martes, 14 de junio de 2016

¿Qué pasa en Venezuela?

¿Será cierta esa Venezuela toda bella que pintan sus gobernantes “revolucionarios”, al mejor estilo de los “noventosos” Teletubbies?: 
“Prados verdes, cielos azules, quizás con una bandera hermosa y soberana, ondeando con el viento de la esperanza por lo bien hecho, entre criaturas coloridas y bien alimentadas que solo gozan de la suprema felicidad social…”
¡Puras mentiras!.



El necesario final de la “Venezuela 1.0”
El cierre de un ciclo que debe iniciar con el primer revocado de la historia.
¿O será que prefiere ser derrocado?; ¿Pero acaso puede haber una rectificación política y ética a través del estamento militar, existiendo una cúpula ministerial de la Defensa tan comprometida con el actual manejo de poder y del cual ellos mismos disfrutan y se benefician?;
¿Será por estas reincidentes conductas en la historia venezolana el por qué las asonadas militares son dadas por los por mandos medios?
¿Dentro del necesario final de lo trágicamente actual, es en realidad requerido un final marcado por un cliché militarista?; ¿O el grado de control obtenido mediante la distorsión del concepto “cívico-militar” gestado por Hugo Chávez y reforzado por Nicolás Maduro, es precisamente garantía de que ello nunca ocurra?
Y si ello no ocurrirá, entonces, ¿Cuál es la alternativa para salir del atolladero moral y ético?
De lo que no tengo dudas es que ya no se trata de estar ante un Estado-nación fallido, y ni siquiera de estar ante la idea de que el país se descalabra; el asunto es que ya está deshecho; ya es una nación disfuncional, con un jefe de estado profunda y negativamente afectado e incapacitado por el poder y la manera en que llegó a éste, resultando en una “nación” incapaz hasta hoy de ejercer coordinadamente fuerza alguna en una dirección de progreso dada bajo el apalancamiento de un mandato constitucional.
No hay Republica en Venezuela, y esto, por muchas explicaciones o argumentaciones que algunos quieran ofrecer para desmentir lo que afirmo, no servirá de todos modos para cubrir la realidad inobjetable de un país que no es capaz de operar ya como tal, dentro de una estructura legal ni siquiera medianamente acatada, y ello ha traído una consecuencia nefasta: Difícilmente alguien puede hoy hablar de la realidad y ser capaz al mismo tiempo de ofrecer un conjunto de directrices sobre lo que hay que hacer, sin pasar por estupideces como el “dialogo entre ciegos y sordos”, el “perdón de lo imperdonable”, y quién sabe qué otros epítetos cada uno más alcahuetas y diplomáticos que el otro, -para nada transparentes-, que no hacen más que dificultar el ver las acciones simples y éticas (pero duras y exigentes), que deben tomarse por la calle del medio, alejadas de las conveniencias de los antiguos bandos que se han alternado el poder hasta hoy.
Seguir hablando de las estupideces y sin sentidos de un “pervertido y ahora embriagado por el poder heredado” como Nicolás Maduro, o del vicepresidente, o de la canciller, o del hermano de la canciller, del defensor, de la fiscal, o de las disque “autoridades” del CNE, o en definitiva, de cualquiera de los testaferros operadores políticos, judiciales o militares que abundan en el entorno de poder instaurado desde hace rato de manera inconstitucional en Venezuela, estructurado en un régimen dictatorial “light” (que descubrió que pararse con la cachucha militar con cara grave frente a una cámara de TV, al estilo siglo 20 ya no es necesario para gobernar bajo la egida de los intereses de quienes mandan), es ya definitivamente perder el tiempo, es “llover sobre mojado”, y en todo caso, es convertir las explicaciones redundantes y repetitivas en una especie de “Medidor de perdición nacional”, pues en cuanto más gente necesite aún que expliquemos el por qué los que gobiernan perdieron representatividad y legalidad desde el momento mismo en que Chávez manipuló el segundo referéndum consultivo en los años dos mil, es porque tanto más tiempo necesitamos entonces seguir sufriendo en este infierno producto de la torpeza de las masas no sujetas a la visión republicana y de la ambición de los que tienen y disfrutan el poder político o económico.
Ya todos aquí en Venezuela sabemos que el gobierno y quienes lo lideran y apoyan directamente tras bambalinas, son inútiles mercenarios de la miseria que merecen únicamente un juicio justo y la muy probable sentencia que deberían pagar frente a nuestros ojos, en cárceles con cerco de ciclón y cámaras de TV que nos permitan ver que siguen presos, mientras que nosotros nos aguantamos (al menos con el aire del consuelo que surge de saber que la justicia si renació y es aplicada), los sacrificios necesarios para lograr enmendar en un tiempo razonable y con hitos de revisión y logros, los entuertos y sufrimientos, los muertos y las injusticias, que nunca debieron ser necesarias para llegar al mismo punto donde tenemos que decidir implementar una corrección y progreso real y medible no cada 6 años con el majadero que se siente en Miraflores, sino anualmente con el premio del reconocimiento o el castigo del revocatorio automático a quienes gerencian las soluciones; nuestras soluciones.
No puede seguir la nación siendo gobernada como si de un partido político de pocas voces en un país bananero en desarrollo se tratara. O damos muestras de nación con pensamiento desarrollado, capaz de planificar el propio futuro de su sociedad a través del consenso y el respeto entre todos, o nos resignamos a vivir en el infierno que de a poco estamos construyendo en Venezuela.
Cuando la capacidad para creer en los políticos se acaba, (como ocurre hoy en Venezuela), es porque el tiempo de cambiar llega, y sin posibilidad de postergación.
No teman: el “vacío político” no existe; no creer en el Gobierno (ni en la oposición que sobreviviendo aún hoy, fue también progenitora de los personajes de la revolución “quintofijista” que resultó ser el movimiento chavista), no implica que falten hombres y mujeres que quieran poner la ética y las buenas costumbres por delante de todo, sin estar atados a los orgullos y arrogancias de creerse con la razón absoluta que no necesita oír, ni dar, ni pedir permiso a los demás.
El mayor peligro hoy, es el mismo que existía antes del “Caracazo” y del golpe de estado frustrado de los que acompañaban a Chávez en el 92: La costumbre de ver a las mismas caras gobernando sin importar los desaciertos que arrastraran consigo. (Como un mal razonamiento en manos de quien no se quiera a sí mismo: “Mejor malo conocido, que bueno por conocer”).
Aunque el referéndum revocatorio tarde en llegar, no olviden dos cosas: 1: No sería fácil hacerlo en un entorno dictatorial light como el presente (las pruebas ya están entre nosotros); 2: Aunque fuera el año que viene, es decir, en el 2017, (y no en el 2016 donde legalmente corresponde y es lo constitucional hacerlo, independientemente de los argumentos levantados por quienes por cierto perderían), igual este no resolvería con su ejecución inmediata, ninguno de los problemas existentes, de un momento a otro, sin primero andar un poco por un camino no libre de dificultades y sacrificios.
Lo importante es dejar en claro que Maduro debe salir del poder ejecutivo y pasar a la historia primero, como el primer presidente revocado de la historia de Venezuela, y segundo, como el presidente juzgado directamente por traición a la patria, por continuar con las entregas de soberanía, territorio y recursos, iniciadas con premeditación y alevosía por el gobierno de Hugo Chávez.
Mientras, como ironía del destino, quienes más se beneficiaron de los mecanismos apaciguadores creados debido a los “miedos” de la revolución a los alzamientos populares, (la comida barata, las misiones tras misiones y las exoneraciones en el racionamiento eléctrico mientras el resto del país se comía “las verdes”), Caracas y sus alrededores como Capital sobrepoblada en un país centralizado hasta los huesos, y levantada –llegado el caso-, contra un gobierno para derrocarlo, serán quienes deban derramar posiblemente la mayor cuota de sangre, en el caos inicial del proceso de cambio que pudo (y por pocos instantes aún, puede ser), por la vía democrática, nacional y electoral, a fin de prescindir de los servicios de tan mal gobierno actual, como de tantos cómplices sobre los que se mantiene en pie.
No deberán temerle al armamento anti manifestaciones (comprado a China en cantidades industriales con el mismo dinero que ellos nos prestaron), ni temerle a los grupos de civiles armados que aliados del gobierno han armado hasta los dientes.
Sin dudas queremos salir de ellos (de todos), por la vía democrática y pacífica, porque aún hay tiempo, pero si no es así, solo una pregunta les puedo hacer:
¿Se aguantarán toda esta tragedia hasta que ustedes se mueran enfermos o de viejos y la hereden a sus hijos, (mientras los hijos de ellos florecen en la abundancia de lo robado), o buscarán concretar una tercera vía como salida sin importar cual sea  el costo que como sociedad y país podemos pagar?
La lógica es clara: Si la solución pacifica no se concreta, su espacio será ocupado por las opciones violentas.

