martes, 7 de enero de 2025

PARTE 2: “Nuestra imagen social en el marco de un país aun demasiado joven, engañado y disperso”

 

Quiero que comencemos con la siguiente referencia legal en nuestro país; luego les explico: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela Publicada en Gaceta Oficial del jueves 30 de diciembre de 1999, N° 36.860:

“Artículo 5. ° La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público.”

“Artículo 333. ° Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.”

“Artículo 350. ° El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.”

 

Fíjense que de los cientos de artículos que contiene la constitución, estos 3 artículos dan luz verde al cambio político y económico que la mayoría desea si actúan en consecuencia; pese a ello, ¿por qué no ocurre nada, más allá de la brutal y descarada represión hacia los ciudadanos por parte del régimen?

¿Si la constitución de nuestra nación deja en claro cómo debemos desenvolvernos ante la ruptura del hilo constitucional, por qué el desastre en el que vivimos, de paso en manos de unos pocos trastornados que ya no disimulan el reinado de la corporación mafiosa que gobierna junto a las FANB (“Frente Armado de Nicolás y su Banda”)?

Perdonen que comience con un cuestionamiento tan duro. Les confieso que cada vez más siento que el escribir en el blog es algo así como estampar cachetadas una detrás de otra a un “cuerpo sin vida”; seguramente esa sensación de “inutilidad” es justo la que quiere el régimen que sintamos en nuestros corazones para que nos terminemos de rendir, cosa que sé, no pasará.

Lo que sí es una verdad como el Sol al mediodía queridos compatriotas, es que todos de alguna manera estemos sosteniendo sobre nuestras cabezas los despojos harapientos de una sociedad que tendrá que reinventarse bien en serio para sobrevivir incluso aunque ya no sea exactamente la misma de antes: Necesitamos imprimir en verdad un cambio generacional que marque hito.

Por eso hoy busco casi que con vehemencia el explorar mediante algunas reflexiones esos fundamentos que puedan dar explicación a esto que tenemos como “imagen social” actual, al mirarnos en el espejo de esa realidad que necesitamos cambiar, así que no deseo que tomen esto que leen como una “pedrada en los dientes”. Por ello les pido que lo vean como un esfuerzo que hago con la única idea de honrar lo más elevado en el alma de cada uno de ustedes, bajo la convicción de que invariablemente cuando llegue el final de este periodo, surgirá la oportunidad del arribo de algo nuevo.

Obviamente, escribo además con la convicción de mostrar de la manera más fiel posible aquello que quienes estando en el poder -o queriendo llegar a este-, en realidad manipulan, tergiversan y ocultan, incluso remodelando a la historia misma si les es necesario, sin importar en ese proceso, consecuencia alguna. Esa es la razón por la que el blog está lleno de relatos de cosas que he vivido y de testigos que he conocido en el calor de los acontecimientos, siempre sin dejar a un lado cuando les escribo, el principio de que “todo político es culpable hasta que se demuestre que sólo es sospechoso”.

 

Ya entrando en la materia, les digo que necesitamos abordar una primera cuestión fundamental si queremos estar parados sobre un piso razonablemente sólido -lo cual no es tema baladí-, dado que estaremos de acuerdo todos en que andar por la vida en este caso, sin una clara identidad nacional, es tan malo como vivir sin saber quién se es en un mundo que cada vez más inventa más cosas para alejarnos de la individualidad sana y la sociedad bien entendida.

Justo este "extravío" es el que nos mantiene lejos de esos tres artículos constitucionales.

Hagamos la pregunta entonces:

¿Qué es ser venezolano?

Seguramente surgirá con rapidez desde sus mentes y corazones, la idea de que la respuesta a esto debe pasar de alguna manera por estas afirmaciones sencillas y claras:

1.- “Es haber nacido en Venezuela”

2.- “Es sentir la música, el folklore, las comidas, las formas de hablar”

3.- “Es compartir una misma vivencia con muchos otros”

4.- “Es esa alegría y algarabía genuina que sentimos”

No dudo que una buena respuesta pasará por esas afirmaciones, aunque me parece que no se queda ahí de ninguna manera, ya que habrán ustedes reconocido rápidamente que salvo la primera afirmación (“Es haber nacido en Venezuela”), el resto muy bien podrían ser descriptivas de cualquier otro gentilicio en Hispanoamérica.

