domingo, 22 de septiembre de 2013

La “Cleptocracia” como expresión final para el agotado modelo político de Venezuela

Sabemos que ni Maduro ni Capriles dan pie con bola en el asunto de dirigir, -o intentar dirigir-, al país; El presidente proclamado (mas no legítimamente electo, a la luz de las marañas usadas), lleva la peor parte, al radicalizar su conducta en una maniobra que resulta más en una torpe mímica de su benefactor Hugo Chávez, que en el necesario desempeño esperado de quien detenta en teoría, todo el poder caudillezco de Venezuela.
Sea Capriles ofreciendo barcos en Miami, para el regreso de gente que en realidad ni quiere volver, o Maduro pidiendo más dinero a los chinos, a fin de anunciar luego, con regocijo, a través de su ministro de finanzas, que ya no dependeremos solo del petroleo (ahora también de los asiáticos mercantilistas), y todo ello como si no tuviéramos que pagarles intereses y devolverles el capital a quienes solo quieren lucrar con el planeta completo; el caso es que ambos venezolanos, (¡perdón!; no sabemos si Maduro nació aquí, pero igual ya habíamos tenido un presidente posiblemente nacido en Colombia y nadie hizo nada…), se erigen como las expresiones de lo que no termina de ser lo adecuado para esta nación. De lado y lado, la dirigencia política da señales de agotamiento y de amoralidad desenfadada, al tiempo que los seguidores acrecientan su silencio ante la imposibilidad de criticar y salir ileso.
Por eso es que  a veces, mientras se  lee aquí o allá algún material informativo mientras le seguimos el paso a los movimientos de nuestros avispados políticos, aparece ante el que lee, algún tipo de calificativo inusual, que resulta ser sorpresivamente descriptivo de los procesos que ante nuestros ojos vemos desarrollarse innecesariamente (?) en el  país.
En ocasiones  no quisiera comprender el por qué logramos tan poco,  teniendo tantos recursos, como para no tener que toparme entonces con la crudeza de una respuesta que me tira en la cara sin misericordia, que  nuestra mayor debilidad es la de no ser capaces de trabajar en equipo, sin que exista de por medio un acto de injusticia y de corrupción que finalmente quede impune y mande todo al diablo.
Simplemente, hay demasiada gente y familias ligadas al poder político y económico en este país, organizados en una intrincada estructura vertical de intereses, "peajes" e intrigas, con tan solo unas pocas y más bien controladas ramificaciones horizontales en el piso de esta estructura social en la que los que siempre han sido las mayorías depauperadas, -hinchadas permanentemente por la imparable corriente de ciudadanos colombianos llegados aquí sin control alguno-, han conseguido en los últimos 14 años, vivir en el espejismo de un socialismo que nunca fue honesto ni revolucionario como tal, la oportunidad de sentirse atendidos, más no rescatados de aquella situación de dependencia donde el subdesarrollo en lo educativo, en lo laboral y en lo jurídico, los ha mantenido más enlodados que nunca.
Lo único cierto y aplastante al presente en Venezuela, es que la respuesta correcta a esa pregunta de por qué logramos tan poco, aún no está dispuesta a posarse en manos que no se han esforzado para merecerla, y es por eso precisamente que  “por ahora”, la única verdad, fría y dura como el hielo de un glaciar, es que los valores constitucionales se esfumaron, y con ello la maraña y la trampa se volvieron la norma en el vivir del venezolano y del extranjero llegado sin obligación de respeto a ley alguna; no hay proceso legal que no acepte una forma de corrupción (desde un simple “atiéndelo primero, que es un familiar”, hasta “¿cuánto me queda a mí de ese contrato?”); todo está embarrado con un aire que evoca aquel termino aún no reconocido por la RAE (la Cleptocracia: El establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo del capital), mientras que en su conjunto, todo parece obedecer a una estrategia más bien plutócrata, nacida de manera espontanea de nuestra incapacidad para trabajar en colectivo, que finalmente seguirá  encaminando al país, -ahí sí-, en su conjunto, a un destino realmente  incierto a mediano plazo, y muy probablemente de fracaso político y económico en el corto plazo, como hecho precursor determinante de un cambio real y sostenible en el tiempo.
Llegará el momento en que las mayorías entenderán que el tener una comuna, un colectivo, una cooperativa, o una junta comunal, resulta tan infructuoso como una asociación de vecinos, una urbanización, o un barrio, si no somos capaces de reconocer que ninguna estructura social funciona y perdura con valores de convivencia tan depauperados como los expresados hasta el día de hoy a lo interno de nuestra frontera, y con una venezolanidad hecha pedazos, que deja a la constitución reducida a, -como decía Hugo Chávez al referirse a cualquier cosa que él quisiera reducir o minimizar-: “polvo cósmico”…
Lo que incorrectamente fue llamado en su momento como la cuarta república, tratando de ser diferenciada de lo que iniciaba políticamente en Venezuela, veremos que yace finalmente en el mismo agujero donde descansarán los despojos de la nunca nacida quinta república, porque en realidad, una es imagen de la otra frente a un espejo, al ser parte consecuentemente, del mismo proceso histórico nacional que por avatares del destino, nos ha tocado vivir en dos fases aparentemente diferenciadas; el tiempo demostrará, con la crudeza que le caracteriza cuando las sociedades no se preparan para ello, las carencias que como población estamos llamados a cubrir, antes incluso de poder sacar provecho real a las experiencias aprendidas de estas dos caras de la misma moneda que hemos dejado circular entre nosotros durante unos 30 años (1983-2013), como instrumento de compra y venta de nuestra raquítica conciencia situacional y nacional..   
“La calma llega tras la tormenta”, dice el viejo refrán, pero déjenme decirles que aún no ha llegado esa tormenta…

Por esto, es que aún aguarda la nación, -sin saberlo-,  por quienes entendiendo las lecciones a sacar de ambos periodos “republicanos” en estas tres décadas vividas, deben levantar la voz y sin miedo a las descalificaciones de ambas partes, contarle al resto, las verdades que nos harán libre y justos; todas ellas no muy distintas a las que a su manera, Jesús en la Palestina de hace 20 siglos, o Bolívar hace menos de 200 años, nos legaron…
…No hay amor ni justicia social verdadera, sin el compromiso personal o colectivo para lograr algo mas allá de nuestras limitaciones actuales, allende seguramente a toda utopía, pero alcanzable en definitiva con el suficiente esfuerzo empeñado; tanto como para sin pretenderlo, hacer historia...
Este país que se deshace ante nuestros ojos y manos, aguarda por una coalición de venezolanos, que vaya más allá de las ya viejas nociones de bandos "oposicionistas" o "chavistas", así como de sus capacidades de negociaciones secretas en contra de todo lo recto y ético.
La tarea parece aun imposible, y es por eso queridos compatriotas, que el tiempo de esto no ha llegado. Aun no somos capaces de construir, sin ser avasallados por lo injusto y lo impune.


domingo, 25 de agosto de 2013

Sociedad impune.

 No importa lo que diga el Jaime Lusinchi de la quinta república, o el Barrabas Junior de la oposición inútil venezolana; al final, la única verdad que les pega en la cara sin que se hagan los entendidos es esta, dicha por El Libertador, cuando ni se imaginaba que la estupidez se heredaba y crecía con el tiempo entre los políticos y "terratenientes" de hoy, de bando y bando:

"La impunidad de los delitos hace que estos se cometan con más frecuencia: Al fin llega el caso en que el castigo no basta para reprimirlos"

No hay ley "anti corrupción" o habilitante nueva que valga; tampoco hay constituyente que corrija esto con los políticos que tenemos hoy; la impunidad pura y simple, acomodada entre los pliegues de los vientres crecidos por tanta inmoralidad y desvenezolanización sistemática y sin corrección a la vista, nos llevan de a poco hacia el terrible callejón sin salida donde ya el castigo no bastará para reprimirlo.

Sigan creyendo que los anti valores reinantes hoy arreglarán esto. El desmontaje de la nación comenzó hace rato, y nada hacemos por evitarla. Lo único colectivo en Venezuela, es la miseria con la cual buscan las mayorías morder aunque sea una tajada de la torta de excremento que el mismísimo diablo nos puso en la mesa.