¿Es necesario llegar allí cuando aún la paz puede tener oportunidad?

miércoles, 11 de mayo de 2016

La Venezuela inconstitucional; esa donde ya no hay donde exigir el cumplimiento de la ley.

El durísimo camino para llegar a la “Venezuela 2.0”

Era inevitable que en los estertores del final anunciado, comprado con la devaluada y mal acuñada moneda del “Cuartofijismo” y el “Quintofijismo”, la sociedad terminara perdida en su propio laberinto, incapaz de conseguir opciones para continuar el statu quo autoimpuesto.
Y en ese laberinto donde viven los que más, -y son arrastrados el resto-, no hay tripleta más poderosa presente que la formada por el conjunto-pareja Maduro y Cilia, en comunión circunstancial con la cofradía erigida sobre la figura de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y el ministerio de la defensa.
Debido a este pacto de intereses existente, todo lo demás que pueda ser llamado estado y gobierno es ya accesorio, incluyendo a la neutralizada (por torpeza reiterada de sus integrantes), asamblea nacional.
NOTA:
De esta asamblea mayoritariamente de oposición hay que decir que pese a los pronunciamientos ajustados a derecho, e intenciones claras de buscar aire para una gobernabilidad, lo cierto es que han dejado demasiadas puertas abiertas para que el oficialismo actual se cuele y continúe haciendo lo que le viene en gana aún en abierta confrontación con la constitución; las actuales manipulaciones en contra del referéndum, son un ejemplo de ello.
Hasta tanto la oposición deje de verse a sí misma como la alternativa al oficialismo, solo por no haberse establecido una tercera vía, no habrá posibilidad de crecimiento real; tan solo seremos testigos de un correr de arruga, pero en otra dirección a la que utiliza el gobierno al presente.
Error constituye en la actual oposición considerar que su crecimiento supone un apoyo directo a sus planteamientos políticos, más que al castigo electoral meramente; igual yerro cometen los que anunciado un referéndum, suponen el fin de todo, como si la remoción de un presidente supusiera una crisis, y no una salida prevista constitucionalmente, a una coyuntura de gobierno, cuando este no sirve.

Todas las demás minorías que ayudan a administrar el poder en el país, orbitan alrededor de este triple núcleo de intereses y componendas levantado sobre los huesos de Chávez, a imagen y semejanza de lo que él creó para sí mismo como única interpretación de gerencia político administrativa. La polarización resultante de un país cosido a partir de retazos de “tela social”, con puntadas de hilo impune y discriminador, que ahora se deshilacha por doquier dando el desenlace no deseado mas si esperado, a pesar de un trabajo que más que eficiente, solo es la resultante de la complicidad de todos.
Nada que hacer ya para evitar la debacle con los actores y libreto de la pantomima presente.
Nunca personas con menores trabajos políticos de relevancia a sus espaldas como currículo, habían llegado tan lejos (Cilia y Maduro); nunca nadie había logrado coordinar los intereses innombrables de tantos, para lograr el beneficio neto de pocos.
Venezuela se termina de derrumbar como nación que jamás dejo atrás el capullo del capricho y la soberbia resultante. Lo que logre prosperar en este territorio y con esta población variopinta y sin demasiado sentido de país, no debiera llamarse más Venezuela, porque los cambios requeridos para la sobrevivencia son tales, que los más viejos aún vivos difícilmente la reconocerían como su país de origen. Acaso si los términos computacionales se utilizaran en lo que a naciones se refiere, tendríamos que describirla como una “Venezuela 2.0”.
No se resistan a una verdad que por no terminar de comprender, no los hace libres.
Ya de facto no existe gobierno como tal; únicamente una administración gobernante atomizada en cientos de esferas de intereses y poder, donde más o menos las fuerzas militares se mantienen neutrales en cuanto a exigir legalidades absolutas, actuando más bien y casi a coveniencia de si mismas, como garantes de las ruinas de un gobierno central, al tiempo que las personas viven sus propias vidas, devorándose socialmente las unas a las otras. La intentona de coordinación nacional en beneficio de las mayorías, (enmarcada en la segunda etapa de la cuarta republica, y denominada “revolución” o como le llamo ahora: “Quintofijismo”), lejos de haber logrado buenos frutos, (más allá de ideas concretas pero atomizadas en una diáspora de instrumentos que rápidamente fueron asimilados por la inmoralidad de la función pública sin ética), solo automatizó y llevó la corrupción a un nivel de proporciones bíblicas al estilo de “Sodoma y Gomorra”, tal como a la impunidad anteriormente acumulada había bastado para desembocar en eventos como los del 27F/87 o el ya famosamente nefasto 4F/92.
Hemos aprendido a engañarnos incluso con lo que no podría ser ocultado; la desfachatez se hizo norma, mientras que la verdad se convirtió en peligrosa expresión que no llevaba a mucho.
Una sociedad toda acostumbrada a vivir con el goteo remanente de una riqueza cuyo chorro inmedible se quedaba siempre en el camino de los bolsillos de todos cuantos podían arrimarse a la fuente infestada de corrupción. Una sociedad envidiosa ahora de quienes tienen mucho, y reacia a probar otra opción que no sea la del sendero más expeditamente fácil para también tener. No hay pues, camino honorable y ético que pudiera en estas difíciles circunstancias,  salvarse de la salpicadura de una injustica continúa hecha impunidad, con el acto de lo antisocial hecho valor de vida (desde la infracción de tráfico, pasando por el bachaqueo, hasta llegar al cobro de comisiones en todo).
Es duro hablar de estas cosas, pero insisto queridos compatriotas, en que no deben temerle a la idea de aceptar TODA la realidad, pues es de hecho el único camino. No hay otro.
El daño estructural nacional está anidado en lo más profundo de una sociedad que no consigue justificar el sacrificio que ahora es necesario hacer para salvarse; nuestra incredulidad hacia un orden real y practico mas allá de nosotros mismos como individuos en una comunidad conceptualizada en el marco de una nación que se llame Venezuela, hace precisamente que todo esfuerzo termine como el agua que se quiere guardar en cantimplora de cuero roto.

La marginalización de todo, mientras que no ve luz institución capaz de evitar la salpicadura de la corrupción, son muestras contundentes del “final de los tiempos” de lo que desde años llamamos con tanto desparpajo como Democracia. Un oficialismo tan incompetente como el oposicionismo que lo adversa, no son más que ingredientes inevitables de una bomba de tiempo que sin matar de inmediato, explotará y herirá profundamente a todos, solo para que mueran de a poco desangrados. (En sentido figurado, claro).

Necesario parece ser todo esto para que afectado cada uno sobre este país, no haya quien no levante su voz para exigir ya no justicia o comida, luz y trabajo, sino mecanismos inalterables para poner en práctica instrumentos que hagan inviable la corrupción, la inoperancia, la falta de ética y la impunidad que trae la injusticia no ya dejada libre a su albedrio, sino ejercida con premeditación y ambición, característica de nuestros tiempos.

Nos hemos acostumbrado como colectivo disperso, a buscar nuestro camino en medio de la oscuridad, únicamente mirando al suelo, y alumbrándonos si acaso con la luz de una vela. Jamás hemos practicado a lo grande nuestros más acallados sueños sociales, mientras manteníamos la visión y la voz crítica sobre quienes asignábamos estas tareas republicanas. Nunca hemos buscado el potente haz de luz de la ética para escudriñar mas allá de nuestros horizontes diarios de supervivencia, aunque ello quemara nuestros empequeñecidos ojos por la oscuridad aceptada, y eso nos ha condenado al actual estado de las cosas.
Hasta que los sueños de grandeza no vengan de la mano de una igualmente grandiosa honestidad que señale culpables y les haga pagar, no habrá cambio real. No se trata ya de “dialogo nacional”, de “concertación entre hermanos” o de “indultos y amnistías”, pues sin el castigo ejemplarizante, salido de la “dictadura de la constitución”, no habrá posibilidad alguna de construir tan siquiera el primer ladrillo necesario para erigir la tan necesitada fe nacional.
No sigan viendo la sinceridad como un insulto, mientras que a la alcahuetería como una virtud.
Ya no se trata de un “sálvese quien pueda”, pues es más bien cosa de un “agárrense de donde puedan”, porque lo que no querían que llegara, está aquí: La visión de un pueblo condenado a sí mismo a sufrir, por no haber pensado con cabezas frías las cosas.
Apenas quedan instantes para modificar el duro final; casi nada.

