domingo, 12 de enero de 2025

El 10 de Enero de 2025: Lo que pasó en Venezuela.

 

Tuvimos que esperar un par de días a que se asentara el polvo de esa fecha para poder analizar y contrastar lo ocurrido con lo que al menos en el blog se había planteado; el resultado es lo que a continuación menciono:

Balance de la fecha:

1.    Se juramentó Nicolás Maduro.

2.    Edmundo nunca llegó;

3.    María Corina Machado (MCM) se la llevaron y vino con un mensaje;

4.    No hubo sorpresas; tampoco la irrupción de un nuevo liderazgo.

 

¿Todo sigue igual, o empeoró?

En mi opinión, el balance es definitivamente negativo, así que podemos decir que empeoró, aunque eso no debe ser motivo de pesimismo, puesto que nunca algo nuevo comienza, si el final de lo anterior no se acerca y finalmente llega.

Entendamos que el resultado de este balance se manifiesta no porque Maduro se juramentara, sino porque sabemos que él y sus asociados vienen cabalgando a lomo de Golpes de Estado desde el 2013 (cuando se levantó ilegalmente como candidato a la presidencia pese a su condición de doble nacionalidad y a la de ser canciller de la República en ese momento), y que para cerrar ese trágico circulo, recién ayer parece que la oposición venezolana descubrió el “agua tibia”; es decir: ayer descubrieron el Golpe de Estado en desarrollo.

Tampoco resulta que el balance sea negativo porque Edmundo no llegara ni siquiera a pisar suelo venezolano en esa fecha o en los días previos tal como lo proclamaba: su edad y círculo de cooperadores / operadores, auguraban todo el tiempo con sus actos y expresiones, un temor visceral a perder la libertad y la comodidad que ya en sus respectivos países de asilo han conseguido si llegaban a entrar a Venezuela. Ahí no había sorpresas; no solo porque no había forma de creer que algún cómodo político en el exilio se arriesgaría a adelgazar en las mazmorras del régimen en el país: también porque los que rodearon a Edmundo, eran los mismos de siempre, de quienes conocemos sus argucias.

Lo de MCM es más complicado, y de hecho, es lo más relevante de cara a la actual oposición, pero eso lo veremos más adelante.

Por último, un tema que es clave a mi modo de ver, es el hecho de que en una fecha tan simbólica como la ocurrida el 10E, no se hubiese producido la irrupción de un nuevo liderazgo/antagonista contra el régimen, lo que a su vez lleva atado al cuello la razón por la que la población no saliera masivamente a la calle. El momento de un “Oscar Pérez” era éste, pero hasta ahora, el único como él, ya no está entre nosotros.

Esto es lo más grave en mi opinión; refleja la carencia profunda que se ha instalado entre nosotros, que y como toda “carencia”, es siempre primero más actitudinal que física. Seguramente los “Óscar Pérez” que están entre nosotros, tomaron nota de lo ocurrido con el primer Óscar Pérez, y por ello aguardan a que una estrategia adecuada, se cruce con un momento oportuno, lo que nos permite inferir que, o no hallan cómo crear esa intersección de requisitos, o que efectiva -pero silenciosamente-, están en pleno proceso de lograrlo.

Obviamente desde nuestra perspectiva de ciudadanos comunes (componentes de la masa, claves para consolidad los eventos que pudieran darse para el cambio), saber cuál de esas posibilidades está en marcha se nos escapa de la manos, pero no por ello debemos esquivar la idea de analizar lo que pasa y pensar en las opciones.

En este punto quiero retomar las preguntas que les planteé días atrás, y que me resultan necesarias para entender lo que puede ocurrir:

“¿Si llegara Edmundo al poder, realmente cambiaría algo como para rectificar lo que vivimos y así evitar que todo esto vuelva a suceder en poco tiempo?”

o,

“¿Será el 10 de Enero una derrota opositora más, que en esta ocasión también representaría el “último clavo” en el ataúd donde enterrar la excusa de no hacer uso de la fuerza hasta que no quede un injusto de pie?”

Antes de pensar en las respuestas a estas preguntas, no perdamos de vista que la naturaleza es clara: no hay cambios revolucionarios / absolutos de un momento a otro. Incluso el paso de la noche al día, viene precedido por un amanecer. Lo digo porque lo que queremos, simplemente no llegará tal cual lo deseamos.

Me explico: Lo que nos ocurre ya se manifiesta como un daño generacional en nuestra sociedad, con casi una cuarta parte de ella sufriendo una metamorfosis (para bien y para mal) en el exterior de nuestro país y todo esto significa que los cambios serán graduales, más lentos de los que muchos podríamos desear, pero incluso esto último es “natural”, y será satisfactorio para las masas.

 

Si, es cierto que la hipotética llegada de un presidente (Edmundo) que la mayoría eligió porque MCM lo presentó (¿recuerdan a Chávez presentando a Maduro como candidato?), sugiere que las cosas cambiarían para mejor, pero debemos entender que no será como podría ser -o como debería ser-, sino como los candidatos y postulados a ser protagonistas administrativos de ese cambio, puedan o quieran hacer, y esto se une con la idea de las generaciones dañadas/lesionadas/traumadas.

Recuerden: La llegada de Edmundo al país supondrá el arribo de todos los personajes de oposición que pulularon con mayor o menor fracaso durante la época “light” de Chávez previo al 2002, y que terminaron o no en el exilio: Desde Ramos Allup, pasando por López y toda esa camada de políticos de oficio, hasta el mismísimo Guaidó. Además, miles de ex chavistas y ex maduristas se colarán en el nuevo gobierno como por arte de magia, o peor, “en aras de la reconciliación nacional”. Todos serán los llamados a llenar los importantes (y los menos importantes) cargos mientras se reinstala todo el aparato burocrático que nos llevó precisamente a la irrupción de un hombre o una mujer como Hugo Chávez y lo que vino con él.

Casi con certeza podemos decir que no habrá llamados a nombrar una “Junta de Gobierno” para refundar el Estado y juzgar mediante tribunales especiales a los que tengan responsabilidad por las pasadas tres décadas, ni para limpiar el nombre de aquellos que no tuvieron opciones. Nada de eso.

Además, recuerden que la cúpula militar no saldrá por las buenas, ni se conformará con la posibilidad siempre en el aire de ser señalada y enjuiciada por sus desmanes.

