miércoles, 31 de agosto de 2016

Una marcha que dejará aún más en evidencia la fractura republicana, al tiempo que se sigue desdibujando el referéndum como instrumento legal y ético en el país.

Insistir en que solo marchan los de la oposición a solicitar el ejercicio constitucional del referéndum, es un error que deja por fuera a todo aquel que no siendo de la oposición, censura y reclama la renuncia de Maduro por incapaz; igualmente errado es la pretensión del gobierno de descalificar toda expresión de disidencia o critica, enfrentándolo con contramarchas, campañas millonarias y movilización del aparato policiaco y militar, en compañía de los colectivos no pocas veces armados y |violentos.
Expresiones radicales leídas reiteradamente en medios electrónicos y redes sociales en el país, que estigmatizan a oficialistas y opositores por igual,  parecieran reforzar simultáneamente esa miope visión de “exclusividad opositora” o de "exclusividad oficialista", que no hacen mas que mostrar la intransigencia que  domina a los bandos políticos y de poder en disputa (mientras las verdaderas mayorías son ajenas a sus intríngulis, pero no a sus consecuencias económicas y sociales), exhibiendo en el ínterin el desespero con el que dichos bandos se apoderan de lo que constituyen instrumentos republicanos y de “dominio público” (Como el referéndum), tergiversando con ello el panorama nefasto que la intransigencia gubernamental, devenida en una especie de régimen a conveniencia de quienes gobiernan, más que a nombre de los “gobernados” (en franca contradicción por cierto, con la idea republicana de colectivo soberano y participativo).
Hay miseria y miserables de bando y bando; eso no puede ocultarse, ni dejará quizás de verse en la marcha del 1-S, aunque ello no sea garantía de que serán señalados y criticados, en lo que pareciera una obstinada obsesión social por defender a los indefendibles (a muchos de los políticos protagonistas de hoy), dilatando con ello el sufrimiento que padecemos como sociedad.
En resumen, la marcha del 1-S puede ser un bello gesto de manifestación popular, aunque seguramente no será traducido con atino por quienes deberían escuchar y obedecer.
En cualquier caso -y a nuestro pesar-, probablemente solo se convierta esta manifestación en un hueco esfuerzo que ningún cambio acabará produciendo, simplemente por estar muy atado aún al trauma de viejas manifestaciones, por pretender cambios inmediatos sin poder militar que lo catalice constitucionalmente, ni moral que lo inspire en la estructura ética del Estado (hoy disfuncional y en descomposición), o por caer en la creencia infantil de que vivimos en una república amante y practicante de la constitución y sus leyes, mientras la estupidez se apodera de gente encumbrada y acolchada ($$$) en el poder que significa en Venezuela ser gobierno.

Si no hay ética, no puede moverse nada a favor de lo ecuánime y de lo sublime.

En cuanto al referéndum solicitado para revocar a Nicolás Maduro, quiero insistir en lo más importante, y lo cual se está pisoteando sin pudor alguno:
En la voluntad popular reside el concepto de pueblo soberano, y la manifestación de éste en su resolución a efectuar el referéndum en sí (que no implica su destitución hasta la realización de la medición electoral), debe ser respetado en el hecho de haber sido solicitado al cumplirse la mitad de su mandato (el de Nicolás), y por tal razón, aunque los tecnicismos del CNE pospongan hasta enero o febrero su realización, el resultado final debe buscar cumplir la voluntad popular planteada en el 2016, y por tanto, respetarse el resultado con el consiguiente llamado a nuevas elecciones presidenciales. Si el referéndum fuera solicitado en el 2017, -siguiendo la misma lógica del espíritu constitucional-, debe entenderse que la consulta solo busca revocar al mandatario, mas no a su partido político (cosa que si está planteada con claridad en el presente).
Difícil resulta obtener estas altas interpretaciones de la boca de nuestros políticos; más difícil aún será sacarles del capricho en que viven y hacerlos obedecer, pero el tiempo está a nuestro favor, porque no hay manipulación que dure lo suficiente para cubrirlos, ni continuidad en el poder que soporte los cambios que incluso la aparente inmovilidad produce en las sociedades.
El tiempo de la desconfianza ha llegado; es otra manifestación del desierto de las ideas y de las arenas de la futilidad.
Debo apelar a la vieja literatura, para decir: “Los perros de la guerra están sueltos”.

Solo espero que no muerdan a los inocentes más de lo necesario antes de que despierten y actúen.

domingo, 21 de agosto de 2016

¿Por qué la oposición y el gobierno no atinan a solucionar nada aún?

¿Por qué seguimos flotando en esta “nada” desesperante, secuestrados todos por tan pocos negligentes en el poder?