Eligieron a Barrabás, y la historia nos ha dicho lo que pasó.



sábado, 30 de abril de 2016

Las minorías en Venezuela.

No lo duden: Este país en uno de minorías.
Mientras la nación toda sigue rodando cuesta debajo a punta de las patadas de Maduro y su oposición (El como representante de cuanta cosa mala se ha hecho en el país desde el 99, y la oposición como imagen de los que han permitido con sus torpezas y omisiones que esto transcurra incólume durante 17 años en manos de Chavez/Maduro), no puedo dejar de ver como tan pocos deciden por tantos…
Y es que contra todo pronóstico, en la Venezuela donde siempre se habla del “pueblo” como único dueño del poder soberano, lo patéticamente cierto es que en realidad esta masa de gente que se ha quedado por voluntad propia sin capacidad real de alterar el rumbo del país más allá del escueto mecanismo electoral que el gobierno y CNE dispongan, está cruzado como “pueblo”, y desde todas direcciones, por una cantidad inaudita de minorías que controlan, articulan y gestionan hipócritamente toda decisión que aquí se toma, a espalda de quienes son las mayorías.
Podría comenzar a hablar de esos grupúsculos desde el siempre rocambolesco ángulo de lo político, habida cuenta que la situación que atraviesa el país, flotando en su limbo  autodestructivo, (seco y de escasa electricidad, alimentos y medicinas), siempre manteniendo su fútil esfuerzo por flotar en esa especie de fenómeno etéreo creado a partir de la impresionante e innecesaria colisión entre corrupción y dinero, (como si del impacto entre partículas y antipartículas en el reino de la física subatómica se tratara, dando origen a un entorno extraño, lleno de nuevas expresiones de “energías” y “materia” nunca vistas).
Al final, esta “nada” etérea que se antoja como inútil esfuerzo frente al gran círculo por el cual estamos deambulando, (siempre para terminar llegando al mismo punto muerto y coyuntural de donde partimos), en hasta hoy, una inutilidad hecha hombre y funcionario en la carne de Nicolás Maduro, (del cual ni se conoce a ciencia cierta su nacionalidad originaria, aunque ello parece que importe ya).
Si algo estamos demostrado como sociedad, es que conocer la verdad no nos hace libres.
El acto simple pero contundente de hacernos la pregunta sobre ¿Qué debemos hacer como sociedad?, sencillamente no llega.
No hay siquiera algún resplandor en la distancia que indique que ello puede ocurrir; (No: ni siquiera la perspectiva de un Referéndum Revocatorio). No hay nada, salvo la esperanza de que llegado al final, (y derramada quién sabe cuánta sudor y lagrimas), la locura de paso a la sensatez, como la tormenta destructiva da paso al cielo soleado. Solo hay a nuestro alrededor, “la nada” política, “la nada” económica, “la nada” militar, “la nada” educativa, “la nada” laboral, y “la nada” contrabandista/bachaquera; hasta la impunidad se ha vuelto un territorio de  “la nada”, como si fuese algo sin sentido, algo que difícilmente podría contrastarse con algo que pareciera justicia.

No demos más rodeos al asunto: En Venezuela gobiernan las minorías: La de la cúpula del PSUV, que se hicieron para sí de los huesos del otrora caudillo que enamoraba a todos a lomo de petróleo a 100$; la minoría del TSJ, la del mando militar, la de la cúpula empresarial, tanto oficialista, como opositora (y también la que tira para ambos lados discretamente); la de las iglesias, y la de los sindicatos en cada empresa donde sobrevivieron y triunfaron sobre los intentos de crear el control obrero; la minoría encumbrada en el petróleo a través de PDVSA y otras empresas petroleras creadas ex profeso para darle poder reforzado incluso a la “minoría” del mando militar, sin olvidar la otra minoría que copula sobre los minerales. La minoría que controla las mafias del contrabando, y del bachaqueo; la minoría que reparte y comparte los dólares preferenciales, sin olvidar a propósito, la minoría sentada en el gobierno de Cuba. La minoría que desde China presta dinero, y la de los chulos que en el Caribe y en América gozan de lo ajeno sin repartirlo con sus pueblos. No nos olvidemos de las minorías que controlan los medios, ni de la que administra al CNE. Incluso la actual “minoría” en la Asamblea nacional, que irónicamente antes se asociaba con “mayorías”, y que en realidad nunca dejó de ser la pequeña cofradía de donde emanaban las acciones para concretar los deseos de las otras minorías, todas juntas y en orgia, disfrutando del poder.
Incluso, entre las víctimas de esta gran tragedia general no puedo dejar de mencionar con cierta ironía a la que finalmente sería la minoría que se aglutina como ciudad por derecho propio, constituyéndose en la denominada “gran minoría”: La gran Caracas; esa a la que no le cortan el servicio eléctrico de manera programada como al resto del país. La Caracas que aún siendo revolucionaria hasta hace poco, se ve a sí misma como la entrada de Venezuela, aceptando que al resto de todo el territorio nacional se le denomine aún con el epíteto de “interior”.  
Recuerden esto: las minorías mandan, porque la mayoría que conforma la verdadera sociedad (que como plastilina vieja de niño que ha mezclado todos los colores que originalmente tenia), ahora da para moldearla para lo que se quiera, y lo mismo ha pasado con la interpretación de los principios como valores de vida en nuestro país: Por eso es que las interpretaciones legales de las cosas, y de los instrumentos incluso creados y refrendados en procesos propios concernientes a la soberanía del pueblo, se han vuelto más importantes que los principios morales y éticos que les precedieron y guían, abriendo con ello el compás para que miles de injusticias ocurran unas tras otras sin cesar, con lo que por cierto, lejos de aliviarse la presión social, lo que se hace es aumentarla, retroalimentando y reforzando los controles que la misma “interpretación estricta de la legalidad” (a través del establishment político instaurado por Chávez), posibilita hacia sus conciudadanos, en un ciclo sádico donde todos por estar en el mismo país, (y hasta en el mismo planeta), perdemos.
Si no fuera así, ¿Por qué creen que medidas tan injustas como la de sacarle el servicio eléctrico por 4 horas a todo el país, -menos a Caracas y a un par de sitios más-, no genera en estos últimos una “corriente de solidaridad” que debidamente expresada, obligue al gobierno a sacárselo a todos por igual, resultando ello quizás en una media aritmética de menor cantidad de horas para todos?
Es simple la respuesta: El individualismo, (y la falsa sensación de beneficio neto que ello genera en cada persona que la practica), nos está matando, y a nuestros “demonios y vampiros” criollos, enriqueciéndolos.
Seguimos dándonos de golpes entre las paredes del socialismo y el capitalismo, creyendo que ellos son todos los modos de concebir la administración social en la vida, y manteniéndonos con ello entonces incapaces de accionar en un sentido distinto, capaz por cierto de darnos identidad y sentido de dirección como nación.
Así, viendo todo en realidad bajo ese soterrado ángulo, -el del empoderamiento de las minorías como controladores del resto mayoritario de la sociedad de un país y todo lo que hay en él-, era en todo sentido, evidencia inevitable de observar antes del colapso en el marco muy amplio del ciclo de las sociedades.

No se extrañen por las manifestaciones violentas de estos tiempos; no necesariamente por ser posibles de interpretar en términos bíblicos, sino porque son señales inequívocas de que la olla donde se cuece la sociedad venezolana, está por rebosarse.

No dejen de ver los arboles, por contemplar solo el bosque...

viernes, 15 de abril de 2016

Se acabó la espera. Ya Maduro puede ser revocado

No hay más pretextos; no hay mas escusas; nada más que esperar ni que argumentar en contra: O se activa el referéndum revocatorio de Nicolás Maduro de inmediato, o estaremos ante una nueva prueba irrefutable de que estamos frente a una dictadura moderna, maquillada de democracia tropical.