Lo único popularizado aquí, es la corrupción como expresión de la tan celebrada "viveza" criolla.
Sigamos así, y el único consuelo será que cuando escriban la historia de los fracasos del presente, todos estaremos sordos, muertos y olvidados, 3 metros bajos tierra. Al menos nosotros, porque los hijos de los corruptos de hoy, estarán viviendo en USA y Europa con los $$$ "heredados" de sus padres, hoy políticos gobernantes, de oposición o empresarios de maletín.


                                                                           

domingo, 4 de agosto de 2013

..."Sin moral republicana, no puede haber gobierno libre"

                                           Simón Bolívar, 26 de mayo de 1820

¿Por qué insistimos en ir caminando en círculos?

Aunque les he dicho que nada ocurre sin que tenga un efecto notorio en los eventos sociales que más adelante se suceden, no puedo negar por ello que en ocasiones, los derroteros de la existencia nacional parecen estancarse en especies de “salas de esperas”, donde los protagonistas visibles dan vueltas sobre sus propias limitaciones, en tanto que aquellos que están llamados a protagonizar pero se contentan con aguardar junto a las paredes de dicha sala, antojándose como con tristes imágenes de una sociedad descolorida y sin identidad, incapaz de criticarse a sí misma, y mucho menos, percibiéndose  habilitada para tomar decisiones trascendentales, sin importar lo que haya que desterrar del rígido o anquilosado imaginario colectivo.
Una triste triada se ha formado en Venezuela: Gobierno, oposición y sociedad sin poder real.
Ninguna de estos atina a tomar con la mano a la verdad; ninguna logra aún empujar contundentemente en una dirección acertada: Los venezolanos y extranjeros que forman una especie de “gobierno de coalición”, se revuelcan en el lodazal de sus errores, conveniencias y miopías, al tiempo que los venezolanos sumados en una terca e igualmente extremista oposición, solo sueñan con volver a imposibles esquemas pasados de cogobierno con distintos intereses, igualmente extranjeros.
Por último, esa sociedad desvenezolanizada, más allá de lo que entienden, y sin el poder real de una conciencia y una moralidad compartida y respetada, yace lánguida en sus propios y pequeños retos individuales de supervivencia económica y anímica, aferrada siempre a remedios pasajeros y sueños imposibles de mantener sin que haya de por medio hasta el sol de hoy, una sumisión tacita u desenfadada frente a uno u otro bando autoerigido como protagonistas políticos de oficio.
Tenemos entonces a un pueblo que ve en la palabra nacionalista, a un concepto retrogrado y amenazador para sus libertades -llevadas a veces a libertinajes-, para entregar así sin rubor lo poco que de venezolano le queda; un gobierno liderado por quien llega al poder como  recompensa al servicio hacia al caudillo ahora fallecido, más que por otra cosa, para ejercer en un giro irónico del destino el papel irrelevante y difuso en lo presidencial, que en los años ochentas le tocara a Jaime Lusinchi, con pareja femenina incluida, mientras que en la oposición, con dificultad, se levanta un político construido a partir del poder y la influencia de viejas estructuras, que sin embargo, no es capaz de hacer valer el triunfo electoral presidencial que se endosa.
En tanto sigan así las cosas y las vueltas en esta miserable sala de espera persistan, estaremos viendo titulares insulsos y pobres como estos:

“Toda la patria se moviliza contra la corrupción y los corruptos, y contra la sociedad de cómplices que funciona en la cúpula de la oposición” (02/08/2013: Nicolás Maduro vía twitter)

“…Porque lo peor que le puede pasar a nuestro pueblo es la resignación, el conformismo, lo más fácil es no hacer nada”. (02/08/2013: E. Capriles)

“…Es hora de elevar la voz, de exigir nuestro derecho a un cambio profundo en Venezuela” (02/08/2013: María C Machado)

¿Por qué Maduro cuando habla de “toda la patria”, insiste tercamente en referirse ciegamente a ese supuesto 50% que votó por él, ignorando con esta afirmación a la otra mitad que no votó por su opción?; ¿Seguirá siendo la negación el “leitmotiv” de su gobierno impuesto por la avasallante fuerza del abuso?; ¿Qué nación se mueve y avanza con la mitad de su gente atraída por el fardo de dinero que ponen delante de sus narices, mientras que la otra mitad avanza arrastrado de la mano gimiendo por su desventura al no sentirse protegido y guiado?; a todas estas,  ¿El oficialismo y el chavismo no tiene cúpulas corruptas?; son todos corderos de Dios?

En cuanto a Capriles, ¿Cómo pretende ahora defender lo que no defendió hace más de 3 meses? En lo particular, creo que ha defendido con más ímpetu su puesto de gobernador, que aquel de presidente que dijo ganar.
Al final, como dice el viejo refrán: “Los hombres están llenos de buenas intenciones, pero son sus actos los que escriben su historia”
El inofensivo (políticamente hablando), acto de calle de E. Capriles, 100 días después de aquel triunfo que probablemente le fue robado a punta de abuso, deja abiertas más interrogantes que afirmaciones, cosa inaceptable en quien aspira la silla presidencial y caudillera de este país.

Y María C Machado, la siempre marcada por su sonriente foto junto al entonces presidente estadounidense G. Bush hijo, que resulta ser ahora la pitonisa que  supone comprender en qué momento presente, -y no antes-, (debido a que esperaba la respuesta de quienes han sido cómplices siempre de sus intereses y no de los nuestros,  fuera de estas fronteras), los venezolanos debemos tomar el control de Dios sabe qué cosa, y esto lo digo porque difícilmente podrá ella señalar un camino realmente alejado en alguna manera de la influencia extranjera, en detrimento de cualquier estrategia propia de  crecimiento nacional.

Todos ellos lucharán sin cansancio para afirmar, (cada uno por su lado por supuesto, y con "Dios como apoyo contratado en exclusiva para si mismos"), que su socialismo "siglo veintipico", o su "capitalismo familiar" son la solución a todo, mientras que omiten por desconocimiento o ignorancia supina, que la corrupción superando a la honestidad, junto a la inflación superando a la estabilidad, son los verdaderos corrosivos que destruyen de a poco pero sin descanso, los pilares metálicos de cualquier sociedad humana, y en particular, de la nuestra.

Siguen todos sin entender que con mentiras y conveniencias políticas, no avanzaremos un ápice, y hasta que alguien no esté dispuesto a arriesgar su propio futuro como posible funcionario público elegido en elecciones honestas, mediante el uso sistemático de la verdad y la acción ejemplarizante mientras camina el sendero que pregona, no tendremos cambio alguno importante. Esto, claro, si es que llega a haber una sociedad  nacional capaz de sacrificarse para andar por semejante camino de retos y recompensas predeciblemente claras.

Me ocupa que Maduro sea sin desearlo, el tonto útil idóneo a mantener en la presidencia del país, -sin importar los medios para hacerlo-, solo mientras sea garantía de poder económico y político para los tentáculos tras él; eso es tan malo por lo menos como tener a otro tonto útil que confiera iguales ventajas a un grupo opositor con las mismas ambiciones…

Como en una película barata de vicio y azar, vemos que el juego está cerrado para un país con tanto apostado sobre la mesa, en manos de un jugador cansado, una prostituta ebria (la gran hacienda nacional) a su lado, y un tumulto de observadores trasnochados  a la expectativa, sin saberse los verdaderos dueños, de la fortuna apostada.

