miércoles, 2 de febrero de 2022

Desmontemos una mentira eléctrica.

 

Les debía esto: Una nota de prensa publicada hace varias semanas, -que bien pudo haber sido publicada ayer, hace una hora, o que lo será mañana, sin ningún tapujo-, referida a la “recuperación en un 100%” del Sistema Electico Nacional (SEN).

Es mentira.

A estas alturas creo que todos sabemos que lo es (una mentira), pero como puede quedar alguien sin comprender el por qué de tan fuerte “presentimiento” nacido de oír o leer cualquier  declaración salida de la boca o mano del régimen administrativo de la "Colonia Bolivariana de Venezuela", mencionaré algunas cosas puntuales.

En esto debemos partir de lo eminentemente técnico: Ningún sistema tecnológico que falla, puede ser devuelto al 100% de su operatividad sin haber primero sido sustituida la parte dañada o defectuosa por una nueva y de idénticas o superiores características en función del trabajo que va a desempeñar, y ello sólo luego de un extensivo y honesto análisis causa-efecto, que permita tras concienzudos contrastes estadísticos y de ingeniería, determinar a ciencia cierta las opciones correctivas o de mejoramiento requeridas, en función de los presupuestos cuidadosamente diseñados con antelación.

Obviamente, no es el caso de Venezuela ni de su empresa eléctrica: CORPOELEC.

El “100%” manifestado por el funcionario político de turno (que de paso, en este caso detenta la administración política -nunca técnica, que se encuentra en su mínima expresión histórica para el sector eléctrico venezolano-, de CORPOELEC), se refiere a que en sus mentalidades predominantes “corporativas” actuales (es decir, en su lineamientos de mentir sobre el estado actual de las cosas),  un “100 por ciento” significa que de aquel porcentaje del sistema eléctrico venezolano que queda aun en pie, (que sabemos que ni se acerca al 50% de lo que estaba instalado y operativo en el 2000), ellos “lograron” (entiéndase: remendaron y sacaron piezas de aquí para ponerlas allá), “estabilizarlo” exitosamente. (Interprétese: lo dejaron con tensión y al menos, una parte de la carga que antes manejaba).

Desde el momento en que la administración del sistema eléctrico pasó a ser política y no técnica, la corrupción ética y técnica se adueñó de casi todo.

A partir de la formación de CORPOELEC (y pese a las buenas intenciones y beneficios que de fondo –y en teoría-, pudiera traer), lo cierto es que el abandono progresivo y con fuerte tufo político y corrompido, inducido e impuesto desde las altas esferas de la corporación, vía el MPPEE y la Presidencia de la República, nunca será la causa que reconocerán como la explicación única para el imparable desmantelamiento delictivo de las mismas, y en reemplazo de esa verdad, la mentira más fácil de imponer siempre será la de decir que era un ataque “terrorista”, coordinado permanentemente por la “oposición”.

(Y así Venezuela se convirtió en el país con más “ataques” terroristas diarios, si lo juzgamos por las fallas eléctricas)

Yo trabajé dentro de ese monstruo, y les digo que ninguna autoridad pasada o presente admitirá que lo único cierto es que la debacle comenzó, (tras haber amordazado a toda opinión técnica que se pretendiera levantar en resguardo del sistema eléctrico), cuando se permitió que se postergaran los mantenimientos preventivos en todo componente que lo tenía programado, que se permitiera el desmantelamiento delictivo de los sistemas de aterramientos en las subestaciones, en las torres de transmisión, y el desvalijamiento de los sistemas de control automáticos en aquellas instalaciones a las que se les quitó –por costosa, según los sucesivos ministros, en particular, Rodríguez Mota- la vigilancia paga, o cuando cesó en las subestaciones las tareas de limpieza -otra vez, por “costosoaún a sabiendas de las consecuencias-, con lo cual se permitió que se llenaran de maleza e incluso que fueran desvalijados sus sistemas de iluminación a manos del hampa en lo que se había convertido en tierra abandonada y enmontada. Nada de eso se dice.