Respuestas:
1.    Porque la MUD no entiende que ser “oposición” no supone que sea oponerse a todo lo que hagan quienes no estén con ellos.
2.    Porque el oficialismo no entiende que estar en el Gobierno no es hacerse “uno” con el Estado, amoldando el marco legal a sus conveniencias, al tiempo que reniegan de todos aquellos que disientan. (Pues eso es autocrático y eventualmente dictatorial, como es el caso presente).
3.    Porque aunque hay una sola masa social sufriente, existen dos cúpulas políticas, que impiden cualquier solución que no pase por la aniquilación del otro bando politico.
En la Venezuela de estos tiempos es clarísimo que la manifestación de la voluntad popular no es suficiente para ejercer gobierno (Comenzando con el ignorado hecho de que la expresión del “50 más 1” en una votación -no exenta de polémicas en este país sin ética en sus funcionarios-, no puede ser entendido a priori como una Democracia que atiende también a las minorías en una Republica: es decir, a ese “50 menos 1” que termina siendo el perdedor, al quedar relegado, desdibujado, e inexistente frente a los que gobiernan, como “pueblo” al que por ley a de tomarse cuenta en sus necesidades y derechos); tampoco ayuda la actual componenda interinstitucional “CNE-TSJ-FANB” que hace imposible asociar cualquier concepto de “soberano”, al de un mandato emanado de la población, haciendo que entonces cualquier mención por parte de un político a la idea de “soberano”, termine siendo solo un discurso vacio, “populista, pero sin pueblo que lo escuche”.
No resulta suficiente la “chatarrera de motores fundidos” (que ya son 15) que el gobierno se empecina en mantener como estrategia de acción en su agenda ya inútil e irreversible; ahora también toman turno en esta vorágine de inutilidad política, personajes fuertemente asociados con la cuarta republica que se vuelven voceros y actores principales de la actual “vanguardia” opositora venezolana, haciendo fútil casi toda esperanza que quisiéramos anidar, cuando se escuchan expresiones como: “Nosotros junto al pueblo organizado estamos luchando por tal cosa…”
Frases como esas, alegóricas a un pueblo que no resulta soberano ni en su casa,  resultan presentes a diario tanto en el vocabulario del cinismo oficial, como en la prepotencia opositora, siendo de uso común y sin restricción moral, resultando en un engaño sistemático (por premeditado) y continuo (por el tiempo que lleva practicándose) de la población, que entonces viene y cae en la errada  creencia de que “solo organizándose de acuerdo a lo que se le dice”, (y no solo ejerciendo lo que en la constitución se establece), pueden obtener algo en concreto.
Esa sugerencia político-partidista resulta en un desprecio directo a la idea de republica esgrimida por nuestra constitución, como noción clave y fundamental de organización, capaz de garantizar el ejercicio pleno de los derechos y deberes constituidos como elementos básicos de interacción y progreso de todos nosotros, sin excepciones ni discriminaciones de alguna índole.
Déjenme decirles que no hace falta la existencia de una “burocracia” paralela nacida de colectivos, comunas, consejos, misiones, entre otros, para que los derechos y deberes de los individuos sean respetados y exigidos, a condición esto de que la noción republicana se mantenga por consenso sobre todos nosotros, como la expresión máxima de ciudadanía entendida y practicada en Venezuela. Es así únicamente como los funcionarios honrarían sus compromisos con la gente, y los políticos prometerían cosas que de no cumplir, saben que supondría su destitución y caída en desgracia frente al colectivo.
Fíjense que tan corrosivo como es ese engañoso mensaje de paralelismo burocratico, resulta ser también la idea que ha ido tomando fuerza en la oposición como principal argumento para apelar al referéndum revocatorio, referida a la sustitución del actual “modelo” (refiriéndose ellos a la revolución chavista), lo que a falta de un modelo alternativo (difícil de ver nacer de las “entrañas” de la actual MUD o de algún movimiento conciliador de tercera vía, pues aún no existen), ha hecho que varios políticos de vieja “estirpe” sugieran la idea de la vuelta a un “pasado posible” (entiéndase: todo lo anterior a Chávez), como solución casi mágica a los problemas actuales, obviando con ello el hecho inocultable de que la semilla de lo que hoy nos ofrece estos amargos frutos (la forma de hacer revolución, sus protagonistas y las consecuencias socioeconómicas y políticas que padecemos), fue creada, sembrada y “cuidada” al calor de los errores políticos, económicos y sociales de ese mismo pasado que ahora dicen, era “mejor”, con el agravante de que muchos de esos “cultivadores” originales, aún son protagonistas de lado y lado en el actual mundillo político venezolano.
Insisto: ¿No es acaso mejor procurar entonces recolectar bajo un concepto y nombre de aceptación universal para todos nosotros, todos los aciertos de ambos modelos, (descartando en el proceso todo lo negativo), como base entonces para construir un renovado y fresco modelo de desarrollo socio económico que pueda ser abrazado por todos sin resquemores, al ser reflejo fiel y sin interpretaciones adicionales, de la constitución?
Por estas cosas ocurridas hasta hoy, es que Venezuela se ha vuelto un peligroso desierto donde las mayorías pasan todas las penurias de tan aventurada acción sin rumbo claro ni organización practica; por eso vemos al mismo tiempo presos comunes y presos políticos envueltos en la misma tramoya jurídica inoperante, injusta y clientelar; pacientes sin medicamentos y hospitales sin tratamiento ni ética que los mantenga de pie; poderes del estado poniendo de rodilla a otros poderes, por ser todas instituciones parcializadas con sus propios intereses en medio de una sociedad victima de la inmoralidad que la hace traficante de su propia existencia.
Un país entonces en desasosiego, críticamente desorientado y organizativamente disfuncional, incapaz hasta hoy de autocorregir ese rumbo que pocos en un poder mantenido de facto a través de la esquiva de los mecanismos legítimos constitucionales, siempre a costa de las mayorías ya acostumbradas a la miseria, como quien se pudiera “acostumbrar” a ser pellizcado permanentemente con un alicate de presión.
Resulta positivo (en medio de la amargura) sin embargo, el reconocer que ese desasosiego y esa desorientación experimentadas hoy (se admitan o no), suelen ser los principales indicadores previos a importantes cambios sociales por venir. (Por eso nada cambió mientras había dinero para repartir: casi todos se sentían “comodos”)
El débil piso conceptual sobre el que 99% de nosotros tratamos de hacer equilibrio (entre la sobrevivencia y la subsistencia), en tanto que el 1% que mantiene el poder político y económico, vive en una orgia de dinero y posibilidades casi infinitas para los suyos, sus amigos y sus “socios”, nacionales o internacionales, tarde o temprano cederá, y solo la previsión que seamos capaces de establecer, podrá evitar una caída desoladora, donde Venezuela solo sería un eco lejano en la historia, para dar paso a otra cosa.
La única opción al final estará íntimamente relacionada con la noción que vamos a tener que lograr concebir de lo que debe ser un gobierno de consenso, que sea por cierto, imposible de asociar con un partido político especifico (*).
(*): Entiéndase sobre todo MUD y PSUV, porque se habrá comprendido que estos no han sido más que enormes fachadas tras las cuales las personas de débiles escrúpulos podían someter a las mayorías y ponían en práctica la impunidad frente a lo mal hecho, arrasando con sus verticales y cupulares estructuras, a las voces de quienes se atrevieran a alegar por la verdad.
Solo al entender que el éxito nacional viene de las masas de personas comprometidas con la noción de Republica como único instrumento de superación social, y que sea verificable “en tiempo real” por las mayorías para garantizar la aplicación de la voluntad soberana  bajo los designios de la carta constitucional y las leyes nacidas a partir de ellas, es que podremos romper el enfermizo paradigma que nos está hundiendo en esta situación tan agobiante.
El ejercicio de la justicia ciega e imparcial (pues nace de la noble intención de proteger al colectivo constitucionalmente organizado en republica), se erige como el primer paso para construir la confianza requerida en toda propuesta social de paz y desarrollo.
No es por accidente que este tiempo se levanta como el momento del desespero y de los desesperados; las voces altisonantes en el oficialismo y en la oposición admiten las más depravadas conductas sin castigo alguno aplicable, pues se trata de que el final de un ciclo se acerca, aunque no sin antes exigir el pago del precio de tanta injusticia, inmoralidad y complicidad tolerada de parte de un pueblo bipolar en su conducta, -al hacerse víctima y victimario-, que no supo exigir sus derechos sin gritos ni violencia, ni obligarse a cumplir sus deberes sin haber apelado a la corrupción o a las excusas.
Mientras sigan privando los tecnicismos y los burocratismos sobre la voluntad del “soberano”, la mentira se mantendrá “fresca y mandona” en un territorio, antes pretendido como sana ofrenda a la vida por el civilismo y a la búsqueda de justicia y progreso que creíamos desear.
Pero no nos mortifiquemos; el gran ciclo de cerrará: recuerden que antes fueron los llamados adecos y copeyanos en el antiguo congreso nacional quienes haciendo uso del ardid político, dividían elecciones  y creaban obstáculos en contra de la llegada de un entendido cambio de gobierno de la mano de un ex militar, mientras que ahora son los llamados hijos del ex militar los que con iguales argucias políticas y administrativas usadas en el pasado (de allí la idea de que esto sea un gran ciclo), buscan obstaculizar, retrasar o anular, cualquier cambio que los aleje de la embriagante orgia de poder conquistada.
Los que hoy se erigen como “adalides y paladines de la causa justa en contra de los ogros sádicos que nos gobiernan”, no son mejores que quienes detentan el poder en la actualidad, y que usaron la misma frase para justificar sus pretendidos cambios de gobierno.
Entender esto es clave para ver que aún cambiando gobierno en este preciso momento, y aún tomando las medidas adecuadas en lo económico, no significaría para nada que estaríamos saliendo de “la noche a la mañana” del desierto en el que poco a poco hemos estado perdiendo la vida republicana, pues aspectos claves como la justicia, la ética y los valores morales que emergen necesariamente del núcleo familiar, también han perdido peligrosamente su sentido al calor de esta sofocante percepción nacional en donde nos hemos metido.
Insistamos en que no se trata de ser pesimista; recuerden que hemos conversado de estos aspectos tan abstractos en el pasado: se trata más bien de ser optimistas pero razonablemente realistas, frente a las consecuencias que hay que asumir.
Ya no son tiempos de improvisar; más bien lo son para adaptar, sin perder de vista valores intangibles pero demoledoramente influyentes y determinantes como la moral y la ética.
No hay amor sin moral; no hay moral sin verdad; no hay ética sin educación, y no hay educación sin registros fidedignos de lo elevado y de lo oprobioso que nos ocurra.

Pese a estar caminando peligrosamente cerca del borde del abismo, también es cierto que siempre hemos estado a un paso de tomar la dirección correcta; a un paso de despegar en un nuevo vuelo, deslastrados quizás de tantos errores. Todo aguarda en definitiva por una decisión colectiva, lejana de figuras mesiánicas o demasiado centradas en sí mismas y en su “infalibilidad” como líder. En resumen: Todo aguada por un consenso nacional.
Como en un tratamiento doloroso para una enfermedad, la recuperación comienza en el mismo momento en que aceptamos el sacrificio y el dolor del momento, a cambio de un futuro mejor. Aún tenemos tiempo de deslastrarnos de esa prostituida definición de “pueblo”, y pasar a la de “colectivo de personas ciudadanas”, que se dice fácil, pero que implica un cambio profundo hacia la buena estructura del pensamiento verdaderamente republicano.
Nos ha costado avanzar, porque hemos desatendido la necesaria estructura ético-moral que mantenga a la sociedad en cohesión y evolución. Vivir de épica, de mesías políticos, de grandes figuras históricas, asfixia al presente, porque todas esas cosas pertenecen consecuentemente al pasado. Es lo que cultivemos en el hoy, -con las lecciones del pasado-, lo que nos da verdadera energía e impulso para progresar.   

Aún somos merecedores de cosas buenas; solo tenemos que ganarlas, esforzándonos.

lunes, 1 de agosto de 2016

El error que significa no buscar el referendum revocatorio, juntos.