…Espero no caer yo mismo en el círculo inútil de hablar una y otra vez del mismo vicio mayor de este país: La imposibilidad de conseguir argumentos para dejar la ligereza en todo lo que abordamos y hacemos.


martes, 23 de julio de 2013

100 días de gobierno: Una verdad renegada y 100 oportunidades perdidas…

Sé que ha pasado más un mes desde que escribí;  entenderán que como en la física, donde un objeto cayendo libremente obedece a una constante de aceleración gravitacional, así mismo el tiempo pasa sin misericordia y de manera continua cuando las cosas se deterioran y se estancan en lo social, en lo económico y particularmente, en lo político, como es el caso de Venezuela.
De la misma manera continua sin embargo, observo al ya atornillado en la silla de Miraflores presidente Nicolás Maduro, (con su triunfo “jalado” de los pelos de la sinvergüencería y el descaro institucional a todo nivel concebible), convertirse de a poco, -y haciendo tan poco-, pero con el empeño que ha demostrado desde hace años, junto con su compañera femenina, en la pareja más exitosa que ha existido en los últimos 50 años en la vida política nacional, sin que por ello, paradójicamente y de una manera imperturbable, el mismo Nicolás evite el estarse convirtiendo también en el “Jaime Lusinchi” de la quinta republica.
Su gobierno no deja el cómodo absolutismo en el que Chávez se sentía a gusto, al verticalizar toda acción y decisión política, criminalizando en el proceso con ello, cualquier disensión o critica, mientras que su estrategia de ignorar de forma total al 50% que no votó por el (en realidad, más de 50% si descontamos las trampas y abusos), rinde frutos, al  descalificar permanentemente a sus opositores políticos agrupados alrededor de la lenta y rígida MUD.
Poco a poco se ha convertido en el hombre que aprende a administrar los diferentes grupos de poder que lo mantienen en el gobierno, dejando la “gerencia” de estas labores a su compañera femenina, con un éxito que insisto, resulta inigualable en la historia reciente del país.
Duelale o no a quien se sienta aludido, tengo que decir una vez más que Capriles no estuvo a la altura que aquel resultado electoral le exigía; simplemente en el, como en muchos, la capacidad de sacrificarse por el país, es realmente baja y cuestionable, por no decir otra cosa. Lo sigo viendo, como alguien carente de la madera que un puesto de presidente exige. Maduro tampoco la tiene, como Chávez no la tuvo, al mirarlo en retrospectiva fría y sin pasiones inútiles.
En todo caso está claro que el renunciar a la comodidad es algo a lo que muchos,- en esta economía de puertos y tramites corruptos, con oportunidades de negocios en dólares fáciles-,  les resulta imposible de justificar.
Las cartas están echadas: Lo que queda es seguir descendiendo incontroladamente por este despeñadero, mientras las ultimas bebidas alcohólicas del tercermundismo subdesarrollado amalgamado con petrodólares que nos embriaga, se agoten.

Supongo que en algún momento de confluencia “temporal y espacial” entre lo divino y lo humano, ocurrirá un giro inesperado en el destino nacional, y lo que estaba llamado a convertirse en el país con las mayores oportunidades desperdiciadas, se convertirá finalmente en la nación que indicará el camino del equilibrio y la verdadera justicia social, en un ambiente de prosperidad y de fortaleza moral y constitucional.
…Pero no se entusiasmen: Aun falta andar por el desierto de la miseria humana, antes de llegar a esa confluencia; a esa tierra prometida…
Cuando nos persuadamos de que no hay otra vía para el éxito nacional que la de reconocer todos y cada uno de nuestros errores y desaciertos, nos estaremos enfrentando por primera vez a la posibilidad de andar el camino correcto y descarnado que nos acerque a la verdadera prosperidad.

Mientras, sea Nicolás Maduro y su manera de llegar al poder por la vía del abuso y de la instauración de un régimen amoral, la expresión más patente de la descomposición social y ética que debe vivir el país antes de despertar desnudo y confundido en la calle, con la resaca insoportable por tanta oportunidad perdida.

domingo, 9 de junio de 2013

El ultraje fue cantado por el referee. Casi nada más que hacer.

(Caracas, 9 de junio. AP) — El Consejo Electoral de Venezuela completó una auditoría de los resultados de la disputada elección presidencial de abril y, como se esperaba, confirmó la victoria de Nicolás Maduro por un margen de 1,5 puntos porcentuales.
Simple: Maduro no ganó éticamente. Ganó desde el punto de vista disque “legal” de un CNE que “se pagó y se dio el vuelto”, para luego aceptar a regañadientes revisarse  a sí mismo y sin auditoría externa que valga, el “vuelto” que se había dado, mediante una conveniente revisión de lo que era inútil revisar.
Sin el abuso de los recursos del Estado, y sin un registro electoral amañado, con un CNE ciego para lo que le conviene, jamás abría podido levantarse con el triunfo, independientemente de que lo mereciera o no.
Nicolás Maduro no va a soltar la arrogancia que lo está caracterizando, azuzado por el selecto grupo de poder que lo rodea. Les importa un cuerno haber ganado a punta de dudosas e inmorales tácticas electoreras, con paupérrimos resultados más que cuestionables, secundados por poderes blandos y “laxos” por tanta influencia y abuso que han “tragado”.
El país aún no entiende nada; el oposicionismo entiende menos lo que pasa, mientras que el chavismo se aferra a lo poco que le queda de orgullo prestado, para mantener su postura de resteo con lo fútil.
El que creía que habíamos llegado al “fondo”, le cuento que aún queda el “sótano”…
Todos se empeñan en orinar fuera de la letrina, y mientras tanto, soy señalado como el enemigo de todos, por pararme en el medio a decirles que están equivocados al enfrentarse para gritar cada uno desde su propia pared de conveniencias particulares, mientras se adormece el bienestar colectivo, y que por ello lo más difícil para el despertar nacional, aún se niega a llegar.

Quiera Dios que sea la rectificación nacional por la vía siempre democrática y de la introspección colectiva. Ruego por ello. Cualquier otro atajo, sería un error tercermundista imperdonable, del que no estamos exentos de cometer.

jueves, 23 de mayo de 2013

Los errores de Maduro


Es una paradoja estar frente a los acontecimientos que de a poco fueron previstos  uno tras otro en este blog,  producto de las decisiones políticas de los que a la fuerza han retenido los poderes públicos, y desear al mismo tiempo estar equivocado, pero no me está permitida esa salida cómoda para lo que parece ser el humilde entendimiento de los sucesos que ocurren en nuestro país.
A la luz de los acontecimientos recientes que han buscado la retaliación política a lo interno de las empresas del estado, hablar de justicia y de verdadero bolivarianismo, se han vuelto cosas peligrosas. Mientras, no me ha quedado más opción que contemplar cómo el gobierno autoimpuesto, da de trastabillazos y se aleja, -más rápido de lo que pareciera posible-, de los objetivos nacionales que el sentido común recomiendan.
Desde su recientemente  largo (pero poco productivo) peregrinar  por Suramérica, pidiendo comida y asistencia técnica para sembrar y producir alimentos, -como si fuéramos unos inútiles incapaces de producir por nuestra cuenta con los ingentes recursos humanos y técnicos disponibles autóctonamente, limitados únicamente por la corrupción y la falta de disciplina organizativa-, mientras abría nuestra cartera para llenar la de los industriales y comerciantes (nada socialistas, por cierto, de la misma manera en que lo hacia el fallecido Chávez), desde Brasil hasta Argentina, comprando desde lecha hasta rollos de papel higiénico, como si del “Supermercado Suramérica” se tratase, pasando por sus leoninas ratificaciones de tratados inauditables con algunas naciones, o por la manera tan brusca, -para lo que debe ser un presidente-,  al descalificar con el escatológico término de basura, a quien ose emitir denuncias y críticas a su gobierno o a su aparato inquisidor, (mantenido en el poder ilegalmente al haber cerrado filas tras ese propósito todos aquellos protagonistas directamente beneficiados por las mieles resultantes de tener a la mano la chequera de petrodólares), nos encontramos ahora entonces con la triste verdad que comienzan muchos a entender, pero con la cual es ya poco lo que queda por hacer antes de entrar en una fase más difícil para el colectivo nacional.
La alternativa opositora, pese a tener un terreno llano frente a sí, no comprende la vía a construir, e insiste en el poco afortunado juego comandado por quienes no dudarían en sustituir en sus corruptos negocios, a los que hoy detentan ese poder.
Capriles no ha logrado aún sincronizar su espíritu con el interés estratégico necesario para sacarnos del pantano de donde Chávez no fue capaz de salir. La camisa del luchador social, aún le queda grande a todos los que han intentado medírsela, cuando no es que le han pasado por encima.
Nicolás se ha mostrado incapaz hasta el momento de empuñar el timón nacional; su inmadurez como hombre llamado a administrar honorablemente un puesto tan relevante, -pese a tener  tantos poderes adosados ilegalmente-, no deja mucha esperanza de cambios profundos y reales en el corto plazo, asumiendo que continúe en el poder.
(Merece un comentario aparte, la forma patética en que se ha manejado Nicolás a la hora de negociar con los grandes poderes económicos venezolanos, comenzando con el emporio Polar: ponerse en el mismo plano del empresario, dándole poder sobre la mesa de negociación, -incluso físicamente en las posturas y posiciones elegidas-, acabó con sus posibilidades de imponer justicia social y económica, al tiempo que le permitió al Sr. Mendoza, adquirir puntos políticos.
Craso error, Sr. Presidente Maduro: ¿Quieres convertir a Mendoza en el fatídico Sebastián Piñera de Venezuela?
Ahora, de a poco, un periodo referendario puede estarse abriendo en el país; desde la idea de un referéndum consultivo, pasando por el llamado a constituyente, hasta llegar al revocatorio presidencial, en menos de tres años, son instrumentos interesantes, que sin embargo, aún aguardan por verificar si queda algún vestigio de legalidad sobre la cual soportarlos, al tiempo que el gran problema para este periodo, es de hecho,  la incapacidad mostrada por el colectivo para utilizar alguna de estas herramientas.
Pero siempre hay esperanza de cambio, y de haber aprendido de los errores.
Debo insistir en que el actual presidente de la republica logró mantenerse en el poder mediante la argucia de dejar que el  tiempo cansara a quienes le adversan, a la vez que asumía la política oficial del desprecio hacia la disensión y la crítica, independientemente de que fueran ciertas o no. Episodios recientes como el de Mario Silva (conductor del degradado en el tiempo programa oficialista “La Hojilla”), inquisidor tarifado por el  gobierno para acabar con todos los “pecadores” políticos e intelectuales  propios y de oposición, no dicen en realidad  más de lo que todos sabemos que ocurre a lo interno del gobierno y del circulo de poder construido en torno a él durante más de 14 años.
A propósito de ese audio, les puedo decir con total certeza, que no era necesario grabarlo o editarlo: Cualquiera en Venezuela sabe que Cilia Flores es despótica; que Diosdado Cabello es manipulador y lleva su propia agenda de intereses y negocios; que los cubanos están metidos hasta el fondo en los asuntos internos venezolanos, -en función claro está, de sus intereses antillanos-; que la familia de Chávez aún desea mantener cuotas de poder, como si de un derecho de sucesión al trono monárquico se tratara; que sectores de Brasil, Uruguay, Argentina, Guyana, Ecuador, Nicaragua, Colombia, y de los demás países con intereses en nuestra nación, mueven sus propios hilos a fin de conseguir las mejores tajadas económicas de nuestra economía de puertos; que los ministros en el gobierno obedecen a sus propios intereses, y que el mismísimo Chávez estaba secuestrado por la cuerda de jala pelotas que de un año para otro, se levantaron como gobernantes disque legítimamente elegidos.
Cualquiera en Venezuela sabe que la inflación nos está matando, mientras nos dedicamos a importar hasta rollos de papel higiénico. Por supuesto, poco se dirá de eso, mientras los grifos del bolívar falsamente fuerte, se mantengan abiertos para dar dadivas,  que no terminan de resolver los verdaderos y profundamente medulares problemas que nos aquejan.
De más está que hable de los contrabandos de alimentos que de a poco han puesto de rodilla al gobierno, obligándolo no a enfrentar el problema que han generado con la incontrolable inflación y los precios de los productos básicos congelados desde hace casi diez año, que los hacen traficables y susceptibles de permitir el soborno a toda escala: desde las autoridades, hasta el pueblo llano que se presta a la sinvergüencería contrabandista, con tal de ganar unos bolívares de esos “fuertes”.

