Tuvimos
que esperar un par de días a que se asentara el polvo de esa fecha para poder
analizar y contrastar lo ocurrido con lo que al menos en el blog se había
planteado; el resultado es lo que a continuación menciono:
Balance de la fecha:
1.
Se
juramentó Nicolás Maduro.
2.
Edmundo
nunca llegó;
3.
María
Corina Machado (MCM) se la llevaron y vino con un mensaje;
4.
No
hubo sorpresas; tampoco la irrupción de un nuevo liderazgo.
¿Todo sigue igual, o
empeoró?
En
mi opinión, el balance es definitivamente negativo, así que podemos decir que empeoró,
aunque eso no debe ser motivo de pesimismo, puesto que nunca algo nuevo
comienza, si el final de lo anterior no se acerca y finalmente llega.
Entendamos
que el resultado de este balance se manifiesta no porque Maduro se juramentara,
sino porque sabemos que él y sus asociados vienen cabalgando a lomo de Golpes
de Estado desde el 2013 (cuando se
levantó ilegalmente como candidato a la presidencia pese a su condición de
doble nacionalidad y a la de ser canciller de la República en ese momento),
y que para cerrar ese trágico circulo, recién ayer parece que la oposición
venezolana descubrió el “agua tibia”; es decir: ayer descubrieron el Golpe de Estado
en desarrollo.
Tampoco
resulta que el balance sea negativo porque Edmundo no llegara ni siquiera a pisar
suelo venezolano en esa fecha o en los días previos tal como lo proclamaba: su
edad y círculo de cooperadores / operadores, auguraban todo el tiempo con sus
actos y expresiones, un temor visceral a perder la libertad y la comodidad que
ya en sus respectivos países de asilo han conseguido si llegaban a entrar a
Venezuela. Ahí no había sorpresas; no solo porque no había forma de creer que algún
cómodo político en el exilio se arriesgaría a adelgazar en las mazmorras del régimen
en el país: también porque los que rodearon a Edmundo, eran los mismos de
siempre, de quienes conocemos sus argucias.
Lo
de MCM es más complicado, y de hecho, es lo más relevante de cara a la actual oposición,
pero eso lo veremos más adelante.
Por
último, un tema que es clave a mi modo de ver, es el hecho de que en una fecha
tan simbólica como la ocurrida el 10E, no se hubiese producido la irrupción de un
nuevo liderazgo/antagonista contra el régimen, lo que a su vez lleva atado al
cuello la razón por la que la población no saliera masivamente a la calle. El
momento de un “Oscar Pérez” era éste, pero hasta ahora, el único como él, ya no
está entre nosotros.
Esto
es lo más grave en mi opinión; refleja la carencia profunda que se ha instalado
entre nosotros, que y como toda “carencia”, es siempre primero más actitudinal
que física. Seguramente los “Óscar Pérez” que están entre nosotros, tomaron
nota de lo ocurrido con el primer Óscar Pérez, y por ello aguardan a que una
estrategia adecuada, se cruce con un momento oportuno, lo que nos permite
inferir que, o no hallan cómo crear esa intersección de requisitos, o que
efectiva -pero silenciosamente-, están en pleno proceso de lograrlo.
Obviamente
desde nuestra perspectiva de ciudadanos comunes (componentes de la masa, claves para consolidad los eventos que pudieran
darse para el cambio), saber cuál de esas posibilidades está en marcha se
nos escapa de la manos, pero no por ello debemos esquivar la idea de analizar
lo que pasa y pensar en las opciones.
En
este punto quiero retomar las preguntas que les planteé días atrás, y que me
resultan necesarias para entender lo que puede ocurrir:
“¿Si llegara Edmundo al
poder, realmente cambiaría algo como para rectificar lo que vivimos y así evitar
que todo esto vuelva a suceder en poco tiempo?”
o,
“¿Será el 10 de Enero
una derrota opositora más, que en esta ocasión también representaría el “último
clavo” en el ataúd donde enterrar la excusa de no hacer uso de la fuerza
hasta que no quede un injusto de pie?”
Antes
de pensar en las respuestas a estas preguntas, no perdamos de vista que la
naturaleza es clara: no hay cambios revolucionarios / absolutos de un momento a
otro. Incluso el paso de la noche al día, viene precedido por un amanecer. Lo
digo porque lo que queremos, simplemente no llegará tal cual lo deseamos.
Me
explico: Lo que nos ocurre ya se manifiesta como un daño generacional en nuestra
sociedad, con casi una cuarta parte de ella sufriendo una metamorfosis (para
bien y para mal) en el exterior de nuestro país y todo esto significa que los
cambios serán graduales, más lentos de los que muchos podríamos desear, pero
incluso esto último es “natural”, y será
satisfactorio para las masas.
Si,
es cierto que la hipotética llegada de un presidente (Edmundo) que la mayoría eligió
porque MCM lo presentó (¿recuerdan a Chávez
presentando a Maduro como candidato?), sugiere que las cosas cambiarían para
mejor, pero debemos entender que no será como podría ser -o como debería ser-, sino
como los candidatos y postulados a ser protagonistas administrativos de ese
cambio, puedan o quieran hacer, y esto se une con la idea de las
generaciones dañadas/lesionadas/traumadas.
Recuerden: La llegada de Edmundo al país
supondrá el arribo de todos los personajes de oposición que pulularon con mayor
o menor fracaso durante la época “light” de Chávez previo al 2002, y que
terminaron o no en el exilio: Desde Ramos Allup, pasando por López y toda esa
camada de políticos de oficio, hasta el mismísimo Guaidó. Además, miles de ex
chavistas y ex maduristas se colarán en el nuevo gobierno como por arte de magia,
o peor, “en aras de la reconciliación nacional”. Todos serán los llamados a
llenar los importantes (y los menos importantes) cargos mientras se reinstala todo
el aparato burocrático que nos llevó precisamente a la irrupción de un hombre o
una mujer como Hugo Chávez y lo que vino con él.