Hay sin embargo, la posibilidad de considerar un conjunto adicional de nociones un poco más desarrolladas que en mi opinión resultan cruciales para que nosotros podamos describirnos a nosotros mismos el hecho de que nos podamos sentir venezolanos; pasa esto por ser capaces de articular a través de palabras coherentes (pronunciadas o escritas) a nuestra descendencia y a quienes nos rodean, aquellas ideas que les permitan entender qué es y qué hace que a lo largo de una vida vivida en Venezuela, se sientan identicados como venezolanos:

“Significa llevar consigo un conjunto de valores productos de la evolución en nuestro territorio y fuera de él, que partiendo de lo llegado a nuestra tierra desde España, y en distintas medidas desde Asia, África y la misma América a partir de 1492, se mezclaran y cultivaran una idiosincrasia y gentilicio, adaptándose no a las circunstancias generadas por pocos, sino a los consensos del comportamiento y el pensar de muchos que procuran el bien.

Esto se aprecia a través de nuestros modos, usos y costumbres, que se expresan y enriquecen desde lo musical, (pasando por lo literario, científico y filosófico), hasta llegar a lo político, lo económico, lo gastronómico, lo lingüístico, lo artístico, lo militar y lo diplomático, desarrollando todo esto a través de una enorme gama de disciplinas colectivas que se apuntalan mediante los talentos individuales y los trabajos coordinados”.

“La prevalencia del gentilicio venezolano significa para quienes han llegado de otras tierras en los últimos 50 años a Venezuela, el reto que se les presentaría siempre de que conservando aquello que los crió en sus primeros años de vida en sus países de origen, aquí atienden y respetan los que consiguen, valorando y asimilando por tanto nuestras leyes, mostrando respeto por todos los elementos (valores) venezolanos mediante el ejercicio activo de la residencia o ciudadanía adquirida, como marco inobjetable al cual someterse, ya que la opción ante el rechazo de esto en cualquier sentido, es razón para continuar su camino -amable pero firmemente-, en otras tierras.”

“Que Venezuela se reconoce como nación conectada con una realidad universal, y  por tanto a un único poder divino, a partir de lo cual los credos y creencias que van en ese sentido son respetados siempre que estén circunscritos al actuar individual y familiar, no siendo permitido por la venezolanidad y su constitución, el proselitismo frente a otro credo, puesto que no representaría más que otro sesgo social que busca imponerse, -no siempre por razones de crecimiento, sino de imposición-, siendo ello indeseable y no tolerado.”

”En el ser venezolano está implícito el deseo y la intención de asociarse con sus semejantes coterráneos para resistir individual y colectivamente, cualquier imposición foránea o endógena, de manera que cuando incluso usando recursos y facilidades de otras naciones, estas se adaptan a nuestra idiosincrasia, ya que tenemos presente que si nos disolvemos en las culturas e intereses de otros que vienen acá buscando donde vivir, estaríamos dejando de ser lo que somos y convirtiéndonos en algo distinto.

Como venezolanos, entendemos que no hay manera de diferenciar a una cultura extranjera de la nuestra si no se tiene clara la propia, lo cual invariablemente ocurría si los valores que nos cohesionan alrededor de conceptos venezolanos como justicia, oportunidad y cuidado, no son cultivados y respetados igualmente tanto en el plano individual, como en el plano de la nación que se acepta ser, en el territorio que poseemos, y en los límites éticos que protegemos”

“Siendo venezolanos, apreciamos y buscamos la paz, aunque entendemos que para ello hemos de mantenernos vigilantes y celosos alrededor de nuestros más elementales valores, estando dispuestos sin dudar, -y solo mediante el consenso mayoritario y con una coordinación ejecutada mediante un gobierno legitimo, reflejo de nosotros mismos-, a hacer uso de la violencia para conservar lo que somos al presente en términos de territorio, integridad colectiva e individual, así como nuestro valor económico y político frente al concierto de las naciones del planeta”

 

Les pido que mediten con lo hasta aquí leído por ustedes; lo digo porque no debemos perder de vista que en lo referido a los humanos, nada es absoluto ni eterno, puesto que lo nuevo sabemos que es parte de la naturaleza y que  como en ella, también nuestras estructuras sociales pueden ser alternadas con cambios para peor (que tienden a hacer que la sociedad desaparezca), o para mejor (con el consecuente progreso mayoritario).