La tragedia que vive el país no solo llama a la acción; más que nada lo hace a la reflexión profunda y sostenida, libre de pasiones y revanchismos, pero sin dar concesión alguna contra la justicia que se requiere imponer para castigar al culpable y ejemplificar lo quer será el camino a seguir.

Lo digo porque este “circo gubernamental” de Nicolás Maduro (con la oposición-MUD sentada en las gradas), que se empeña en seguir con su show sin ningún reparo ni remordimiento, (de la mano de sus máximos jerarcas y protectores en el CNE, FANB y TSJ), ha arrastrado de tal manera la otrora polarización de las masas, en una especie de dilución al calor de una situación económica, política y de seguridad en todo ámbito, que ha permitido que unas verdades que antes no resultaban obvias, ahora comiencen a ser percibidas más claramente por esas mismas mayorías:
El revocatorio no puede ser una transición automática hacia un gobierno controlado exclusivamente por un bando, ni va a ser la solución inmediata a las cosas.

Permítanme explicarles: Sabemos que el “oficialismo” no quiere el referéndum, pues obviamente la materialización de éste mecanismo significaría perder el poder de la misma manera en que la oposición (ahora conglomerada en la MUD) lo perdió en su momento por tanto desatino; por otra parte, en la “oposición-MUD” (distinta a la “novedosa” “oposición-PSUV” ahora arrumada en la asamblea nacional, sirviendo de peso muerto más que de otra cosa), quieren y promocionan el referéndum, con la certeza de que podrán ocupar el puesto que dejarán vacios los personajes que comandan el presente gobierno.

El punto es sin embargo, que los millones de chavistas que hoy deambulan por el país, (sin orientación propia una vez fallecido el comandante-deidad), han resultado ser casi que “convidados de piedra” a la hora de plantear el referéndum, debido por sobre todas las otras razones que pudieran existir, al hecho medular y perturbador de carecer de liderazgos autosuficientes y vigentes (entendiéndose por ello aquellos con la habilidad y el poder de convocatoria para evitar la persecución y el peligro de desaparecer por la acción siempre cuestionable de la cúpula de gobierno), capaces de guiarlos en el proceso de plantea y solicitar el referéndum revocatorio como mecanismo autentico de democracia participativa y protagónica, para que una vez defenestrado de la presidencia el “error” de Chávez (es decir, Maduro) a través de esa consulta nacional, pueda concebirse que desde las líneas “revolucionarias”, puedan surgir liderazgos naturales que asuman con solvencia moral y ética una posterior candidatura presidencial.

Comprenderán entonces ante esta realidad de resultados más bien flojos (visto ello bajo la óptica de que siempre el gobierno logra neutralizar mediante la fuerza ilegitima las intenciones de expresar la voluntad popular), que la “oposición-MUD” quizás no ha sabido hasta hoy “vender” el revocatorio a estas masas decepcionadas y sin guía.
Hay que entender que resulta muy difícil (y en ocasiones imposible para un seguidor del chavismo), aceptar que firmaría en contra de Maduro, sin sentirse como un traidor a la causa, y ello se debe a que no ha podido ser instalada en el imaginario colectivo “revolucionario”, una visión de conjunto superior a lo visto hasta ahora, con lo que precisamente sería posible concebir una marcha como nunca se ha visto en Venezuela: Chavismo y MUD reclamando en la misma calle y siguiendo el mismo camino, la realización de un referéndum en beneficio real y comprobable, para todos.

Pocos entienden aun que la verdadera revolución venezolana seria el trabajo político mancomunado.

(La polarización política lograda por Chávez, no es peor que la polarización partidista que existía antes, y que perversamente pretenden algunos instalar nuevamente, como mecanismo “natural y correcto” de democracia). Simple: Donde hay polarización, hay interés oculto, y donde hay interés, esta plantada la semilla de la corrupción, geminada en el semillero del tráfico de influencias y dinero.

Así que, visto esto, tenemos que la verdadera traba que ha evitado la insurgencia del principio revocatorio con la contundencia que la constitución establece, es la manera en que el único promotor de este (la oposición-MUD), lo ha vendido: “Saquemos a Maduro para que lleguemos nosotros a arreglar las cosas”, cuando lo correcto es: “Hagamos el revocatorio para que oposición y chavismo puedan proponer una opción más eficaz que pueda ser seleccionada por el soberano para llevar el gobierno hasta el 2019”.

Es un error suponer que los adeptos al oficialismo, irán mansamente a un referéndum considerando que la única opción luego será elegir a un presidente surgido de la MUD. Se entiende que el “polo patriótico” (como se autodenominan los afiliados que sobreviven alrededor del gobierno), está recogiendo los frutos de haber dejado pasar casi dos décadas sin permitir la aparición de líderes de relevo al propio Chávez, y que ello los tiene ahora acéfalos e incapaces de entablar a lo interno de sus propias corrientes, canales democráticos de dialogo y selección de posibles reemplazos de Nicolás Maduro, que elegido finalmente por primarias, lograran perfilar a un conductor efectivo, ahora si capaz de llegar a Miraflores en campaña justa y equilibrada, a establecer un cogobierno (OJO: No significa “Gobierno de cogollos”; significa: “Gobierno de todos”), ya más bien de transición hasta el mencionado 2019, entonces caracterizado por la participación de todos.

Allí está la verdadera encrucijada en la que se encuentra todo aquel que tuvo esperanza en la revolución de Chávez: No sentirse como el “Judas” de aquella Jerusalén del Nuevo Testamento Cristiano, que traicionó aquello en lo que creyó. (Aclarando en esta alegoría, que ni Chávez ni Maduro eran Jesús de Nazaret).

Por esto es que la MUD no termina de representar más que a la suma de los pedazos que quedaron de la cuarta republica (Como la quinta republica no representa más que a otro sector antes marginado del poder), y se mantiene incapaz por sus propias ambiciones (la MUD), comparables a los que hoy gobiernan (el PSUV), de concretar una estrategia ligera y digerible (por ser honesta) que cautive a la gente en ese difícil (*), pero no imposible camino que lleva a construir una nueva y superior republica.
(*): (Retador es el camino para movimientos como Primero Justicia, Voluntad Popular, o Alianza Bravo Pueblo, (o sus contrapartes en el “polo Patriótico”), pues no terminan de deslastrarse de aquellos fantasmas que viniendo del pasado, amenazan con seducir a quienes siendo de nuevo cuño, pudieran ser tentados a reproducir viejas y fatídicas formulas políticas, siempre casadas con la adulancia, la corrupción y la mas abyecta falta de ética)

Una nota importante: No piensen que la solución interna del PSUV a este problema pasa por los denominados “congresos de la patria”, que Maduro y la cúpula enroscada del mismo PSUV promueven: En realidad, en la atomización de tales congresos, está la prueba irrefutable de cómo se manipula a la gente para evitar la aparición de líderes naturales y definitivamente alternos a los autoimpuestos tras la muerte de Chávez (directo responsable de ese vacío de liderazgo, precisamente); “Divide y vencerás”: Esa es la bizarra estrategia que tan buenos frutos les está dando: Es más fácil quitarle relevancia a un líder que habla en un congresillo, (entre decenas de congresillos creados conforme tantos grupos se les ha ocurrido formar mediante la división de la sociedad por color, origen, condición, etc.), que lidiar con un solo gran evento donde si uno se levanta y dice las verdades, metería en problema a la cúpula gobernante, ya sin poder real frente al “soberano” reunido).

Estemos claros: Pendejos no son; lo que si son es faltos de ética, corrompidos por el poder.

(NOTA: Tan buen fruto les brinda estas traicioneras estrategias políticas, que no tienen reparo en incorporar en los mismos congresillos a los ciudadanos colombianos, (justo en esa condición, sin importar que no sean ciudadanos venezolanos por naturalización); solo importando para ellos como cúpula gobiernera, el soterrado hecho de que se les ceduló como venezolanos iguales, en busca del voto de esa masa de hombres y mujeres que ya supera los 6 millones de almas, y que como he dicho en el pasado, tienen poder para decidir por todos nosotros, si lograran coordinarse entre sí). ¿Culpa de quien es esto?: del gobierno que lo concibió e implementó, y del colectivo venezolano que lo permitió.