Maduro ha sido y sigue siendo con intensidad inaudita, un ser incapaz de llevar las riendas de un gobierno; cada día adicional es un castigo enorme para todo el país, en buena parte por sus propias torpezas políticas y sociales.
REVOCAR es la única salida, aunque sea para caer en otro seguramente no mucho mejor que este, pero necesario es arriesgarnos y salir de esta "NADA" inútil y retrograda en la que estamos todos.

Decidan si van a seguir aguantando o van a tomar las riendas de sus existencias como componentes de una sociedad nacional.

domingo, 3 de abril de 2016

10 días para activar el referéndum al incompetente de Maduro: ¿Alguien hará algo?

Si existiera un concepto denominado "Nada Negativa", eso describiría lo que ocurre en Venezuela; La inutilidad comiéndose a si misma.
El punto es sin embargo, que absolutamente nada cambiará si Nicolás Maduro no sale del gobierno junto a todos sus cómplices, para ponerse a la orden de una justicia que si funcione; el referéndum revocatorio es totalmente necesario para no caer en el caos de las salidas inconstitucionales, y SOLAMENTE LE QUEDAN 10 DÍAS A LOS POLÍTICOS Y FUNCIONARIOS, PARA SER HONESTOS Y ÉTICOS AUNQUE SEA UNA VEZ EN SUS VIDAS.

Les digo que si esta gente no nos permite activar el mecanismo constitucional del referéndum, -y nosotros lo aceptamos mansamente-, pues estará plenamente justificado ante la historia, que Venezuela sucumba en medio de los excrementos de su propia miseria social y humana.

Si no se activa lo constitucional, será lo inconstitucional lo que reemplace cualquier sentido elevado de moral que pueda quedar entre nosotros. Seremos tan culpables de todo esto, como lo fueron en su momento los alemanes por encumbrar a Adolf Hitler en el poder de Alemania en los años 30 del siglo pasado, con todas las consecuencias vividas posteriormente.

10 DÍAS ES TODO LO QUE TENEMOS PARA COMENZAR un cambio sensato, sin tener que derramar más sangre de la que ya tiñe las calles de nuestras ciudades. Puedo aguantar un poco mas de deshonra y de dolor por no conseguir alimentar plenamente a mi familia, mientras la sociedad se hace una sola mafia en el negocio del bachaqueo, pero no quiero aceptar ni un día más a este inútil que Chávez nos propuso como presidente, y que la inmoralidad permitió que ascendiera a este cargo de la mano de una dudosa "mayoria" de mitad mas uno.

10 dias para que la inmoralidad comience ha desaparecer, porque sino, lo que desaparera como pais, sera Venezuela, y TODOS seremos culpables.


jueves, 24 de marzo de 2016

21 días / tres semanas para activar el referéndum revocatorio a Maduro. ¿Los políticos, cumplirán nuestras exigencias?

Estoy escéptico; no creo en los políticos ni confío en ellos: Ni les doy el encargo de botar la basura de mi casa, pues seguro la riegan a mis espaldas o la negocian con algún vecino para ocultarla y que yo crea que la botaron, para así ganarse mi favor al momento de una elección.
Si nosotros fuimos los que elegimos a los políticos que detentaron -y detentan- funciones de gobierno, nosotros somos entonces los responsables de esta debacle; no tanto porque nos engañaran ocultando sus verdaderas intenciones de aprovecharse del cargo y del poder asociado a este, sino por no haber intentado ni siquiera el procurar controlar a los que fueron electos mediante los instrumentos creados constitucionalmente para tal efecto. Les dejamos muchas “salidas de emergencias”,  “atajos” y “limbos jurídicos” disponibles y abiertos en la constituccion aprobada, y resulto ello en un abuso sistemático del poder administrado por parte de todos esos personajes, trayendo como nefasta consecuencia el secuestro del sistema democrático, metamorfoseado en un parapeto que no por estar llenos de elecciones, refleja la voluntad de la sociedad que elije.
Por esta razón es que ahora tengo profundas dudas sobre si el instrumento del referéndum revocatorio actuará y operará de acuerdo a nuestras voluntades y designios, para cuando el próximo 15 de Abril, se cumplan 3 años desde que el incapaz de Maduro fue “electo” (cosa que aún dudo), presidente “constitucional” de Venezuela y éste fuera adjudicado por el CNE.
El parapeto democrático resultante tras la deformación del espíritu constitucional del 99, (trabajo comenzado por el mismo Chávez cuando violentó el espíritu constitucional para realizar un segundo e inmediato referéndum consultivo), trajo como consecuencia que la “ventana” abierta para revocar a Maduro -y cambiar totalmente el gobierno que preside-, no dure más de seis meses, y ello implica que los políticos y funcionarios en ejercicio pueden crear cualquier marramuncia para dilatar la ejecución del referéndum más allá de ese plazo y con ello, lograr pisotear nuestra voluntad en beneficio de la de ellos, logrando dejar como sustituto, (en el mejor de los caso), al vicepresidente que les haya dado la gana de nombrar.       

21 días es lo que queda a partir de hoy; no hay más tiempo para las excusas; no hay más tiempo para los pretextos. 21 días tienen los políticos para tomar la resolución moral, por primera vez, de hacer LO QUE NOSOTROS ORDENAMOS: El referéndum revocatorio a Nicolas Maduro.                                                                                           

miércoles, 23 de marzo de 2016

La lección que Venezuela se niega a aprender.

(Caso de Maduro, los políticos venezolanos, y el grueso de la sociedad venezolana)

Sin duda que lo que más llama la atención en nuestro país, (aparte de la cuestión sobre cómo teniendo tanto dinero, terminamos en la miseria), es la muy evidente sumisión colectiva a las circunstancias: No solo se trata de un presidente flotando en la “nada” resultante de un país arrasado económica y moralmente; también es el contemplar a toda una sociedad “inmóvil” en esa “nada” sin que reaccione en alguna dirección, como si de un Karma silente que hay que soportar se tratara, y que donde todos estuvieran claros en que deben soportarlo para trascender a una vida mejor más allá de la muerte que aquí les espera. (…)
Ahora, como sabemos que la gente desconoce que es esa cosa del “Karma”, y no dominan en muchas de las cosas que ocurre o el por qué de éstas, hemos de terminar buscando la génesis de todo esto en estratos mucho más profundos y retorcidos de nuestra propia sociedad, amalgamada luego de las guerras de independencia y federales, con el petróleo que brotó entre nuestros abuelos y nosotros.
Con respecto al  Maduro de hoy y de siempre, no hay nada que decir en el contexto de la política venezolana de los últimos años; es como el cuero seco de un animal que murió hace tiempo, y que el viento aún no termina de arrancar de sus huesos expuestos al viento.
Sobre el resto de los políticos venezolanos, divididos en el presente entre llamar a un referéndum que no pueden controlar, o las ideas sobre unas enmiendas tan extemporáneas como las hechas por Chávez, pasando por los políticos que contra todo pronóstico, aún juegan a dejar a Maduro hasta el 2019 disque para que “se termine de desgastar políticamente”, como si no importara nada más en la vida del país, como si asesinatos, las muertes por enfermedades que no hay con qué atender, o la inflación y escases inducida por el contrabando  que nos desangra con más fuerza cada día, para entonces “ahí sí”, salir del a todas luces incapaz presidente actualmente en ejercicio, dándole con ello “vía libre” a los mismos personeros que estuvieron dispuestos a inmolar a su propia gente en una innecesaria espera de tres años adicionales a los ya tristemente transcurridos.