Mencioné reiteradamente la palabra “valores”, y algo he adelantado entre líneas; lo hacía porque necesitaba preguntarles ahora y sin tapujos:

¿Quién determina qué valores son esos?;

Si estos pueden ser compartidos por otras culturas y nacionalidades, Entonces: ¿Cómo pueden considerarse propios?;

Esos valores: ¿Los determina Dios?; ¿Nosotros?; ¿Un político?; ¿Un poder económico tras bambalinas?; ¿La simple casuística de los derroteros que toma la masa humana dentro de un marco territorial y circunstancial de índole geopolítico?; ¿Todos ellos?; ¿Ninguno de ellos?

 

Posiblemente la respuesta más rápida que podemos encontrar es la de “Todos ellos”, aunque aun así, definir con certeza cuáles son esos valores sigue siendo determinante para una sola cosa: construir una sociedad venezolana.

 

El ángulo más elemental para abordar este asunto de los valores es el de tomar en cuenta que nacimos como un país original y predominantemente católico, y que por tanto, podríamos referirnos a los mandamientos judeocristianos para definir dichos valores, aunque sin inconvenientes también podemos tomar los declarados por la ONU, aunque tal vez más sencillamente (y con más éxito probablemente), podemos el asumir lo que “flota” dentro y entre nosotros inconscientemente, y que quizás hayan dado a luz a su vez a todos los demás valores; me refiero a esas nociones arraigadas en nuestro ADN, producto de millones de años de evolución biológica y condicionados luego por miles de años de  modificaciones sociales como especie, a través de la interacción de todas las razas que somos y que desde hace unos 500 años nos reúne geográficamente en lo que llamamos “Venezuela”.

 

Convencionalmente al hablar de valores, pensamos en ellos de acuerdo a cómo los clasificamos (por ejemplo: valores “sociales”, “religiosos”, “universales”, “estéticos”, “intelectuales”, “criminales”, “afectivos”, etc). Quizás podamos irnos más a la base de todo para simplificarlo, hasta una medida y noción que compartamos sin necesidad de demasiado inconveniente para entenderlos: El Amor, y la Ausencia de amor (movidos entonces por el ego primigenio), como valores esenciales.

Piénsenlo, o más bien, siéntanlo: Esto es lo que realmente nos caracteriza como venezolanos; ¡el amor!

A mi modo de ver, todos los valores (y anti valores) que experimentamos provienen de esta dicotomía existencial (amor/no amor)

Entonces, todo lo que mencionaríamos como valores partiendo del amor, reflejan  esto con lo que debemos estar de acuerdo: tolerancia, amistad, paz, bondad, confianza, fraternidad, respeto, honor, honradez, justicia, libertad, solidaridad, responsabilidad.

Eso, -y no el orgullo ni la arrogancia que hemos ido aceptando como normal de manos de quienes nos gobiernan e incluso de quienes se oponen a los que gobiernan-, es lo que somos en verdad, sin que ello limite nuestra capacidad potencial de ser severos frente a lo que no sea correcto, porque no nos podemos confundir (una vez más), con esa visión “buenista” que es el mal interpretado concepto cristiano que nos han inoculado, y con el cual le hemos dejado a Dios todo los roles de justicia que bien podríamos hacer nosotros como ejercicio integridad, justicia y fortaleza nacional.

Por supuesto, alguien podría decir que podemos obviar todo esto que digo y en un afán de desarrollarnos al modo “occidental”, apelemos sólo a lo que dice la ONU y así sumergirnos en su “agenda 2030”, convirtiéndonos (a la luz de lo que ocurre actualmente en Europa y EEUU), en una gris y sometida sombra de lo que fuimos, manejable a capricho de quienes dominan y regentan esas organizaciones para sus propios beneficios.

Dicho todo esto apenas como un marco hipotético de referencia, veamos que la debilidad para asimilar estas nociones (como sociedad desarticulada que estamos siendo con respecto a los valores que deseamos y que logremos mantener presentes y en ejercicio), es lo que nos acerca precisamente a las definiciones de “jóvenes, engañados y dispersos” como sociedad que se ha visto imposibilitada de evitar que pocos rufianes del régimen y su oposición, le dirijan y controlen.

“Jóvenes”. 

Tenemos menos de 500 años de crianza; aun no definimos qué queremos ser”;

¿Nos estamos desvenezonalizando?;

¿Nos infiltraron?,

¿O solo nos dejamos desvanecer del conjunto social coherente que podíamos ser, a causa de un oculto trauma infantil de inseguridad propia que se guarda detrás nuestras estridencias y fanfarronería?;

¿Realmente hemos aprendido de nuestra historia?; ¿hemos sido capaces de conectarla con lo descubierto bajo nuestros propios escombros con el pasar de las décadas?

