miércoles, 20 de julio de 2016

El CNE y la inmoralidad que rebozada desde Miraflores, recorre impune sus pasillos.

El artículo 72 de la CRBV es sumamente claro y no deja espacios para interpretaciones:
Artículo 72. °
Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables.
Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato.
Cuando igual o mayor número de electores o electoras que eligieron al funcionario o funcionaria hubieren votado a favor de la revocación, siempre que haya concurrido al referendo un número de electores o electoras igual o superior al veinticinco por ciento de los electores o electoras inscritos o inscritas, se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitución y en la ley.
La revocación del mandato para los cuerpos colegiados se realizará de acuerdo con lo que establezca la ley.
Durante el período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria no podrá hacerse más de una solicitud de revocación de su mandato.

No traigo este artículo meramente por recordarlo en momentos en que ya todos saben que el gobierno y el CNE abiertamente se han parcializado hacia el no cumplimiento de este mandato constitucional, en franco golpe al establecimiento republicano. Lo hago porque hay una pregunta que moralmente nos muestra una respuesta muy contundente desde la perspectiva de la ética más elemental que debe exhibir y practicar un servidor público, pero que sugiere otra muy distinta cuando de política en Venezuela se trata:
¿Y si llamado el proceso para recabar el 20% de firmas, resulta que la masa de población que solicita el revocatorio del mandato de Nicolás Maduro supera incluso en número de votos que obtuvo en su cuestionada elección (7.563.747)…?
Referencia: http://www.cne.gob.ve/web/sala_prensa/noticia_detallada.php?id=3171
Considerando que según la misma carta magna, “la soberanía reside en el pueblo”, se antoja que semejante expresión de soberanía, manifestada mediante una auditada voluntad del pueblo a través de los “modernos mecanismos” que posee el CNE actual para ratificar la veracidad de la misma, debería implicar inmediatamente una profunda reflexión moral en el ejecutivo nacional, y por mero impulso ético, -aun sin darse en si mismo el formalismo del revocatorio-, éste (Nicolás Maduro), debería renunciar, ante la realidad aplastante de ver como más gente de la que votó por él, quiere que renuncie y haya un cambio total de gobierno.
El artículo 72 indica claramente que para un gobierno dado, “pasado la mitad del periodo para el que fue elegido”, el soberano puede solicitar el revocatorio del mismo; esto significa que los argumentos del propio gobierno, acerca de que “tenían que haberlo pedido en enero”, son solo falacias.

No es necesario escribir más sobre esto; SI LLAMADO EL PROCESO DEL 20% DE LAS FIRMAS + HUELLAS, ASISTEN MÁS DE 7.600.000 PERSONAS, NICOLÁS MADURO DEBE CONSIDERARSE REVOCADO Y CONSECUENTEMENTE, DECLARAR RENUNCIA INMEDIATA AL CARGO.

Comentario adicional: Les digo que la única forma en que Nicolás Maduro y el gobierno Chavista pueden demostrar que no estamos en dictadura, es haciendo el revocatorio y ceder el poder en caso de perder dicho referéndum.
Tras 17 años de hegemonía absoluta, y de una forma descarada de hacer política y oposición, no hay opción posible constitucionalmente accesible, ni moralmente aceptable.

Si la impunidad sigue, la debacle de todo lo erguido en este país continuará invariablemente su camino, y cuando mas lo modificará, será para acelerar y dejar todo en ruinas...

sábado, 16 de julio de 2016

TODO lo bueno y TODO lo malo que ocurra en Venezuela, pasará en función de que se concrete o no el Referéndum Revocatorio de Nicolas Maduro

Porque el tiempo pasa y las cosas no cambian, es que escribo; la necesidad apremia en un país que se está cayendo a pedazos, sin importar la presencia que pretendan asumir los que gobiernan, pues al final, no pueden con la omnipresencia del elemento corruptor que ha minado toda institución, y casi de alguna manera, casi todo corazón en esta nación.

Vestir al país de verde oliva no será suficiente para enmendar los entuertos; nunca lo ha sido, y no hay razón para que sea distinto ahora; tampoco lo será amenazar y usar un lenguaje cada vez mas abiertamente ofensivo hacia cualquier cosa o persona que constituya semilla de critica hacia la rigidez de un sistema de gobierno y una actitud social que no ha facilitado cambio alguno en los paradigmas humanos fundamentales que aquejan a toda la sociedad.

Todos los políticos, sin importar el bando en el que se aniden, saben que el tiempo constitucional esta siendo pisoteado, y cada uno trata de predecir las consecuencias de ello en relación a sus propios intereses y los de sus grupos de influencia y poder.

Todos ellos saben que están pecando contra la población, al arrojarlos al fuego donde pretenden inmolarlos como si de inútil ofrenda de sangre para un dios pagano se tratara.

Pareciera que las mayorías no comprenden la magnitud de la tragedia, y la necesidad imperiosa de comenzar a forzar algún cambio, en alguna dirección, a través del mecanismo revocatorio del que se ha erguido como el mas inútil en la historia de Miraflores.

Es necesario a estas alturas de los acontecimientos que no dejan de abofetearnos el rostro a punta de inflación e injusticia, ubicarnos en el contexto de los acontecimientos que nos están destruyendo, y no tener miedo a darle una nueva definición al termino "Dictadura": "Gobierno presidido por uno impuesto en el poder a través de un sufragio acaramelado con dádivas y mucho dinero, en donde sin importar el número de elecciones realizadas todos los años, al final se hace lo que el presidente en funciones diga".

Ante todo esto, solo por poco hay tiempo para cambiar las cosas; solo por poco se podrá -como lo haría un diestro torero en el frenesí de la locura de una fiesta taurina frente al animal mortalmente herido-, capotear a las rectoras del CNE en su trágica insistencia de pasar a la historia como desertoras del mandato constitucional.

sábado, 9 de julio de 2016

El siempre equivocado Nicolás Maduro.

Otra perla del adjudicado presidente venezolano:
“Venezuela tiene que aprender a vivir con petróleo a 40 y a 45 dólares para dejar de ser un país rentista”
                                                                        Nicolás Maduro, 16/06/2016

De la misma manera en que un delincuente puede en algún momento decir una gran verdad y no por ello dejar de ser un delincuente, así un presidente en ejercicio puede decir algo muy cierto y sin embargo, seguir siendo un muy mal presidente, necesario de sustituir y enjuiciar
Vamos a aclarar unas cosas:
Aunque ciertamente Venezuela ha vivido con petróleos más baratos en el pasado (y puede volver a hacerlo), y le conviene aprender a vivir con racionalidad la administración del dinero público, la verdad indiscutible es que hoy por hoy es tu gobierno el que se traga insaciablemente cuanto recurso llegue por la renta petrolera sin importar el precio de éste, y no el pueblo.
Y de paso: ¿Qué diferencia hay entre “vivir” de un petróleo a 100$, o a 40$?; ¿No sigue siendo el mismo rentismo parasitario el que se incita con cada una de las políticas que tú religiosamente replicas tras la herencia de décadas de mal manejo?; Porque acaso, ¿No ha sido así durante 100 años en Venezuela?
Por eso digo que el primero aquí que debe dejar de vivir del rentismo petrolero (y hasta del IVA que le “pegas en el pecho” a cada ciudadano en este país, aunque sea un ciudadano pobre), eres tú Nicolás Maduro, perfecto ejemplo de incapacidad, descontrol y descoordinación, único con la inmoralidad necesaria para aún llamarse (con la suficiente dosis de cinismo que se requiere), Presidente de Venezuela.
El único que ha introducido una presión inflacionaria, un sectarismo político y social, una espiral de desabastecimiento, así como una cada vez peor atención hacia el ciudadano por parte de todas y cada una de las instituciones y dependencias del Estado, es precisamente tu gobierno nacido de los errores de Chávez, y no el mero hecho de que el petróleo en medio de sus fluctuaciones normales, haya bajado de precio, para luego subir, y con lo que el país se pone innecesariamente al borde de un caos.
Por cosas como estas Nicolás, por desfachateces como esas al hablar sin parar ni pensar, es que no podemos seguir aceptándote como presidente, y exigimos que el mecanismo institucional del referéndum revocatorio se ejecute, ante la clara necesidad que tenemos de botarte del cargo y hacerte pasar a la historia como el primer presidente despedido por malo, mediocre y embustero.
No hay razón suficiente para seguir postergando el cambio necesario, a menos que las mayorías sociales aun no estén entendiendo el asunto: Nos hemos vuelto un país tan ridículo, que ya casi podemos decir que por cada 40 dólares que ingresan por barril del petróleo al inicio del presente semestre 2016, son 60 dólares los que gastamos.
¿Qué no es así?; pues sumen  a lo que ingresa por venta de petróleo, lo que también se pide prestado a través de la financiación internacional, además de lo que logran “ganar” por venta de activos petroleros soberanos en el exterior, -incluyendo las ventas de deuda de terceros países-, mas lo que le ingresa al fisco por conceptos de impuestos tan injustos como el mencionado IVA, y verán que la cantidad gastada es asquerosamente mayor que la suma de todos los “gananciales” resultantes del “matrimonio” entre Nicolás Maduro y la República.
Y véanlo de esta manera, (como un matrimonio), porque es la realidad de una nación cuando las instituciones y las leyes pasan a un segundo plano, en beneficio de la óptica y las órdenes del que lleva la presidencia. El país termina sometido a un matrimonio de difícil disolución, más cuando la población, asume un papel de “pareja sometida”.