 

Debería (pero no lo está), el estar claro que para gobernar a un país no basta con un mesías (hombre o ahora mujer); Chávez lo demostró de sobra; esa es la mayor lección que debemos sacar de lo que ha ocurrido, y por lo que no debemos exaltar a nadie sobre nuestras cabezas.

Administrar mediante un gobierno enmarcado en un Estado constitucional, requiere muchísima gente y de una increíble cantidad de talentos que no siempre estarán orientados hacia el bienestar de la mayoría. Ya lo vivimos precisamente desde 1992 hasta nuestros días.

Por estas razones les mencionaba hace días también, que: “Lo que sí es una verdad como el Sol al mediodía queridos compatriotas, es que todos de alguna manera estamos sosteniendo sobre nuestras cabezas los despojos harapientos de una sociedad que tendrá que reinventarse bien en serio para sobrevivir, incluso aunque ya no sea exactamente la misma de antes ni con los mismos protagonistas; necesitamos imprimir en verdad un cambio generacional que marque hito.

Les digo que nada de esto último ocurrirá, si no le hacemos sitio en nuestras cabezas a la noción de que con los mismos de antes, seguiremos logrando los mismos resultados, a menos que se pongan fechas inamovibles para los cambios y la llegada de nuevos venezolanos (sin doble nacionalidad) con ideas actualizadas, que lleven las lecciones de los estragos vividos a manos de la “cuarta y la quinta” república. No será fácil, -por no decir que IMPOSIBLE-, con los actuales protagonistas. Sin la sombra de la justicia dispuesta a quitarles las cabezas, los políticos de nuevo cuño serán la “crema concentrada” de lo que tratamos de dejar atrás.

 

Dicho esto, vayamos al último componente del balance de hoy; sé qué resulta ser un asunto perturbador para muchos, aunque para mí lo es más bien la resistencia a atenderlo, y la falta de opciones frente a lo existente como liderazgo:

“A María Corina Machado (MCM) se la llevaron y vino con un mensaje”

¿Por qué lo expreso de esta manera?; hay una razón para ello, y no estriba en lo que ella dijo en su declaración al ser liberada, sino más bien en el “espacio y tiempo” que se creó tras su desaparición, que fue “llenado” por el relato del régimen.

MCM salió de la clandestinidad ese 9E para encabezar actos de protestas (no había instrucción alguna hecha pública de algo distinto a la protesta exclusivamente); en el transcurso de esa jornada ella misma indica que es identificada, detenida y trasladada a un centro de operaciones del régimen, donde es incomunicada y custodiada mientras se efectúa alguna conversación de tema y duración desconocida o no verificable; le hacen grabar una “fe de vida” que es subida a las redes inmediatamente, tras lo cual en la tarde de la misma jornada es liberada rumbo a destino desconocido.

Al otro día (10E) Maduro se juramenta, Edmundo siguió en República Dominicana, y en la tarde se hace público el discurso que ella pronuncia, que ya Uds. conocerán, y por lo que no es necesario hacer resumen.

Independientemente del contenido de su posterior discurso, lo que resaltó de esa jornada (que era el único día con que contaban para cualquier acción, siempre dentro del simbolismo de todo lo que ella junto con Edmundo había ofrecido previamente), fue su desaparición e incomunicación a manos del régimen, lo que hizo que sin intención de hacerlo, ella misma fuera un mensaje:

“Estoy bajo custodia del Gobierno, neutralizada y por tanto ustedes, que solo cuentan conmigo, también lo están”

Recuerden queridos compatriotas, nada de esto lo digo para descalificar su actuación o la valoración que tengan hacia ella; nunca estaré a favor de la desaparición forzada de alguien, aunque ello no nos impide evaluar los resultados de sus palabras en el antes, el durante y el después.

De todo esto debemos sacar como primera conclusión que si nos concentramos en ideas del tipo “ella o él y su equipo resolverán todo”, nos arriesgamos a repetir la comodidad que nos llevó a lo que estamos viviendo.

Sin un apoyo irrestricto de nuestra parte al ejercicio implacable de la Justicia -así sea sobre nosotros mismos-, nada cambiará, ni nadie sentirá el impulso  o la necesidad de hacerlo.

Tenemos que entender que hasta ahora hemos luchado donde otros han querido: en guerras de independencia, en las guerras política entre régimen y la oposición, y en las calles de nuestras ciudades, pero siempre mientras éramos rodeados por las fuerzas del régimen, aunque nunca lo hemos hecho donde ellos se sintieran en el centro, rodeados, indefensos y por tanto sumisos a entregar el poder.

Por eso, por su poder, es que son sus arrogancias.

Eso puede terminar. Piénsenlo.


viernes, 10 de enero de 2025

10 de Enero de 2025: La manipulación y desinformación en Venezuela, como herramientas para dilatar cualquier respuesta coherente.


 Hechos hasta ahora sobre el terreno:

1.- Edmundo sigue fuera del país;

2.- Tras su aparente secuestro, María Corina Machado está desaparecida, presumiblemente por el régimen;

3.- Tras el Golpe de Estado continuado, y  entrado ahora en una nueva fase, Nicolás Maduro se auto juramenta como presidente de Venezuela;

4.- La población espera. No sabe bien qué, pero espera.

 

Cerraba hace un par de días el penúltimo artículo en este blog con el siguiente planteamiento:

“¿Si llega Edmundo al poder, realmente cambiará algo como para rectificar y evitar que todo esto vuelva a suceder en poco tiempo?, o,

¿Será el 10 de Enero una derrota opositora más, que en esta ocasión también representaría el “último clavo” en el ataúd donde enterrar la excusa de no hacer uso de la fuerza hasta que no quede un injusto de pie?”

 

A esta hora del mediodía, aun flotan estas preguntas sin respuesta; la desinformación fluye a alta velocidad por los pocos medios que quedan en el país, mientras la verdad se atasca y se construyen hipótesis de trabajo estudiadas por ambos bandos, cuyos éxitos o fracasos dependerán de cómo controlen los elementos claves: información, fuerzas armadas, fuerzas de actuación, discurso internacional y medios en el campo.

Aquí no se trata de soberanías o de orgullo nacional; esto es puro y crudo interés de las partes interesadas, sin que la sociedad medie en tanto esta no tome la iniciativa (y por cierto, se busca eliminar esa posibilidad).