El colapso que tanto se vaticinaba pero por el cual no se hizo nada en la práctica para evitarlo, llegó hace años; mucho antes de aquel enorme apagón de casi una semana que ocurrió en marzo del 2019 y del cual sólo vemos ahora “replicas casi diarias”, como si de un gran terremoto fuese el caso.

Se los voy a poner de la manera más grafica posible, para que nos entendamos: desde entonces, el sistema eléctrico solo ha estado “respirando” como lo haría un ser humano tras pisar una mina terrestre: jadeando en el suelo a través de pulmones llenos de espuma sanguinolenta, sufriendo sucesivas paradas cardiorespiratorias, en un cuerpo con múltiples amputaciones traumáticas y hemorragias a causa de la explosión.

Un sistema eléctrico no es un “LEGO” que se puede rearmar yendo a la tienda de la esquina a comprar otro set de piezas del famoso juguete, ni mucho menos quitándole piezas a los otros juegos que tenían a la mano.

Cada parte grande e importante obedece a componentes con diseños específicos, ajustados a voltajes, cargas, armónicos, frecuencias y temperaturas de trabajo especificas, y sabrá Dios cuantos parámetros mas que no hacen imposible la tarea, sino que la hacen exigente y técnica, requiriendo de una inversión ajustada no a un capricho político oportunista para cobrar coimas y desfalcar, sino a una estrategia técnica especifica, organizada con una claridad y tiempos que más se debe asemejar a un reloj, que a la chapucera política a la que nos tiene acostumbrados, y cuyas últimas jugadas multimillonarias fueron las ejecutadas bajo la tutela de Hugo Chávez, con la construcción de una red de generación distribuida diseñada y gestionada en su instalación y compra por empresas y personal cubano, que hoy en día yace, con los huesos al sol, junto con la eternamente inconclusa complejo hidroeléctrico de Tocoma, ambos proyectos levantados hoy como monumento a los cientos o miles de funcionarios del régimen revolucionario que actualmente viven con el dinero robado, en España, Italia, EEUU, y otros paraísos fiscales.

CORPOELEC tiene aún muchísima gente buena, pero quitémonos la venda de los ojos: en su mayoría son personas que han tenido que doblegar sus opiniones políticas y técnicas, en favor de lo necesario para mantener sus empleos y escuálidas jubilaciones. Existe en ella -como en las demás empresas del estado/régimen-, el doble rasero moral de seguir siendo ético en el trabajo que desempeñan, en la medida en que les dejen, al mismo tiempo que deben hacerse la vista gorda con las malas políticas, la mala praxis, las coimas que se cobran en todos los niveles, y el mal servicio eléctrico que finalmente se presta, conociendo el origen de toda esta bizarra situación que no muestra tener fin.

Poco o nada de esto podrán ver en los medios o las redes digitales sociales, porque a nadie le gusta admitir la situación desfavorable en la que voluntariamente trabaja, y porque un servidor público, aunque esclavizado, siempre verá en su función de mantener lo que queda del sistema eléctrico, en pie, una labor digna que hace llevadero todo oprobio sufrido.

Para aquellos que aún siendo pocos, trabajan en CORPOELEC y se rindieron ante la necesidad de dinero y abierta o solapadamente han optado por la coima y el tráfico de influencias para mantener sus ingresos adicionales, les tocará el juicio de rigor, aunque no se puede decir esto sin la necesidad de reconocer que en ello cae literalmente toda la administración pública de la Colonia Bolivariana de Venezuela, incluyendo en ello a sus fuerzas policiales, militares, sector salud, y sus servicios públicos básicos restantes, con lo cual, el problema de la “tentación” de hacerse la “vista gorda” en el futuro con todo esto, será un tema de debate nacional, entre quizás la opción de olvidarse del pasado (salvo para los grandes delitos), o juzgar ese mismo pasado por “pequeño” que fuese el delito.

Todo esto aparte de un hecho que si no se cumple, sencillamente impedirá toda refundación nacional: Ningún delito podrá ser tolerado a partir del punto desde el cual se quiere refundar.

El ministro y presidente de CORPOELEC miente: Ni el sistema eléctrico nacional está al 100%, ni su “recuperación” podrá ser jamás de tal magnitud, en tanto se mantenga el estado administrativo actual de las cosas.

domingo, 30 de enero de 2022

2022: No hay razón para que este año no sea el del cambio.