Nuestro problema no pasa por la cantidad de dinero que tengamos, pues pasa más bien por cuanto decidimos gastar, y a quien le asignamos la responsabilidad de gestionar dicho gasto. Ese es uno de los grandes paradigmas necesarios de derribar/transformar, si queremos deslizarnos hacia la “Venezuela 2.0” que podría permitirnos plantearnos un futuro distinto al cuadro agotado y desolador que aguarda delante de nosotros de manos de estos que primero radicalizados hacia la derecha, y luego radicalizados a la izquierda, no saben mantener el equilibrio de una posición intermedia, sensata, de pensamiento sosegado, y por cierto, de verdadero y sustentable progreso social.

viernes, 8 de julio de 2016

El dialogo en Venezuela es un acto de hipocresía, con los actuales protagonistas

Estemos bien claros en esto, porque de otro modo no lograremos cambiar el paradigma que se antoja monolítico frente a nuestras desencajadas miradas:
Con el actual gobierno no hay dialogo posible, ni son los representantes de la MUD los interlocutores idóneos.
Primero porque el gobierno NO REPRESENTA ni siquiera a la porción de la población que se alinea con los conceptos chavistas que pueden aun sobrevivir, y segundo, porque la MUD por su misma CORRESPONSABILIDAD en el entuerto en que vivimos, no representan tampoco ni a la mitad de la gente que adversando al gobierno por su mal andar, no se alinea con la clásica oposición venezolana y su monocromática visión de las cosas.
                                                     
EL INTENTO DE DIALOGO SOLO SERIA UTIL CON LOS PRESENTES PROTAGONISTAS, PARA DEMOSTRARLE A TODOS QUE NO HABRÁ TAL COSA (el dialogo), sin que haya de por medio componendas, hipocresías y falsedades a granel.
NINGUNO DE LOS PROTAGINISTAS termina de representar a ningún sector  poblacional, porque sus acciones los han desautorizado frente al común de la gente, que somos la inmensa mayoría en este país.
No se dejen seducir por los “cantos de sirena” de ningún bando; aquí lo único que la constitución menciona sin dejar visos de dudas, es que llegada la mitad de un mal gobierno, este puede ser revocado, para luego confrontar con la justicia verdadera, a quienes con sus decisiones y traiciones, destruyeron una esperanza.
NO HAY DIALOGO POSIBLE. ESO SERIA COMO PERDIRLE A LOS ALIADOS DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, QUE SE SENTARAN A CONVERSAR CON HITLER O EL EMPERADOR HIROITO, PARA DARLES SALVOCONDUCTO.
No hay posibilidad de cambio real, sin la sincera intención de reconstruir el país y llevarlo a la “Venezuela 2.0”, (o a la sexta republica, como deseen decirle).
Un verdadero dialogo comenzaría con un acto de contrición, donde observaríamos renuncias de importantes cargos de elección popular y de libre asignación; de ministros y gobernadores; de funcionarios poniéndose a derecho frente a una justicia renovada. Mientras esto no se dé, TODO INTENTO DE DIALOGO NO SERA MAS QUE UNA FARSA, sin importar que hasta el mismo papa Francisco, o Almagro, se sienten en la misma mesa con los barrabas y judas que quieren acompañarlos.
NO TENGAN MIEDO AL NO "DIALOGO" QUE ASPIRAN LOS ACTUALES PROTAGONISTAS: VARIOS MECANISMOS LEGÍTIMOS Y CONSTITUCIONALES, AGUARDAN POR NOSOTROS PARA HACER JUSTICIA.
No hay un solo funcionario político en este gobierno y los asociados a nivel de estados y municipios, que no esté actuando en complicidad con el paquetazo de control totalitario que nos está llevando a un punto de inflexión paradójicamente no desead por nadie; no hay un solo político que levante testimonio contra los errores cometidos, y que esté dispuesto al mismo tiempo a aceptar las consecuencias de ello. En todos y cada uno de ellos palpita el interés de permanecer activo en la política nacional, y ello lo compromete automáticamente con el statu quo construido.
La necesidad de una  transición desde el político funcionario hacia el funcionario de carrera, aun no termina de cuadrar en la mente de la sociedad, y ello se vuelve parámetro medible para estimar el camino que aún queda por andar. Mientras más intentos de “dialogo” en las actuales condiciones, tanto más tiempo será necesario sufrir para llegar a la misma inevitable conclusión.
Del cuestionado triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones del 2013, hasta llegar al “estado de excepción”  solo han sido necesarios tres años direccionados siempre y exclusivamente por los sobrevivientes de Chávez, dejados solos a sus anchas y sin control popular posible.
Ese “estado de excepción” ha dejado en evidencia innegable el ahora muy patente “estado de intransigencia” que domina el panorama político nacional, mientras la republica como tal, se resquebraja ante la mirada -indolente a veces, impotente en otras-, de todos cuantos viven a lo interno de la frontera venezolana.
La verticalización de la estructura de gobierno, inclinándose tenazmente hacia el control militar (y por los militares) en detrimento de lo civil (y los ciudadanos no uniformados), propicia todo tipo de abusos y carencias de justicia (impunidad continuada), que no han hecho más que descomponer a la sociedad, pero sola al tiempo que desnuda su propia realidad inoperante, manifestada ahora a través de ese estado existencial cual cosa congelada en el tiempo, que el gobierno exclama lacónicamente como estado de excepción, sin que se sepa excepción de que, dado que todo lo constitucional, ha sido sistemáticamente desmontado, en tanto signifique un freno a la pretensión de militarizar “a lo venezolano”, la concepción socio económica y política del país, con el desangrante resultado que estamos observando.
¿Y ante este "estado de excepción - estado de intransigencia”, algunos aun pretenden invertir el tiempo para el revocatorio, en un escupitajo hacia arriba llamado esta vez DIALOGO?
Recuerden que las palabras arrogantes de Nicolás Maduro se han vuelto medida cierta de esa fatídica impunidad con la que la nación toda ha decidido convivir voluntariamente, perdiendo poco a poco su vida republicana en ese proceso.  