Los mandamientos de Joseph Goebbels (Alemania, años 30´ y 40´), se mantienen en plena ejecución; ya la verdad no importa en esta ecuación; la ética es baja de combate desde hace años en Venezuela, y lo correcto de nuestros valores solo queda en este momento como elementos decorativos para los protagonistas que mueven los hilos, donde la población no pinta nada en tanto se mantenga inerte.

En esta breve entrada al blog, no quiero cerrarla sin dejarles una referencia de lo que Goebbels afirmaba que había que hacer para manipular; verán que es mandamiento de todos los medios de comunicación actuales, y de los regímenes que los dominan:

Lo siguiente, es también “biblia” del régimen venezolano igualmente.

1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.

2.- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. (NOTA del Blog: El término usado por Chávez contra la oposición: “Escuálidos”, por ejemplo)

3.- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. (Nota del Blog: Traer a primera página el conflicto del “Esequibo”, por ejemplo)

4.- Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. (Nota del Blog: Cualquier gringo borracho que consiguen, es un asesino que venía a cometer “magnicio” contra Maduro)

5.- Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. (Nota del Blog: Por eso el discurso simple y “parroquiano” del régimen, desde Chávez)

6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. (Nota del Blog: Por eso se repite como un mantra el “No volverán”; la oposición vendida a EEUU”)

7.- Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. (Nota del Blog: Por eso la oposición siempre va un paso atrás del régimen, siendo vencida; ejemplo: el secuestro de MCM y la rápida divulgación de desinformación))

8.- Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias. (Nota del Blog: Manipulación pura y dura; las cosas se dicen para crear zozobra y dividir)

9.- Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10.- Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. (Nota del Blog: Se usó la figura de la “cuarta república”, una “nueva bandera”, “cara de Bolívar nueva”, y recursos similares, para establecer una épica a conveniencia)

11.- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

 

Ustedes deberán estar alertas; las herramientas de manipulación son estas y lamentablemente son utilizadas por ambos bandos en mayor o menos medida. Obviamente el sector amenazado es el oficial, y es quien teniendo el poder de las armas como monopolio, los ejercita sin miramiento ni freno, como gato panza arriba siendo atacado.

La desaparición de María Corina Machado (lo digo como referencia, no porque crea que ella representa la única solución definitiva a lo que padecemos en Venezuela) obedece a las reglas de Goebbels; el uso de “IA” (Inteligencia artificial) para crear videos y audios falsos es hoy casi indistinguible de la realidad; El régimen puede o no haberla secuestrado; hay varios escenarios; su secuestro puede servir o no para chantajear a los visibles de la oposición, incluyendo a Edmundo, y mientras, la disminución de fuentes de información creíbles corroe profundamente la capacidad de reacción de la población, acéfala mientras una única persona liderando, sea la que protagoniza.

El poder es el que determina el camino que se sigue en cualquier cultura humana; las estrategias basadas en la geopolítica están en plena acción, y sus hilos visibles e invisibles están actuando sin misericordia; una fuerza no se detiene hasta que una equivalente o superior se le enfrenta, no lo olviden.

Coordinarnos es difícil, pero no imposible; las masas sin control también son una fuerza indetenible, aunque levantarse de las cenizas sea difícil.

En tiempos de Bolívar no había internet ni periódicos de distribución masiva, pero aún así, se dio la independencia.

 

El que tenga ojos, que vea.

jueves, 9 de enero de 2025

Venezuela frente a sí misma en la víspera de una fecha: 10 de Enero de 2025.

Escribo sin saber a ciencia cierta si lo hago con la esperanza del que a ama su nación, o si lo hago con la melancolía que experimento al sentirme inquieto a causa de saber que estamos en la antesala de ese día en el que puede darse el ascenso y coronación de Maduro como “presidente” de Venezuela tras su golpe de Estado, o por el contrario, la tan deseada caída de éste y de todo lo que él representa y le acompaña, a manos de la justicia de un pueblo que haya sabido levantarse de sus cenizas.

Deseo esto último de corazón.

Sabemos que para abordar esta importante fecha en nuestra historia por escribirse en ese día 10, ha sido necesario asimilar primero -aunque sea levemente-, que el liderazgo político venezolano de ambos bandos es lo que precisamente nos ha mantenido extraviados en este laberinto de sumisión tan degradante, y que no por eso,  cada uno de ellos ha dejado de ser hijo legítimo y reconocido de la sociedad que hemos sido hasta hoy.

Tras esta razón que se esconde a la comprensión de muchos aún, está el por qué Venezuela ha sido disminuida sistemáticamente en su soberanía territorial y política, incluso hasta en aquellos tiempos supuestamente patrioteros a rabiar de Hugo Chávez y de su régimen, el que ahora yace en las manos de un ilegitimo frente a la ley, que solo ha sabido hacer el mal: Nicolás Maduro.

Chávez fue el hombre de las oportunidades perdidas frente a una manera de hacer política que ya no conseguía oxigeno para seguir, pero que él mismo supo mantener con vida vegetativa como el elemento antagonista con el cual distraer a la masa y propagar  a sus serviles; su mandato fue el escaparate donde exhibir todo lo que como nación podíamos fantasear, desear y aborrecer al mismo tiempo, pero que nunca hasta hoy, logramos hacer desaparecer en medio de alguna férrea determinación a cambiar las reglas de nuestro propio juego.

Ya sabemos que el epitome de su trayectoria al frente de Venezuela fue también su fracaso final en el ocaso de su vida a manos de la enfermedad; ahí, moribundo pero aún en pleno dominio de sus facultades, dejó como heredero de su imperio venezolano al más rastrero de sus acólitos;  ese al que despectivamente llamaron “el burro”, o “Maburro”, y que sin necesidad de ningún tipo de giro trágico del destino, terminó cabalgando sobre nosotros y la riqueza del país. De allí en adelante, Venezuela solo fue un territorio donde nuestros propios demonios, miedos y falta de liderazgo capaz de estar por encima de las circunstancias, nos flagelarían sin misericordia, quizás hasta hoy y el amanecer de este 10 de Enero del 2025.

Mañana, veremos qué sucede.