I.- Seamos directos:

Para esto es necesario que alteremos el estado de las cosas, reconociendo primero que una cadena decadente de circunstancias nos han hecho proclives al entreguismo: esa sensación de fatalidad silenciosamente tolerada y aceptada que ha nacido del pesimismo como consecuencia de ir de fracaso en fracaso en lo que ha sido tratar de cambiar las cosas.

Por eso necesitamos primeramente aprender a leer la situación en la que estamos y ver más allá de la profunda dualización en la que nos debatimos sin llegar a ninguna parte, -como los remeros que en un mismo barco reman en direcciones contrarias y dan vueltas sin avanzar-.

“De la casi arrogancia positiva, hemos pasado al pesimismo silencioso entre bodegones y sueldos de hambre”.

Todo el que ha tenido acceso al poder desde el ego de nuestro  mundo dividido siempre entre dos bandos incapaces de acercarse a un centro de conciliación, eventualmente –y sólo para su propio beneficio-, nos ha manejado con esa misma dualidad, incrementándose con el tiempo el grado de manipulación y descaro; así nos han arriado sistemáticamente a través del más visceral de los miedos, y nos han acostumbrado a crecer, educarnos, trabajar y en general a vivir, bajo supuestos donde siempre hay un antagonista (lejos convenientemente de quienes nos administran o gobiernan) contra quien competir, comparar o luchar.

Si bien es ese ego elemental el que nos dio en su momento las primeras luces de consciencia sobre nosotros mismos al principio de nuestro andar como civilización, ahora, en un mundo de letras y tecnología, se vuelve cada vez más apremiante domarlo para poder trascender hacia un equilibrio conceptual de lo que es justo y digno, desde el cual por cierto, podamos desempoderar a las castas de dirigentes cuasi aristocráticos que hemos permitido surgir como gobierno, -reciclados hasta el fastidio infinito que vivimos hoy-, a través de una variedad de colores y filosofías políticas cebadas en la mercadotecnia, la manipulación de la información y la creación de cada vez mayores franjas sociales dependientes del Estado.

II.- Ábranse a la idea de que si seguimos abordando toda nuestra vivencia desde la misma óptica, y con los mismos protagonistas opositores por los cuales estamos enlodados mientras ellos se mantienen inmunes a la tragedia, entonces todo seguirá igual -salvo el infortunio mismo-, que continuará creciendo y devorándolo todo a su paso, incluso a este conjunto cada vez más reducido de “ciudadanos” sin deberes ni derechos que somos hoy, y donde valemos lo mismo que un cero a la izquierda para quienes administran la Colonia Bolivariana de Venezuela.

Déjenme explicar nuestro predicamento de otra manera:

¿Han intentado apalancar alguna vez algo que necesitaban mover o destrabar, con un trozo de madera, y esta se partió ante el esfuerzo que hacían?;

¿Les ha ocurrido que luego de quebrada la madera que utilizaban de palanca, tomaban el pequeño trozo que quedaba e insertándolo junto al objeto trabado, intentaron seguir apalancando, ahora con menor ventaja mecánica y mayor sufrimiento, sin poder mover el objeto?

Seguramente esto último no les ha pasado más porque entendieron desde pequeños que una palanca aún menos larga no movería lo que rompió a la anterior.

Entonces:

¿Por qué como sociedad, seguimos intentando destrabar el país que somos, no ya con un trozo de la palanca restante, sino incluso, con una “astilla” de ésta?

Seguro lo van comprendiendo: ¿Quiénes son los “políticos” de oficio de hoy, los “pseudo-líderes”, los “guías”, “expertos” y “opinadores” que representan a esa “astilla” que justo aún en el 2022 insistimos en usa para apalancar y destrabar no ya a un objeto, sino a un concepto de país cada vez más hundido e inmóvil?