Entiéndanlo: Necesitamos "terminar de apretar las tuercas" aunque ello signifique asumir el sacrificio de terminar de caer para luego tener que levantarnos, pero ahora sin la ayuda de quienes de por si, destruyeron el país con nuestro consentimiento. No valen las palabras de Rodrigo Cabezas, Jorge Rodríguez, Aristóbulo Isturis o Jorge Arreaza que intentan justificar aberración. Todas son falsas, pues son ya imposibles de sustraerlas del contexto de la incredulidad, como las de algunos líderes de la MUD, que hablan o tuitean sin medir demasiado las palabras y sus consecuencias.
El tiempo de ser mansos debe quedar atrás, para dar paso más bien al momento de ser radicales, pero solo para exigir e imponer la justicia que emana del espíritu constitucional; solo para ser condescendientes con todo un pueblo que se equivocó y perdió la dirección, manteniendo la disposición a perdonar, a cambio de que los culpables no salgan impunes del imperio de la ley. Cualquier dialogo a partir de esto (ya con distintos actores y distintas actitudes nacionales), si logrará construir dos cosas: Nuestro breve futuro y el largo futuro de nuestros hijos y nietos.

domingo, 26 de junio de 2016

Solo si trascendemos los arquetipos de la cuarta y la quinta republica, seremos libres.

Como en una cosecha, necesitamos aprender a recoger solo lo bueno.
A lo largo de estos años, hemos precisado la condición que han personificado, primero los que fueron gobierno durante la “cuarta república” (AD, COPEI y el Chiripero restante), y luego a los que viniendo del vientre de ese periodo (más o menos de 1958 a 1992), dieron origen a una “quinta república” (MVR, PSUV y su respectivo “Chiripero”), caracterizada por ser como un “espejo” del primero (pero con los colores y los personajes invertidos), pues estaba constituida por personeros que resultaron educados en, o conversos por, ese periodo cuartorepublicano, llevando esto como resultado al levantamiento y caída (una vez más), de otro periodo de gobierno a expensas fundamentalmente del buen precio petrolero y de la consecuente capacidad para inyectar recursos económicos en una sociedad que ha permanecido incapaz de exigir y aprovechar estos dineros entregados (con las respectivas “alcabalas” de intereses grupales de poder por medio), en una construcción que resultase coherente hacia el futuro, más participativa y honorablemente representativa.
Ahora, cuando estamos a todas luces de pie entre los escombros de una sociedad y un país, mientras que los últimos locos que la llevaron a este estado las cosas (gracias a nuestra tolerancia infinita a la mediocridad), se hace necesario mirar hacia adelante para planificar y así marcar una línea divisoria entre el presente y el pasado, para comenzar a construir un futuro coherente y comprobable con cada hito que se marque en esa dirección.
Las evidencias que caminan entre las mayorías depauperadas de hoy muestran que el futuro que deseamos no se puede construir con las mismas actitudes del presente; tampoco con esta sensación omnipresente de impunidad (cual sensación de “muerte” que se siente al oler la descomposición de la carne a la distancia), que flota entre nosotros, al saber que los culpables de la debacle, disfrutan intocables e incólumes las mieles obtenidas de la corrupción.
Es por eso que algo tan elemental para cualquier cambio, como lo es la puesta en práctica del dialogo, en el caso de tener a Maduro como presidente y auto proclamado “moderador y parte” de estos, resulta que aunque declare una y otra vez con su actitud de “teletubbie” que “solo a través del dialogo pueden buscarse los caminos de paz” (El Nacional, viernes 24 de junio de 2016), lo cierto es que sus palabras terminan siendo siempre letra muerta sobre un papel, pues su pasado inconsistente y prepotente, ha demostrado una y otra vez su incapacidad para avanzar en algo constructivo, por lo que se hacen necesarios nuevos protagonistas de comportamiento imparcial como moderadores, y partes representantes únicamente con la constitución y las leyes como viaducto para transitar en lo que inicialmente se prevea sea un arduo camino.
Un dialogo medianamente creíble, pasa por condiciones previas que el gobierno, como protagonista que tiene “el sartén agarrado por el mango” por su poder militar y policial, amparado por un TSJ parcializado con quienes detentan el poder ejecutivo, necesariamente debería cumplir al menos con concesiones como estas: 1.- El reconocer a la Asamblea Nacional con sus mayorías y minorías, sin condicionamiento alguno; 2.- Declarar como medida de resolución hacia el dialogo, actuaciones gubernamentales ajustadas al derecho de los demás, como la de permitir la libre manifestación en cualquier punto de la nación por el bando que sea, aplicando la ley a quien atente contra esas manifestaciones y no a los manifestantes; 3.-Llamar a la conformación de un verdadero y apolítico consejo federal de gobierno (no confundir las políticas públicas con la política del partido gobernante).
Ahora bien, como sabemos que ESO NO PASARÁ con casi total y lamentable certeza, lo que veremos en la realidad es que muy en el fondo, (allá donde lo “medular” duerme el sueño de los justos en espera de la sociedad venezolana), ambos bandos seguirán disparándose sus “tiros” entre sí, mientras caminan por una ruta que no es la que la mayoría quiere seguir.
Con sus actitudes, Maduro y todos sus secuaces políticos, (al igual que los oposicionistas a ultranza), son piedras en el camino para el dialogo, y como tales, hay que molerlas en la molienda de la arrogancia, para hacer con ellos polvo que resulte en nuevos ladrillos que permitan a su vez construir algo distinto. El Referéndum Revocatorio era (y es) la “molienda” natural y constitucional (aparte de la renuncia voluntaria y posterior  enjuiciamiento político o penal del presidente renunciante) para lograr estos cambios en relativo control de la situación (las asonadas militares solo reinician el ciclo pérfido del muy largo camino social hacia la rectificación por las malas).
La sistemática lentitud  adrede que exhibe la directiva del CNE para impedir el cumplimento de forma directa y rápida con este mandato constitucional revocatorio (en abierta parcialidad política, claramente definible como hecho punible), logrando con ello posponer el inicio de la solución a tan drástica debacle socio económica y política, no ha servido para otra cosa que para crispar el ánimo social y paradójicamente, poner en evidencia PRIMERO: La verdadera intención del CNE inmerso en el trafico de poder, y SEGUNDO: La cada vez más efectiva organización de la MUD en apoyo a la gente que ha querido firmar para revocar a Maduro. (Ni lo uno ni lo otro era necesario que emergiera en el panorama político, pues en una nación republicana sensata, bastaba con que el “Soberano” hablara para que las instituciones actuaran en los tiempos previstos)
Vista así las cosas, irreductiblemente debemos volver ante todo al asunto de enfrentar lo verdaderamente medular, para luego pasar a la aplicación de una serie de medidas no del todo convencionales, al estar estas “casadas” con la necesidad de actuar de manera distinta sobre aquellos aspectos realmente críticos que pueden quebrar los arquetipos republicanos del pasado. Nuevamente surge por ello la idea del “decálogo” como la directiva necesaria a seguir.
Es requisito indispensable establecer junto con el marco legal vigente, un conjunto de indicaciones fáciles de divulgar y aprender por todos. Estas eran las que postulaba el 19 de Junio del 2012 en este mismo blog:
EL “DECALOGO”:
1.- No podemos hacer nada fuera de la constitución y la venezolanidad manifiesta en ella, por tanto, nuestra máxima meta es el bienestar colectivo mediante los más altos valores individuales del hombre/mujer de Venezuela: Dios, amor, honor bolivariano, verdad libertaria y justicia nacional, con dos ideas básicas desde todo comienzo:
     I.- “Dios, Justicia y pueblo”;
     II.- ¡Las leyes son para cumplirlas!
2.- “No pueden gastarse dos Bolívares (y prestar otro adicional), si no se tiene más que un Bolívar disponible para gastar”. Debido a nuestros abundantes ingresos petroleros, estos serán los únicos proveedores de “crédito” para nuestros planes nacionales de desarrollo, sin que ello signifique bajo ningún termino convencional, gastar más de la mitad de dicho ingreso en ello, guardando el resto para posibles etapas sucesivas o extraordinarias, lo cual incluirá la protección de los planes de desarrollo ulteriores para la siguiente generación de venezolanos.
3.- Sólo el gasto social racionalmente necesario y el de desarrollo técnico industrial nacional, puede justificar inversión sin ganancia monetaria neta, a condición de que no viole el segundo postulado. (De allí que lo mejor es acumular riqueza para luego usarlas como base para “créditos nacionales”). Con ello se ejercerá la verdadera soberanía alimentaria, medica, electrónica y metalmecánica básica, estimulando y propiciando el diseño y la producción autóctona, con el consecuente fortalecimiento de la autoestima como nación, siguiendo una estrategia nacional y de consenso claramente diseñada y aceptada por todos.
4.- Únicamente al satisfacerse adecuadamente los cuatro pilares básicos venezolanos de la estabilidad socio familiar (salud, educación, seguridad laboral y marco jurídico) en el marco de un tiempo razonable a futuro, se podrá considerar el invertir (más no obsequiar) recursos en el extranjero, con fines humanitarios y de desarrollo fuera de los acuerdos legalmente ya suscritos por la nación y tomados en cuenta por la misma constitución.
5.- Cada hombre o mujer relacionada con la administración pública, responsable de uno o más delitos y/o penurias colectivas o individuales en nuestro territorio, una vez debidamente juzgado, se le registrará públicamente su acción e identidad, para nunca ser olvidada. Ha de ser incorporado como clausula, dentro de cualquier contratación o asignación de cargo público.
6.- Nadie podrá pasar necesidad en los cuatro pilares básicos, al estar amparado cada ciudadano y extranjero/visitante por los derechos humanos suscritos por la nación, para lo cual también el estado asistirá y garantizará la manera en que esa persona asistida pueda compensar al colectivo, mediante su voluntario y valioso aporte laboral (Necesario es sembrar la noción de que nada es gratis, aparte del amor). Deseamos una sociedad de colaboradores, no de vividores.
7.- Ante la injusticia y culpabilidad social en el manejo de la nación durante las últimas 7 décadas, una gran etapa de amnistía nacional será aplicada, exceptuando a aquellos cuyas acciones implicaran la muerte comprobada y premeditada de otros, o la dilapidación de extraordinarios recursos económicos.
8.- Todo menor de 18 estudiará así trabaje, y todo mayor de 18 trabajará así estudie, salvo los casos excepcionales establecidos por las leyes. El estado garantizara esto a través de todo funcionario asignado para el cumplimiento de este mandato, so pena de ser suspendido del cargo público. Tan importante como aprender la venezolanidad, es que se aprenda el valor del trabajo digno, como elemento clave de progreso personal, y colectivo.
9.- Los trabajos relacionados a las labores de Medicina/salubridad, policía/defensa, educación y justicia, implicados a su vez estratégicamente con los cuatro pilares mencionados, serán los mejores remunerados, fiscalizados y reconocidos, desde el mismo momento en que comience el proceso de estabilización nacional. Todo individuo tomado prestado para la administración pública, se le garantizará su reinserción exitosa al campo no político nacional, una vez terminada su función, a fin de evitarle “tentaciones de hurto y corrupción” durante su labor publica. Su disponibilidad a la orden de los consejos nacionales de asesoramiento a crear en el futuro, será una de las recompensas para algunos de los más destacados individuos observados en estas y otras disciplinas fundamentales de la sociedad venezolana.
10.- Ningún cambio constitucional tendrá efecto hasta el siguiente periodo de gobierno, donde su influencia sobre los proponentes no sea mayor que para el resto de la población.