El tiempo de las rectificaciones llegará, pero no es ahora. Es el momento de sufrir, de ver como las buenas ideas que pudo Chávez recoger, se terminan de convertir en instrumentos útiles,  pero para atornillar a la corrupción y al tercermundismo en nuestras instituciones, gobierno y colectivo.
Ante eso, Nicolás Maduro, llegado a presidente por las carambolas de la zalamería, poco tiene para ofrecer. Su conducta hasta ahora lo demuestra. Ah, y no creas que hemos pasado por alto el asunto rocambolesco del CNE: Te hiciste el loco y te fuiste con la “cabulla en la pata”: No era el reconteo de votos lo importante; era el reconocimeitn0o de las múltiples irregularidades y actos ilegales que sistemáticamente se cometieron para forzar el paupérrimo resultado obtenido.
Y sobre tu reciente afirmación: “No hay gringo que pueda venir aquí a ordenar nada a nuestros oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”, (23/05/2013), te recuerdo yo: Que no haya cubano o extranjero alguno con la habilidad que tu tan asertivamente le niegas a los Gringos.

En fin, es la hora de la corrupción social. La hora del poder popular corrompido a sí mismo.

domingo, 5 de mayo de 2013

Repetir elecciones en Venezuela: ¿Llegaremos a eso, pese a los riesgos?


¿Podremos arriesgarnos a realizar un proceso electoral, pese a los hilos de poder que parecen moverse desde todos lados para controlarnos?
Leía hace poco al buen periodista venezolano Miguel Salazar (Las Verdades de Miguel), donde en uno de sus tweets proponía unas preguntas bien interesantes:
I.-¿Quiere Ud. si o no que se repitan las elecciones?;
II.-¿Estaría de acuerdo con un referéndum consultivo sobre el tema?
Aunque resulta una empresa difícil de realizar, lo cierto es que no es imposible, y lo hemos mencionado anteriormente en el blog. En principio, decía, se trataría de una cosa de todo aquel que se considere  “hombrecito”, dispuesto a poner el honor por delante; luego, no resulta tan fácil, cuando pensamos que quien detenta el poder, -secundado por el resto de la estructura del Estado-, no tendría por qué soltar lo que ya tiene en las manos, menos para que quizás lo tomen sectores con componentes ciertamente igualmente radicales en la oposición venezolana, y donde no habría garantía de continuidad de aquello que Chávez muy ineficientemente, logro comenzar a canalizar.
Por supuesto, esto último expresado sería negar que el pueblo venezolano haya aprendido de todas estas variopintas experiencias, aunque hay preguntas que subyacen detrás de toda buena voluntad en ese sentido:
¿En verdad el pueblo venezolano se reconoce como tal?;
¿Es capaz de autocriticarse y corregir mediante acuerdos donde todos participaran?;
¿Podría manejar un sentido equilibrado de las cosas, manteniendo a los extremos izquierdosos y derechistas bajo control?
Si las respuestas son negativas, tendríamos que preguntarnos si Venezuela merece entonces un destino mejor que el que tiene, o el que tendría, en caso de un hipotético gobierno de Capriles.
Estoy consciente que esto supone enfrentarnos a un vacio, -un precipicio si preferimos denominarlo así-, frente a nosotros; eso no lo quiere nadie, obviamente, pero… ¿Hemos hecho realmente algo para controlar nuestro propio destino?
¿Hay manera en que la palabra soberanía verdaderamente pese en el imaginario colectivo?
No es cosa fácil, cuando vemos como nos lanzamos a comprarle arroz con pagos generosos a los guyaneses, cuando ellos se niegan a devolvernos el territorio que no les pertenece (Guayana Esequiba), o cuando los estadounidenses o los cubanos pueden estar detrás de otros intereses más cercanos a ellos mismos que a los nuestros, en lo que a Venezuela se refiere, o cuando nos endeudamos hasta el cuello con los Chinos, o cuando aceptamos abiertamente opiniones injerencistas de parte de cuanto gobernante o personaje latinoamericano, decida decir sobre Venezuela.
Mientras estas cosas ocurran, el termino “soberanía” resulta un concepto ambiguo en lo que a las masas se refiere.
No dudo ni por un minuto que los últimos 14 años han servido para deshacer algo de esta ignorancia al respecto, como no dudo tampoco, en que estamos quizás a la mitad del camino en lo que a esto se refiere.
Así las cosas, proponer un referéndum, aunque resulta correcto, también resulta riesgoso frente al peligro ignorado por muchos: El de nuestra desdichada tendencia a aceptar “ayudas” de donde vengan, siempre y cuando “apoyen” a una de las partes, -particularmente si es la que gobierna-, de las dos que tan bien definidas están ahora en el país, y sin que cada una por su cuenta, deje de entregar soberanía.
Lo decía al principio del blog: Dos remando en un bote, pero en direcciones contrarias, solo logran dar vueltas sobre el mismo punto, sin avanzar.
Estoy de acuerdo en que requerimos repetir elecciones, y no porque Maduro lo esté haciendo bien o mal junto a su combo de “refritos” políticos, o porque Capriles o su sequito de radicales que comienza con Julio Borges, pasa por María C. Machado y termina con D. Arria, hayan acertado en sus señalamientos, sino porque la credibilidad del CNE es tan baja por las razones que hemos mencionado infinidad de veces en el pasado, que una diferencia de menos de 2%, no es suficiente para decir que el ahora gobierno,  ganó sin hacer trampa.
Simple y crudo como suena, pero cierto.
El periodista Miguel Salazar es digno de respeto y reconocimiento por lanzarse a decir algo que puede valerle la enemistad del alto gobierno en ejercicio, pero lo apoyo totalmente, pues en un país republicano, el interés de algunos, y ni siquiera el interés de la mitad de la población, -en contraposición a la otra mitad-, puede anteponerse a lo ético, a lo correcto, y a lo que la constitución en su esencia dicta hacer, inspirado en el ideal Bolivariano. No hay nada más.
Maduro se está haciendo el pendejo con los grandes y apremiantes asuntos nacionales, mientras dedica su tiempo a hacer gobiernos de calle, sin que las mayorías se den cuenta de que con ello, tácitamente está reconociendo que solo “bajando” él hasta la calle, se logra ver un gobierno a la “altura” de la gente, que sin embargo, no escucha lo que la misma gente dice.
Pareciera que consolidar de alguna manera populista la endeble base de su gobierno, resulta más importante que abocarse a realizar los correctivos que verdaderamente lograrían mantener el bienestar y la justicia en el diario vivir de cada ciudadano, protegido por un Estado humanista, claro de lo que es ser venezolano, y capaz de hacer respetar nuestra voz en el contexto de las naciones que nos rodean.
Insisto: Mientras creamos que la retención del poder justifica los medios para lograrlo, estaremos engañándonos a nosotros mismos, aceptando con ello que lo correcto y justo, abrazado de la verdad, no tienen cabida entre nosotros. El fin de la republica comienza allí, donde la tiranía venida de donde viniere, se comienza a abrir paso sin resistencia alguna.
Una Venezuela dividida en dos mitades políticas, no significa un atraso para el chavismo, o un avance para la oposición; significa que la parálisis comienza a afectar de manera peligrosa al país todo, y solo una medida sensata y equilibrada puede destrabar a la nación de su inmovilidad. La repetición de elecciones presidenciales es una de ellas.
Depende de nosotros.