En resumen, si la oposición-MUD promoviera el referéndum como la oportunidad para colocar a otro más capaz como presidente en Miraflores, INDEPENDIENTEMENTE DE DONDE VENGA ESTE, sin duda que la presión venida de TODOS los sectores políticos del país por la puesta en acción de tal instrumento democrático, haría que a estas alturas fuera incontenible e irresistible para un gobierno que solo se mantiene de pie, por los intereses de muy pocos (Observen con atención: Solo hacen falta que sean visibles: 4 mujeres en el CNE; 1 hombre en el MPPD, 1 mujer en la fiscalía, varios hombres y mujeres en el TSJ, para que lo indefendible, se mantenga de pie y prospere).

Y en otras palabras, por si alguien aún no lo entiende: Nadie le está vendiendo al sector que votó por Maduro, el referéndum, como el inicio de la solución a sus propios problemas.

Ellos también lo quieren (el revocatorio), pero no encuentran una base pública donde poder anclar sus esperanzas de continuar el camino de la lucha  por los más altos valores sociales y éticos, aunque ya ese personaje (hombre o mujer), no pase por la deidad a la que elevaron a Hugo Chávez.

El desasosiego que se experimenta en la nación, nace justamente allí, en la consecuencia de haberle entregado a uno o a pocos, la dirección de la nación. Todo lo demás fue y es un espejismo; desgranar algo del poder en manos del pueblo, “a condición de que sigan mis indicaciones y mandos como líder indiscutible e irrefutable que soy”, no es el cliché a utilizar como camino para el mantenimiento de una republica, ni mucho menos el de una nación justa y ética como la que estamos anhelando.

No es necesario esperar a que los ciegos de hoy, enterrados estén, solo para tener la esperanza de que quizás los hijos de estos y los nuestros, serán capaces de mirar distinto las cosas que les rodean, y ejerzan por fin el poder real para cambiar esas cosas.

Nosotros hoy, y en este mismo año, también lo podemos hacer. Aún hay oportunidad de cambiar las cosas, de tomarnos de la mano con la moral y la ética, y sin el marco conceptual de la MUD o del chavismo, pero respetando a todos los que lo intentaron en el pasado, construir algo nuevo y emocionante.

Nos guste o no, ha sido la falta de unidad entre todos la que permitió que se engendrara este régimen que ahora sí, nos ahoga juntos por igual, escapando de ello solamente aquellos que mediante el asalto y el asesinato de la ética, se enriquecieron cometiendo los hechos punibles que castigados en su momento, cimentarán, -en un giro irónico pero inevitable del destino-, el futuro de justicia y progreso que queremos.

El referéndum revocatorio es instrumento de uso público y soberano, que solo tendrá éxito con la participación de todos. Para eso, cada ciudadano debe sentirse representado por la propuesta que se haga, y ello pasa por un concepto virgen en nuestra tierra: El consenso entre las partes.

miércoles, 20 de julio de 2016

El CNE y la inmoralidad que rebozada desde Miraflores, recorre impune sus pasillos.

El artículo 72 de la CRBV es sumamente claro y no deja espacios para interpretaciones:
Artículo 72. °
Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables.
Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato.
Cuando igual o mayor número de electores o electoras que eligieron al funcionario o funcionaria hubieren votado a favor de la revocación, siempre que haya concurrido al referendo un número de electores o electoras igual o superior al veinticinco por ciento de los electores o electoras inscritos o inscritas, se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitución y en la ley.
La revocación del mandato para los cuerpos colegiados se realizará de acuerdo con lo que establezca la ley.
Durante el período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria no podrá hacerse más de una solicitud de revocación de su mandato.

No traigo este artículo meramente por recordarlo en momentos en que ya todos saben que el gobierno y el CNE abiertamente se han parcializado hacia el no cumplimiento de este mandato constitucional, en franco golpe al establecimiento republicano. Lo hago porque hay una pregunta que moralmente nos muestra una respuesta muy contundente desde la perspectiva de la ética más elemental que debe exhibir y practicar un servidor público, pero que sugiere otra muy distinta cuando de política en Venezuela se trata:
¿Y si llamado el proceso para recabar el 20% de firmas, resulta que la masa de población que solicita el revocatorio del mandato de Nicolás Maduro supera incluso en número de votos que obtuvo en su cuestionada elección (7.563.747)…?
Referencia: http://www.cne.gob.ve/web/sala_prensa/noticia_detallada.php?id=3171
Considerando que según la misma carta magna, “la soberanía reside en el pueblo”, se antoja que semejante expresión de soberanía, manifestada mediante una auditada voluntad del pueblo a través de los “modernos mecanismos” que posee el CNE actual para ratificar la veracidad de la misma, debería implicar inmediatamente una profunda reflexión moral en el ejecutivo nacional, y por mero impulso ético, -aun sin darse en si mismo el formalismo del revocatorio-, éste (Nicolás Maduro), debería renunciar, ante la realidad aplastante de ver como más gente de la que votó por él, quiere que renuncie y haya un cambio total de gobierno.
El artículo 72 indica claramente que para un gobierno dado, “pasado la mitad del periodo para el que fue elegido”, el soberano puede solicitar el revocatorio del mismo; esto significa que los argumentos del propio gobierno, acerca de que “tenían que haberlo pedido en enero”, son solo falacias.

No es necesario escribir más sobre esto; SI LLAMADO EL PROCESO DEL 20% DE LAS FIRMAS + HUELLAS, ASISTEN MÁS DE 7.600.000 PERSONAS, NICOLÁS MADURO DEBE CONSIDERARSE REVOCADO Y CONSECUENTEMENTE, DECLARAR RENUNCIA INMEDIATA AL CARGO.

Comentario adicional: Les digo que la única forma en que Nicolás Maduro y el gobierno Chavista pueden demostrar que no estamos en dictadura, es haciendo el revocatorio y ceder el poder en caso de perder dicho referéndum.
Tras 17 años de hegemonía absoluta, y de una forma descarada de hacer política y oposición, no hay opción posible constitucionalmente accesible, ni moralmente aceptable.

Si la impunidad sigue, la debacle de todo lo erguido en este país continuará invariablemente su camino, y cuando mas lo modificará, será para acelerar y dejar todo en ruinas...

sábado, 16 de julio de 2016

TODO lo bueno y TODO lo malo que ocurra en Venezuela, pasará en función de que se concrete o no el Referéndum Revocatorio de Nicolas Maduro

Porque el tiempo pasa y las cosas no cambian, es que escribo; la necesidad apremia en un país que se está cayendo a pedazos, sin importar la presencia que pretendan asumir los que gobiernan, pues al final, no pueden con la omnipresencia del elemento corruptor que ha minado toda institución, y casi de alguna manera, casi todo corazón en esta nación.

Vestir al país de verde oliva no será suficiente para enmendar los entuertos; nunca lo ha sido, y no hay razón para que sea distinto ahora; tampoco lo será amenazar y usar un lenguaje cada vez mas abiertamente ofensivo hacia cualquier cosa o persona que constituya semilla de critica hacia la rigidez de un sistema de gobierno y una actitud social que no ha facilitado cambio alguno en los paradigmas humanos fundamentales que aquejan a toda la sociedad.

Todos los políticos, sin importar el bando en el que se aniden, saben que el tiempo constitucional esta siendo pisoteado, y cada uno trata de predecir las consecuencias de ello en relación a sus propios intereses y los de sus grupos de influencia y poder.

Todos ellos saben que están pecando contra la población, al arrojarlos al fuego donde pretenden inmolarlos como si de inútil ofrenda de sangre para un dios pagano se tratara.

Pareciera que las mayorías no comprenden la magnitud de la tragedia, y la necesidad imperiosa de comenzar a forzar algún cambio, en alguna dirección, a través del mecanismo revocatorio del que se ha erguido como el mas inútil en la historia de Miraflores.

Es necesario a estas alturas de los acontecimientos que no dejan de abofetearnos el rostro a punta de inflación e injusticia, ubicarnos en el contexto de los acontecimientos que nos están destruyendo, y no tener miedo a darle una nueva definición al termino "Dictadura": "Gobierno presidido por uno impuesto en el poder a través de un sufragio acaramelado con dádivas y mucho dinero, en donde sin importar el número de elecciones realizadas todos los años, al final se hace lo que el presidente en funciones diga".