La sociedad ha entrado en una peligrosísima inamovilidad conceptual; solo aguantan por aguantar, y en el proceso toleran lo injustificable, incapaces de encontrar una alternativa a lo que viven permanentemente.
Es como el que atormentado por su concepción de la vida, no se decide entre romper con todo lo anterior o suicidarse, viendo en el ínterin, como se le pasa la existencia en medio de la futilidad, entre la miseria de solo comer, dormir y defecar.
Como individuos, en Venezuela hay luces brillantes que describen con entusiasmo el camino que debe tomarse como sociedad y como nación, pero como colectivo, la verdad es que nos hemos vuelto como los personajes “zombies” de esas películas retorcidas y  baratas del género de terror, pero con la casi penosa diferencia de que en vez de andar juntos aunque sea para comer cerebros, solo nos quedamos parados ahí, muertos e inútiles, haciendo una “cola circular y eterna”, en medio del apocalipsis de la humanidad.
Somos como maíz para cotufas, con la temperatura adecuada para explotar, pero sin ningún espacio para hacerlo dentro de la paila tapada.
El que todos los servicios colapsen en las grandes ciudades no parece ser tampoco motivo para buscar o mucho menos exigir un cambio; no importa que quizás el complejo hidroeléctrico del Guri se quede sin agua, o que los embalses de las hidrológicas se queden vacíos de agua potable por mala planificación, mantenimiento y falta de rigurosidad en el cobro de lo justo: simplemente el país se cae a pedazos, pero parece que todos se fueron de vacaciones en Semana Santa.
Oficialismo y oposición se toman sus “merecidos” días libres, mientras los demás se acostumbran a tener el excremento ya a nivel del cuello en este peregrinar diario por subsistir.
“Alegría de tísico”, dicen en mi tierra, pues los que más, se felicitan a sí mismos cuando consiguen un producto de la cesta básica a buen precio, sin que hubieran “bachaqueros” o colas, o cuando en un chat de whatsapp, hecho expresamente para el truque de productos, consiguen la alegría de cambiar un paquete de jabones, por una botella de salsa de tomate “Kétchup”.

Alguna vez escribí que me sentía como quien observa una gran e inútil pelea desde la ladera de una montaña, mientras los demás se mataban allá abajo en el valle de la estupidez y yo aguardaba por aquellos que despertaran a la sensatez; ahora comprendo que la pelea hasta derrumbó esa ladera sobre la que me sentaba sin que me percatara del peligro, y como un idiota terminé rodando cuesta abajo y metido de lleno en el valle donde la estéril pelea sigue su curso, con todos los protagonistas acostumbrados a la violencia fútil, como si esa fuera la razón de la existencia misma.
Hoy escribo sintiéndome como si estuviera gritándole a una pared, porque esa estructura no se decide a hacer algo para cambiar su rígida condición.
Escribo un poco para que sepan que aún estoy vivo, y que lo hago en “modo de supervivencia”, mientras lucho dedicando mis esfuerzos a lograr algún nivel “decente” de sustento para mi familia, en tanto contemplo como los puercos que nos han gobernado desde la salida de Pérez Jiménez, han destrozado miles de oportunidades de grandeza, llevándonos con nosotros de las manos, -mansos y como descerebrados-, hasta el crudo presente donde un incapaz, hijo de los errores de otro parido en medio de la inequidad social, se dedica casi que creyéndose verdaderamente como el “ungido de la patria”, a destruir con su incompetencia -y la de los que le rodean-, lo que incluso hasta el presente ha servido como el destartalado vehículo que nos ha traído al medio de un desierto: La soberbia.
Hay signos por doquier de lo mal que van las cosas: Una frontera cerrada desde hace meses, y la gente no hizo más que acostumbrarse; un dólar paralelo que “pulveriza” al gobierno, sin que este de pie con bola; una burocracia que no cesa de crecer y hacerse golosa con el poder con cada “motor” y ministerio u oficina creada; una sociedad dividida entre los que tienen dinero y los que son asalariados (que en Vzla significa apenas poder sobrevivir), sin que se cree tensión suficiente para accionar un mecanismo de cambio; hasta el vestir de la juventud deja ver la realidad, con sus actuales faldas cortas y entalladas, que van en contra de las teorías de Desmond Morris acerca de la longitud de las faldas dependiendo de las crisis sociales que se vivan: largas para malos tiempos, y cortas para los buenos.
Un gobierno y una sociedad que mientras se va alegremente de vacaciones a la playa o a la montaña, con sus maletas llenas de papel higiénico, jabón y pasta dental, -porque saben de la escases allá a donde vayan-, mientras reclaman estar entre los primeros puestos de los países más felices del mundo, no puede ser peor indicativo de la estrafalaria mentalidad que nos está azotando como nación.
NOTA: Me pregunto: ¿Cuántos funcionarios estarán a estas horas del inicio de la semana santa venezolana, en Aruba, Curazao, Florida, o algún otro paraje idílico para el turista millonario?; ¿Cuántos de ellos pasarían una auditoria de sus ingresos?
Los periódicos se quedan sin papel (como nuestras salas sanitarias), y apenas ello estimula un discreto voltear de cabeza a ver qué pasa; el máximo tribunal de la republica se llena de magistrados electos de forma irregular e ilegal, y eso apenas sirve para que la gente se encoja de hombros; El ejecutivo reniega de cualquier indicación legal emanada de la asamblea nacional, y todos los poderes salen a justificarlo mientras la asamblea misma reacciona con la agilidad de una Pereza de la selva amazónica. La velocidad de la expansión inflacionaria en el país deja en pañales al “Big Bang” que dio origen al universo, y la gente solo atina a salir más temprano para conseguir mejores puestos en las colas de los productos regulados, a ver si le ganan a los bachaqueros (contrabandistas). Mientras, los que menos, esperan con comentarios entre dientes a que una fuerza armada de un golpe que rectifique a la vieja usanza las cosas, ignorando el hecho de que los militares están muy cómodos y gordos, jugando con sus puestos burocráticos y los juguetes bélicos que el gobierno no se cansa de regalarles, mientras los reorganiza eternamente en nuevas y más “eficaces” estructuras estratégicas y tácticas por toda la nación, aunque sin que ello toque ni de cerca, las áreas de influencia del gobierno de Guyana, de las guerrillas importadas, las “endógenas”, y los cotos mafiosos que pululan por doquier.

Hermanos y hermanas, solo sincerándonos podremos comenzar a buscarle una verdadera solución a esta debacle “pluripolar” (como decía el hombre de las oportunidades perdidas; nuestro dicharachero Hugo Chávez); no tiene por qué ocurrir un episodio aun más terrible para que comencemos a bajarle a la prepotencia de la que hacemos gala como sociedad dividida, para resolver hacer algo al respecto. La delincuencia, la escases y la falta de medicinas, deberían ser suficientes motivos para comenzar a enmendar todo lo malo acumulado por décadas; las mafias solo se desmontarán con mucha oferta de trabajo atractivo económicamente, justicia y un brazo armado civil poderoso y recto, que también haga visible y evidente a esa justicia en acción mediante cárceles hechas con cerca de ciclón y carpas militares, sin beneficios adicionales, y donde los “privados de libertad” por haber sido delincuentes durante sus funciones públicas (de presidente para abajo), puedan ser monitoreados mediante cámaras, y así cada quien pueda verse reflejado ante esa realidad, y comenzar a comprender que “la cosa va en serio”.
El “bachaqueo” solo se desmontará con precios liberados y protección a los verdaderamente desposeídos, en conjunción indisoluble con un paquete político/económico justo y equilibrado que acabe con la pérfida inflación, incentivando una vez más el ya mencionado  trabajo económicamente atractivo. La falta de ética en la función de gobierno solo se acaba con castigos ejemplarizantes y auditorias continúas de la cosa pública. La vuelta a los cuarteles del componente militar de la sociedad, solo se logra liberándolos de las responsabilidades administrativas en lo civil.
Debemos entender que con cada día que pasa sin un accionar coherente (como ocurre en estos fechas de “semana santa”, donde como decíamos, obviamente todo el mundo se va de vacaciones, incluyendo el gobierno), el hueco donde estamos se hace más profundo, y llega entre nosotros el momento en que nadie a ciencia cierta podrá decir si existe un camino razonable de retorno, sin pasar por una guerra interna, una dictadura, o una intervención extranjera venida de la hipócrita UNASUR, o de la ONU.
El estado fallido no se hace una idea descabellada cuando vemos que NADA NI NADIE ACCIONA para enmendar el entuerto nacional. Con más de 25.000 muertes por año, no es necesario declarar un estado de guerra real (no imaginaria, como la que inventa el gobierno para justificar su estupidez económica), para entender que el concepto de estado fallido se nos hace muy semejante  a lo que vivimos:
¿Acaso la incapacidad para controlar zonas del país, o de las ciudades a manos de la delincuencia y las mafias, o la inflación desatada, o los ingresos económicos que de inmediato se van en pago de deudas mal adquiridas o a manos de los delincuentes de cuello blanco, o el trafico bidireccional en la frontera, o los movimientos incontrolados tanto inmigratorios como emigratorios, o la expedición de cedulas o pasaportes sin auditoria posible, no son pruebas irrefutables que eslabonadas como cadenas, demuestran la existencia de un camino preciso y duro hacia el estado fallido, lastrado por todos sus vicios sociales, políticos y económicos?
Lo hemos dicho una y otra vez: No hay alcohólico que salga de su adicción, sin reconocer que llegó al fondo y que necesita ayuda y apoyo.
En el caso de un país como el nuestro, la ayuda vendrá del sacrificio que todos estemos dispuestos a realizar, a condición de que cada delincuente de cuello blanco, que cada mafioso, y que cada malandro, pague su acto contra la sociedad, de forma pública y notoria.
El apoyo vendrá desde todo aquel ente nacional o internacional, así como de todo recurso repatriado que en sana justicia logremos obtener.
Insisto: No habrá solución hasta tanto todos nos desnudemos, y admitamos que “izquierda y derecha”, “oficialismo y oposición”, son solo adjetivos utilizados para dividir, despreciar y discriminar al otro. Solo como NACION; solo como SOCIEDAD, solo como VENEZOLANOS podremos extenderle la mano al que lo necesite, castigar al que se haya equivocado, y construir un legado sobre el cual puedan crecer y construir a su vez, las próximas generaciones.
El daño lo hicimos nosotros, todos los vividos desde la caída de Pérez Jiménez o durante el tiempo para llegar hasta el presente, -siendo hoy mayores de 18 años-; todos debemos hacer entonces el sacrificio para que no termine esta década, sin comenzar a ver luz al final del túnel.
Hombre y mujeres, civiles y militares, funcionarios públicos y comunas; ateos y practicantes; consejos comunales y asociaciones de vecinos, venezolanos y extranjeros en esta tierra, TODOS han mostrado que no hay solución incorruptible, si no existe la verdadera y cristalina constitucionalidad de las instituciones llamadas a ejercer el control y monitoreo de una sociedad organizada como republica, administrada por funcionarios y funcionarias temerosos de una justicia rigurosa, como piso de soporte de una verdadera justicia social.