 

III.- Hemos agotado hasta tal punto los recursos “clásicos” del cambio social a nivel mundial, que ni las “revoluciones” de izquierda o de derecha, verdes o rojas, las “guerrillas”, o las “primaveras”, las “constituyentes” o las “emancipaciones”, las “sanciones”, y ni siquiera las actuales “todes y tod@s”, pueden ya representar algo más que otra “astilla” igual de corta y con una utilidad que no va más allá de lo anecdótico por el acto en sí, para demostrar cada uno de ellos que nada unilateral (o planificado a escondidas para luego ser expuesto con alguna forma de violencia), ha sido ni será, una solución social estable.

Ocurre esta desconcertante situación porque nada de esto sirve para apalancar a la verdad “atascada” en nuestro interior, detrás de la tramoya de la arrogancia de creernos aún hoy, en esta obra teatral que nos montaron y por la cual nos han hecho pagar, el pináculo de la moral y las luces de la humanidad, cuando lo único que estamos demostrando en el ejercicio diario de la vida venezolana, es que nos mantenemos acurrucados en nuestros nichos menos incómodos, esperando a que las cosas cambien por sí solas.

Por eso es que no logramos aún tomar la “palanca” más fuerte de todas; la única capaz de desatorar toda buena intención del fango donde la tenemos atrapada y amordazada por los políticos:


La honestidad.

 

Nuestro reto 2022 es llegar hasta nosotros mismos y despejar la vía desde el corazón para vivir la honestidad que apalancará como poderosa barreta y con vigor, el progreso en ejercicio de la Justicia y la Dignidad.

Tras lograr esta proeza personal primero, y colectiva luego, una sola condición adicional necesitaremos:

El creer en nosotros mismos como colectivo pensante y conectado con una verdad desde el corazón;

El darnos cuenta de que aunque no nos conocemos, nos necesitamos para desterrar del país al régimen político que administrando nuestra propia miseria, secuestró toda virtud y decencia hasta arrastrarnos a la condición de servidumbre de una Colonia.

Si no lo intentamos, no podremos saber jamás si el 2022 era el año, ni mucho menos conseguiremos la respuesta a la pregunta: ¿Necesitamos doblar la espalda -y apretar nuestros corazones- un año más, para cambiar las cosas que podríamos transformar hoy?

 

jueves, 27 de enero de 2022

Referendo revocatorio: Un elefante blanco más que eliminar de la fauna venezolana.

 

Y al final, no pudo ser.

El intento no quedó más allá de lo que hubiese quedado un tic nervioso en el párpado de una persona mientras duerme: en nada. 

Varios miles salieron a emitir su opinión, pero de ningún modo podríamos hablar de millones, y ni siquiera de cientos de miles. Es que en los términos de una escala social, -para el tamaño que tiene la Colonia Bolivariana de Venezuela-, tampoco fue un "ejercicio" de algo; si habláramos de ejercicios, fue entonces más como el pensar en ir a un gimnasio a levantar pesas, pero ni mirar a dicho establecimiento cuando pasamos por ahí.

El 26 de Enero del 2022 queda como nada.

Si quieren pueden molestarse conmigo, porque no me censuraré en consideración a ustedes frente a lo que debo decir: Aunque millones de seres nobles y hermosos habitan en nuestra tierra, llenos de buenas ideas, proyectos y dignidad activa y resuelta a sobrevivir y superar los obstáculos, (de los que tu seguramente eres parte), lo cierto es que nos merecemos este grado summum de miseria; no hay manera de cosechar un fruto bueno en una sociedad tan corrompida y débil de voluntad y carácter como esta que tenemos, sin que caiga en el barril podrido de una mayoría apática a su propia superación. No me pidan que solicite piedad al altísimo para salvar a una nación que no merece nada, mas que desaparecer.

Si lograste leer hasta acá sin retorcerte en tu ego y mandarme al diablo, te digo que seguiremos cometiendo un error si intentamos superar los errores del pasado, -y las consecuencias de éste-, arrastrando también con nosotros las sensaciones de fracaso e impotencia que nos inmovilizan.

Sobre Venezuela, no podemos defender lo que ya no es: de la misma manera en que no hay forma de hacer un referendo verdadero sin generar primero una amenaza creíble hacía el régimen para que se viera forzado a ceder o dimitir, tampoco hay manera de salvar lo que ya Venezuela no es: una Republica que le da cobijo armonioso y digno a una sociedad de ciudadanos que basan su prosperidad en el estudio, el trabajo y la exaltación de lo virtuoso y justo a través de un ejercicio vigoroso de la ley.