¿Tienen algunas mejores ideas?; ¡pues propónganlas!; para eso debe ser el dialogo y el acuerdo producto del consenso nacional.
Recuerden lo siguiente, porque debe ser explicado a cada ciudadano en tanto se compruebe que la “sonda anal” de la dependencia y el sometimiento al gobierno de turno, le es retirada voluntariamente:
Si alguien logra meter de contrabando en las negociaciones para la “Venezuela 2.0”, los viejos vicios de la cuarta y la quinta república, todo se volverá a caer o cuando menos, volverá más pronto que tarde a someternos a los escarnios de la crisis devenida del error social que habríamos nuevamente generado, indicando con ello que el “tiempo” de la quinta república aún no ha terminado.
NOTA: No lo olviden: Con impunidad, no hay cambio posible. Necesariamente la “sexta república” será una de transición, de deslastre, de liberación y por tanto, de construcción, no exenta de sacrificio y dolor, pues esas cosas deberán pasar si queremos llegar a una “séptima república” universal, equilibrada y prospera.
Hay muchas cosas buenas que salvar de la cuarta y la quinta, porque en ellas a pesar de los errores y las oportunidades perdidas con cada actor que tuvo oportunidad de hacer algo, se apuntalaron algunas políticas públicas fundamentales para la correcta atención de la sociedad, mediante el entramado de deberes y derechos que la sustentan en lo constitucional. No es cuestión de alcahuetear ni estimular la dependencia por el aparato burocrático que más bien debe ser disminuido al máximo, -como bien decía el maestro Arturo Uslar Pietri-, sino de hacerle entender a los ciudadanos la imperiosa necesidad de que con cada mano extendida para pedir, ha de estar la otra dispuesta a trabajar y compensar por lo recibido en el contexto de una sociedad justa. Si no hay equilibrio, (como en un bote donde todos se colocaran del mismo lado), casi ineludiblemente este se voltearía, arrojando a las embravecidas aguas de la estupidez, a todos los que estuviéramos a bordo, (aun si no estábamos en desacuerdo con las mayorías capaces de elegir una y otra vez a un Barrabás como presidente, gobernador, diputado, juez, o funcionario a fin).
Lo curioso de la vida de las sociedades, es que casi siempre hay chance para cambiar las cosas, aún si el fin de todo llegara y estuviera precedido por terribles guerras o conflictos menores pero igualmente sangrientos.
Siempre el viejo axioma, (con palabras más, palabras menos), vuelve a darnos lección desde el pasado: “Las sociedades hacen la guerra y ponen sus muertos, pero son los vivos quienes deben firmar la paz”

Al fin, Mientras haya más gente honesta que corrupta, el cambio del paradigma republicano será posible.

La pregunta inevitable en este tiempo donde necesitamos trascender los envejecidos e inoperantes arquetipos de la cuarta y la quinta república es:


¿Hay más gente honesta que deshonesta en Venezuela?

domingo, 19 de junio de 2016

Venezuela con Maduro: Más riqueza (sin justicia), es más corrupción.

En el proceso inevitable de la debacle nacional (dado que las verdades aún no se han dicho y ello se mantendrá así en tanto exista un resquicio de interés de no “herir” susceptibilidades por el interés de ganar los votos precisamente de los susceptibles), es bueno aprovechar al menos una estupidez de las soltadas por Maduro para aclarar un punto clave en cualquier cosa que pretendamos hacer para salir del entuerto republicano y existencial en el que nos estamos ahogando:

Maduro dice que hay que generar más riquezas, y yo digo que se equivoca.

Voy a comenzar con unas simples preguntas: ¿Si genero más riqueza en medio del cuadro político, jurídico, ético y económico actual, no se va seguir gastando y robando exactamente en lo mismo y por los mismos?
¿O aún hay alguien que diga lo contrario y necesite unos años más quizás de otra “bonanza petrolera”, para descubrir que realmente todo se lo robaron y dejaron que otros también robaran?
Y a propósito de esto último, les hago otra pregunta: ¿Cuándo se den cuenta de que en efecto, TODO se lo robaron (y TODO el que tuvo oportunidad robó), lo que se va a comenzar a decir es: “Aquí lo que hace falta es un tipo con pantalones y botas militares para que arregle esto”?
¿Va a ser así?;
¿El viejo y nauseabundo círculo de “la debacle - el golpe - la bonanza - la corrupción – la impunidad y un nuevo golpe”, girará otra vez alrededor de nuestros cuellos ya estrangulados por la realidad que nos pisa sin misericordia?