Es duro, pero admitamos: No estamos claros de dónde venimos y en consecuencia, hacia dónde podemos ir.

Hemos vivido históricamente una mitad como Capitanía en un tiempo que fue conocido como el Reino de las Españas en América, y la otra mitad la hemos pasado segmentada a su vez en dos amplias sub-etapas: una la de la Independencia y posterior “balcanización” de Hispanoamérica a instancias de ambiciones propias y de ingleses en su conflicto con los españoles, y otra de sumisión y desorden político-administrativo interno: la Guerra Federal, el Caudillismo imperante en el siglo 19, el régimen de Gómez, los inicios de los intentos democráticos, la rectificación en el periodo Militar de Marcos Pérez Jiménez y la posterior implantación tras su caída, del pacto pseudo-democrático de Punto Fijo con sus dos etapas bien definidas: del 58 al 92, y del 98 al presente.

A causa de todo esto es que en mi opinión aún predominan los bandos y las conspiraciones tanto como lo hacían en los tiempos del proceso de independencia del continente, lo cual nos acarrea además una debilidad frente al hecho de que al dirigir nuestras fuerzas hacia la división, no entendemos nuestro rol en el mundo, ni en el de cómo la geopolítica nos está regulando.

 

“Engañados”. Nos venden (y nosotros hemos comprado la idea sin demasiada resistencia), de una épica distante, idealizada, siempre situada en el “ayer” o en el “mañana”, pero jamás en el “presente”, y que proyecta ese tufo del ya desgastado “hoy no fio pero mañana si” practicado por absolutamente todos los políticos venezolanos (muchos engordando hasta el presente con partidas presupuestarias de la “era” Chávez, Maduro, y Guaidó...).

El control social ha sido la estrategia de supervivencia de esos individuos a través de la mencionada división, y optimizada por el régimen de Chávez desde épocas muy tempranas, cuando los políticos migrados subrepticiamente desde AD y COPEI hacia el Movimiento Quinta república (y luego el PSUV), le hacían lobbie al recién encumbrado golpista, llegando inclusive a hacerle una constitución que terminaría siendo demasiado a su imagen y semejanza, y nuestro mayor monumento a la inutilidad; tanto, que Nicolás Maduro ha tenido que ignorarla y modificarla para poder ejecutar sus desmanes.

 

“Dispersos”.

¿Por qué nos explotan?:

Respuesta: Porque dejamos que lo hagan.

De las dos anteriores variables estudiadas, surge una tercera consecuencia; al no compartir del todo y voluntariamente, valores y reglas nacidas de un consenso nacional, no logramos en consecuencia la coherencia como sociedad, y con ello el que se hace del poder, puede ahora sacarnos de la ecuación del mismo una vez que yacemos en el suelo, inofensivos y sin liderazgo. Permítanme aclararlo:

Sin duda, la mayoría  tenemos el deseo de un cambio político en el país, incluso aunque muchos no sepan ni explicar cómo hacerlo, sin embargo, ante la presencia también de una minoría chavista y madurista que por convicción o por conveniencia económica o jurídica se protegen bajo el paraguas del régimen, es el “divide y vencerás” el que sigue funcionando a la perfección; cuando eso lo atan con represión, censura y restricción de acceso a medios modernos de comunicación (de los que dependen las masas cada vez menos animadas a pensar y estudiar, y sin la "fortuna" de tener un líder que les descubra la verdad en la cara), se obtiene como resultado una sociedad severamente degradada en su capacidad de vivir coherentemente, refinándose así más bien en el arte de subsistir.

Es por eso que la sociedad venezolana está ralentizada; se encuentra como quien está desmayado: pulso al mínimo, dificultad para respirar e indefensión total.

Para completar este cuadro, lo “políticamente correcto” se mantiene prevaleciendo particularmente en la oposición, que  tiende entonces a ser benevolente con los países vecinos, hasta tal punto que incluso nos hace esperar a la “ayuda” de ellos para “liberarnos del régimen” cuando en realidad, nunca Venezuela había estado tan vulnerable a su invasión y desmembramiento por parte de Brasil, Guyana, EEUU y Colombia, y de su consecuente balcanización.