No se puede vivir con una "madre" que falleció, pretendiendo que permanezca con nosotros en la misma cama.

Es enfermo. 

No hay forma de seguir así, como tampoco la hay pretendiendo continuar con los actuales actores políticos, o con los socios internacionales que nos miran sin acercarse, y todo porque en realidad tampoco lo podemos lograr comportándonos como este barril de guijarros sin cohesión ni fuerza por separados que estamos siendo como sociedad.

El miserable o nulo ejercicio de ciudadanía y organización previa que exhibimos el 26 de Enero del 2022, demuestra que aún somos una sociedad que no arranca si no tiene un líder. Un líder que no existe a la vista.

El concepto de líder no es malo de por sí, a condición de que aprendamos antes de entregarle el poder de un Gobierno, el cómo desterrarlo del mismo cuando ya no represente nuestros intereses como nación, sin perder en el proceso la sangre fría necesaria para llevarlo ante la justicia cuando fuese necesario.

Nos hemos convertido en una vieja piedra de molino que solo se molió a sí misma, sin jamás haber molido buen grano con el cual producir algo que alimentara: Amanece el 27 de Enero del 2022 con una población de casi 30 millones de almas, totalmente sometidas, raquíticas y rendidas ante un régimen que no necesita ya ni siquiera celebrar el fracaso del referendo, pues sabe que nunca estuvo en riesgo de nada.

Si quieren palabras bonitas pero vacías, busquen a Guaidó, o al séquito de zalameros que como sanguijuelas siguen viviendo del cadáver de la madre sobre la cama donde dormimos (aún cuando muchos ya se contentan con dormir debajo de la cama, amparados por la oscuridad y "paz" del lugar); si quieren lo que va quedando de las bolsas de comida gratis y las casa regaladas, miren entonces hacia el izquierdismo que regenta  a Venezuela, pero si quieren libertad, miren hacia ustedes mismos, y si no se aterran con el vacío que se encuentran, puede que entre la mayoría, podemos cambiar las cosas.

¿Saben cuál es el estigma de toda población que fue esclava y luego liberada por terceros?: Que jamás logran mirarse al espejo sin sentir una muda vergüenza por no haber podido ellos mismo ganarse con su propio esfuerzo, lo único que no puede ser obsequiado; la dignidad.


Dignidad.

Cuando la tengamos, volveremos a hablar de lo que significa Libertad.

Ese día no hará falta referendo ni pretexto para derrocar la miseria humana que nos domina; ese día la última "piedra sobre piedra", caerá, y la fundación de la nueva Venezuela, comenzará.


Mi admiración y respeto para cada ser humano que no pierde la convicción por lograr una vida de valores nobles, y en consecuencia, no deja de poner un grano de arena cada día en pos de ello.



domingo, 23 de enero de 2022

El nuevo referendo presidencial, esta vez 2022: Una oportunidad con dos caras

Historia: Octubre de 2016 (imagen adjunta): El referendo revocatorio presidencial contra el para entonces Nicolás Maduro en su primer periodo como presidente, era maniatado por el mismo régimen y su aparato jurídico y electoral, frente a una oposición incapaz de mantener una mínima coherencia que permitiera movilizar a la población y mantenerla sin vuelta hasta alcanzar la caída de Maduro, así fuera en ejercicio puro y duro del derecho consagrado en la constitución, (para quienes practiquen la ciudadanía), referido a la potestad que reside en el pueblo para desconocer y sacar a la autoridad convertida en ilegitima presencia.

Pasados seis largos y desgastantes años, ahora en Enero del 2022, vuelve a ponerse ante la población que permanece en el territorio colonizado por el "chavo-madurismo" con el visto bueno de Cuba, China y Rusia, la posibilidad de convocar y buscar ejercer el consagrado derecho a revocar al "gobierno" que mantiene el control del país; una oportunidad con dos caras, como las tendría una "moneda falsa" (*), pues ofrece el momento justo y sin excusas para al menos, demostrar dos cosas: 

1: Que Nicolás Maduro y su mafia corporativizada asumen la fachada "institucional" como vía para salir del poder voluntariamente bajo el pretexto del referendo, o

 

2: Que sin importar la palabra escrita en la constitución, -ni los deseos de la mayoría-, en caso de no desear él (Nicolás maduro) dejar el poder, no habrá manera de llamar a revocatorio.