Ante todo esto, solo por poco hay tiempo para cambiar las cosas; solo por poco se podrá -como lo haría un diestro torero en el frenesí de la locura de una fiesta taurina frente al animal mortalmente herido-, capotear a las rectoras del CNE en su trágica insistencia de pasar a la historia como desertoras del mandato constitucional.

sábado, 9 de julio de 2016

El siempre equivocado Nicolás Maduro.

Otra perla del adjudicado presidente venezolano:
“Venezuela tiene que aprender a vivir con petróleo a 40 y a 45 dólares para dejar de ser un país rentista”
                                                                        Nicolás Maduro, 16/06/2016

De la misma manera en que un delincuente puede en algún momento decir una gran verdad y no por ello dejar de ser un delincuente, así un presidente en ejercicio puede decir algo muy cierto y sin embargo, seguir siendo un muy mal presidente, necesario de sustituir y enjuiciar
Vamos a aclarar unas cosas:
Aunque ciertamente Venezuela ha vivido con petróleos más baratos en el pasado (y puede volver a hacerlo), y le conviene aprender a vivir con racionalidad la administración del dinero público, la verdad indiscutible es que hoy por hoy es tu gobierno el que se traga insaciablemente cuanto recurso llegue por la renta petrolera sin importar el precio de éste, y no el pueblo.
Y de paso: ¿Qué diferencia hay entre “vivir” de un petróleo a 100$, o a 40$?; ¿No sigue siendo el mismo rentismo parasitario el que se incita con cada una de las políticas que tú religiosamente replicas tras la herencia de décadas de mal manejo?; Porque acaso, ¿No ha sido así durante 100 años en Venezuela?
Por eso digo que el primero aquí que debe dejar de vivir del rentismo petrolero (y hasta del IVA que le “pegas en el pecho” a cada ciudadano en este país, aunque sea un ciudadano pobre), eres tú Nicolás Maduro, perfecto ejemplo de incapacidad, descontrol y descoordinación, único con la inmoralidad necesaria para aún llamarse (con la suficiente dosis de cinismo que se requiere), Presidente de Venezuela.
El único que ha introducido una presión inflacionaria, un sectarismo político y social, una espiral de desabastecimiento, así como una cada vez peor atención hacia el ciudadano por parte de todas y cada una de las instituciones y dependencias del Estado, es precisamente tu gobierno nacido de los errores de Chávez, y no el mero hecho de que el petróleo en medio de sus fluctuaciones normales, haya bajado de precio, para luego subir, y con lo que el país se pone innecesariamente al borde de un caos.
Por cosas como estas Nicolás, por desfachateces como esas al hablar sin parar ni pensar, es que no podemos seguir aceptándote como presidente, y exigimos que el mecanismo institucional del referéndum revocatorio se ejecute, ante la clara necesidad que tenemos de botarte del cargo y hacerte pasar a la historia como el primer presidente despedido por malo, mediocre y embustero.
No hay razón suficiente para seguir postergando el cambio necesario, a menos que las mayorías sociales aun no estén entendiendo el asunto: Nos hemos vuelto un país tan ridículo, que ya casi podemos decir que por cada 40 dólares que ingresan por barril del petróleo al inicio del presente semestre 2016, son 60 dólares los que gastamos.
¿Qué no es así?; pues sumen  a lo que ingresa por venta de petróleo, lo que también se pide prestado a través de la financiación internacional, además de lo que logran “ganar” por venta de activos petroleros soberanos en el exterior, -incluyendo las ventas de deuda de terceros países-, mas lo que le ingresa al fisco por conceptos de impuestos tan injustos como el mencionado IVA, y verán que la cantidad gastada es asquerosamente mayor que la suma de todos los “gananciales” resultantes del “matrimonio” entre Nicolás Maduro y la República.
Y véanlo de esta manera, (como un matrimonio), porque es la realidad de una nación cuando las instituciones y las leyes pasan a un segundo plano, en beneficio de la óptica y las órdenes del que lleva la presidencia. El país termina sometido a un matrimonio de difícil disolución, más cuando la población, asume un papel de “pareja sometida”.

Nuestro problema no pasa por la cantidad de dinero que tengamos, pues pasa más bien por cuanto decidimos gastar, y a quien le asignamos la responsabilidad de gestionar dicho gasto. Ese es uno de los grandes paradigmas necesarios de derribar/transformar, si queremos deslizarnos hacia la “Venezuela 2.0” que podría permitirnos plantearnos un futuro distinto al cuadro agotado y desolador que aguarda delante de nosotros de manos de estos que primero radicalizados hacia la derecha, y luego radicalizados a la izquierda, no saben mantener el equilibrio de una posición intermedia, sensata, de pensamiento sosegado, y por cierto, de verdadero y sustentable progreso social.

viernes, 8 de julio de 2016

El dialogo en Venezuela es un acto de hipocresía, con los actuales protagonistas

Estemos bien claros en esto, porque de otro modo no lograremos cambiar el paradigma que se antoja monolítico frente a nuestras desencajadas miradas:
Con el actual gobierno no hay dialogo posible, ni son los representantes de la MUD los interlocutores idóneos.
Primero porque el gobierno NO REPRESENTA ni siquiera a la porción de la población que se alinea con los conceptos chavistas que pueden aun sobrevivir, y segundo, porque la MUD por su misma CORRESPONSABILIDAD en el entuerto en que vivimos, no representan tampoco ni a la mitad de la gente que adversando al gobierno por su mal andar, no se alinea con la clásica oposición venezolana y su monocromática visión de las cosas.
                                                     
EL INTENTO DE DIALOGO SOLO SERIA UTIL CON LOS PRESENTES PROTAGONISTAS, PARA DEMOSTRARLE A TODOS QUE NO HABRÁ TAL COSA (el dialogo), sin que haya de por medio componendas, hipocresías y falsedades a granel.
NINGUNO DE LOS PROTAGINISTAS termina de representar a ningún sector  poblacional, porque sus acciones los han desautorizado frente al común de la gente, que somos la inmensa mayoría en este país.
No se dejen seducir por los “cantos de sirena” de ningún bando; aquí lo único que la constitución menciona sin dejar visos de dudas, es que llegada la mitad de un mal gobierno, este puede ser revocado, para luego confrontar con la justicia verdadera, a quienes con sus decisiones y traiciones, destruyeron una esperanza.
NO HAY DIALOGO POSIBLE. ESO SERIA COMO PERDIRLE A LOS ALIADOS DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, QUE SE SENTARAN A CONVERSAR CON HITLER O EL EMPERADOR HIROITO, PARA DARLES SALVOCONDUCTO.
No hay posibilidad de cambio real, sin la sincera intención de reconstruir el país y llevarlo a la “Venezuela 2.0”, (o a la sexta republica, como deseen decirle).
Un verdadero dialogo comenzaría con un acto de contrición, donde observaríamos renuncias de importantes cargos de elección popular y de libre asignación; de ministros y gobernadores; de funcionarios poniéndose a derecho frente a una justicia renovada. Mientras esto no se dé, TODO INTENTO DE DIALOGO NO SERA MAS QUE UNA FARSA, sin importar que hasta el mismo papa Francisco, o Almagro, se sienten en la misma mesa con los barrabas y judas que quieren acompañarlos.
NO TENGAN MIEDO AL NO "DIALOGO" QUE ASPIRAN LOS ACTUALES PROTAGONISTAS: VARIOS MECANISMOS LEGÍTIMOS Y CONSTITUCIONALES, AGUARDAN POR NOSOTROS PARA HACER JUSTICIA.
No hay un solo funcionario político en este gobierno y los asociados a nivel de estados y municipios, que no esté actuando en complicidad con el paquetazo de control totalitario que nos está llevando a un punto de inflexión paradójicamente no desead por nadie; no hay un solo político que levante testimonio contra los errores cometidos, y que esté dispuesto al mismo tiempo a aceptar las consecuencias de ello. En todos y cada uno de ellos palpita el interés de permanecer activo en la política nacional, y ello lo compromete automáticamente con el statu quo construido.
La necesidad de una  transición desde el político funcionario hacia el funcionario de carrera, aun no termina de cuadrar en la mente de la sociedad, y ello se vuelve parámetro medible para estimar el camino que aún queda por andar. Mientras más intentos de “dialogo” en las actuales condiciones, tanto más tiempo será necesario sufrir para llegar a la misma inevitable conclusión.
Del cuestionado triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones del 2013, hasta llegar al “estado de excepción”  solo han sido necesarios tres años direccionados siempre y exclusivamente por los sobrevivientes de Chávez, dejados solos a sus anchas y sin control popular posible.
Ese “estado de excepción” ha dejado en evidencia innegable el ahora muy patente “estado de intransigencia” que domina el panorama político nacional, mientras la republica como tal, se resquebraja ante la mirada -indolente a veces, impotente en otras-, de todos cuantos viven a lo interno de la frontera venezolana.
La verticalización de la estructura de gobierno, inclinándose tenazmente hacia el control militar (y por los militares) en detrimento de lo civil (y los ciudadanos no uniformados), propicia todo tipo de abusos y carencias de justicia (impunidad continuada), que no han hecho más que descomponer a la sociedad, pero sola al tiempo que desnuda su propia realidad inoperante, manifestada ahora a través de ese estado existencial cual cosa congelada en el tiempo, que el gobierno exclama lacónicamente como estado de excepción, sin que se sepa excepción de que, dado que todo lo constitucional, ha sido sistemáticamente desmontado, en tanto signifique un freno a la pretensión de militarizar “a lo venezolano”, la concepción socio económica y política del país, con el desangrante resultado que estamos observando.
¿Y ante este "estado de excepción - estado de intransigencia”, algunos aun pretenden invertir el tiempo para el revocatorio, en un escupitajo hacia arriba llamado esta vez DIALOGO?
Recuerden que las palabras arrogantes de Nicolás Maduro se han vuelto medida cierta de esa fatídica impunidad con la que la nación toda ha decidido convivir voluntariamente, perdiendo poco a poco su vida republicana en ese proceso.  