Todo esto viene al caso porque al contrario de lo que dice el “científicamente” comprobado incapaz de Nicolás Maduro, No hace falta generar en este momento más riqueza, pues de lo que se trata es de ADMINISTRAR LA RIQUEZA QUE YA SE TIENE.
No podemos perder las perspectivas: En Venezuela hay demasiado dinero y recursos, solo que se ven empequeñecidos ante la avaricia y el derroche constante del que hacemos gala como Nación y República. Nunca ha tenido sentido que un país petrolero que le entra dinero a manos llenas por la venta de ese recurso y de paso mantiene un enfermizo control cambiario por más de diez años, adicionalmente se endeude mediante créditos, -unos tras otro y cada uno más grande que el otro-, en una orgía de recursos a los que finalmente hay que inventarles destinos y beneficiarios inescrupulosos; eso por si solo es evidencia de la incapacidad que se ha manifestado con los años para que nosotros mismos administremos y auditemos nuestros recursos con sabiduría, y eso tiene que cambiar, si queremos seguir siendo medianamente independientes.
Si lo que entra al fisco no alcanza para el nivel de gasto que se tiene (habida cuenta que existen pruebas suficientes que demuestran que hay gastos y desviaciones de recursos injustificados), pues sencillamente (aunque resulte duro e implique sacrificios temporales), debe dejar de gastarse lo que se tiene más allá de lo prudente.
Debemos volver a lo tantas veces manifestado en este blog: “Si ganamos un Bolívar, no podemos gastar dos”
La relación es sencilla, pero durísima de asimilar.
Ciertamente será difícil dejar de gastar más de lo que ingresa, aunque más duro resultará el evitar que el dinero sea desviado y robado (lo que es tan malo como cuando es despilfarrado), antes de que terminemos (como lo hacemos ahora), pagando con los dineros de la República, la deuda extranjera que termino siendo generada por nuestros propios ladrones políticos y conectados a estos.
Contrario a lo que sostiene Maduro, la diversificación del ingreso llega sola cuando las políticas son las correctas y equilibradas; esa riqueza se crea cuando el marco jurídico se estabiliza y da muestras de rigurosidad al aplicar la Constitución y las Leyes; de allí surge precisamente toda la fuente que restablece la confianza y la credibilidad en el sistema republicano hoy vapuleado y destruido en su superestructura.
Verán que al restituir la República a través de una “Venezuela 2.0”, hasta el dinero robado por bandidos que comienzan a caer en las garras de la justicia, iniciará el largo pero seguro camino de la repatriación. Por simple decencia propia, no podemos permitir que ni una casa comprada en USA o España, Costa Rica o Panamá, se mantenga a nombre del corrupto o el testaferro que la compró. Nuestras buenas relaciones diplomáticas incluso tendrán que depender de ello; pasar por ese crítico filo de justicia, ansioso de demostrar a sus conciudadanos, que la impunidad no será más.
Insisto: La riqueza monetaria que ingresará o será repatriada, debemos entender que solo puede ser consecuencia de la extinción de la impunidad como expresión regular de la inmoralidad, y ello DEBE pasar por la necesaria exposición pública y notoria de los culpables de corrupción, de sus botines, de sus juicios, y de su posterior encarcelamiento sin beneficios ni indultos. (Necesario será crear el canal por cable “Cárcel TV”, para que cualquier venezolano pueda comprobar por el mismo que la justicia está en movimiento y ejercicio)
No puede haber dialogo si ello implica acuerdos innombrables; no puede haber trato alguno que signifique perdonar a quien se sabe que es culpable de corrupción y robo de dinero, por no decir aun menos si por sus negligencias, inocentes murieron en las calles u hospitales, sin dejar a un lado lo casos aun más graves de entrega de soberanía y territorio, por acción u omisión, y que califican (esos sí y verdaderamente), como “traición a la patria”.
Si queremos un nuevo modelo, este debe partir de cosas nuevas y nunca vistas en el país como formas de demostrar que no habrá más oportunidad para el robo y el comportamiento anti ético sin castigo.
Mientras un solo ex presidente, ex ministro, ex militar, ex juez, ex alcalde, o en definitiva, cualquier funcionario/comunero a cualquier nivel, salga impune de un señalamiento por corrupción comprobables, NADA en realidad habrá cambiado, y muy probablemente TODO siga igual en la esencia misma de lo que nos condena a caminar en círculos de subdesarrollo y miseria.

Si en esta equilibrada y deseada perspectiva política para el país, logramos que “por cada Bolívar obtenido, impedimos que se roben o desperdicien diez”, veríamos como la riqueza material (distinta y necesariamente diferenciada de la riqueza republicana en lo moral y ético), se hace suficiente y hasta en exceso.

Una cosa es procurar un sistema de gobierno equilibrado (ya contemplado en la constitución, -y para nada con espacio para alternativas improvisadas y personalísimas, plagadas de clichés ideológicos que ocultan por igual a los que ambicionan poder-), buscando evitar que la injusticia arrolle a las personas en medio de sus desventuras sociales, y otra cosa muy distinta es pretender mantenerles una “sonda anal” insertada a cada ciudadano hasta el cerebro para que dependan todos juntos económica y mentalmente del Estado y de los que tras ello, impulsan esas políticas populistas llenas de “etapas necesarias pero premeditadamente concebidas para el bien social”, a fin de mantenerse ellos mismos como elementos necesarios, irreductibles e inseparables del poder  de la nación, en aras de la supuesta “felicidad social”.
Creo que aún hay algunos millones de venezolanos y extranjeros cedulados como nacionales, que no están preparados -y por tanto no dispuestos-, a soltar la cuerda de la que sus respectivas concepciones de país justo, penden del entramado revolucionario que Chávez construyó y procuró imponer sin resistencia alguna, al no existir una alternativa que aún anidando en la oposición, argumentara un camino distinto, por lo que esos millones aún no están preparados para lo que considerarían como una “exposición voluntaria” de sus propias yugulares políticas, ante lo que pareciera ser un enorme vacío conceptual alternativo real, tangible.
Esta última realidad es la que parece sugerir que aún como sociedad (fragmentada y cada vez más resentida/crispada), no se está listo como para exigir y al mismo tiempo auditar, los cambios requeridos en la República.
Debido a esto, el camino de la “representatividad” posiblemente siga predominando como estrategia de trabajo en tiempos que forzosamente serán agitados y rápidos, (como estos han sido lentos y reprimidos), posiblemente en detrimento del concepto participativo que quisiéramos, y ello casi inevitablemente ante la poquísima confianza/credibilidad de los personeros que en la Venezuela actual, se levantan como políticos más o menos sensatos. (No doy nombres, porque no los he conocido aún), pero por sus huellas y frutos, les conoceréis…

Como en una trillada y barata historia de fantasía épica para leer un domingo, sigo viendo a Maduro y a los que él representa (el resto de los depredadores políticos; no al pueblo), en el papel del “destructor de mundos”; esa la criatura torpe pero maligna necesaria para que la historia tenga sentido, al crear la adversidad extrema que finalmente hace que los héroes dejen sus diferencias a un lado, y trabajen juntos…

Medio país voto por poner a Maduro en el poder, creyendo que la bonanza imaginaria seguiría; ahora todos pagamos el alto precio de aquellos que fueron incapaces de buscar en el consenso, el destino bueno de la República de Venezuela.

No siento dolor por aquellos que sufren conmigo y que nos hacen mayoría sumidas en la subsistencia; siento impotencia por lo que siendo menos, se han llevado todo para disfrutarlo, ante nuestra mirada descoordinada.

martes, 14 de junio de 2016

¿Qué pasa en Venezuela?

¿Será cierta esa Venezuela toda bella que pintan sus gobernantes “revolucionarios”, al mejor estilo de los “noventosos” Teletubbies?: 
“Prados verdes, cielos azules, quizás con una bandera hermosa y soberana, ondeando con el viento de la esperanza por lo bien hecho, entre criaturas coloridas y bien alimentadas que solo gozan de la suprema felicidad social…”
¡Puras mentiras!.