Dios y su Universo observan nuestras acciones; tenemos tanto potencial, tanto amor entre nuestras manos; solo nos falta la humildad de reconocer que nuestros traumas de la infancia no tienen por qué determinar la llegada o no del ocaso de una etapa de nuestra sociedad que debe marcharse. Hagamos de lo que más nos hace ser venezolanos, nuestra mayor fuerza de cambio. No tengamos miedo a lo que con justicia, haya que hacer.


martes, 7 de enero de 2025

PARTE 2: “Nuestra imagen social en el marco de un país aun demasiado joven, engañado y disperso”

 

Quiero que comencemos con la siguiente referencia legal en nuestro país; luego les explico: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela Publicada en Gaceta Oficial del jueves 30 de diciembre de 1999, N° 36.860:

“Artículo 5. ° La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público.”

“Artículo 333. ° Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.”

“Artículo 350. ° El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.”

 

Fíjense que de los cientos de artículos que contiene la constitución, estos 3 artículos dan luz verde al cambio político y económico que la mayoría desea si actúan en consecuencia; pese a ello, ¿por qué no ocurre nada, más allá de la brutal y descarada represión hacia los ciudadanos por parte del régimen?

¿Si la constitución de nuestra nación deja en claro cómo debemos desenvolvernos ante la ruptura del hilo constitucional, por qué el desastre en el que vivimos, de paso en manos de unos pocos trastornados que ya no disimulan el reinado de la corporación mafiosa que gobierna junto a las FANB (“Frente Armado de Nicolás y su Banda”)?

Perdonen que comience con un cuestionamiento tan duro. Les confieso que cada vez más siento que el escribir en el blog es algo así como estampar cachetadas una detrás de otra a un “cuerpo sin vida”; seguramente esa sensación de “inutilidad” es justo la que quiere el régimen que sintamos en nuestros corazones para que nos terminemos de rendir, cosa que sé, no pasará.

Lo que sí es una verdad como el Sol al mediodía queridos compatriotas, es que todos de alguna manera estemos sosteniendo sobre nuestras cabezas los despojos harapientos de una sociedad que tendrá que reinventarse bien en serio para sobrevivir incluso aunque ya no sea exactamente la misma de antes: Necesitamos imprimir en verdad un cambio generacional que marque hito.

Por eso hoy busco casi que con vehemencia el explorar mediante algunas reflexiones esos fundamentos que puedan dar explicación a esto que tenemos como “imagen social” actual, al mirarnos en el espejo de esa realidad que necesitamos cambiar, así que no deseo que tomen esto que leen como una “pedrada en los dientes”. Por ello les pido que lo vean como un esfuerzo que hago con la única idea de honrar lo más elevado en el alma de cada uno de ustedes, bajo la convicción de que invariablemente cuando llegue el final de este periodo, surgirá la oportunidad del arribo de algo nuevo.

Obviamente, escribo además con la convicción de mostrar de la manera más fiel posible aquello que quienes estando en el poder -o queriendo llegar a este-, en realidad manipulan, tergiversan y ocultan, incluso remodelando a la historia misma si les es necesario, sin importar en ese proceso, consecuencia alguna. Esa es la razón por la que el blog está lleno de relatos de cosas que he vivido y de testigos que he conocido en el calor de los acontecimientos, siempre sin dejar a un lado cuando les escribo, el principio de que “todo político es culpable hasta que se demuestre que sólo es sospechoso”.

 

Ya entrando en la materia, les digo que necesitamos abordar una primera cuestión fundamental si queremos estar parados sobre un piso razonablemente sólido -lo cual no es tema baladí-, dado que estaremos de acuerdo todos en que andar por la vida en este caso, sin una clara identidad nacional, es tan malo como vivir sin saber quién se es en un mundo que cada vez más inventa más cosas para alejarnos de la individualidad sana y la sociedad bien entendida.

Justo este "extravío" es el que nos mantiene lejos de esos tres artículos constitucionales.

Hagamos la pregunta entonces:

¿Qué es ser venezolano?

Seguramente surgirá con rapidez desde sus mentes y corazones, la idea de que la respuesta a esto debe pasar de alguna manera por estas afirmaciones sencillas y claras:

1.- “Es haber nacido en Venezuela”

2.- “Es sentir la música, el folklore, las comidas, las formas de hablar”

3.- “Es compartir una misma vivencia con muchos otros”

4.- “Es esa alegría y algarabía genuina que sentimos”

No dudo que una buena respuesta pasará por esas afirmaciones, aunque me parece que no se queda ahí de ninguna manera, ya que habrán ustedes reconocido rápidamente que salvo la primera afirmación (“Es haber nacido en Venezuela”), el resto muy bien podrían ser descriptivas de cualquier otro gentilicio en Hispanoamérica.

Hay sin embargo, la posibilidad de considerar un conjunto adicional de nociones un poco más desarrolladas que en mi opinión resultan cruciales para que nosotros podamos describirnos a nosotros mismos el hecho de que nos podamos sentir venezolanos; pasa esto por ser capaces de articular a través de palabras coherentes (pronunciadas o escritas) a nuestra descendencia y a quienes nos rodean, aquellas ideas que les permitan entender qué es y qué hace que a lo largo de una vida vivida en Venezuela, se sientan identicados como venezolanos:

“Significa llevar consigo un conjunto de valores productos de la evolución en nuestro territorio y fuera de él, que partiendo de lo llegado a nuestra tierra desde España, y en distintas medidas desde Asia, África y la misma América a partir de 1492, se mezclaran y cultivaran una idiosincrasia y gentilicio, adaptándose no a las circunstancias generadas por pocos, sino a los consensos del comportamiento y el pensar de muchos que procuran el bien.

Esto se aprecia a través de nuestros modos, usos y costumbres, que se expresan y enriquecen desde lo musical, (pasando por lo literario, científico y filosófico), hasta llegar a lo político, lo económico, lo gastronómico, lo lingüístico, lo artístico, lo militar y lo diplomático, desarrollando todo esto a través de una enorme gama de disciplinas colectivas que se apuntalan mediante los talentos individuales y los trabajos coordinados”.

“La prevalencia del gentilicio venezolano significa para quienes han llegado de otras tierras en los últimos 50 años a Venezuela, el reto que se les presentaría siempre de que conservando aquello que los crió en sus primeros años de vida en sus países de origen, aquí atienden y respetan los que consiguen, valorando y asimilando por tanto nuestras leyes, mostrando respeto por todos los elementos (valores) venezolanos mediante el ejercicio activo de la residencia o ciudadanía adquirida, como marco inobjetable al cual someterse, ya que la opción ante el rechazo de esto en cualquier sentido, es razón para continuar su camino -amable pero firmemente-, en otras tierras.”