La lección que se niega a aprender se vuelve la más dolorosa, en tanto que el tiempo disponible para el cambio, se agota inmisericorde.

domingo, 28 de febrero de 2016

Maduro y sus 100 días de restante desgobierno.

En palabras del presidente Nicolás Maduro, corren a partir de hoy sus 100 días de revolución agrícola urbana, para comenzar a tapujarnos de verduras revolucionarias. Esto claro, sin que importen todos los recursos que se dilapidarán en esto, cuando se podían dedicar al verdadero campo venezolano; tampoco será relevantes los metros cúbicos de agua que no hay, y que tu harás “parir” a tus zalameros funcionarios ahora “repotenciados” en una nueva corporación burocrática chupa dólares, desviándolo de su uso humano domestico, para aportar el vital liquido que ahora van a requerir los “millones” de kilómetros cuadrados que pretendes cultivar en la fantasilandia urbana de la revolución puntofijista que en realidad, denota con su actual dificultad económica crónica, la proximidad de un punto de inflexión en el país, (aunque no sea el único).
Yo tengo sin embargo, algo que decir sobre esos 100 días que planteas:
Son los que te deberían quedar Maduro, en el poder.
Menos de 50 días faltan para que se pueda activar el proceso para llamar a referéndum revocatorio, y demos 50 más para concretar la acción refrendaría si las instituciones deciden ser moral y éticamente correctas, ante la exigencia del poder original que nace de la sociedad ahora desesperadamente silente que habita en las ciudades y pueblos de Venezuela.
100 días para que llegado el último de ellos, te despidas del gobierno, y pongas el cargo a la orden y tu libertad a disposición de la justicia venezolana, si es que para ese momento ésta ha decidido ser en verdad, justa.

Ahora, si esos 100 días pasan y tu proyecto político sigue erguido en Venezuela, aunque marchitándose sin que nadie haga nada de lo constitucionalmente disponible para hacerte pagar este desmadre, tendré que recordarme a mí mismo que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen”.

sábado, 27 de febrero de 2016

De 4,30 a un 1.000.000 de Bolívares por dólar; el legado de una sociedad que no aprende.

Supongo que no soy el primero que medita este tema desde la óptica del “Bolívar viejo”, pero la reflexión comprenderán que era inevitable; como tengo mis añitos, recuerdo plenamente la era del Bolívar antes de la conversión realizada por Hugo Chávez en la década del 2000; tanto como recuerdo haber pensado en quiénes se hicieron millonarios con el jugoso negocio de convertir la moneda de todo un país hacia un nuevo referencial que a todas luces resultaba inútil, al no venir acompañado de medidas eficaces para el control inflacionario y la correcta estimulación del aparato productivo y de ahorro, de acuerdo a los más elementales razonamientos que pudieran hacerse, y los años, -para mi pesar-,  lo han demostrado.
No había ninguna necesidad de realizar semejante esfuerzo y  gasto; era como pintar una casa aun sabiendo que primero había que frisarla nuevamente; no existía una necesidad real y honesta de modificar nuestro marco de referencia monetario, como para que únicamente los menos sapientes, se sintieran con la posesión de una moneda realmente fuerte con la que comprar cosas, sin ir más allá de una mera ilusión.
(Todos entendemos que en buena parte esto se hizo en el marco de ese gran “reseteo” que Chávez pretendía darle al país, -sin resistencia coherente de parte de una oposición seria, y sin molestarse al final en cambiar ninguno de sus “componentes defectuosos” en realidad, como si se tratara de una computadora que necesitaba una actualización, y con el resultado dilapidario que tenemos ahora entre manos)
Lo cierto es que si en un simple ejercicio mental, mantengo la relación paritaria dólar-Bolívar del pasado, -sin hacer la susodicha conversión monetaria-, debo decir que el dólar negro vigente ha superado la barrera del millón de bolívares. Una barrera que causa vértigo; recuerdo que hace menos de 30 años, con un millón podía comprarme una casa decente en un proyecto urbanístico en una ciudad cualquiera de Venezuela. Lo que hoy cuesta un dólar extraoficial, era todo un mundo antes de la llegada de Chávez.
Inevitable es entonces la pregunta: ¿Por qué esta enfermiza inflación?;
¿Por qué no puedo medir el grado de éxito del gobierno de Chávez, con esta regla que es la que ahora me hace subsistir?
¿Por qué hemos tenido que gastar tantos recursos y energías como sociedad y nación, en cabalgar a un demonio (la inflación), que nosotros mismos alimentamos y cuidamos?
¿Cual sigue siendo la terrible falla estructural que nos está matando de a poco, como el cáncer que hace metástasis en un organismo que se reniega a salvarse a si mismo?
Hoy no puedo, -como no he podido en todos estos días-, escribir algo en referencia a cualquiera de los inútiles/inmorales/negligentes/culpables  funcionarios de esta debacle nacional encumbrados en los distintos niveles de gobierno; sería decir más de lo mismo. Hablar de esos militares que hoy son protagonistas de la defensa de este “gobierno” sería un poco más del mismo asunto inútil también; ¿Y de la oposición?: pues también constituiría la misma pérdida de tiempo. Hablar del PSUV es como hablar de aquella célebre gallina que muerta su cabeza, aun seguía comiendo y defecando como una sonámbula ya sin capacidad de percibir casi nada de la realidad que le rodeaba.
El tema que si se levanta como el centro de todo, es el de la sociedad incapaz de articular una solución por consenso; el de una sociedad dividida en su arrogancia, y que ya opera dentro del silencio del desesperado, únicamente alterado por una que otro saqueo, cuando la oportunidad de actuar con la inmoralidad del que siempre tiene una excusa, se le presenta, en la forma de un camión mal parado, averiado o volcado.

No voy a negar que yo mismo me he retraído ante tanta depravación gubernamental e “institucional”; el tiempo y la energía que hay que dedicarle al tema de sobrevivir con dignidad teniendo familia e hijos que alimentar y cuidar, ocupa mucho del tiempo que me queda luego de trabajar, cuando te has decidido a no comprar nada mediante inmorales bachaqueros e intermediarios.
El país dejó de ser eso que definimos como nación; ya solo es una especie de “sobreviviente de un holocausto moral”, que pese a todo, aun tiene a los locos que le quieren violar y desgarrar, encaramados en sus hombros. No hay decisión o acción que moral o éticamente se levante a iluminar cualquier camino constitucional; es la nada, y en medio de ella, un presidente destructor, loco y desnudo en medio de un patio desierto, jugando con sus propias heces.
Nadie quiso tomar lo suficientemente enserio las palabras de Juan Pablo Pérez Alfonzo al referirse al excremento del diablo; todos prefirieron callar y en impronunciable complicidad, jugar con aquel excremento que daba poder…
Solo como lejana referencia quedaron las palabras de Arturo Uslar Pietri sobre aquella idea suya de sembrar el petróleo; referencia del llamado a la sensatez que nadie quiso escuchar y poner en práctica, pero si quedó para la posteridad como importante hito a partir del cual medir el grado de estupidez que como sociedad hemos tenido.