El necesario final de la “Venezuela 1.0”
El cierre de un ciclo que debe iniciar con el primer revocado de la historia.
¿O será que prefiere ser derrocado?; ¿Pero acaso puede haber una rectificación política y ética a través del estamento militar, existiendo una cúpula ministerial de la Defensa tan comprometida con el actual manejo de poder y del cual ellos mismos disfrutan y se benefician?;
¿Será por estas reincidentes conductas en la historia venezolana el por qué las asonadas militares son dadas por los por mandos medios?
¿Dentro del necesario final de lo trágicamente actual, es en realidad requerido un final marcado por un cliché militarista?; ¿O el grado de control obtenido mediante la distorsión del concepto “cívico-militar” gestado por Hugo Chávez y reforzado por Nicolás Maduro, es precisamente garantía de que ello nunca ocurra?
Y si ello no ocurrirá, entonces, ¿Cuál es la alternativa para salir del atolladero moral y ético?
De lo que no tengo dudas es que ya no se trata de estar ante un Estado-nación fallido, y ni siquiera de estar ante la idea de que el país se descalabra; el asunto es que ya está deshecho; ya es una nación disfuncional, con un jefe de estado profunda y negativamente afectado e incapacitado por el poder y la manera en que llegó a éste, resultando en una “nación” incapaz hasta hoy de ejercer coordinadamente fuerza alguna en una dirección de progreso dada bajo el apalancamiento de un mandato constitucional.
No hay Republica en Venezuela, y esto, por muchas explicaciones o argumentaciones que algunos quieran ofrecer para desmentir lo que afirmo, no servirá de todos modos para cubrir la realidad inobjetable de un país que no es capaz de operar ya como tal, dentro de una estructura legal ni siquiera medianamente acatada, y ello ha traído una consecuencia nefasta: Difícilmente alguien puede hoy hablar de la realidad y ser capaz al mismo tiempo de ofrecer un conjunto de directrices sobre lo que hay que hacer, sin pasar por estupideces como el “dialogo entre ciegos y sordos”, el “perdón de lo imperdonable”, y quién sabe qué otros epítetos cada uno más alcahuetas y diplomáticos que el otro, -para nada transparentes-, que no hacen más que dificultar el ver las acciones simples y éticas (pero duras y exigentes), que deben tomarse por la calle del medio, alejadas de las conveniencias de los antiguos bandos que se han alternado el poder hasta hoy.
Seguir hablando de las estupideces y sin sentidos de un “pervertido y ahora embriagado por el poder heredado” como Nicolás Maduro, o del vicepresidente, o de la canciller, o del hermano de la canciller, del defensor, de la fiscal, o de las disque “autoridades” del CNE, o en definitiva, de cualquiera de los testaferros operadores políticos, judiciales o militares que abundan en el entorno de poder instaurado desde hace rato de manera inconstitucional en Venezuela, estructurado en un régimen dictatorial “light” (que descubrió que pararse con la cachucha militar con cara grave frente a una cámara de TV, al estilo siglo 20 ya no es necesario para gobernar bajo la egida de los intereses de quienes mandan), es ya definitivamente perder el tiempo, es “llover sobre mojado”, y en todo caso, es convertir las explicaciones redundantes y repetitivas en una especie de “Medidor de perdición nacional”, pues en cuanto más gente necesite aún que expliquemos el por qué los que gobiernan perdieron representatividad y legalidad desde el momento mismo en que Chávez manipuló el segundo referéndum consultivo en los años dos mil, es porque tanto más tiempo necesitamos entonces seguir sufriendo en este infierno producto de la torpeza de las masas no sujetas a la visión republicana y de la ambición de los que tienen y disfrutan el poder político o económico.
Ya todos aquí en Venezuela sabemos que el gobierno y quienes lo lideran y apoyan directamente tras bambalinas, son inútiles mercenarios de la miseria que merecen únicamente un juicio justo y la muy probable sentencia que deberían pagar frente a nuestros ojos, en cárceles con cerco de ciclón y cámaras de TV que nos permitan ver que siguen presos, mientras que nosotros nos aguantamos (al menos con el aire del consuelo que surge de saber que la justicia si renació y es aplicada), los sacrificios necesarios para lograr enmendar en un tiempo razonable y con hitos de revisión y logros, los entuertos y sufrimientos, los muertos y las injusticias, que nunca debieron ser necesarias para llegar al mismo punto donde tenemos que decidir implementar una corrección y progreso real y medible no cada 6 años con el majadero que se siente en Miraflores, sino anualmente con el premio del reconocimiento o el castigo del revocatorio automático a quienes gerencian las soluciones; nuestras soluciones.
No puede seguir la nación siendo gobernada como si de un partido político de pocas voces en un país bananero en desarrollo se tratara. O damos muestras de nación con pensamiento desarrollado, capaz de planificar el propio futuro de su sociedad a través del consenso y el respeto entre todos, o nos resignamos a vivir en el infierno que de a poco estamos construyendo en Venezuela.
Cuando la capacidad para creer en los políticos se acaba, (como ocurre hoy en Venezuela), es porque el tiempo de cambiar llega, y sin posibilidad de postergación.
No teman: el “vacío político” no existe; no creer en el Gobierno (ni en la oposición que sobreviviendo aún hoy, fue también progenitora de los personajes de la revolución “quintofijista” que resultó ser el movimiento chavista), no implica que falten hombres y mujeres que quieran poner la ética y las buenas costumbres por delante de todo, sin estar atados a los orgullos y arrogancias de creerse con la razón absoluta que no necesita oír, ni dar, ni pedir permiso a los demás.
El mayor peligro hoy, es el mismo que existía antes del “Caracazo” y del golpe de estado frustrado de los que acompañaban a Chávez en el 92: La costumbre de ver a las mismas caras gobernando sin importar los desaciertos que arrastraran consigo. (Como un mal razonamiento en manos de quien no se quiera a sí mismo: “Mejor malo conocido, que bueno por conocer”).
Aunque el referéndum revocatorio tarde en llegar, no olviden dos cosas: 1: No sería fácil hacerlo en un entorno dictatorial light como el presente (las pruebas ya están entre nosotros); 2: Aunque fuera el año que viene, es decir, en el 2017, (y no en el 2016 donde legalmente corresponde y es lo constitucional hacerlo, independientemente de los argumentos levantados por quienes por cierto perderían), igual este no resolvería con su ejecución inmediata, ninguno de los problemas existentes, de un momento a otro, sin primero andar un poco por un camino no libre de dificultades y sacrificios.
Lo importante es dejar en claro que Maduro debe salir del poder ejecutivo y pasar a la historia primero, como el primer presidente revocado de la historia de Venezuela, y segundo, como el presidente juzgado directamente por traición a la patria, por continuar con las entregas de soberanía, territorio y recursos, iniciadas con premeditación y alevosía por el gobierno de Hugo Chávez.
Mientras, como ironía del destino, quienes más se beneficiaron de los mecanismos apaciguadores creados debido a los “miedos” de la revolución a los alzamientos populares, (la comida barata, las misiones tras misiones y las exoneraciones en el racionamiento eléctrico mientras el resto del país se comía “las verdes”), Caracas y sus alrededores como Capital sobrepoblada en un país centralizado hasta los huesos, y levantada –llegado el caso-, contra un gobierno para derrocarlo, serán quienes deban derramar posiblemente la mayor cuota de sangre, en el caos inicial del proceso de cambio que pudo (y por pocos instantes aún, puede ser), por la vía democrática, nacional y electoral, a fin de prescindir de los servicios de tan mal gobierno actual, como de tantos cómplices sobre los que se mantiene en pie.
No deberán temerle al armamento anti manifestaciones (comprado a China en cantidades industriales con el mismo dinero que ellos nos prestaron), ni temerle a los grupos de civiles armados que aliados del gobierno han armado hasta los dientes.
Sin dudas queremos salir de ellos (de todos), por la vía democrática y pacífica, porque aún hay tiempo, pero si no es así, solo una pregunta les puedo hacer:
¿Se aguantarán toda esta tragedia hasta que ustedes se mueran enfermos o de viejos y la hereden a sus hijos, (mientras los hijos de ellos florecen en la abundancia de lo robado), o buscarán concretar una tercera vía como salida sin importar cual sea  el costo que como sociedad y país podemos pagar?
La lógica es clara: Si la solución pacifica no se concreta, su espacio será ocupado por las opciones violentas.