Casi con certeza podemos decir que no
habrá llamados a nombrar una “Junta de Gobierno” para refundar el Estado y
juzgar mediante tribunales especiales a los que tengan responsabilidad por las
pasadas tres décadas, ni para limpiar el nombre de aquellos que no tuvieron
opciones. Nada de eso.
Además, recuerden que la cúpula militar
no saldrá por las buenas, ni se conformará con la posibilidad siempre en el
aire de ser señalada y enjuiciada por sus desmanes.
Debería
(pero no lo está), el estar claro que
para gobernar a un país no basta con un mesías (hombre o ahora mujer); Chávez lo demostró de sobra; esa es la mayor
lección que debemos sacar de lo que ha ocurrido, y por lo que no debemos
exaltar a nadie sobre nuestras cabezas.
Administrar
mediante un gobierno enmarcado en un Estado constitucional, requiere muchísima gente
y de una increíble cantidad de talentos que no siempre estarán orientados hacia
el bienestar de la mayoría. Ya lo vivimos precisamente desde 1992 hasta
nuestros días.
Por
estas razones les mencionaba hace días también, que: “Lo que sí es
una verdad como el Sol al mediodía queridos compatriotas, es que todos de
alguna manera estamos sosteniendo sobre nuestras cabezas los despojos
harapientos de una sociedad que tendrá que reinventarse bien en serio para
sobrevivir, incluso aunque ya no sea exactamente la misma de antes ni con los
mismos protagonistas; necesitamos imprimir en verdad un cambio generacional que
marque hito.”
Les digo
que nada de esto último ocurrirá, si no le hacemos sitio en nuestras cabezas a
la noción de que con los mismos de antes, seguiremos logrando los mismos
resultados, a menos que se pongan fechas inamovibles para los cambios y la
llegada de nuevos venezolanos (sin doble nacionalidad) con ideas actualizadas,
que lleven las lecciones de los estragos vividos a manos de la “cuarta y la quinta” república. No será fácil,
-por no decir que IMPOSIBLE-, con los
actuales protagonistas. Sin la sombra de la justicia dispuesta a quitarles las
cabezas, los políticos de nuevo cuño serán la “crema concentrada” de lo que tratamos de dejar atrás.
Dicho
esto, vayamos al último componente del balance de hoy; sé qué resulta ser un
asunto perturbador para muchos, aunque para mí lo es más bien la resistencia a
atenderlo, y la falta de opciones frente a lo existente como liderazgo:
“A María Corina Machado
(MCM) se la llevaron y vino con un mensaje”
¿Por qué lo expreso de
esta manera?; hay una
razón para ello, y no estriba en lo que ella dijo en su declaración al ser
liberada, sino más bien en el “espacio y
tiempo” que se creó tras su desaparición, que fue “llenado” por el relato del
régimen.
MCM
salió de la clandestinidad ese 9E para encabezar actos de protestas (no había instrucción alguna hecha pública de
algo distinto a la protesta exclusivamente); en el transcurso de esa
jornada ella misma indica que es identificada, detenida y trasladada a un
centro de operaciones del régimen, donde es incomunicada y custodiada mientras
se efectúa alguna conversación de tema y duración desconocida o no verificable;
le hacen grabar una “fe de vida” que es subida a las redes inmediatamente, tras
lo cual en la tarde de la misma jornada es liberada rumbo a destino
desconocido.
Al
otro día (10E) Maduro se juramenta, Edmundo siguió en República Dominicana, y
en la tarde se hace público el discurso que ella pronuncia, que ya Uds. conocerán,
y por lo que no es necesario hacer resumen.
Independientemente
del contenido de su posterior discurso, lo que resaltó de esa jornada (que era el único día con que contaban para
cualquier acción, siempre dentro del simbolismo de todo lo que ella junto con Edmundo
había ofrecido previamente), fue su desaparición e incomunicación a
manos del régimen, lo que hizo que sin intención de hacerlo, ella misma
fuera un mensaje:
“Estoy bajo custodia del
Gobierno, neutralizada y por tanto ustedes, que solo cuentan conmigo, también lo
están”
Recuerden
queridos compatriotas, nada de esto lo digo para descalificar su actuación o la
valoración que tengan hacia ella; nunca estaré a favor de la desaparición forzada
de alguien, aunque ello no nos impide evaluar los resultados de sus palabras en
el antes, el durante y el después.
De
todo esto debemos sacar como primera conclusión que si nos concentramos en ideas
del tipo “ella o él y su equipo resolverán
todo”, nos arriesgamos a repetir la comodidad que nos llevó a lo que estamos
viviendo.
Sin
un apoyo irrestricto de nuestra parte al ejercicio implacable de la Justicia -así sea sobre nosotros mismos-, nada cambiará, ni nadie sentirá el impulso o la necesidad de hacerlo.
Tenemos
que entender que hasta ahora hemos luchado donde otros han querido: en guerras
de independencia, en las guerras política entre régimen y la oposición, y en
las calles de nuestras ciudades, pero siempre mientras éramos rodeados por las
fuerzas del régimen, aunque nunca lo
hemos hecho donde ellos se sintieran en el centro, rodeados, indefensos y por
tanto sumisos a entregar el poder.
Por
eso, por su poder, es que son sus arrogancias.
Eso
puede terminar. Piénsenlo.
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