(*): Nota: Digo "moneda falsa", porque una "moneda verdadera", en manos de una sociedad ciudadana, no dejaría su destino en manos de quienes solo les oprimían)

El reloj está en marcha, -y no de la mano de Guaidó-, sino de otros sectores políticos que asociados en diversidad de intereses, han solicitado formalmente la activación de este mecanismo de cambio establecido en la constitución venezolana.

Ya el CNE se pronunció, marcando en el calendario el 26 de Enero para recabar las firmas que supongan al menos el 20 por ciento del padrón electoral.

La polémica está servida por una variedad de razones, que sin embargo, no tocan la médula del asunto:

En primer lugar, el grito al cielo que han puesto los propios promotores del referendo, por la cercanía con que se estableció la fecha (el próximo 26 de Enero), lo que sin dudas les deja poco margen para organizarse al viejo estilo partidista, con lo que queda expuesta: 1: su incapacidad para haber previsto lo que podía ocurrir, y prepararse en consecuencia activando la promoción del ejercicio de revocación en puertas, con antelación; 2: su incapacidad ocultar la profunda división política que los aqueja, al estar la oposición más concentrada en el cultivo y crecimiento de sus propias parcelas de poder que en otra cosa, a consecuencia del deterioro de principios y valores del que adolecen ya sin recuperación posible, y 3: la incapacidad para manejar con franqueza el hecho de que en un sólo día si se pueden recabar todas las firmas necesarias, de la misma manera en que en un solo día, se elige en elecciones presidenciales, y de otros poderes y representantes.

En segundo lugar, con la autorización (aparentemente sin objeciones) por parte del CNE del régimen para convocar la recolección de firmas, comienza a hacerse patente 1: que la población no venía estando conectada al posible ejercicio revocatorio, y literalmente los toma por sorpresa, con lo cual el escepticismo compite con la posibilidad real de dejar todos los miedos a un lado, y abocarse a hacer filas masivamente para entregar sus firmas y dejar en claro la voluntad que existe de revocar a Maduro y lo que representa; 2: que la población está desconectada por completo de quienes han sido tradicionalmente sus políticos, cosa totalmente lógica si observamos la interminable y aún presente cadena de errores, omisiones y "vistas gordas" de la que ha hecho alarde la oposición toda en su conjunto, y 3: que el mecanismo revocatorio adolece de participación popular real, pues no toma en cuenta a los millones de hombres y mujeres que han emigrado y que por seguir siendo venezolanos, tenían derecho a expresar su voluntad política aún desde el exterior.

(Recordemos antes de proseguir, el crudo hecho: Esos casi seis millones de venezolanos, -solo ellos-, han tenido el poder para sacar a Maduro del poder mediante la rebelión interna coordinada, o mediante el ejercicio de emitir su opinión a través de la recolección de firmas para el revocatorio a nivel internacional, y ninguna de las dos cosas se dieron ni darán, dentro o fuera de la ahora colonia, porque Venezuela ni es republica, ni los que quedaron o se fueron supieron ejercer coordinadamente la ciudadanía y el poder que eso les confería, y toca aún demostrar que hemos aprendido algo de esa realidad).

Por esto último es que, pese a todo esto, la necesidad de actuar para revocar, es innegable e impostergable ahora, justo ahora que se presenta la oportunidad para ejercer el derecho o para desnudar (quizás del último harapo que le quedaba cubriéndole), al régimen mafioso que administra a la Colonia Bolivariana de Venezuela.


Hoy, 23 de Enero, cuando escribo esto (sin coincidencia alguna, pues es mi intención manifiesta), se hace necesario recordar lo que en esencia hemos sido tras la caída de Pérez Jiménez: una país en decadencia social descendente y sostenida, que a duras penas se mantiene de pie sobre sus huesos no para exclamar o defender su libertad, sino exclusivamente para sostener a quienes les oprimen y vejan, en tanto aprendemos la lección colectiva e individual que nos libere en verdad.