“Que Venezuela se reconoce como nación conectada con una realidad universal, y  por tanto a un único poder divino, a partir de lo cual los credos y creencias que van en ese sentido son respetados siempre que estén circunscritos al actuar individual y familiar, no siendo permitido por la venezolanidad y su constitución, el proselitismo frente a otro credo, puesto que no representaría más que otro sesgo social que busca imponerse, -no siempre por razones de crecimiento, sino de imposición-, siendo ello indeseable y no tolerado.”

”En el ser venezolano está implícito el deseo y la intención de asociarse con sus semejantes coterráneos para resistir individual y colectivamente, cualquier imposición foránea o endógena, de manera que cuando incluso usando recursos y facilidades de otras naciones, estas se adaptan a nuestra idiosincrasia, ya que tenemos presente que si nos disolvemos en las culturas e intereses de otros que vienen acá buscando donde vivir, estaríamos dejando de ser lo que somos y convirtiéndonos en algo distinto.

Como venezolanos, entendemos que no hay manera de diferenciar a una cultura extranjera de la nuestra si no se tiene clara la propia, lo cual invariablemente ocurría si los valores que nos cohesionan alrededor de conceptos venezolanos como justicia, oportunidad y cuidado, no son cultivados y respetados igualmente tanto en el plano individual, como en el plano de la nación que se acepta ser, en el territorio que poseemos, y en los límites éticos que protegemos”

“Siendo venezolanos, apreciamos y buscamos la paz, aunque entendemos que para ello hemos de mantenernos vigilantes y celosos alrededor de nuestros más elementales valores, estando dispuestos sin dudar, -y solo mediante el consenso mayoritario y con una coordinación ejecutada mediante un gobierno legitimo, reflejo de nosotros mismos-, a hacer uso de la violencia para conservar lo que somos al presente en términos de territorio, integridad colectiva e individual, así como nuestro valor económico y político frente al concierto de las naciones del planeta”

 

Les pido que mediten con lo hasta aquí leído por ustedes; lo digo porque no debemos perder de vista que en lo referido a los humanos, nada es absoluto ni eterno, puesto que lo nuevo sabemos que es parte de la naturaleza y que  como en ella, también nuestras estructuras sociales pueden ser alternadas con cambios para peor (que tienden a hacer que la sociedad desaparezca), o para mejor (con el consecuente progreso mayoritario).

Mencioné reiteradamente la palabra “valores”, y algo he adelantado entre líneas; lo hacía porque necesitaba preguntarles ahora y sin tapujos:

¿Quién determina qué valores son esos?;

Si estos pueden ser compartidos por otras culturas y nacionalidades, Entonces: ¿Cómo pueden considerarse propios?;

Esos valores: ¿Los determina Dios?; ¿Nosotros?; ¿Un político?; ¿Un poder económico tras bambalinas?; ¿La simple casuística de los derroteros que toma la masa humana dentro de un marco territorial y circunstancial de índole geopolítico?; ¿Todos ellos?; ¿Ninguno de ellos?

 

Posiblemente la respuesta más rápida que podemos encontrar es la de “Todos ellos”, aunque aun así, definir con certeza cuáles son esos valores sigue siendo determinante para una sola cosa: construir una sociedad venezolana.

 

El ángulo más elemental para abordar este asunto de los valores es el de tomar en cuenta que nacimos como un país original y predominantemente católico, y que por tanto, podríamos referirnos a los mandamientos judeocristianos para definir dichos valores, aunque sin inconvenientes también podemos tomar los declarados por la ONU, aunque tal vez más sencillamente (y con más éxito probablemente), podemos el asumir lo que “flota” dentro y entre nosotros inconscientemente, y que quizás hayan dado a luz a su vez a todos los demás valores; me refiero a esas nociones arraigadas en nuestro ADN, producto de millones de años de evolución biológica y condicionados luego por miles de años de  modificaciones sociales como especie, a través de la interacción de todas las razas que somos y que desde hace unos 500 años nos reúne geográficamente en lo que llamamos “Venezuela”.

 

Convencionalmente al hablar de valores, pensamos en ellos de acuerdo a cómo los clasificamos (por ejemplo: valores “sociales”, “religiosos”, “universales”, “estéticos”, “intelectuales”, “criminales”, “afectivos”, etc). Quizás podamos irnos más a la base de todo para simplificarlo, hasta una medida y noción que compartamos sin necesidad de demasiado inconveniente para entenderlos: El Amor, y la Ausencia de amor (movidos entonces por el ego primigenio), como valores esenciales.

Piénsenlo, o más bien, siéntanlo: Esto es lo que realmente nos caracteriza como venezolanos; ¡el amor!

A mi modo de ver, todos los valores (y anti valores) que experimentamos provienen de esta dicotomía existencial (amor/no amor)

Entonces, todo lo que mencionaríamos como valores partiendo del amor, reflejan  esto con lo que debemos estar de acuerdo: tolerancia, amistad, paz, bondad, confianza, fraternidad, respeto, honor, honradez, justicia, libertad, solidaridad, responsabilidad.

Eso, -y no el orgullo ni la arrogancia que hemos ido aceptando como normal de manos de quienes nos gobiernan e incluso de quienes se oponen a los que gobiernan-, es lo que somos en verdad, sin que ello limite nuestra capacidad potencial de ser severos frente a lo que no sea correcto, porque no nos podemos confundir (una vez más), con esa visión “buenista” que es el mal interpretado concepto cristiano que nos han inoculado, y con el cual le hemos dejado a Dios todo los roles de justicia que bien podríamos hacer nosotros como ejercicio integridad, justicia y fortaleza nacional.

Por supuesto, alguien podría decir que podemos obviar todo esto que digo y en un afán de desarrollarnos al modo “occidental”, apelemos sólo a lo que dice la ONU y así sumergirnos en su “agenda 2030”, convirtiéndonos (a la luz de lo que ocurre actualmente en Europa y EEUU), en una gris y sometida sombra de lo que fuimos, manejable a capricho de quienes dominan y regentan esas organizaciones para sus propios beneficios.