 

No pierdan de vista lo siguiente, insisto: Una cosa es lo que hemos estado deseando, y otra muy distinta lo que hemos estado en capacidad de construir y mantener, y en eso seguimos fallando por cierto, llegue o no al poder a principios de 2025 Edmundo Chirinos en su condición “candidato ganador” / “marioneta” de conveniencia de María Corina Machado (quien reconozco que ha sido la única columna visible de la oposición, tras el descalabro de todos los demás antiguos protagonistas políticos en su mayoría prófugos o encarcelados por el aparato represor del régimen), y todo esto porque creímos hasta estas alturas de la vida, que si llegábamos a "ganar" unas elecciones presidenciales administradas por el mismo régimen que nos tiraniza, entonces -y solo entonces-, sin resistencia de por medio por parte del régimen perdedor, conseguiríamos la ansiada libertad, pero ello nos dirigió sin que se levantaran demasiadas voces para advertirlo, hacia el trauma definitivo; un choque violentísimo con la verdad: llegaron las elecciones y fuimos a ellas en medio de un arbitrario proceso de detenciones sistemáticas de políticos y alcaldes en el país, con la consecuencia más que predecible y avisada desde varias plataformas (incluyendo esta) de su resultado, que fue casi violentado por Nicolás Maduro, quien se implantó mediante un golpe de Estado militar sin que siquiera fuese llamado de esa manera por la población.

Con el Golpe de Estado activo y sin marcha atrás pacífica, apoyado en apariencia de manera irrestricta por el alto mando militar, llego al final del presente artículo; no es necesario detallar más lo que todos sufren en carne propia a consecuencia de estos eventos que casan íntimamente al régimen y a la oposición, y sin lo cual, uno no estaría allí sin la otro.

 

Hasta el sol de hoy, la oposición ofrece más de lo mismo para el 10 de Enero del 2025 (salvo sorpresas), y las 2 preguntas que surgen no son halagüeñas:

¿Si llega Edmundo al poder, realmente cambiará algo como para rectificar y evitar que todo esto vuelva a suceder en poco tiempo?

o,

¿Será el 10 de Enero una derrota opositora más, que en esta ocasión también representaría el “último clavo” en el ataúd donde enterrar la excusa de no hacer uso de la fuerza hasta que no quede un injusto de pie?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Siguiendo las pautas escritas de tus reflexiones mi querido amigo J.M. me inclino a deambular en estas , siempre con la convicción de que la idiosincrasia del Venezolano juega el papel principal causante de todas las aflicciones que hoy día trata de encaminar hacia un bienestar social con título de propiedad Nacional, pero enmarcado en la SOBREVIVENCIA del mas apto. Antes de comenzar todo este revuelco soscio-politico, el Venezolano siempre inmerso en sus intereses personales vivía un mundo de transculturación copiando y adaptando comportamientos de otras culturas a la nuestra, sin darle valor a lo nuestro, al folklore Nacional en todos sus aspectos, musical, gastronómico, de moda o forma de vestir entre otros. Pero se hizo necesario una migración forzosa por las circunstancias conocidas para reconocer y valorar todo eso que tiene aquí en su país pero estando en el extranjero donde ahora quieren resaltar lo que aquí dejaron y que siendo ricos culturalmente no lo valoraron; y así como eso, el valor a la educación , al trabajo, a la familia, dando mayor importancia a la vida fácil, al lujo y derroche; sin percatarse que algunos (políticos de oficio) permanecen tramando vivir del pueblo. Pero todo eso tiene causa y origen, desde mi perspectiva los politiqueros de oficio se han aprovechado de esta idiosincrasia para hacer de Venezuela un territorio apropiado para realizar lo que vi en una Película: "LOS JUEGOS DEL HAMBRE" y todo para intereses de ellos, individuos que no estudiaron profesión alguna y con sueldos mejor pagados que los profesionales como tu y yo y muchos otros que nos preocupamos por estudiar tomando en cuenta la frase de Bolívar que el estudio te hará libre. Y en fin son tantas cosas que el Venezolano tiene que enderezar, cambiar, dejar el entretenimiento de títeres y titiriteros. Personalmente mantengo firme mi oración constante y permanente a Jehová Dios, el único que tiene solución de todas las aflicciones del mundo... "Venga tu reino aquí en la tierra como en el cielo..." ya que el hombre gobierna al hombre para perjuicio propio.

"Un Venezolano llamado JM" dijo...

Saludos amigo, agradecido por tus palabras que comparto plenamente. Como sociedad nos volvimos complacientes, y eso nos ha pasado factura desde hace décadas. La depuración natural de nuestra población está en plena actuación, y no lo vemos.