otra manera de reconstruir con cimientos reales el “edificio” nacional del Estado y la posibilidad de establecer un régimen de gobierno distinto, ya incapaz de incurrir en los mismos errores. No hay que temerles a las consecuencias si no se hace, porque precisamente esas ya están entre nosotros desde la muerte de Chávez.

 

Nos hemos acostumbrado a vivir en el precipicio

“Ni nos mantenemos en la cumbre, ni nos terminamos de caer”; el arte de vivir en el acantilado de la inacción y la neutralización social.

 

Esta es la otra dura realidad: entendamos que, si los tontos volaran, el cielo de Venezuela (como en general en el de Hispanoamérica / Latinoamérica) estaría “nublado” de tantos que son.

Sin más cortapisas ni parábolas de escape, tenemos que aceptar la realidad que nos trajo hasta esta coyuntura, para así no huir de lo que nos está manteniendo esclavizados: que hay que poder construir algo que sea sostenible por los que hereden nuestras acciones.

El inmediatismo no basta; tampoco la mediocridad para planificar y hacer cumplir lo establecido como plan rector nacional alcanzado por consenso.

¿Recuerdan cuál es la trampa de la “democracia” que nos han vendido?: que esta se convirtió no en el gobierno del pueblo (es decir, en el de la opinión y consejos de sus más elevados ciudadanos), sino en la expresión sesgada e interesada de al menos dos partidos que encuentran en el conflicto forzado y la polarización de las masas resultantes, la esencia misma del juego político necesario para fomentar y mantener la presencia de acuerdos innombrables para la administración del poder y a los corruptos que se aprovechan de ello.

No es lo mismo el servicio a la sociedad, que el cálculo electoral, y esto último es lo que reina entre “nosotros” (aceptándolo) y entre nuestros “lideres” (aupándolo).

La génesis del tráfico de influencias que nos destruyó, está en la necesidad impuesta de acordar transacciones económicas y de poder, siempre a manos de oligarquías que se heredan en los puestos, y que se mantiene a su vez en contante remodelación y camuflaje.

El problema de la democracia occidental es que se redujo al “ejercicio del voto de parte de una mayoría que no entiende nada, para estar al servicio de una minoría convertida en millonaria por el acceso al poder, que a su vez compra los votos de aquellos desesperados o desperanzados”.

Hemos perdido la capacidad de razonar y asimilar el que, si las partes en realidad trabajaran por un bien común (como por ejemplo, el de la Nación), se harían entonces las cosas de la mejor manera posible, al estar todos “empujando” en la misma dirección.

Así las cosas, ni siquiera el bipartidismo sería necesario, sino más bien la discusión de las ideas y el acuerdo (el mencionado consenso), y ante esto último parece que los políticos sustraídos del concepto de servicio al pueblo, prefieren primero la muerte o el exilio -con lo que se robaron-, que aceptarlo.

Pregúntense: ¿Si la constitución y sus leyes están tan bien logradas en sus propósitos y actuaciones, por qué tenemos políticos electoreros dedicándose a reformar lo que ya podría funcionar, en vez de servidores públicos que estén dedicados al alto compromiso de administrar y gestionar la cosa pública ya organizada?

¿Cómo esperamos entonces tener alguna coherencia en un país donde se permite eso?; ¿Cómo no ser blanco de invasiones entonces?

 

Lo que DEBE OCURRIR para que todo siga igual.

En resumen, no pueden volver a la palestra los mismos protagonistas del pasado y sus variantes “novedosas”; ninguno de ellos ha cambiado en sus ideales y actuaciones, y lo demuestran queriendo cambiar a la criatura desde adentro; ninguno llama a la formación de una Junta de Gobierno de la que ellos estén excluidos y menos a un tribunal de justicia que los pueda investigar y condenar; solo insisten en hacer lo que mejor negocio y réditos da: Elecciones, -enormes e infinitas elecciones-, de esas manipuladas no en las urnas, sino en la cabeza de la gente que iría mansamente a votar por el “menos malo” según les hayan vendido, dejando así colar al sistema que se quería eliminar, al suficiente número de los peores entre nosotros, que bajo la promesa de un cambio, en realidad se aseguran de mantener todo como está.

Insisto: necesitamos gente casada desde el amor patrio, con la idea de servir y hacer prosperar -bajo el manto de la ley y su ética interpretación-, al prójimo.

No olvidemos quienes fueron -y son-, los que crearon las condiciones y los protagonistas necesarios para que un “Hugo Chávez” tuviera oportunidad de surgir, y años después, ganar elecciones a hombros de una mayoría defectuosa por muchas razones; son los mismos que ahora preparan maletas para regresar físicamente, pues su influencia remota no ha cesado de estar entre nosotros y el régimen.

 

Perder un país” debería ser muy difícil -sino imposible-, pero Venezuela demostró que ello si puede ocurrir y, aun así, no sé si hay alguien que toma nota de ello a estas alturas.

 

Mientras llega ese momento de inflexión real, los gringos mandan, y los “ratones” políticos de la vieja escuela (ver fotos) se mordisquean y chillan afanosamente por consumir las sobras y así volver a por lo de ellos: la corrupción.

Necesitamos despertar para poder cambiar al país, para cambiar los valores rectores de la sociedad, pero solo con aquellos de ustedes que sean capaces de dejar de temer a la idea de “desnudarse y sentir vergüenza”, porque lo que viene es duro, a consecuencia de las décadas de complacencia que nos permitimos.

El Universo no acepta desequilibrios, y nosotros estamos en uno muy grande.

 

No confíen en los protagonistas políticos de este tiempo; olvídense de la capacidad de MCM para llevarnos a un puerto distinto y épico; no vean a ninguna ayuda externa como salvadora de todos nosotros; estos últimos vienen a por sus intereses, no por los nuestros.

 

Una nación incapaz de liberarse por si misma, indefectiblemente perece con el pasar de los años. Eso nos pasó; la decadencia es parte natural de la vida, y quizás solo debamos aceptar que la decadencia nos consumió, y que tratar de recuperar los buenos tiempos, es solo una fantasía.

Por eso es tiempo de “resetear”, de borrar el corrompido sistema operativo e instalar uno nuevo. Uno escrito con nuestras subrutinas y algoritmos de libertad, vigilancia, justicia y oportunidad, aprendido de los errores de aquellos que no lo lograron.

Los EEUU no vinieron por ello. Solo son un “virus” buscando su propio beneficio en medio del decadente “cuerpo” geopolítico que nos permitimos ser.

¿Llegaremos a tener el “antivirus” correcto entre nosotros para poder salvar algún vestigio de lo que alguna vez fueron valores venezolanos cultivables, que podamos heredar a nuestros descendientes?



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