Dicho todo esto apenas como un marco hipotético de referencia, veamos que la debilidad para asimilar estas nociones (como sociedad desarticulada que estamos siendo con respecto a los valores que deseamos y que logremos mantener presentes y en ejercicio), es lo que nos acerca precisamente a las definiciones de “jóvenes, engañados y dispersos” como sociedad que se ha visto imposibilitada de evitar que pocos rufianes del régimen y su oposición, le dirijan y controlen.

“Jóvenes”. 

Tenemos menos de 500 años de crianza; aun no definimos qué queremos ser”;

¿Nos estamos desvenezonalizando?;

¿Nos infiltraron?,

¿O solo nos dejamos desvanecer del conjunto social coherente que podíamos ser, a causa de un oculto trauma infantil de inseguridad propia que se guarda detrás nuestras estridencias y fanfarronería?;

¿Realmente hemos aprendido de nuestra historia?; ¿hemos sido capaces de conectarla con lo descubierto bajo nuestros propios escombros con el pasar de las décadas?

Es duro, pero admitamos: No estamos claros de dónde venimos y en consecuencia, hacia dónde podemos ir.

Hemos vivido históricamente una mitad como Capitanía en un tiempo que fue conocido como el Reino de las Españas en América, y la otra mitad la hemos pasado segmentada a su vez en dos amplias sub-etapas: una la de la Independencia y posterior “balcanización” de Hispanoamérica a instancias de ambiciones propias y de ingleses en su conflicto con los españoles, y otra de sumisión y desorden político-administrativo interno: la Guerra Federal, el Caudillismo imperante en el siglo 19, el régimen de Gómez, los inicios de los intentos democráticos, la rectificación en el periodo Militar de Marcos Pérez Jiménez y la posterior implantación tras su caída, del pacto pseudo-democrático de Punto Fijo con sus dos etapas bien definidas: del 58 al 92, y del 98 al presente.

A causa de todo esto es que en mi opinión aún predominan los bandos y las conspiraciones tanto como lo hacían en los tiempos del proceso de independencia del continente, lo cual nos acarrea además una debilidad frente al hecho de que al dirigir nuestras fuerzas hacia la división, no entendemos nuestro rol en el mundo, ni en el de cómo la geopolítica nos está regulando.

 

“Engañados”. Nos venden (y nosotros hemos comprado la idea sin demasiada resistencia), de una épica distante, idealizada, siempre situada en el “ayer” o en el “mañana”, pero jamás en el “presente”, y que proyecta ese tufo del ya desgastado “hoy no fio pero mañana si” practicado por absolutamente todos los políticos venezolanos (muchos engordando hasta el presente con partidas presupuestarias de la “era” Chávez, Maduro, y Guaidó...).

El control social ha sido la estrategia de supervivencia de esos individuos a través de la mencionada división, y optimizada por el régimen de Chávez desde épocas muy tempranas, cuando los políticos migrados subrepticiamente desde AD y COPEI hacia el Movimiento Quinta república (y luego el PSUV), le hacían lobbie al recién encumbrado golpista, llegando inclusive a hacerle una constitución que terminaría siendo demasiado a su imagen y semejanza, y nuestro mayor monumento a la inutilidad; tanto, que Nicolás Maduro ha tenido que ignorarla y modificarla para poder ejecutar sus desmanes.

 

“Dispersos”.

¿Por qué nos explotan?:

Respuesta: Porque dejamos que lo hagan.

De las dos anteriores variables estudiadas, surge una tercera consecuencia; al no compartir del todo y voluntariamente, valores y reglas nacidas de un consenso nacional, no logramos en consecuencia la coherencia como sociedad, y con ello el que se hace del poder, puede ahora sacarnos de la ecuación del mismo una vez que yacemos en el suelo, inofensivos y sin liderazgo. Permítanme aclararlo:

Sin duda, la mayoría  tenemos el deseo de un cambio político en el país, incluso aunque muchos no sepan ni explicar cómo hacerlo, sin embargo, ante la presencia también de una minoría chavista y madurista que por convicción o por conveniencia económica o jurídica se protegen bajo el paraguas del régimen, es el “divide y vencerás” el que sigue funcionando a la perfección; cuando eso lo atan con represión, censura y restricción de acceso a medios modernos de comunicación (de los que dependen las masas cada vez menos animadas a pensar y estudiar, y sin la "fortuna" de tener un líder que les descubra la verdad en la cara), se obtiene como resultado una sociedad severamente degradada en su capacidad de vivir coherentemente, refinándose así más bien en el arte de subsistir.

Es por eso que la sociedad venezolana está ralentizada; se encuentra como quien está desmayado: pulso al mínimo, dificultad para respirar e indefensión total.

Para completar este cuadro, lo “políticamente correcto” se mantiene prevaleciendo particularmente en la oposición, que  tiende entonces a ser benevolente con los países vecinos, hasta tal punto que incluso nos hace esperar a la “ayuda” de ellos para “liberarnos del régimen” cuando en realidad, nunca Venezuela había estado tan vulnerable a su invasión y desmembramiento por parte de Brasil, Guyana, EEUU y Colombia, y de su consecuente balcanización.

 

No pierdan de vista lo siguiente, insisto: Una cosa es lo que hemos estado deseando, y otra muy distinta lo que hemos estado en capacidad de construir y mantener, y en eso seguimos fallando por cierto, llegue o no al poder a principios de 2025 Edmundo Chirinos en su condición “candidato ganador” / “marioneta” de conveniencia de María Corina Machado (quien reconozco que ha sido la única columna visible de la oposición, tras el descalabro de todos los demás antiguos protagonistas políticos en su mayoría prófugos o encarcelados por el aparato represor del régimen), y todo esto porque creímos hasta estas alturas de la vida, que si llegábamos a "ganar" unas elecciones presidenciales administradas por el mismo régimen que nos tiraniza, entonces -y solo entonces-, sin resistencia de por medio por parte del régimen perdedor, conseguiríamos la ansiada libertad, pero ello nos dirigió sin que se levantaran demasiadas voces para advertirlo, hacia el trauma definitivo; un choque violentísimo con la verdad: llegaron las elecciones y fuimos a ellas en medio de un arbitrario proceso de detenciones sistemáticas de políticos y alcaldes en el país, con la consecuencia más que predecible y avisada desde varias plataformas (incluyendo esta) de su resultado, que fue casi violentado por Nicolás Maduro, quien se implantó mediante un golpe de Estado militar sin que siquiera fuese llamado de esa manera por la población.