lunes, 29 de abril de 2013

Venezuela; débil aún en su soberanía, solo que de manera distinta.


El problema sigue siendo este; Proponer principios sociales y nacionales, consensuados y respaldados por resultados de trabajos concretos e incuestionables,  mediante la exaltación de lo moral y lo ético, es muy distinto a imponer principios sociales unilaterales, basado en resultados cuestionables, y para completar, sin medir la más mínima ética, en caso de que esta pudiera atentar contra los resultados de una elección favorable.
Poe eso, aunque no pareciera haber fin para esta cadena de acontecimientos que de a poco se va construyendo en nuestro territorio, donde  vemos como eslabones al multiplicarse, crean una encrucijada en la Venezuela dividida y neutralizada de hoy.

Quisiera basar esta entrada del blog, en dos declaraciones presidenciales de estos días:
1.-Según Maduro, la gente no estaba dividida: Sólo triste y confundida.
EFE; 25 DE ABRIL 2013 - 04:49 PM
El presidente de Nicolás Maduro dijo hoy que en Venezuela 60 % de la población está de acuerdo con la revolución bolivariana pero aseguró que el pasado 14 de abril muchos chavistas no votaron por "tristeza" por la muerte de Hugo Chávez y otros lo hicieron "confundidos" por la oposición.
"Tenemos un pueblo que llega casi al 60 % que apoya a la revolución, pero que había una parte importante que estaba muy triste y que no salió a votar, usted saben también quién, dónde", dijo Maduro durante un acto de Gobierno.

Bueno, me imagino que el presidente en ejercicio de alguna manera descubrió que ya están contentos. Ahora, -explica él-, “las mayorías” se encuentran satisfechas y apoyando al nuevo gobierno.
Pese a esa “inocentona” explicación de parte del llamado a ser más serio y congruente en este país, resulta obvio que aún la división sigue en el país, aunque quizás el gobierno, -ya no tan revolucionario-, haya perdido adeptos en las últimas  semanas, al mostrarse tan intolerante con quienes se aventuren a mostrar una opinión crítica, desbalanceando este precario equilibrio que solo ha servido para inmovilizar las cosas. 
Resulta interesante descubrir que para Nicolás Maduro, solo un tipo de sentimiento es digno de comprensión: el de los “tristes y confundidos”.
Aquellos que estén “arrechos y claritos”, no cuentan.
Ahora, ¿Cómo hablamos de lo que él denomina “mitad sólida” del electorado, que casualmente es la que lo apoya?; supongo que la otra mitad para él será entonces una cosa “aguada” y “fofa”, apátrida y de paso,  contraria a su figura como presidente.
Les digo algo: Que fácil es para un presidente y su círculo íntimo de poder, decir y hacer lo que les venga en gana, cuando todos los poderes obedecen al mismo dueño, que no es precisamente “el soberano”.
Eso de dictaduras, golpes de estado y regímenes totalitarios, son solo reminiscencias del pasado, -ahora innecesarias y burdas-, cuando se tiene al presente la receta mágica para el éxito: recursos nacionales monetarios inmensos, y un estado incapaz de auto limitarse, criticarse y corregirse.
Cualquier nación donde aproximadamente  el 60% de una asamblea nacional es del partido de gobierno, con un poder electoral en el que el 90% de los rectores son oficialistas, un poder judicial laxo y acomodado en la estructura del ejecutivo, de la misma manera que la cúpula militar y el “poder” moral de la republica, díganme ustedes, ¿Cómo podría un país evitar que el que manda haga lo que le venga en gana sin reparo alguno, más al saberse elegible por siempre?  
¿Cómo puede un país emerger de esto rápidamente, si su población aún no comprende la importancia del acuerdo, la negociación, la organización y el sacrificio justo?

2.- La opinión de Juan M Santos, y de la de UNASUR, como protagonistas de una situación interna venezolana.
Todos han leído las declaraciones y los comunicados oficiales de UNASUR, luego de recibir al nuevo presidente venezolano. Veamos a hora las de Santos, en fecha muy reciente:
“Cuando una autoridad respetada por las dos partes da un veredicto, la obligación de todo el mundo es aceptarlo”, añadió Santos.
(Domingo 28 de abril de 2013 10:32 AM  . AVN / Redacción WEB / Caracas)
Dentro de la dinámica política latinoamericana, estas declaraciones parecieran muy bien ajustadas a la diplomacia que se podría esperar de un presidente vecino, pero nuevamente, -como ocurrió con lo declarado por la UNASUR-, las mismas resultan peligrosamente injerencistas, pese al maquillaje de hermandad y buena amistad que parecieran acompañarlas. Esto lo digo porque en el fondo, representan evidencia del cinismo que nos rodea y al mismo tiempo, emana de nosotros como colectivo venezolano.
Evalúen bien como el apoyo internacional para un triunfo, es bien recibido, pero el apoyo a la duda de ese mismo triunfo, es descalificado y amenazado al identificarla como acto de traición a la patria a lo interno, y de intromisión, a lo externo. Independientemente de que sea cierto o no el triunfo de un bando, el sentido común, llano y cristalino (como el que cualquiera de nosotros, -como pueblo-, podría expresar), sugeriría dirigirnos a un ambiente más bien equilibrado, el cual podría recomendar el realizar un conteo completo de los votos, o en su defecto, realizar la repetición de las elecciones.
Quisiera decir que Juan Manuel Santos tiene razón, pero al sacar su declaración del plano general y diplomático, para llevarlo al plano específico venezolano, la cosa adquiere otro matiz, y lo hace, porque aunque muy probablemente el CNE haya hecho un trabajo impecable y diera resultados congruentes con lo votado por la población que decidió ejercer su derecho al sufragio, lo cierto es que el CNE basó su actuación sobre un registro electoral con desviaciones intolerables, permitió el abuso desmedido de los recursos del estado por parte del candidato oficialista, y accedió a realizar las elecciones, en medio de un conjunto de irregularidades denunciadas por la oposición, -y de algunas en las que yo, sin ser oposición, he podido constatar-, (Expulsión de testigos, apertura de mesas sin todos los testigos, no entrega de credenciales a los testigos opositores al oficialismos, llamadas diciéndote que deber ir a votar para no perder la ayuda (o Misión) tal o cual, centros de votación situados en lugares ilegales y bajo control oficialista, votación asistida para personas que no lo requerían, cierre de frontera sin aviso, cierre de centros electorales, etc.), que en otros países (Colombia incluida), no habrían permitido hacer prosperar tal acto electoral.
Por eso es que ante esto, no es posible afirmar en Venezuela, que ganó uno, y perdió el otro. La credibilidad es tan baja, y la confianza sobre lo jurídico tan pobre, que la mortaja sobre un proceso muerto antes de llegar el día de las elecciones, pende sobre Nicolás Maduro y Enrique Capriles.
Una vez más les digo: La cosa no fue ganar, sino cómo supuestamente se ganó.
Muy mal hace el CNE al decir que es imposible realizar un conteo de votos total; es reconocer que el proceso electoral venezolano es como una brisa de viento pasajera y caprichosa, incapaz de ejercer sobre sí misma, una auditoria manual, humana, tangible e indiscutible.
Pese a lo que puedan decir los estadísticos o los técnicos sobre lo maravilloso e incorruptible que pueda ser el sistema electoral venezolano sobre la mesa, lo cierto es que solo es un artilugio electrónico y computacional, por el cual difícilmente alguien sería capaz de meter su mano en el fuego para afirmar y defender que es imposible de ser alterado por quien sepa activar el protocolo adecuado, con un simple ratón.
A todas estas, si aún afirmamos que el sistema en su hardware y software es infalible, no podríamos tapar con un dedo, -ni con la mano completa-, las inmoralidades de las que los contrincantes han sido capaces, con tal de garantizar la consecución del poder en Venezuela.