Entiéndanlo: Necesitamos "terminar de apretar las tuercas" aunque ello signifique asumir el sacrificio de terminar de caer para luego tener que levantarnos, pero ahora sin la ayuda de quienes de por si, destruyeron el país con nuestro consentimiento. No valen las palabras de Rodrigo Cabezas, Jorge Rodríguez, Aristóbulo Isturis o Jorge Arreaza que intentan justificar aberración. Todas son falsas, pues son ya imposibles de sustraerlas del contexto de la incredulidad, como las de algunos líderes de la MUD, que hablan o tuitean sin medir demasiado las palabras y sus consecuencias.
El tiempo de ser mansos debe quedar atrás, para dar paso más bien al momento de ser radicales, pero solo para exigir e imponer la justicia que emana del espíritu constitucional; solo para ser condescendientes con todo un pueblo que se equivocó y perdió la dirección, manteniendo la disposición a perdonar, a cambio de que los culpables no salgan impunes del imperio de la ley. Cualquier dialogo a partir de esto (ya con distintos actores y distintas actitudes nacionales), si logrará construir dos cosas: Nuestro breve futuro y el largo futuro de nuestros hijos y nietos.

domingo, 26 de junio de 2016

Solo si trascendemos los arquetipos de la cuarta y la quinta republica, seremos libres.

Como en una cosecha, necesitamos aprender a recoger solo lo bueno.
A lo largo de estos años, hemos precisado la condición que han personificado, primero los que fueron gobierno durante la “cuarta república” (AD, COPEI y el Chiripero restante), y luego a los que viniendo del vientre de ese periodo (más o menos de 1958 a 1992), dieron origen a una “quinta república” (MVR, PSUV y su respectivo “Chiripero”), caracterizada por ser como un “espejo” del primero (pero con los colores y los personajes invertidos), pues estaba constituida por personeros que resultaron educados en, o conversos por, ese periodo cuartorepublicano, llevando esto como resultado al levantamiento y caída (una vez más), de otro periodo de gobierno a expensas fundamentalmente del buen precio petrolero y de la consecuente capacidad para inyectar recursos económicos en una sociedad que ha permanecido incapaz de exigir y aprovechar estos dineros entregados (con las respectivas “alcabalas” de intereses grupales de poder por medio), en una construcción que resultase coherente hacia el futuro, más participativa y honorablemente representativa.
Ahora, cuando estamos a todas luces de pie entre los escombros de una sociedad y un país, mientras que los últimos locos que la llevaron a este estado las cosas (gracias a nuestra tolerancia infinita a la mediocridad), se hace necesario mirar hacia adelante para planificar y así marcar una línea divisoria entre el presente y el pasado, para comenzar a construir un futuro coherente y comprobable con cada hito que se marque en esa dirección.
Las evidencias que caminan entre las mayorías depauperadas de hoy muestran que el futuro que deseamos no se puede construir con las mismas actitudes del presente; tampoco con esta sensación omnipresente de impunidad (cual sensación de “muerte” que se siente al oler la descomposición de la carne a la distancia), que flota entre nosotros, al saber que los culpables de la debacle, disfrutan intocables e incólumes las mieles obtenidas de la corrupción.
Es por eso que algo tan elemental para cualquier cambio, como lo es la puesta en práctica del dialogo, en el caso de tener a Maduro como presidente y auto proclamado “moderador y parte” de estos, resulta que aunque declare una y otra vez con su actitud de “teletubbie” que “solo a través del dialogo pueden buscarse los caminos de paz” (El Nacional, viernes 24 de junio de 2016), lo cierto es que sus palabras terminan siendo siempre letra muerta sobre un papel, pues su pasado inconsistente y prepotente, ha demostrado una y otra vez su incapacidad para avanzar en algo constructivo, por lo que se hacen necesarios nuevos protagonistas de comportamiento imparcial como moderadores, y partes representantes únicamente con la constitución y las leyes como viaducto para transitar en lo que inicialmente se prevea sea un arduo camino.
Un dialogo medianamente creíble, pasa por condiciones previas que el gobierno, como protagonista que tiene “el sartén agarrado por el mango” por su poder militar y policial, amparado por un TSJ parcializado con quienes detentan el poder ejecutivo, necesariamente debería cumplir al menos con concesiones como estas: 1.- El reconocer a la Asamblea Nacional con sus mayorías y minorías, sin condicionamiento alguno; 2.- Declarar como medida de resolución hacia el dialogo, actuaciones gubernamentales ajustadas al derecho de los demás, como la de permitir la libre manifestación en cualquier punto de la nación por el bando que sea, aplicando la ley a quien atente contra esas manifestaciones y no a los manifestantes; 3.-Llamar a la conformación de un verdadero y apolítico consejo federal de gobierno (no confundir las políticas públicas con la política del partido gobernante).
Ahora bien, como sabemos que ESO NO PASARÁ con casi total y lamentable certeza, lo que veremos en la realidad es que muy en el fondo, (allá donde lo “medular” duerme el sueño de los justos en espera de la sociedad venezolana), ambos bandos seguirán disparándose sus “tiros” entre sí, mientras caminan por una ruta que no es la que la mayoría quiere seguir.
Con sus actitudes, Maduro y todos sus secuaces políticos, (al igual que los oposicionistas a ultranza), son piedras en el camino para el dialogo, y como tales, hay que molerlas en la molienda de la arrogancia, para hacer con ellos polvo que resulte en nuevos ladrillos que permitan a su vez construir algo distinto. El Referéndum Revocatorio era (y es) la “molienda” natural y constitucional (aparte de la renuncia voluntaria y posterior  enjuiciamiento político o penal del presidente renunciante) para lograr estos cambios en relativo control de la situación (las asonadas militares solo reinician el ciclo pérfido del muy largo camino social hacia la rectificación por las malas).
La sistemática lentitud  adrede que exhibe la directiva del CNE para impedir el cumplimento de forma directa y rápida con este mandato constitucional revocatorio (en abierta parcialidad política, claramente definible como hecho punible), logrando con ello posponer el inicio de la solución a tan drástica debacle socio económica y política, no ha servido para otra cosa que para crispar el ánimo social y paradójicamente, poner en evidencia PRIMERO: La verdadera intención del CNE inmerso en el trafico de poder, y SEGUNDO: La cada vez más efectiva organización de la MUD en apoyo a la gente que ha querido firmar para revocar a Maduro. (Ni lo uno ni lo otro era necesario que emergiera en el panorama político, pues en una nación republicana sensata, bastaba con que el “Soberano” hablara para que las instituciones actuaran en los tiempos previstos)
Vista así las cosas, irreductiblemente debemos volver ante todo al asunto de enfrentar lo verdaderamente medular, para luego pasar a la aplicación de una serie de medidas no del todo convencionales, al estar estas “casadas” con la necesidad de actuar de manera distinta sobre aquellos aspectos realmente críticos que pueden quebrar los arquetipos republicanos del pasado. Nuevamente surge por ello la idea del “decálogo” como la directiva necesaria a seguir.
Es requisito indispensable establecer junto con el marco legal vigente, un conjunto de indicaciones fáciles de divulgar y aprender por todos. Estas eran las que postulaba el 19 de Junio del 2012 en este mismo blog:
EL “DECALOGO”:
1.- No podemos hacer nada fuera de la constitución y la venezolanidad manifiesta en ella, por tanto, nuestra máxima meta es el bienestar colectivo mediante los más altos valores individuales del hombre/mujer de Venezuela: Dios, amor, honor bolivariano, verdad libertaria y justicia nacional, con dos ideas básicas desde todo comienzo:
     I.- “Dios, Justicia y pueblo”;
     II.- ¡Las leyes son para cumplirlas!
2.-No pueden gastarse dos Bolívares (y prestar otro adicional), si no se tiene más que un Bolívar disponible para gastar”. Debido a nuestros abundantes ingresos petroleros, estos serán los únicos proveedores de “crédito” para nuestros planes nacionales de desarrollo, sin que ello signifique bajo ningún termino convencional, gastar más de la mitad de dicho ingreso en ello, guardando el resto para posibles etapas sucesivas o extraordinarias, lo cual incluirá la protección de los planes de desarrollo ulteriores para la siguiente generación de venezolanos.
3.- Sólo el gasto social racionalmente necesario y el de desarrollo técnico industrial nacional, puede justificar inversión sin ganancia monetaria neta, a condición de que no viole el segundo postulado. (De allí que lo mejor es acumular riqueza para luego usarlas como base para “créditos nacionales”). Con ello se ejercerá la verdadera soberanía alimentaria, medica, electrónica y metalmecánica básica, estimulando y propiciando el diseño y la producción autóctona, con el consecuente fortalecimiento de la autoestima como nación, siguiendo una estrategia nacional y de consenso claramente diseñada y aceptada por todos.
4.- Únicamente al satisfacerse adecuadamente los cuatro pilares básicos venezolanos de la estabilidad socio familiar (salud, educación, seguridad laboral y marco jurídico) en el marco de un tiempo razonable a futuro, se podrá considerar el invertir (más no obsequiar) recursos en el extranjero, con fines humanitarios y de desarrollo fuera de los acuerdos legalmente ya suscritos por la nación y tomados en cuenta por la misma constitución.
5.- Cada hombre o mujer relacionada con la administración pública, responsable de uno o más delitos y/o penurias colectivas o individuales en nuestro territorio, una vez debidamente juzgado, se le registrará públicamente su acción e identidad, para nunca ser olvidada. Ha de ser incorporado como clausula, dentro de cualquier contratación o asignación de cargo público.
6.- Nadie podrá pasar necesidad en los cuatro pilares básicos, al estar amparado cada ciudadano y extranjero/visitante por los derechos humanos suscritos por la nación, para lo cual también el estado asistirá y garantizará la manera en que esa persona asistida pueda compensar al colectivo, mediante su voluntario y valioso aporte laboral (Necesario es sembrar la noción de que nada es gratis, aparte del amor). Deseamos una sociedad de colaboradores, no de vividores.
7.- Ante la injusticia y culpabilidad social en el manejo de la nación durante las últimas 7 décadas, una gran etapa de amnistía nacional será aplicada, exceptuando a aquellos cuyas acciones implicaran la muerte comprobada y premeditada de otros, o la dilapidación de extraordinarios recursos económicos.
8.- Todo menor de 18 estudiará así trabaje, y todo mayor de 18 trabajará así estudie, salvo los casos excepcionales establecidos por las leyes. El estado garantizara esto a través de todo funcionario asignado para el cumplimiento de este mandato, so pena de ser suspendido del cargo público. Tan importante como aprender la venezolanidad, es que se aprenda el valor del trabajo digno, como elemento clave de progreso personal, y colectivo.
9.- Los trabajos relacionados a las labores de Medicina/salubridad, policía/defensa, educación y justicia, implicados a su vez estratégicamente con los cuatro pilares mencionados, serán los mejores remunerados, fiscalizados y reconocidos, desde el mismo momento en que comience el proceso de estabilización nacional. Todo individuo tomado prestado para la administración pública, se le garantizará su reinserción exitosa al campo no político nacional, una vez terminada su función, a fin de evitarle “tentaciones de hurto y corrupción” durante su labor publica. Su disponibilidad a la orden de los consejos nacionales de asesoramiento a crear en el futuro, será una de las recompensas para algunos de los más destacados individuos observados en estas y otras disciplinas fundamentales de la sociedad venezolana.
10.- Ningún cambio constitucional tendrá efecto hasta el siguiente periodo de gobierno, donde su influencia sobre los proponentes no sea mayor que para el resto de la población.