El próximo 26 de Enero se necesita de todos para declarar sin dudas ni objeciones que valgan, que Venezuela está despertando con una nueva consciencia, y que quiere terminar con esta pesadilla de la cual Nicolás Maduro no es más que la punta del frio iceberg que nos esclavizó.

El 26 de Enero, emitir opinión mediante una firma en un papel, es la última manera de salir de esto con la frente en alto, porque si decidimos esperar a la próxima "elección presidencial", sólo será para volver exactamente al mismo punto que se nos viene encima con esta oportunidad revocatoria: ver si Maduro -o el que lo esté sucediendo en el poder por decisión del mismo régimen-, deciden que quieren irse, porque no hay manera de que sin sentirse amenazados por un pueblo levantado y decidido a no bajar la mirada ni retroceder más, ellos vayan a querer dejar el "paraíso de ensueño" que les hemos torpemente obsequiado.

El 26 de Enero no es para amanecer en medio de letanías pesimistas: es para ejercer un derecho, y en caso de que nos lo pisoteen, despertar entonces y arrebatarles con la indignación de quienes no tolerarán más injusticias, el poder que siempre ha debido estar bajo el control de nuestros principios humanos, y no bajo los más crueles instintos que hemos sido capaces de desplegar.


Sólo hay una manera de hacer las cosas a partir de hoy, si queremos quitarle el sentido de mortaja eterna que han tenido las últimas palabras del General Marcos Pérez Jiménez: "Cuando me fui, quien cayó: Venezuela, o yo?".


Decidamos, porque excusas, ya no hay.




domingo, 26 de diciembre de 2021

Cerrando el 2021, toca recordar las soluciones, y no los problemas (II)

El decálogo, o la única manera de resumir lo que podemos hacer, ante la opción de seguir dejándonos llevar al matadero:



Cerrando el 2021, toca recordar las soluciones, y no los problemas.


No hay ciudadanía sólo de derechos; tampoco sólo de deberes.

Mientras no encontremos el equilibrio entre ambas nociones, deambulamos en el rol de meros habitantes, y no en el de ciudadanos, con todas las vulnerabilidades e injusticias que ello acarrea y que hoy en día padecemos voluntariamente.

Hasta tanto no exijamos el ejercicio común de la soberanía ciudadana, no habrá manera de refundar una Republica llamada Venezuela.

Necesitamos librarnos del cautiverio político, y para eso necesitamos de reglas sencillas y universales a nuestra idiosincrasia; sirva para eso entonces, recordar la guía del ciudadano político venezolano:


UNO:La política es la expresión constitucional de tu visión de los asuntos públicos al calor de la ley, orientada al bien común, y en consecuencia, debe ser atendida con tanta valía como la de todo ciudadano apegado al marco jurídico venezolano"

DOS: “Un ciudadano en ejercicio político, es una mujer o un hombre capaz de argumentar ideas en beneficio de todos, alinearse u organizarse con otros y mostrar probidad, para así tener el derecho a optar por cargos administrativos de profesión, a cargos electos para un periodo determinado sin repetición en el mismo y sin dependencia financiera de ese puesto, más allá de su justo salario”

TRES: “La expresión política no tiene que estar condicionada a una adhesión partidista o de una ONG; El ciudadano defenderá su derecho mediante la unión con los demás, consciente de que si pierden contacto con sus valores y con la realidad social debido a esas organizaciones, darían pie a la intervención de terceros que llevarán objetivos y fines distintos a los de la sociedad que queremos cultivar”

CUATRO:El político de oficio (que lo es por ser hombre o mujer sin profesión, oficio o trabajo estable y auditable), es de facto, aquel quiere vivir nada más de expresar su opinión política, ser escuchado y volverse imprescindible para así ocupar un cargo por tiempo preferiblemente indeterminado, mientras es remunerado o es dejado con acceso a nodos influyentes, -éticos o no-. 