¿Es necesario llegar allí cuando aún la paz puede tener oportunidad?

miércoles, 11 de mayo de 2016

La Venezuela inconstitucional; esa donde ya no hay donde exigir el cumplimiento de la ley.

El durísimo camino para llegar a la “Venezuela 2.0”

Era inevitable que en los estertores del final anunciado, comprado con la devaluada y mal acuñada moneda del “Cuartofijismo” y el “Quintofijismo”, la sociedad terminara perdida en su propio laberinto, incapaz de conseguir opciones para continuar el statu quo autoimpuesto.
Y en ese laberinto donde viven los que más, -y son arrastrados el resto-, no hay tripleta más poderosa presente que la formada por el conjunto-pareja Maduro y Cilia, en comunión circunstancial con la cofradía erigida sobre la figura de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y el ministerio de la defensa.
Debido a este pacto de intereses existente, todo lo demás que pueda ser llamado estado y gobierno es ya accesorio, incluyendo a la neutralizada (por torpeza reiterada de sus integrantes), asamblea nacional.
NOTA:
De esta asamblea mayoritariamente de oposición hay que decir que pese a los pronunciamientos ajustados a derecho, e intenciones claras de buscar aire para una gobernabilidad, lo cierto es que han dejado demasiadas puertas abiertas para que el oficialismo actual se cuele y continúe haciendo lo que le viene en gana aún en abierta confrontación con la constitución; las actuales manipulaciones en contra del referéndum, son un ejemplo de ello.
Hasta tanto la oposición deje de verse a sí misma como la alternativa al oficialismo, solo por no haberse establecido una tercera vía, no habrá posibilidad de crecimiento real; tan solo seremos testigos de un correr de arruga, pero en otra dirección a la que utiliza el gobierno al presente.
Error constituye en la actual oposición considerar que su crecimiento supone un apoyo directo a sus planteamientos políticos, más que al castigo electoral meramente; igual yerro cometen los que anunciado un referéndum, suponen el fin de todo, como si la remoción de un presidente supusiera una crisis, y no una salida prevista constitucionalmente, a una coyuntura de gobierno, cuando este no sirve.

Todas las demás minorías que ayudan a administrar el poder en el país, orbitan alrededor de este triple núcleo de intereses y componendas levantado sobre los huesos de Chávez, a imagen y semejanza de lo que él creó para sí mismo como única interpretación de gerencia político administrativa. La polarización resultante de un país cosido a partir de retazos de “tela social”, con puntadas de hilo impune y discriminador, que ahora se deshilacha por doquier dando el desenlace no deseado mas si esperado, a pesar de un trabajo que más que eficiente, solo es la resultante de la complicidad de todos.
Nada que hacer ya para evitar la debacle con los actores y libreto de la pantomima presente.
Nunca personas con menores trabajos políticos de relevancia a sus espaldas como currículo, habían llegado tan lejos (Cilia y Maduro); nunca nadie había logrado coordinar los intereses innombrables de tantos, para lograr el beneficio neto de pocos.
Venezuela se termina de derrumbar como nación que jamás dejo atrás el capullo del capricho y la soberbia resultante. Lo que logre prosperar en este territorio y con esta población variopinta y sin demasiado sentido de país, no debiera llamarse más Venezuela, porque los cambios requeridos para la sobrevivencia son tales, que los más viejos aún vivos difícilmente la reconocerían como su país de origen. Acaso si los términos computacionales se utilizaran en lo que a naciones se refiere, tendríamos que describirla como una “Venezuela 2.0”.
No se resistan a una verdad que por no terminar de comprender, no los hace libres.
Ya de facto no existe gobierno como tal; únicamente una administración gobernante atomizada en cientos de esferas de intereses y poder, donde más o menos las fuerzas militares se mantienen neutrales en cuanto a exigir legalidades absolutas, actuando más bien y casi a coveniencia de si mismas, como garantes de las ruinas de un gobierno central, al tiempo que las personas viven sus propias vidas, devorándose socialmente las unas a las otras. La intentona de coordinación nacional en beneficio de las mayorías, (enmarcada en la segunda etapa de la cuarta republica, y denominada “revolución” o como le llamo ahora: “Quintofijismo”), lejos de haber logrado buenos frutos, (más allá de ideas concretas pero atomizadas en una diáspora de instrumentos que rápidamente fueron asimilados por la inmoralidad de la función pública sin ética), solo automatizó y llevó la corrupción a un nivel de proporciones bíblicas al estilo de “Sodoma y Gomorra”, tal como a la impunidad anteriormente acumulada había bastado para desembocar en eventos como los del 27F/87 o el ya famosamente nefasto 4F/92.
Hemos aprendido a engañarnos incluso con lo que no podría ser ocultado; la desfachatez se hizo norma, mientras que la verdad se convirtió en peligrosa expresión que no llevaba a mucho.
Una sociedad toda acostumbrada a vivir con el goteo remanente de una riqueza cuyo chorro inmedible se quedaba siempre en el camino de los bolsillos de todos cuantos podían arrimarse a la fuente infestada de corrupción. Una sociedad envidiosa ahora de quienes tienen mucho, y reacia a probar otra opción que no sea la del sendero más expeditamente fácil para también tener. No hay pues, camino honorable y ético que pudiera en estas difíciles circunstancias,  salvarse de la salpicadura de una injustica continúa hecha impunidad, con el acto de lo antisocial hecho valor de vida (desde la infracción de tráfico, pasando por el bachaqueo, hasta llegar al cobro de comisiones en todo).
Es duro hablar de estas cosas, pero insisto queridos compatriotas, en que no deben temerle a la idea de aceptar TODA la realidad, pues es de hecho el único camino. No hay otro.
El daño estructural nacional está anidado en lo más profundo de una sociedad que no consigue justificar el sacrificio que ahora es necesario hacer para salvarse; nuestra incredulidad hacia un orden real y practico mas allá de nosotros mismos como individuos en una comunidad conceptualizada en el marco de una nación que se llame Venezuela, hace precisamente que todo esfuerzo termine como el agua que se quiere guardar en cantimplora de cuero roto.

La marginalización de todo, mientras que no ve luz institución capaz de evitar la salpicadura de la corrupción, son muestras contundentes del “final de los tiempos” de lo que desde años llamamos con tanto desparpajo como Democracia. Un oficialismo tan incompetente como el oposicionismo que lo adversa, no son más que ingredientes inevitables de una bomba de tiempo que sin matar de inmediato, explotará y herirá profundamente a todos, solo para que mueran de a poco desangrados. (En sentido figurado, claro).

Necesario parece ser todo esto para que afectado cada uno sobre este país, no haya quien no levante su voz para exigir ya no justicia o comida, luz y trabajo, sino mecanismos inalterables para poner en práctica instrumentos que hagan inviable la corrupción, la inoperancia, la falta de ética y la impunidad que trae la injusticia no ya dejada libre a su albedrio, sino ejercida con premeditación y ambición, característica de nuestros tiempos.

Nos hemos acostumbrado como colectivo disperso, a buscar nuestro camino en medio de la oscuridad, únicamente mirando al suelo, y alumbrándonos si acaso con la luz de una vela. Jamás hemos practicado a lo grande nuestros más acallados sueños sociales, mientras manteníamos la visión y la voz crítica sobre quienes asignábamos estas tareas republicanas. Nunca hemos buscado el potente haz de luz de la ética para escudriñar mas allá de nuestros horizontes diarios de supervivencia, aunque ello quemara nuestros empequeñecidos ojos por la oscuridad aceptada, y eso nos ha condenado al actual estado de las cosas.
Hasta que los sueños de grandeza no vengan de la mano de una igualmente grandiosa honestidad que señale culpables y les haga pagar, no habrá cambio real. No se trata ya de “dialogo nacional”, de “concertación entre hermanos” o de “indultos y amnistías”, pues sin el castigo ejemplarizante, salido de la “dictadura de la constitución”, no habrá posibilidad alguna de construir tan siquiera el primer ladrillo necesario para erigir la tan necesitada fe nacional.
No sigan viendo la sinceridad como un insulto, mientras que a la alcahuetería como una virtud.
Ya no se trata de un “sálvese quien pueda”, pues es más bien cosa de un “agárrense de donde puedan”, porque lo que no querían que llegara, está aquí: La visión de un pueblo condenado a sí mismo a sufrir, por no haber pensado con cabezas frías las cosas.
Apenas quedan instantes para modificar el duro final; casi nada.