Es como en un juego de fútbol, Sr. Presidente Juan Manuel Santos: Podremos todos ver que el balón entro en la arquería, pero la cámara no registró y grabó “la mano” que todos en el campo, vieron, excepto el árbitro…

Así de amañado estuvo el resultado del juego, Sr. Presidente.

Por supuesto, comprendo que al hablar de diplomacia, o de política, o de economía, lo pragmático de cara a los mejores dividendos, es lo que cuenta. Por eso es que este mundo está así; justamente por eso, y es por ello que un tal Hugo Chávez, diciendo muchas veces las cosas sensatas que quizás luego no cumplía o hacía, ganó tantos seguidores. La gente ya no es estúpida, ni iletrada, ni mansos rebaños de votos llevados a las urnas electorales cada tantos años, cuando no son llevados en urnas a los cementerios por la negligencia de quienes se empeñan en gobernar, al más puro estilo déspota e insensible.

Chávez fue el hombre que recogió todos los sueños, como fue también el hombre de las oportunidades perdidas. Ahora rumiamos este viacrucis al que nos someten a todos, solo porque los que retenían el poder ilegítimamente, decidieron seguir haciéndolo de la misma manera, todo por no querer hacer un pendejo reconteo manual de votos, y reconocer todas las ilegalidades que pudieran salir en ese truculento camino.
Nadie aquí quiere ser hombrecito, con las manos desnudas y la frente en alto.
Para el CNE y los demás poderes públicos de la nación, resulta ahora un exabrupto que se  pida un reconteo total y manual, pero cuando fue la oportunidad de pedir una constituyente, nadie pataleó, como tampoco lo hicieron cuando Chávez pidió, -del modo más caprichoso posible-, un consecutivo e inmediato referéndum consultivo, cuando ya el primero lo había perdido. Una vez más, lo ancho para pocos, y lo angosto para el resto.
Por todas estas cosas, es que yo digo, que en Venezuela no existe una democracia libre, ni una constitución obedecida, ni mucho menos, un conjunto de poderes públicos legítimos y moralmente leales al pensamiento de Simón Bolívar. Todo es una farsa; todo es cinismo; todo es una enorme pérdida de tiempo, de la que hasta nuestros nietos, y los de estos, se lamentarán.
Por supuesto, estamos aprendiendo, pero ¿a qué costo?; ¿no podíamos ser simplemente honestos y reconocer las cosas por su nombre, sin que midiera de por medio pasión inútil alguna?; ¿Ha tenido que morir Chávez, y cualquier cantidad de miles de venezolanos y extranjeros en esta tierra venezolana, a manos del desorden y la injusticia social, para que ni siquiera aún nos demos cuenta de lo necesario por hacer y enfrentar?
¿Teníamos que llegar al punto donde un ahora presidente gana una elección presidencial a punta de abuso y sin siquiera sacar una ventaja que resultara incuestionable?

Eso, queridos compatriotas, lo califico como miserable y patético, porque ni siquiera nos da vergüenza.

Así las cosas, ¿dónde creen que queda nuestra verdadera soberanía?; nadie podrá decir que muy alto, o bien protegida por buenos misiles y aviones, porque saben que no me refiero a esa soberanía física. La verdadera autodeterminación de nuestro pueblo comienza en lo humano de su sociedad, y en lo cohesionado que ella este en torno a sus máximos valores republicanos.

sábado, 20 de abril de 2013

¿Solo coincidencias con lo que vivimos en Venezuela?


John Ware, BBC. (20/04/2013)
“Israel cumple 65 años: ¿qué le depara el futuro?”
Comenta un entrevistado:
Ephraim Halevy, exjefe del Mossad, me dijo: "Ideológicamente, el conflicto no puede terminar jamás. Ambas partes siempre afirmarán que son los únicos que tienen derechos sobre estas tierras. Ninguna parte puede en modo alguno renunciar a sus derechos sobre cada pulgada de territorio, porque es tierra santa".
¿No les suena familiar el asunto?
¿No podrían, -con muy poco esfuerzo, seguramente-, imaginar que esta afirmación del Sr. Ephraim Halevy, podría ser una muy buena descripción al referirnos a Venezuela y su particular situación política?
Me tomé la libertad de subrayar lo que me parece más relevante, al momento de hacerlo extensivo a la visión que los más extremistas en el país, tienen.
Chávez dejó en claro, al igual que lo hace hasta el sol de hoy Nicolás Maduro, que la visión de ellos, es la correcta, y la única que se puede llevar a término en esta nación.
Si eso no es extremismo, -que al ser mezclada con el poder que se posee al ser presidente, con todos los poderes a la orden y la posibilidad de reelección indefinida y asistida por los recursos del estado-, no veo que otra cosa autocrática lo puede ser, aparte claro, de una dictadura izquierdista o derechista "a la antigua".
Cuando entendamos que por ser la venezolanidad una entidad realmente debilitada en nuestra sociedad, entenderemos también el por qué cualquier movimiento ideológico que surja, independientemente de lo acertado o errado que esté, terminará prevaleciendo y enganchando a quienes constituyen parte de las mayorías que desconocen el sentido de esa venezolanidad, víctimas de la ignorancia de aquellos que debieron cultivarlas y propagarla desde el pasado en los últimos 65 años, y de la que tampoco se escapan las concepciones de los levantados hoy como posición, incluyendo, por lo que a dicho,- y dejado de decir-,  a Capriles.
Por eso bastó con que un hombre, -como ustedes o como yo-, pero apellidado Chávez, -intento de golpe por medio-, se hiciera eco de las ideas transformadoras que flotaban en el aire, -y permitiera que los demás se las endosaran como único autor, de manera injusta por lo demás-, para que muchos se aferrasen a él cómo lo único disponible (después de todo, diríamos, el arriesgó su vida en una intentona, y ello por patriotismo, hasta donde sabemos), en la esperanza de la llegada de un cambio real y definitivo, mientras que subrepticiamente, los movimientos políticos se hacían de este personaje para ascender al poder constituido.
Pese a estas ventajas iniciales, y a la luz de los erráticos resultados de los primeros años, decidió que las cosas eran más prácticas cambiarlas “desde afuera”, y no “desde adentro”, y es por eso es que ni él ni nadie se detuvo o se ha detenido a hablar, sin adornar o maquillar detrás de cómodos eufemismos, de los cuatro pilares fundamentales, equilibrados y reales de la nación, de la sociedad y de la familia: Justicia, Trabajo, Salud y Educación, como alternativas exclusivas en contra de los terribles vicios que nos embriagan y nos hacen negar nuestra condición de "alcohólicos" en lo moral y nacional, necesitados del reconocimiento colectivo y propio de nuestra difícil condición, como primer paso para salir de ella.
Fue más sencillo (sin mencionar el buen dividendo político resultante),  suplir mediante misiones, que no tienen una fecha de termino en la cual ser reemplazadas por una realidad estable y justa, que atacar el problema en su raíz, lo cual pasa por hacerle reconocer a todos, las carencias que tenemos, y las fortalezas con que aún contamos para enmendar los errores generacionales que insistimos en heredar a nuestros hijos.
La situación es en el fondo tan bizarra de cara al sentido común, que lo visto hasta ahora en nuestro país, (más allá de los últimos 15 años incluso), es algo así como si fuera más fácil restituir líquidos vía endovenosa (las misiones), durante una hemorragia interna, que intervenir quirúrgicamente y detener el sangrado sin control (la desvenezolanización).
Desde allí comienza a forjarse la cadena de eventos que nos han llevado hasta hoy. En esa cadena, muchos de los eslabones están constituidos por la oposición, que ante su falta de visión, apuntaron sus argumentos contra el hombre, (Chávez),  más bien que sobre la realidad perturbadora de un vacio en la percepción nacional y republicana (la venezolanidad). Ante esto, la dura realidad es que quizás 14 o 15 millones de venezolanos y extranjeros cedulados que votaron para la presidencia, se equivocaron. Estamos buscando la solución entre dos partes que no se toleran ni se quieren hablar, al considerarse cada una, dueña exclusiva de la verdad.
Obviamente, la búsqueda de una tercera vía debe comenzar con la localización de aquellos que de bando y bando, se encuentran reprimidos por las estridencias de los jefes de siempre, creados a la sombra de las estructuras de poder del oficialismo y de la oposición.
Cuando Maduro se refiere a “antivalores”, sin lugar a dudas habla de los que le atribuye en exclusiva a la oposición, dado que él siempre afirmará para quienes le escuchan, que su gobierno se basa ciegamente en que sus valores, (visión chavista de las cosas, si lo prefieren), se reservan para sí todas las verdades y bondades que Dios es capaz de derramar sobre un pueblo.