¿Tienen algunas mejores ideas?; ¡pues propónganlas!; para eso debe ser el dialogo y el acuerdo producto del consenso nacional.
Recuerden lo siguiente, porque debe ser explicado a cada ciudadano en tanto se compruebe que la “sonda anal” de la dependencia y el sometimiento al gobierno de turno, le es retirada voluntariamente:
Si alguien logra meter de contrabando en las negociaciones para la “Venezuela 2.0”, los viejos vicios de la cuarta y la quinta república, todo se volverá a caer o cuando menos, volverá más pronto que tarde a someternos a los escarnios de la crisis devenida del error social que habríamos nuevamente generado, indicando con ello que el “tiempo” de la quinta república aún no ha terminado.
NOTA: No lo olviden: Con impunidad, no hay cambio posible. Necesariamente la “sexta república” será una de transición, de deslastre, de liberación y por tanto, de construcción, no exenta de sacrificio y dolor, pues esas cosas deberán pasar si queremos llegar a una “séptima república” universal, equilibrada y prospera.
Hay muchas cosas buenas que salvar de la cuarta y la quinta, porque en ellas a pesar de los errores y las oportunidades perdidas con cada actor que tuvo oportunidad de hacer algo, se apuntalaron algunas políticas públicas fundamentales para la correcta atención de la sociedad, mediante el entramado de deberes y derechos que la sustentan en lo constitucional. No es cuestión de alcahuetear ni estimular la dependencia por el aparato burocrático que más bien debe ser disminuido al máximo, -como bien decía el maestro Arturo Uslar Pietri-, sino de hacerle entender a los ciudadanos la imperiosa necesidad de que con cada mano extendida para pedir, ha de estar la otra dispuesta a trabajar y compensar por lo recibido en el contexto de una sociedad justa. Si no hay equilibrio, (como en un bote donde todos se colocaran del mismo lado), casi ineludiblemente este se voltearía, arrojando a las embravecidas aguas de la estupidez, a todos los que estuviéramos a bordo, (aun si no estábamos en desacuerdo con las mayorías capaces de elegir una y otra vez a un Barrabás como presidente, gobernador, diputado, juez, o funcionario a fin).
Lo curioso de la vida de las sociedades, es que casi siempre hay chance para cambiar las cosas, aún si el fin de todo llegara y estuviera precedido por terribles guerras o conflictos menores pero igualmente sangrientos.
Siempre el viejo axioma, (con palabras más, palabras menos), vuelve a darnos lección desde el pasado: “Las sociedades hacen la guerra y ponen sus muertos, pero son los vivos quienes deben firmar la paz”

Al fin, Mientras haya más gente honesta que corrupta, el cambio del paradigma republicano será posible.

La pregunta inevitable en este tiempo donde necesitamos trascender los envejecidos e inoperantes arquetipos de la cuarta y la quinta república es:


¿Hay más gente honesta que deshonesta en Venezuela?

domingo, 19 de junio de 2016

Venezuela con Maduro: Más riqueza (sin justicia), es más corrupción.

En el proceso inevitable de la debacle nacional (dado que las verdades aún no se han dicho y ello se mantendrá así en tanto exista un resquicio de interés de no “herir” susceptibilidades por el interés de ganar los votos precisamente de los susceptibles), es bueno aprovechar al menos una estupidez de las soltadas por Maduro para aclarar un punto clave en cualquier cosa que pretendamos hacer para salir del entuerto republicano y existencial en el que nos estamos ahogando:

Maduro dice que hay que generar más riquezas, y yo digo que se equivoca.