Eligieron a Barrabás, y la historia nos ha dicho lo que pasó.



sábado, 30 de abril de 2016

Las minorías en Venezuela.

No lo duden: Este país en uno de minorías.
Mientras la nación toda sigue rodando cuesta debajo a punta de las patadas de Maduro y su oposición (El como representante de cuanta cosa mala se ha hecho en el país desde el 99, y la oposición como imagen de los que han permitido con sus torpezas y omisiones que esto transcurra incólume durante 17 años en manos de Chavez/Maduro), no puedo dejar de ver como tan pocos deciden por tantos…
Y es que contra todo pronóstico, en la Venezuela donde siempre se habla del “pueblo” como único dueño del poder soberano, lo patéticamente cierto es que en realidad esta masa de gente que se ha quedado por voluntad propia sin capacidad real de alterar el rumbo del país más allá del escueto mecanismo electoral que el gobierno y CNE dispongan, está cruzado como “pueblo”, y desde todas direcciones, por una cantidad inaudita de minorías que controlan, articulan y gestionan hipócritamente toda decisión que aquí se toma, a espalda de quienes son las mayorías.
Podría comenzar a hablar de esos grupúsculos desde el siempre rocambolesco ángulo de lo político, habida cuenta que la situación que atraviesa el país, flotando en su limbo  autodestructivo, (seco y de escasa electricidad, alimentos y medicinas), siempre manteniendo su fútil esfuerzo por flotar en esa especie de fenómeno etéreo creado a partir de la impresionante e innecesaria colisión entre corrupción y dinero, (como si del impacto entre partículas y antipartículas en el reino de la física subatómica se tratara, dando origen a un entorno extraño, lleno de nuevas expresiones de “energías” y “materia” nunca vistas).
Al final, esta “nada” etérea que se antoja como inútil esfuerzo frente al gran círculo por el cual estamos deambulando, (siempre para terminar llegando al mismo punto muerto y coyuntural de donde partimos), en hasta hoy, una inutilidad hecha hombre y funcionario en la carne de Nicolás Maduro, (del cual ni se conoce a ciencia cierta su nacionalidad originaria, aunque ello parece que importe ya).
Si algo estamos demostrado como sociedad, es que conocer la verdad no nos hace libres.
El acto simple pero contundente de hacernos la pregunta sobre ¿Qué debemos hacer como sociedad?, sencillamente no llega.
No hay siquiera algún resplandor en la distancia que indique que ello puede ocurrir; (No: ni siquiera la perspectiva de un Referéndum Revocatorio). No hay nada, salvo la esperanza de que llegado al final, (y derramada quién sabe cuánta sudor y lagrimas), la locura de paso a la sensatez, como la tormenta destructiva da paso al cielo soleado. Solo hay a nuestro alrededor, “la nada” política, “la nada” económica, “la nada” militar, “la nada” educativa, “la nada” laboral, y “la nada” contrabandista/bachaquera; hasta la impunidad se ha vuelto un territorio de  “la nada”, como si fuese algo sin sentido, algo que difícilmente podría contrastarse con algo que pareciera justicia.

No demos más rodeos al asunto: En Venezuela gobiernan las minorías: La de la cúpula del PSUV, que se hicieron para sí de los huesos del otrora caudillo que enamoraba a todos a lomo de petróleo a 100$; la minoría del TSJ, la del mando militar, la de la cúpula empresarial, tanto oficialista, como opositora (y también la que tira para ambos lados discretamente); la de las iglesias, y la de los sindicatos en cada empresa donde sobrevivieron y triunfaron sobre los intentos de crear el control obrero; la minoría encumbrada en el petróleo a través de PDVSA y otras empresas petroleras creadas ex profeso para darle poder reforzado incluso a la “minoría” del mando militar, sin olvidar la otra minoría que copula sobre los minerales. La minoría que controla las mafias del contrabando, y del bachaqueo; la minoría que reparte y comparte los dólares preferenciales, sin olvidar a propósito, la minoría sentada en el gobierno de Cuba. La minoría que desde China presta dinero, y la de los chulos que en el Caribe y en América gozan de lo ajeno sin repartirlo con sus pueblos. No nos olvidemos de las minorías que controlan los medios, ni de la que administra al CNE. Incluso la actual “minoría” en la Asamblea nacional, que irónicamente antes se asociaba con “mayorías”, y que en realidad nunca dejó de ser la pequeña cofradía de donde emanaban las acciones para concretar los deseos de las otras minorías, todas juntas y en orgia, disfrutando del poder.
Incluso, entre las víctimas de esta gran tragedia general no puedo dejar de mencionar con cierta ironía a la que finalmente sería la minoría que se aglutina como ciudad por derecho propio, constituyéndose en la denominada “gran minoría”: La gran Caracas; esa a la que no le cortan el servicio eléctrico de manera programada como al resto del país. La Caracas que aún siendo revolucionaria hasta hace poco, se ve a sí misma como la entrada de Venezuela, aceptando que al resto de todo el territorio nacional se le denomine aún con el epíteto de “interior”.  
Recuerden esto: las minorías mandan, porque la mayoría que conforma la verdadera sociedad (que como plastilina vieja de niño que ha mezclado todos los colores que originalmente tenia), ahora da para moldearla para lo que se quiera, y lo mismo ha pasado con la interpretación de los principios como valores de vida en nuestro país: Por eso es que las interpretaciones legales de las cosas, y de los instrumentos incluso creados y refrendados en procesos propios concernientes a la soberanía del pueblo, se han vuelto más importantes que los principios morales y éticos que les precedieron y guían, abriendo con ello el compás para que miles de injusticias ocurran unas tras otras sin cesar, con lo que por cierto, lejos de aliviarse la presión social, lo que se hace es aumentarla, retroalimentando y reforzando los controles que la misma “interpretación estricta de la legalidad” (a través del establishment político instaurado por Chávez), posibilita hacia sus conciudadanos, en un ciclo sádico donde todos por estar en el mismo país, (y hasta en el mismo planeta), perdemos.
Si no fuera así, ¿Por qué creen que medidas tan injustas como la de sacarle el servicio eléctrico por 4 horas a todo el país, -menos a Caracas y a un par de sitios más-, no genera en estos últimos una “corriente de solidaridad” que debidamente expresada, obligue al gobierno a sacárselo a todos por igual, resultando ello quizás en una media aritmética de menor cantidad de horas para todos?
Es simple la respuesta: El individualismo, (y la falsa sensación de beneficio neto que ello genera en cada persona que la practica), nos está matando, y a nuestros “demonios y vampiros” criollos, enriqueciéndolos.
Seguimos dándonos de golpes entre las paredes del socialismo y el capitalismo, creyendo que ellos son todos los modos de concebir la administración social en la vida, y manteniéndonos con ello entonces incapaces de accionar en un sentido distinto, capaz por cierto de darnos identidad y sentido de dirección como nación.
Así, viendo todo en realidad bajo ese soterrado ángulo, -el del empoderamiento de las minorías como controladores del resto mayoritario de la sociedad de un país y todo lo que hay en él-, era en todo sentido, evidencia inevitable de observar antes del colapso en el marco muy amplio del ciclo de las sociedades.

No se extrañen por las manifestaciones violentas de estos tiempos; no necesariamente por ser posibles de interpretar en términos bíblicos, sino porque son señales inequívocas de que la olla donde se cuece la sociedad venezolana, está por rebosarse.

No dejen de ver los arboles, por contemplar solo el bosque...