Por eso, apelo a las palabras de Ephraim Halevy en la entrevista de la BBC:
“Ambas partes siempre afirmarán que son los únicos que tienen derechos sobre estas tierras”

Espero que como Israel, no tengamos que esperar otros 65 años para descubrir lo que verdaderamente nos conviene como nación.

viernes, 19 de abril de 2013

Capriles, tan equivocado como Maduro.


Creo que por primera vez en este blog debo decir que me siento incomodo al escribir. La persecución que ha comenzado a surgir del anonimato y de los círculos más radicales desde ambos bandos políticos, aunque en muchísima mayor medida, desde el oficialismo, no dejan que pueda bajar la guardia. Nunca había considerado en serio que pudiera ser perjudicado a nivel laboral o social por el hecho de escribir lo que entiendo como verdades en este país. Hoy, sin embargo, comienzo a evaluar más de cerca estas cosas. Sé que no es fácil en internet mantener este blog cual fortaleza inexpugnable, y debo considerar hasta el hecho de que sea hackeado y eliminado. De ocurrir ello, procuraría volver bajo el mismo nombre, desde otro dominio. Dios Nos cuida. Eso es lo más importante.

Dicho esto, entremos en el tema que deseo abordar en la presente entrada, y que es en respuesta directa a las debilidades que observo invariables en el tiempo, y potencialmente dañinas, salidas de uno u otro candidato
I.-Capriles: “Aceptamos la auditoría, en esas 12 mil cajas está la verdad”
II.-Maduro: “En Venezuela no hay oposición, lo que hay es una conspiración”
Estas dos declaraciones, sacadas de la prensa nacional solo en el lapso de unas horas, demuestran lo desatinado de las visiones que ambos hombres, (uno erigido en el podio del liderazgo por los votos que ha ido ganando con los años, mientras que el otro llegó a ese podio, luego de un trabajo permanente a la sombra del presidente, y por el dedo de Chávez), tienen en lo que se refiere a la realidad de Venezuela.
Numero uno: Capriles no puede esperar, -y muchos menos declarar con absoluta seguridad-, que al realizarse la revisión del resto del material electoral, y el posterior conteo de votos, se obtenga un resultado distinto al ya anunciado. PRIMERO, porque las boletas son resguardadas por el mismo CNE (…o lo que es lo mismo: “Zamuro cuidando carne”), sin ningún ente independiente vigilando, y donde en teoría, (en un supuesto negado), no existe ningún inconveniente para “reimprimir” cuanta boleta y acta haga falta ¿O me van a decir que además validarán  cada una de las miles de firmas estampadas en esas actas y cuadernos?; SEGUNDO, porque con esta declaración Capriles está obviando el principal obstáculo para ganar una elección limpiamente en Venezuela, particularmente desde el nefasto error cometido por los oficialistas, al aprobar la reelección indefinida de quien esté en el poder: El omnipresente abuso gubernamental al momento de disponer de todo recurso posible, sin mediar legalidad o tribunal alguno, para imponer su intención de ganar. Al obviarla, le deja abierto el camino a la estampida oficialista que se está llevando “por los cachos”, de parte de quienes antes estaban contenidos por Chávez, la institucionalidad que el mismo presidente se había encargado ya de hacer a un lado de manera selectiva, en aras de los objetivos revolucionarios que al fin de cuentas, no fue capaz de instaurar por la vía legal y consensuada. A veces pareciera que la prudencia y la distorsionada libertad que restan en el país, pesaran más que el arrojo necesario para decir la verdad por la calle del medio; esto resulta evidente, al menos, en la misma medida en que la conveniencia de estar cerca del poder para usufructuarlo, es buscada y cultivada por las altas esferas oficialistas. (No hablo de los demás, -es decir, de nosotros-, que viviendo en los mismos barrios y urbanizaciones de siempre, nos tenemos que calar a diario las consecuencias de la inseguridad, la inflación y el desenfoque del destino nacional). Ese desenfoque por cierto, oculta la razón por la cual la oposición, como el chavismo, ha demostrado con los años, que no son la vía más adecuada.
Volviendo al punto, ¿Si el que sacó más votos, de los que adversan al gobierno, no es capaz de levantar la voz para denunciar no solo el fraude que el declara en los resultados, sino también el “fraude” cometido desde la misma asunción al poder de manera irregular de Maduro, y su posterior y abusiva campaña electoral, con los poderes ahora colgados de los nuevos testículos presidenciales, que esperanza nos pareciera queda a los demás?
Numero dos: Maduro confunde la firmeza del mando humilde (esperable de quien solo fue designado a dedo), con la arrogancia estilo “autoritarismo siglo XXI” que ha surgido en Venezuela a falta de una venezolanidad cultivada por todos (Y Chávez no es el culpable de esta carencia: Lo somos todos y aquellos que vivieron antes que nosotros); por eso es que él puede con facilidad endosarle los muertos diarios, -atribuibles al terrible hampa desbordada-, y demostrable estadísticamente en Venezuela, a un evento supuestamente auspiciado por la oposición, y así sin pensarlo mucho, llamarlos mártires de su propia causa particular y oficialista. Conveniente Nicolás; muy conveniente para ti.
Parafraseando a Jesús: “El bando político que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”.
(Seguramente son tan caraduras, que ambos bandos comienzan a apedrearse entre sí)
Te digo algo Nicolás: Mejor que estar rodeado de presidentes de otras naciones, interesados en negocios e influencias más que en otra cosa (al igual que UNASUR o la OEA), deberías haberte preocupado por estar rodeado de los dos bandos que hoy existen en el país. No podrás nunca en sano juicio dividir a Venezuela en dos mitades territoriales, y pedir que los de un bando vivan en uno, mientras que los del otro bando se van para el otro lado. Tan estúpido como suena eso, es pretender seguir ignorando a los que no están de acuerdo contigo (y que no van a cambiar de opinión solo porque lo decretes o los ignores), y con el modo de hacer política que la revolución ha levantado. (Distinta cosa sería hablar de las buenas intenciones que la misma tenia, y que aún debemos procurar lograr con justicia e igualdad natural en nuestra querida patria). No puedes salir intacto de esta arrogancia política que pretende excomulgar “revolucionariamente” a quien osara votar por una opción distinta a la que tú representabas. Eso te hace ver enemigos y conspiradores en todas partes. Eso es peligroso para la salud de cualquiera.
Tienes que entender que en Venezuela no podemos aún, a la vista de los abusos y el resultado obtenido el pasado 14 de abril,  hablar de que se estén dando elecciones democráticas y justas, apegadas celosamente a la ley, que buscasen entregar el poder solo por un tiempo finito, a una interpretación política de los designios constitucionales, dado una etapa especifica del país. Me imagino que sabes que las cosas no son así.