Con el Golpe de Estado activo y sin marcha atrás pacífica, apoyado en apariencia de manera irrestricta por el alto mando militar, llego al final del presente artículo; no es necesario detallar más lo que todos sufren en carne propia a consecuencia de estos eventos que casan íntimamente al régimen y a la oposición, y sin lo cual, uno no estaría allí sin la otro.

 

Hasta el sol de hoy, la oposición ofrece más de lo mismo para el 10 de Enero del 2025 (salvo sorpresas), y las 2 preguntas que surgen no son halagüeñas:

¿Si llega Edmundo al poder, realmente cambiará algo como para rectificar y evitar que todo esto vuelva a suceder en poco tiempo?

o,

¿Será el 10 de Enero una derrota opositora más, que en esta ocasión también representaría el “último clavo” en el ataúd donde enterrar la excusa de no hacer uso de la fuerza hasta que no quede un injusto de pie?

lunes, 30 de diciembre de 2024

Venezuela tras las elecciones, entre el 28 de Julio de 2024 y el 10 de Enero del 2025:

 

Comencemos con lo triste, y luego terminemos con lo esperanzador:

Hasta la publicación del presente artículo (que será la primera parte de cinco en total), lo que ha pasado en Venezuela tengo que afirmar que ha sido muy rudo, aplastante y demoledor, aunque al verlo en retrospectiva y ojo frio, se antoja que fuese necesario y definitivo para propiciar un cambio:

Como sociedad, hemos salido  humillados de este episodio electoral y ello ha sido debido a nuestra hasta ahora inalterable incapacidad para reclamar y modificar de manera contundente lo que ha venido siendo un cada vez más deteriorado estado de las cosas en todo sentido, todo ello sin que mediase la necesidad de contar con un líder a la cabeza.

(En el caso de las elecciones del 28J “parecía” haber una líder, aun no siendo el candidato ganador de la presidencia, pero que una vez más no llamó a tomar la calle irrevocablemente mientras ella ejercía un rol indiscutible de dirección, haciendo en el ínterin, el ejercicio legitimo del artículo 350 de la Constitución).

La resultante fue que el régimen que se tambaleó por un momento, tomó aire torpemente y ello llevó a la autoproclamación ilegal como ganador de un Nicolás Maduro desencajado y nervioso, apoyado ahora por cómplices militares que habían estado esperando hasta ese momento el resultado de aquel episodio de levantamiento gallardo pero solitario que protagonizó la población que por un momento brilló, pero que tras su desactivación masiva a instancia de su propio líder opositor con unllamado a la oración y al recogimiento familiar, terminó hundido, reprimido, encarcelado y neutralizado.

El balance fue devastador: Unas elecciones robadas, y más de dos mil compatriotas encarcelados, muertos y desaparecidos; un movimiento opositor totalmente desnudo, con un presidente electo en huida hacia España, una embajada (Argentina) acorralada y una María Corina Machado nuevamente con el “hoy no fio mañana si”.

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Necesito explicarles qué nos está pasando sin escatimar en las palabras requeridas, y es por eso que les digo que cada parte de este artículo causará incomodidad, porque es inevitable el  comentar la cadena de errores que nos llevó como población, a dejar una vez más nuestro destino al alcance (y disfrute) de la minoría autócrata y poderosa  formada por los menos preparados y por cierto, los más inescrupulosos entre nosotros, quedando al descubierto debilidades incrustadas entre la mayoría social  depauperada que seguimos siendo.

Este asunto nunca lo vamos de desenredar si no lo dilucidamos sin el miedo a lo que encontremos y tengamos que hacer para corregirlo.

Tenemos que acabar con esa noción enfermiza de querer dejarle a Dios, al Universo, o a las fuerzas armadas de EEUU por su propia iniciativa, lo que podemos hacer si entendemos cómo.

Entiéndanme, antes de que algunos pocos comiencen a vociferar y rasgarse las vestiduras frente a lo que he dicho, es necesario que entendamos que no es lo mismo pedir iluminación y fuerza al Altísimo para que nuestros músculos no desfallezcan en el esfuerzo titánico que debemos hacer juntos para ser libres y mantenernos en libertad, que la mera actuación pasiva de dejarle todo el trabajo a Él, bajo la forma de milagros incomprensibles, mientras nos hacemos los que resistimos heroicamente, cuando en realidad solo juntamos los restos y las sobras del país a nuestro alrededor para luego decir arrogantemente, que “sobrevivimos con éxito”.

Comencemos entonces por lo más difícil: Nos ha matado como sociedad el no tener una estructura de valores que defender y que fuera reconocida por todos, aunque no la practicasen todos. Confiar en los políticos y líderes de turno fue como un cáncer que queríamos curar con remedios caseros y oraciones vacías de contenido y convicción. Nos hemos conformado con la capacidad de administrar los restos que ha demostrado el régimen de Maduro, mientras cerramos los ojos ante la cruda necesidad de construir algo desde las cenizas, que debe ser por cierto, totalmente distinto a lo que nos llevó a esto (entiéndase, a “la cuarta y la quinta República”), y eso en el remoto caso de que entendamos como mayoría, que no podemos repetir los errores del pasado.

Insisto: Sin cambiar las cosas desde la médula, todo seguirá igual y por tanto, el cadáver del país en el que permitimos que se transformara Venezuela, seguirá siendo nuestro “hogar”, con idéntico resultados año tras año, elección tras elección, con lo que nos iremos degradando paulatinamente a permanecer en un cada vez más improvisado refugio existencial, donde la vida se va simplificando y nuestra descendencia va quedando en una condición de consumistas pasivos, no muy distintos a los insectos que siempre a la sombra, pasean bajo la cocina.

Nos resistimos románticamente a soltar la imagen que aun guardamos de ese viejo país que nos llevó a esto, y con ello nos negamos a nosotros mismos a su vez a “desempaquetar” los tacos (como LEGOS) de la Venezuela que podemos armar bien y vivirla.