Como guía de un zoológico tercermundista me siento; un guía que ya terminó su ronda de paseo con el grupo de visitantes que le tocó, y nada mas puede decir de los animales que sueltos o enjaulados, están allí, ni de sus animaladas que ya ni sorpresa causan  a los cansados visitantes luego de una larga jornada en un zoológico que ni papel tóale tiene.
Ya solo hay cabida para el pensamiento de que todos estamos condenados a vivir dentro del zoológico, y hay que convivir con las hienas sobrevivientes que se comieron al león y mataron al tigre. Los visitantes y yo mismo nos  hemos tenido que subir al techo del pabellón mayor, a esperar que las hienas terminen de matarse entre sí, y el resto de la fauna presente decida hacerse caso de la situación.

Con un millón de bolívares; con uno “de esos de antes”, si no hubieran inventado la conversión con lo que cuesta un solo dólar hoy, habrían podido cualquiera de ustedes comprarse un auto nuevo de agencia en 1986. Sé que muchos reaccionaran con incredulidad, aduciendo que no se puede hacer comparación, y ¿Saben el por qué de esa respuesta?; pues porque la sociedad venezolana no le gusta tener puntos de comparación; no le gusta mirar atrás y comparar; no quiere tener memoria, porque la memoria supone recuerdos, y si estos no son agradables, duelen e incomodan, como piedra en un zapato.
La memoria es débil cuando no se quiere recordar; sino, las palabras otra vez de Juan Pablo Pérez Alfonso resonarían entre nosotros, como lo debieron hacer hace décadas cuando dijo:
“Son unos cuantos, ni siquiera todos los que aprovechamos el petróleo por alguna posición privilegiada. Aquellos que han perdido absolutamente el sentido de equilibrio bajo los impulsos de la codicia desbocada, quienes no pueden pensar en el futuro nacional porque aspiran a continuar aprovechando sin escrúpulos la acelerada liquidación de la riqueza petrolera”

Debacle que comenzamos a vivir, y que paradójicamente se levanta como la única opción para que los pueblos de una nación comprendan lo que debe hacerse, y lo que no debe tolerarse. Amarga medicina de la que solo si se sobrevive, se podrá curar de lo que aquejaba a todo un pueblo que se creyó el cuento de que el poder real era de todos ellos…
Cada vez que escucho a Nicolás Maduro proferir sus peroratas sin sentido, creando con cada alocución presidencial una rama mas de burocracia con enormes gastos de por medio, anunciando medidas que solo nos hunden más y más en el excremento que nuestro devorar sin reserva a dejado por sociedad, comprendo que en realidad no hace más que acelerar la locomotora puntofijista revolucionaria, hacia el muro de la realidad que nos espera al final del túnel que no tiene luz al final.
“Lo bueno de lo malo”, es que con nuestro sufrimiento, también se acerca más rápido el final de una etapa que no tenía por qué haber existido, a menos que una sociedad no hubiese aprendido la lección que en el pasado se le ofreció aprender.
Ya lo dicen por allí: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

El “pueblo” es el que ahora debe pagar las consecuencias de haberse dejado seducir por el poder económico que como pequeña cuota de dinero prescindible, se le entregó a modo de gran popularizador de la corrupción que encontró cobijo en las instituciones, los cuarteles, las urbanizaciones, el campo y los barrios. Todas tuvieron la oportunidad de bañarse en el charquito del tráfico de influencias y el manejo doloso de los recursos, para finalmente encontrarnos simultáneamente como la ramera que será apedreada, y los que pretenden apedrearla, que ante la afirmación de Jesús de Nazaret, no consiguen quien esté libre de pecado.
Nos prostituimos como sociedad cada vez que pedimos favores a quienes deben ser servidores públicos; cada vez que usamos un contacto “allá arriba”, para conseguir un trámite, o que buscamos a un gestor para lograrlo, o que pagamos en una cola, o compramos un producto a un bachaquero que a su vez no tuvo rubor en hacer del contrabando y la reventa, el modo de sustento personal y del de su familia. Entenderán que nada de eso podía pasar impune bajo la mesa. El precio a pagar como sociedad que se prostituyó a sí misma, debe ser pagado con moneda cara y rechinar de dientes. Por eso es que no ven luz al final del túnel; por eso es que no ven líder que no tenga rabo de paja; por eso es que ya no creemos en nadie, y si apareciera entre nosotros, preferiríamos apedrearlo como se está haciendo costumbre a la hora de atrapar a un delincuente en el barrio, ante la impunidad de la institución de justicia, y la complicidad de los cuerpos que se encargan en teoría de ejercerla.

Por eso el dólar estadounidense pasó de 4,30 bolívares, a un millón de bolívares; no hemos entendido que, tanto como se devaluó la moneda, también nos hemos devaluado como sociedad. Ya no pretendemos ser modelo para nadie; ni siquiera para nuestros propios hijos (por eso no terminamos de accionar y sacrificarnos con algún grado de coherencia y propósito), y debido a ello, es que el tiempo del renacer y la reivindicación de lo bueno y lo justo, se escapa de nuestra vista aún.

Sociedad prostituida al mejor postor que gobierna y preside; en eso nos hemos convertido pese a los abusos de los que hemos sido víctimas; usados por los altos funcionarios como muñeca sexual inflable hemos terminado, sin que mayores consecuencias sufran quienes han delinquido en nombre de todos nosotros; sociedad devaluada como su moneda, en medio de un mar negro-azulado, formado por ese excremento del diablo que insistimos en explotar y usar para corromper naciones y corroer corazones.


¿Se decidirán a hacer algo al respecto?

(Y no, no es coincidencia que publique esto hoy)