Quizás Capriles está limitado por su arraigo a una estructura de oposición a la cual le ha costado enormemente evolucionar y no percibirse como lenta a la hora de exigir y proponer metas claras, sociales y justas, (sin parecer al mismo tiempo hambrienta de poder e influencia), o que no suenen a recetas de organismos internacionales, o de gobiernos “amigos”, y en todo caso, él sigue teniendo delante de sí, el reto de reinventarse y liberarse. Mientras, Maduro no ha dejado de sonar con la misma estridencia con que lo haría una lata vacía con una piedra adentro, al no haber declarado (por interés o conveniencia), su verdadero plan de gobierno. Esperemos que frases tuyas como "Estoy dispuesto a conversar hasta con el diablo", no signifiquen que desprecias a tus adversarios, o peor, que piensas que estamos, -o estaremos-, tan mal, que habrá necesidad de hablar con el que tu mencionas en esa última frase.

Solo queda esperar que las cosas mejoren; apostar a otra cosa sería suicida, y un atentado a nuestros hijos y nietos.


miércoles, 17 de abril de 2013

Maduro: El que no la debe, no la teme.

Los refranes populares son siempre recordados y respetados, porque tienen la sabiduría que los años le dan a la vida.

Lo digo porque independientemente de que se sea de un bando u otro, cualquier espíritu razonable aceptaría que si vamos a poner nuestra constitución por delante de todo, (recordando aquello en lo que he insistido desde el principio de este blog: "Dios, Justicia y Pueblo"), debemos jugar las reglas preestablecidas del juego democrático  y sin importar intereses particulares, atenernos a ellas.

Es debido a eso que le digo al proclamado presidente Maduro: "El que no la debe, no la teme"

El máximo cargo administrativo y político de Venezuela, no es para hacer la voluntad de un parcialidad política nacional; es para cumplir y hacer cumplir los preceptos establecidos en el alma escrita de la nación: Nuestra constitución. 

Si la gente te pide reconteo, hazlo. Sin miedos. Asumo que no le temes a eso. Demuéstrales que no estamos ante un régimen de facto, sino ante un gobierno elegido democráticamente  con una mayoría legal, (aunque tu y yo sepamos que en realidad bastante abuso hubo de parte de ti al usar sin recato alguno, los medios del estado y las instituciones, a tu favor)

No te pido que seas como yo, que en tu situación jamás me habría separado de lo moralmente correcto y legal durante unas elecciones; solamente te pido que recuentes, que demuestres que tu triunfo está respaldado por votos físicos  y no por peligrosos datos virtuales, sin asidero comprobable.

Termina con esta situación que solo te está restando puntos frente a lo que queda de la moralidad ciudadana nacional.



martes, 16 de abril de 2013

Maduro no sabe de matemática.


Pasa otro día en la Venezuela dividida, y solo veo al hombre autodenominado hijo de Chávez, erigido como presidente, apalancando con mayor ahínco en la grieta que ha creado estos dos enormes bloques en la sociedad venezolana.
Simplemente él no entiende de matemáticas: No hay manera en que la mitad que lo apoyó, haga más ruido que la mitad que no votó por él, y viceversa. No hay manera en que una mitad supere a la otra mitad. No hay manera en que una mitad tenga más valor que otra; no hay manera de tener autoridad para acallar a una mitad a favor de la otra, en un país con un marco constitucional tan vapuleado y difuso a causa de tanto abuso e indecoro.
¿Quién más no entiende las matemáticas?... ¿Acaso todo el país?
¿Dónde está la moral?; ¿Dónde está aquel honor cuando la palabra de hombre era oro?
¿Qué hago con la impotencia de ver como las cosas se caen a nuestro alrededor sin necesidad?
Por primera vez en la historia contemporánea de este país, el juego esta momentáneamente paralizado. Como un juego de dominó entre principiantes, la partida está trancada y no hay manera en que las dos parejas de jugadores se pongan de acuerdo. Puede ser un momento peligroso, o puede ser… los inicios de un trabajo de parto un tanto traumático, que termine por parir una nueva opción: La de la tercera vía.
En algún  momento tendrán que emerger los luchadores sociales de lado y lado, los que trabajan la política con honestidad, en el marco de la ley, desde todo el territorio nacional, y enarbolar una bandera común, dispuesta a ceder y a recibir; dispuesta a perdonar, y a confiar, porque esta vez estarían de acuerdo en que la verdadera esencia de la nación, está en su constitución.
Es tiempo de la estridencia; los perros de la confrontación, antes amarrados, ahora están sueltos. Ningún bando logrará resaltar más que el otro, como ninguno de los dos bandos está dispuesto a soltar el cuello del otro… a menos que uno de los dos, decida derramar la sangre del otro.
¿Caín derramaría la sangre de Abel?..., 
¿Quién decide ser Caín?
Aún estás a tiempo Maduro; aún Dios, y hasta lo que aprendieras de Sathya Sai Baba, podría marcar alguna diferencia en tu vida. No sigas mostrando únicamente tu lado más intolerante y soberbio.  El amor no se dice; se practica. Tengo Fe en que puedas hacerlo…
…Ya sólo eso puede tener.

lunes, 15 de abril de 2013

El presidente izquierdista…porque comenzó con el píe izquierdo


Mientras afuera de mi ventana el escándalo de lo que pareciera una lluvia de cacerolas estrellándose contra el suelo, me hace pensar en algunas de las palabras de Maduro al tomar posesión del cargo que anteriormente había detentado ilegítimamente: “Solo el pueblo unido, solo la FANB unida, solo todas las instituciones unidas (…) somos Chávez, somos patria, somos revolución”
Esa frase Sr presidente, es tan inútil como una bicicleta sin uno de sus ruedas.
No puede gobernar para un sector, generalizándolo como si fuera todo el pueblo, como si estuviera unido en armonía y en paz. Eso es mentira; eso es falso. Ganaste porque la maquinaría pudo más que las ideas, que las propuestas, que el deseo de destrancar esta máquina que se niega a moverse y producir algo bueno y justo.

No endioses a Chávez, porque fue humano y cometió terribles errores. Tú eres uno de esos errores.
La mitad de la población que votó y lo hizo a favor de otras opciones, te pide que recuenten los votos, pero tú, junto con tus compañeros, -esos mismos a los que muchos culpaban de ocultarle verdades a Hugo Chávez-, ahora con arrogancia supina, se lanzar a renegar cualquier posibilidad que acalle la duda, y levante la rectitud de instituciones públicas de la que solo los favorecidos de siempre, guardan buenas opiniones.
Estas a tiempo de ser hombre de bien; un hombre que recuperando el legado positivo de Chávez, se deslastre de sus fallas y de su mesianismo. En tus propios hombros y en tus decisiones está que seas no solo el primer presidente chavista, sino también el último.

¿Te has dado cuenta de que la ilustración que más se aproxima a describir lo que tu ahora estás gobernando, es la de un enorme país imaginario, formado por dos estados (Venezuela y Colombia, por ejemplo), donde la capital desde donde gobiernas estaría en Cúcuta, (a medio camino de ambas extensiones territoriales), y en el cual tú te estás empeñando en gobernar para uno solo de esos “territorio”, ignorando y despreciando al otro?
Así esta Venezuela: a ese grado han llegado las cosas. Guste o no, el presidente Chávez utilizó a una parte de la población venezolana como objetivo táctico en su estrategia simple pero efectiva de divide y vencerás, en aras de objetivos específicos de carácter político.
¿Te das cuenta ahora del por qué bajo esta abismal división resulta tan traumático que la diferencia de votos entre ambos candidatos sea tan pequeña?
¿Qué país crees que aguanta eso?
¿Cómo creerte ahora, si tú y tu círculo en cierta forma secuestraron los últimos meses de vida del Presidente Chávez? Como en una película barata de conspiraciones, un enfermo presidente desapareció de la vida pública, no sin antes elegirte, en medio de una cadena de TV improvisada, a dedo, como su sucesor, para luego de dos meses, aparecer muerto en declaración de tu propia boca. Enterrado el muerto, te lanzas a una campaña con todos los abusos posibles, donde no pudiste sacar ni 2% de ventaja.
¿Cómo creerte chico, si terminaste, a la luz de los resultados electorales, maldiciendo a más de 7 millones de venezolanos, de acuerdo a tus propias palabras de hace días?
Te guste o no, tu período presidencial y tu CNE, estarán signados por una nueva frase, acuñada,  esta vez por Capriles: “Máquina mata boleta”. ¿Fueron así las cosas, o te bastó con la maquinaría partidista?
Sé que las buenas ideas no te fueron necesarias…
…y no las había.