Voy a comenzar con unas simples preguntas: ¿Si genero más riqueza en medio del cuadro político, jurídico, ético y económico actual, no se va seguir gastando y robando exactamente en lo mismo y por los mismos?
¿O aún hay alguien que diga lo contrario y necesite unos años más quizás de otra “bonanza petrolera”, para descubrir que realmente todo se lo robaron y dejaron que otros también robaran?
Y a propósito de esto último, les hago otra pregunta: ¿Cuándo se den cuenta de que en efecto, TODO se lo robaron (y TODO el que tuvo oportunidad robó), lo que se va a comenzar a decir es: “Aquí lo que hace falta es un tipo con pantalones y botas militares para que arregle esto”?
¿Va a ser así?;
¿El viejo y nauseabundo círculo de “la debacle - el golpe - la bonanza - la corrupción – la impunidad y un nuevo golpe”, girará otra vez alrededor de nuestros cuellos ya estrangulados por la realidad que nos pisa sin misericordia?

Todo esto viene al caso porque al contrario de lo que dice el “científicamente” comprobado incapaz de Nicolás Maduro, No hace falta generar en este momento más riqueza, pues de lo que se trata es de ADMINISTRAR LA RIQUEZA QUE YA SE TIENE.
No podemos perder las perspectivas: En Venezuela hay demasiado dinero y recursos, solo que se ven empequeñecidos ante la avaricia y el derroche constante del que hacemos gala como Nación y República. Nunca ha tenido sentido que un país petrolero que le entra dinero a manos llenas por la venta de ese recurso y de paso mantiene un enfermizo control cambiario por más de diez años, adicionalmente se endeude mediante créditos, -unos tras otro y cada uno más grande que el otro-, en una orgía de recursos a los que finalmente hay que inventarles destinos y beneficiarios inescrupulosos; eso por si solo es evidencia de la incapacidad que se ha manifestado con los años para que nosotros mismos administremos y auditemos nuestros recursos con sabiduría, y eso tiene que cambiar, si queremos seguir siendo medianamente independientes.
Si lo que entra al fisco no alcanza para el nivel de gasto que se tiene (habida cuenta que existen pruebas suficientes que demuestran que hay gastos y desviaciones de recursos injustificados), pues sencillamente (aunque resulte duro e implique sacrificios temporales), debe dejar de gastarse lo que se tiene más allá de lo prudente.
Debemos volver a lo tantas veces manifestado en este blog: “Si ganamos un Bolívar, no podemos gastar dos”
La relación es sencilla, pero durísima de asimilar.
Ciertamente será difícil dejar de gastar más de lo que ingresa, aunque más duro resultará el evitar que el dinero sea desviado y robado (lo que es tan malo como cuando es despilfarrado), antes de que terminemos (como lo hacemos ahora), pagando con los dineros de la República, la deuda extranjera que termino siendo generada por nuestros propios ladrones políticos y conectados a estos.
Contrario a lo que sostiene Maduro, la diversificación del ingreso llega sola cuando las políticas son las correctas y equilibradas; esa riqueza se crea cuando el marco jurídico se estabiliza y da muestras de rigurosidad al aplicar la Constitución y las Leyes; de allí surge precisamente toda la fuente que restablece la confianza y la credibilidad en el sistema republicano hoy vapuleado y destruido en su superestructura.
Verán que al restituir la República a través de una “Venezuela 2.0”, hasta el dinero robado por bandidos que comienzan a caer en las garras de la justicia, iniciará el largo pero seguro camino de la repatriación. Por simple decencia propia, no podemos permitir que ni una casa comprada en USA o España, Costa Rica o Panamá, se mantenga a nombre del corrupto o el testaferro que la compró. Nuestras buenas relaciones diplomáticas incluso tendrán que depender de ello; pasar por ese crítico filo de justicia, ansioso de demostrar a sus conciudadanos, que la impunidad no será más.
Insisto: La riqueza monetaria que ingresará o será repatriada, debemos entender que solo puede ser consecuencia de la extinción de la impunidad como expresión regular de la inmoralidad, y ello DEBE pasar por la necesaria exposición pública y notoria de los culpables de corrupción, de sus botines, de sus juicios, y de su posterior encarcelamiento sin beneficios ni indultos. (Necesario será crear el canal por cable “Cárcel TV”, para que cualquier venezolano pueda comprobar por el mismo que la justicia está en movimiento y ejercicio)
No puede haber dialogo si ello implica acuerdos innombrables; no puede haber trato alguno que signifique perdonar a quien se sabe que es culpable de corrupción y robo de dinero, por no decir aun menos si por sus negligencias, inocentes murieron en las calles u hospitales, sin dejar a un lado lo casos aun más graves de entrega de soberanía y territorio, por acción u omisión, y que califican (esos sí y verdaderamente), como “traición a la patria”.
Si queremos un nuevo modelo, este debe partir de cosas nuevas y nunca vistas en el país como formas de demostrar que no habrá más oportunidad para el robo y el comportamiento anti ético sin castigo.
Mientras un solo ex presidente, ex ministro, ex militar, ex juez, ex alcalde, o en definitiva, cualquier funcionario/comunero a cualquier nivel, salga impune de un señalamiento por corrupción comprobables, NADA en realidad habrá cambiado, y muy probablemente TODO siga igual en la esencia misma de lo que nos condena a caminar en círculos de subdesarrollo y miseria.

Si en esta equilibrada y deseada perspectiva política para el país, logramos que “por cada Bolívar obtenido, impedimos que se roben o desperdicien diez”, veríamos como la riqueza material (distinta y necesariamente diferenciada de la riqueza republicana en lo moral y ético), se hace suficiente y hasta en exceso.

Una cosa es procurar un sistema de gobierno equilibrado (ya contemplado en la constitución, -y para nada con espacio para alternativas improvisadas y personalísimas, plagadas de clichés ideológicos que ocultan por igual a los que ambicionan poder-), buscando evitar que la injusticia arrolle a las personas en medio de sus desventuras sociales, y otra cosa muy distinta es pretender mantenerles una “sonda anal” insertada a cada ciudadano hasta el cerebro para que dependan todos juntos económica y mentalmente del Estado y de los que tras ello, impulsan esas políticas populistas llenas de “etapas necesarias pero premeditadamente concebidas para el bien social”, a fin de mantenerse ellos mismos como elementos necesarios, irreductibles e inseparables del poder  de la nación, en aras de la supuesta “felicidad social”.
Creo que aún hay algunos millones de venezolanos y extranjeros cedulados como nacionales, que no están preparados -y por tanto no dispuestos-, a soltar la cuerda de la que sus respectivas concepciones de país justo, penden del entramado revolucionario que Chávez construyó y procuró imponer sin resistencia alguna, al no existir una alternativa que aún anidando en la oposición, argumentara un camino distinto, por lo que esos millones aún no están preparados para lo que considerarían como una “exposición voluntaria” de sus propias yugulares políticas, ante lo que pareciera ser un enorme vacío conceptual alternativo real, tangible.
Esta última realidad es la que parece sugerir que aún como sociedad (fragmentada y cada vez más resentida/crispada), no se está listo como para exigir y al mismo tiempo auditar, los cambios requeridos en la República.
Debido a esto, el camino de la “representatividad” posiblemente siga predominando como estrategia de trabajo en tiempos que forzosamente serán agitados y rápidos, (como estos han sido lentos y reprimidos), posiblemente en detrimento del concepto participativo que quisiéramos, y ello casi inevitablemente ante la poquísima confianza/credibilidad de los personeros que en la Venezuela actual, se levantan como políticos más o menos sensatos. (No doy nombres, porque no los he conocido aún), pero por sus huellas y frutos, les conoceréis…

Como en una trillada y barata historia de fantasía épica para leer un domingo, sigo viendo a Maduro y a los que él representa (el resto de los depredadores políticos; no al pueblo), en el papel del “destructor de mundos”; esa la criatura torpe pero maligna necesaria para que la historia tenga sentido, al crear la adversidad extrema que finalmente hace que los héroes dejen sus diferencias a un lado, y trabajen juntos…

Medio país voto por poner a Maduro en el poder, creyendo que la bonanza imaginaria seguiría; ahora todos pagamos el alto precio de aquellos que fueron incapaces de buscar en el consenso, el destino bueno de la República de Venezuela.

No siento dolor por aquellos que sufren conmigo y que nos hacen mayoría sumidas en la subsistencia; siento impotencia por lo que siendo menos, se han llevado todo para disfrutarlo, ante nuestra mirada descoordinada.