Este asunto una vez más ha quedado circunscrito por los hechos a cuatro pilares fundamentales, y hay que abordarlo así progresivamente en consecuencia:

Nuestra imagen social en el marco de un país aun demasiado joven, engañado y disperso;

La realidad geopolítica que nos tocó vivir por estar Venezuela donde está en el contexto americano y mundial;

La arrogante resistencia de nuestra parte a aceptar que nos equivocamos todos.

El liderazgo político venezolano como hijo legítimo de la sociedad que somos;

Este blog ha sufrido los embates de mi propio desierto existencial, no muy distinto al de miles que en el país -o fuera de él-, buscan tan solo proseguir con sus propias supervivencias, o en el mejor de los casos, entenderse para comprender -aunque sea por reflejo de sus ideas en el espejo que constituyen otras experiencias-, sobre lo que llevó al país a su autodestrucción.

Si, tienen que reconocerlo: No fue culpa de alguien de afuera; el país se destruyó social, militarmente, institucional, económica y políticamente de la mano de sus propios pobladores. No hay una capa, un estrato, un segmento en nuestra realidad social, que no esté mancillada y descompuesta. NINGUNA. En todas hay retazos de decencia, de lo que debe ser correcto, pero solo eso, sin capacidad para prevalecer, salvo que se aísle a sí misma del resto.

No hay una idea buena que no esté hasta el cuello sumergida en el barril de excremento de una mala praxis institucionalizada; No existe entre nosotros la humildad que da el poder de lo correcto, sino paradójicamente, la arrogancia que da la debilidad de creernos “superiores”

“El mejor pueblo del mundo”; “el mejor país”, etc.; ¿Lo han escuchado?; ¿Lo han celebrado en cada propaganda y cada mensaje positivista que ven sobre Venezuela en TV o en la red?; ¿Celebramos esas estampas donde siempre salimos cantando bonito y con la algarabía que nos “caracteriza”, y que es la misma que nos impide disfrutar de una playa en los Cayos, sin tener que pasar por un rio de basura, vulgaridades, “bajadas de mula”, yates escandalosos y abusos visuales y grotescos por doquier?.

He pasado meses sin escribir, porque rechazo mantenerme escribiendo lo mismo una y otra vez, dado que nada cambia -salvo la profundidad de la miseria misma-.

No me interesa mantener activo el algoritmo del “ego social” que nos ha llevado a creer que el que está hablando todos los días, por todas las redes (de acuerdo a la moda de cada una de ellas), es el que debe tener la razón.

Cuan equivocados vivimos en ese sentido. Eso no es más que vivir en la superficialidad que otorga el no querer leer más de 250 caracteres por vez, o a lo sumo algún titular que seguramente no es más que una trampa para capturar la atención, mientras que cualquier descalificado nos habla, escribe y mira sin cesar, buscando que su versión sea la única versión, haciéndole honor al carnicero alemán del siglo XX, Joseph Goebbels.

 

Dividiré entonces este articulo en 4 partes como lo mencioné anteriormente, para facilitar su “digestión” mental; por eso será corta esta entrada al blog, mientras que cierro afirmando que estamos absolutamente extraviados, en ese “cadáver” que cargamos sobre nuestros hombros (insisto, estemos adentro o afuera del país), y que se deshace y llama la atención de cuanto “buitre” vuela sobre nosotros, al tiempo que como tontos, muchos (no todos, obviamente) de los que están en Venezuela solo hablan para justificar su estadía, en tanto que los que se fueron (una vez más toca decir, “no todos, obviamente”) hablan para explicar su logro por haber escapado.

Todos vivimos impotentes antes la incómoda realidad que nos aplasta física o espiritualmente.

Vamos, no frunzan el seño; aceptemos que el país fracasó de tal manera, que toda su estructura de poder ha sido confiscada en beneficio de la minoría más corrupta, en tanto que muchos del resto no terminan de asimilar el trauma de ver como les robaron sus vidas (trabajos, hogar, familia, futuro).

Tanto es el bloqueo existencial que tenemos, que muchos leerán esto que escribo y pensarán en lo equivocado que estoy, en lo mucho que escribo, o en lo poco que se entiende todo esto, invariablemente señalándome como el modelo típico del venezolano confundido que no entiende la verdad que por cierto, todos los demás si entienden y proclaman.

En la sociedad que nos convertimos y que aun vivimos como retazos de lo original que nos trajo al presente estado de las cosas, muchos quieren a un “padre” que les mantenga mientras no les lleve la contraria. Por eso nos está costando tanto entender algo; por eso no hay ni rastros de una intención de aceptar alguna noción de sacrificio, si ello conlleva a algo mejor bajo el imperio de la ley y si es guiada por alguien creíble que aun no existe en el horizonte; por lo mismo es más fácil desde el principio pedirle a Dios que resuelva todo, ya que al fin y al cabo, Él solo se “conformará” con que le demos las gracias, mientras nada más voltear la cabeza, no nos inmutaremos para agredir a quien atente contra nuestra zona de confort.

No hemos salido del infantilismo en el que nos acunaron con historias épicas de un pasado en el que no nos hemos sabido detener para cuestionarlo y poder entonces a partir de allí entender (a la luz de lo que debería ser nuevo conocimiento), su veracidad; por el contrario, nos hemos ido deshaciendo, como lo hacen las páginas de un viejo libro que se hojea una y otra vez sin leerlo.

 

Pero, ¿Saben algo?: Después de todo lo que hemos revisado en este escrito (y lo que vendrá), lo maravilloso de esto es que siempre vamos a estar a tiempo de enmendar y cambiar, dando con un esfuerzo mesurado y mayoritario el siguiente paso, para así subir el próximo y natural escalón, aunque todo ello requerirá primero soltar el miedo visceral al cambio y al ensayo-error.

Esto es necesario si queremos en verdad, experimentar la viva misma.

No se atormenten en vano queridos compatriotas; no se juzguen con dureza, aunque tampoco se permitan ser indulgentes para justificar la pereza frente a lo necesario por hacer; el cambio y el estancamiento son parte de nuestro crecimiento; es natural, y no duden que vendrán nuevas coyunturas, llegado el tiempo de estas; por eso les digo que más bien hagamos esfuerzo por un buen motivo: remodelarnos y construir una nueva realidad para satisfacción de nosotros, y que sea además, tierra de posibilidades reales para nuestros hijos y los hijos de estos.

 

Próxima parada: “Nuestra imagen social en el marco de un país aun demasiado joven, engañado y disperso”