jueves, 4 de febrero de 2016

24 años desde el 4 de febrero de 1992

Un breve comentario de alguien que estuvo allí.
(Primera vez que escribo sobre esto).
Participé siendo soldado adscrito a una unidad de infantería; estaba de permiso cuando escuché en la madrugada la noticia por la televisión; al amanecer me fui al cuartel, en un impulso irresistible de defender la constitucionalidad del país, aun a pesar de los gobiernos cuarto republicanos de ese entonces, que no hacían mucho esfuerzo por disimular ya sus arbitrariedades y acostumbramiento a lo incorrecto e indecente.
Mi intención de combatir el golpe en progreso se vio abruptamente amenazada cuando en un puesto estratégico de control vial de los que se habían alzados en armas, fui interceptado en el camino y retenido contra mi voluntad junto a otros militares  que habían intentado pasar minutos antes que yo; (recuerdo a otros compañeros que llegaron luego, estando todos nosotros precedidos por dos pilotos de la FAV que se dirigían a su comando y corrieron la misma suerte que yo.
Las horas pasaron, al tiempo que los eventos de aquel día permitían que quedáramos en libertad al deshacerse el punto de control rebelde, y aún con suficiente tiempo para que todos avanzáramos, pudiendo en lo particular, llegar a mi cuartel e incorporarme a la respuesta que las fuerzas leales al orden constitucional estaban ofreciendo.
Lo demás es historia ya lejana y de la que prefiero no caer en demasiados detalles: Los que alentaban el golpe de estado, no lograron sus objetivos, y en mi memoria quedaron los intensos recuerdos de un día de disparos, confusión, peligros y riesgos que solo pasados los años, debí reconocer cuán cerca estuve de morir. (Una tanqueta pro gobierno casi ametralla la unidad donde me desplazaba a medianoche de ese  4 que terminaba, al confundirme con los rebeldes: ver que te apunten y amunicionen una browning calibre .50, a solo 10 metros, no es cosa que se olvide, luego de haber estado todo el día con el traqueteo de los “FALES” 7.62mm). No sé cuantas armas terminé cargando y guardando esa noche; nunca más volví a ver un camión lleno de tan variada gama de armamento, tirados unos encima de otros como si de ramas secas se tratara. Las municiones se desparramaban a mí alrededor, y solo mi soñador honor impidió que algo quedara en mis manos o bolsillos.
Al fin, una media noche para darle paso al 5 llegó, y lo que más recuerdo es el silencio y lo solitario de las calles por donde circulaba con mi salvoconducto; era como ver un día de censo nacional, hecho noche y multiplicado por diez en la intensidad de soledad…
Los siguientes días fueron de reflexión. ¿Qué había pasado?; ¿Había sido un error, o un acierto?; ¿Por qué fallaron?; ¿Por qué el gobierno estaba tan sorprendido por los eventos; ¿Por qué las cosas que sabíamos debían hacerse para enmendar la situación del país, terminaron pretendiendo imponerse por la fuerza?
No podía negar que simpaticé inicialmente en los primeros meses que trascurrieron, con el arrojo de estos ex compañeros de armas, que habían arriesgado sus vidas por un ideal; mi vida como soldado tan solo con jerarquía de tropa, (pues estaba alistado en un pelotón de reconocimiento mecanizado), también llegó a su fin y sin remordimiento, un año después. En ese entonces las esporádicas muestras de propagandas que apoyaban a los insurgentes, eran de discreta distribución, y recuerdo haberlas guardado como muestras de material subversivo, aunque simpatizara con el arrojo inicial de los protagonistas; simpatía que no incluía al que comenzaba a despuntar: Hugo Chávez. Como militar que había sido yo, conocía su pobre papel en aquel episodio, solo salvado por los errores comunicacionales del entonces presidente Pérez, que le permitieron por cierto venderse como el adalid de los sueños de una mejor patria. El camino sinuoso y peligroso comenzaba su recorrido en Venezuela, y pocos lo entendían y muchos menos sabían denunciarlo.
Mi última muestra de interés genuino por aquellos personajes murió el día que Chávez llegó por primera vez a la Habana, y afirmó sin tapujos su pretensión revolucionaria. Enajenamiento insoportable, en la misma escala y magnitud del de un Rafael Caldera aceptando al lado de un presidente Clinton de visita en Caracas, su afirmación de que “todo aquí estaba chévere”.
Más de dos décadas han pasado, y solo los zalameros de aquel periodo (del que vi el ocaso que lo precedió un 3 de febrero, para amanecer y crecer a partir de un 4 del mismo mes), han quedado en el poder, como manada de perros caprichosos y salvajes sin dueño. Sus respuestas ante el colapso generalizado, solo son ladridos desaforados y rabiosos, sin ninguna posibilidad de raciocinio por la misma naturaleza que les dio vida.
Hace 24 años luché contra la chispa insurreccional que dio origen a esto que ahora languidece, y pese a poder decir que hice lo correcto a la luz de los sucesivos eventos transcurrido en todos estos años, aún todo se me antoja como un recuerdo incomodo que como piedra en fardo, he debido llevar sobre mi hombro, en un camino que se ha mostrado cada vez más cuesta arriba, sabiendo que las ideas realmente valiosas y necesarias, languidecían en el olvido de las conveniencias no reveladas.
Ahora en el crudo presente que no cesa de abofetearnos usando nuestras propias oportunidades desperdiciadas como base para forjar las manoplas que nos sacan sangre sin misericordia, pareciera también que aguardamos, -como si de un pueblo supersticioso de la antigüedad se tratase-, estando a la espera de aquel cataclismo que anuncie definitivamente el presentido (y casi anhelado), momento del fin del mundo, pero del mundo de la corrupción y destrucción moral que como sociedad, hemos permitido en todo sentido existir entre nosotros, y que muchos malinterpretan como nacido hace 24 años, cuando en realidad, su germen había sido sembrado muchos años atrás, desde aquel primer momento en que la insensatez, consiguió guarida entre nuestros políticos ni bien comenzada la década de los setenta.
Y hablando de mala semilla, no me olvido de ti, Nicolás Maduro. Tu éxito como zalamero mayor junto a tu pareja, devenido en señor de la nada reinante, de lo infame y opuesto a la más elemental ética, no puedo permitir que pase en vano por la historia de este país. Hay lecciones importantes que sacar y apreciar.

Seguiré escribiendo, aunque sé que no necesitaré de otros 24 años para cerrar tu insulso capitulo. Ya hoy no aguantas un referéndum revocatorio constitucional.

Nada cambia con los motores de Maduro

(Aunque más preciso seria decir que son los motores del chavismo; todos ellos).
Uno tras otro sin embargo, independientemente de que sean obra de Chávez o del negligente de Maduro, todos los motores han ido quedando como inservibles maquinas, (salvo el MOTOR DE LA CORRUPCIÓN, instalado detrás de la fachada levantada mediante la mentira sistemática).
A veces los motores restantes han quedado oxidados porque en realidad nunca se usaron; a veces terminaron quemados porque se les dio un uso inadecuado; en otras oportunidades, los motores quedaron incluso aún en sus empaques, porque lo importante fue en sí el tramite mil millonario en dólares que se hizo, (en provecho de pocos, naturalmente).
No importaría si eran a combustible o a electricidad; igual no sirvieron, porque o bien no había electricidad por el negligente manejo de la industria eléctrica venezolana, o bien porque no obstante la gasolina barata, sufrían de falta de repuestos y mantenimiento, a manos de  los mismos funcionarios que se encargaban de las gestiones burocráticas y de las jugosas tramitaciones en dólares.
Entre los motores de Chávez, y los motores de Maduro, lo cierto es que han vuelto una chatarrera el país. Como el más inescrupuloso de los importadores de equipos usados, el gobierno administrador de los dólares subsidiados y siempre ambicionados por pocos  a costa de nuestra miseria social, encontraron en cada proyecto que inventaban, y en cada necesidad de conseguir alimentos y equipos que se requirieran (por la no producción de estos en el país), una oportunidad única con la cual lucrar, dando al traste de forma inocente pero sistemática, con las buenas intenciones que muchas veces respaldaron a las ideas que posteriormente fueron endosadas injustamente a un personalísimo proyecto político que se cimento sobre la discriminación de todo aquel que no lo compartiera, con las consabidas consecuencias que ahora padecemos, sin remedio que sea capaz de imponerse.
Hoy, con la patética realidad que nos abraza, con todos los motores (menos el de la corrupción), fuera de servicio por ser incapaces de “acoplarlos” con algún sentido de eficiencia o eficacia, a cosa alguna que cumpla una función constructiva, El ya “políticamente herido de muerte” presidente y negligente Nicolás Maduro contempla sin reconocerlo, los agónicos últimos tiempos de toda esta etapa revolucionaria llena de innecesaria torpeza, donde aún oficialismo y oposicionismo buscan casi que inútilmente las soluciones, teniendo como denominador común, la exclusión del actual presidente de la ecuación final, sin saber que el tiempo de todos ellos obligatoriamente debe pasar, tras la muerte y resurrección política de la sociedad venezolana.
Maduro seguirá siendo el figurín que le dio cara a esta moribunda segunda mitad de la decadencia sociopolítica y económica que ahora comienza a cerrarse tras décadas de cuarta y quinta república.
El efecto del “Niño Maduro”, no es la causa de nuestros males; como todo proceso cíclico natural, también en la "naturaleza de las sociedades" ocurren ciclos originados en la soberbia de las masas y quienes eligen para gobernar, que hacen surgir fenómenos como el "niño Maduro", y nada más como la consecuencia de un mal proceder social/colectivo que hemos tolerado y aceptado desde los ochentas, con Chávez en medio como el gran "secuestrador sin mala intención" (porque así lo dejamos y quisimos), de las ideas que nos pertenecían a todos.

Seguiremos flotando en la nada con un presidente que no convence en nada que hace (o nos hace), ofrendando a los dioses de la futilidad, durante cada día que pase, hasta que Nicolás Maduro y todos los personajes que tras él detentan el poder, hayan salido del poder y pagado con moneda fuerte, de justicia y constitucionalidad, los delitos cometidos.
No hay justicia con impunidad; no hay rectificación posible sin consecuencia judicial pública y notoria para los responsables; no hay cambio posible; no habrá moderación y ahorro para los proyectos que nos esperan como nación, si seguimos gastando más de lo que nos ganamos.
Estamos muy cerca de aquel temible umbral que advirtió Bolívar, el verdadero Libertador que es visible con solo indagar en nuestra historia real: “Llega el momento en que el castigo a los delitos no es suficiente”. Tiempo hay (pero muy poco), para enmendar y evitar cruzar la línea que deja atrás a la institucionalidad basada en nuestra constitución; poco queda para traspasar la dura línea del camino que derrama sangre inocente.

Estamos a tiempo, pero por poco.