Por esa razón su existencia como figura del viejo modo de hacer política, debe ser progresivamente eliminada y altamente auditada en tanto es retirado del proceso político venezolano”

CINCO: “Todo político de oficio que lo es por ser sin profesión, oficio y trabajo estable o auditable, es sospechoso de delito contra la cosa pública hasta que se demuestre que es inocente en cada ocasión, particularmente si se corrobora su colaboración con partidos y/o ONG´s que intentan a su vez alinearse políticamente al poder de turno. En cambio, el ciudadano político que trabaje honrosamente por el bienestar de todos, será reconocido y protegido."

SEIS:Al político no se le sigue ciegamente, no importa lo que prometa, y ni siquiera lo que logre concretar; se puede valorar su trabajo, pero no coloca a la sociedad en minusvalía frente a su figura a causa de ello”

SIETE:Es mejor elegir para cargos de Gobierno a hombres y mujeres capaces de administrar, y no de partidizar, porque el partidismo enferma a los Gobiernos y envenena al Estado, conforme busca remodelar a la República para su propio beneficio”

OCHO:Los partidos políticos y ONG´s relacionadas a la promoción política, no deben estar relacionados luego con los funcionarios contratados o elegidos para los cargos públicos con cuyo fin fuera hecha tal promoción; estos deberán renunciar públicamente a cualquier activismo, participación o entrega de información sensible que no sea lo autorizado por la Constitución y las leyes de la República, desde el momento mismo en que se postulen. Los gobiernos tendrán sus cuerpos de asesores independientes y cuyo único beneficio será el reconocimiento público de la sociedad. No se requerirá de la asesoría partidista o ONGista"

NUEVE:Los partidos políticos no son requeridos para el ejercicio democrático, porque en su lugar si lo son las coaliciones de carácter político entre diversas organizaciones sociales, no vinculantes con la obtención de cargos contratados o electos y por tanto, no sospechosas de buscar el poder por el poder mismo"

DIEZ:Los militares no deben tener participación política ni partidista, como tampoco derecho al voto; son ciudadanos altamente valorados y recompensados por la sociedad, debido a la naturaleza del trabajo para el cual se preparan, aunque a causa de ese manejo del poder de las armas, no pueden tener injerencia política, ni los políticos sobre ellos, en términos que deben estar claramente establecidos por la Constitución y las leyes”.


Busquen más allá de lo simple, honesto y directo, y sólo encontrarán el camino retorcido del político que busca a toda costa accesar al poder y utilizarlo breve o permanentemente, para su lucro personal.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Tener libertad, no es tener derechos; tener derechos, no significa tener libertad.


Hablando del título de esta entrada, es en el filo de esa navaja que camina el reducto distópico de lo que somos hoy como sociedad en Venezuela, y eso ha dado como resultado un corte profundo en nuestra capacidad de vivir con dignidad, al tiempo que nos ha expuesto el padecimiento de una hemorragia que ya sólo ha ido dejando apenas sangre para poder mover la cabeza en señal de sumisión y de aceptar lo que le impongan.

Eso es lo que ocurre cuando una sociedad elije lo estático como forma más segura de existir.

No importa que esa manera “segura” sólo sea una ilusión; igual se insiste en quedar en el mismo lugar todo lo que se pueda, aunque con ello finalmente nos ocurra como cuando estamos a la orilla del mar, y que con cada ola que nos golpea, nuestros pies se entierran un poco más en la arena al permanecer en el mismo sitio; el movimiento trae el cambio, y lo que no se mueve, es erosionado, hundido, y eventualmente olvidado.

En ese olvido estamos como sociedad; nos estamos olvidando a nosotros mismos, porque la inconsciencia nos tiene aturdidos.

Les digo todo esto porque es obligatorio el precisar que nada de esto ha sido " de a gratis": los políticos de oficio (y entendamos que en esa categoría entra toda la oposición, el propio Chávez, los militares activos en este régimen y  cuanto venezolano y extranjero oportunista que consiguió un hueco aquí para delinquir), están todos aliados bajo la sombra de la mentira, y han hecho su trabajo: ponernos a los unos contra los otros, mientras ellos se ponían los unos junto a los otros.

Aprendieron a sacar de nuestra imaginación colectiva la noción elemental -y esencial-, que nos hacía intuir que la distancia más corta para progresar, era la que seguía el sendero de la honestidad y la dignidad.

Se valieron de nuestra vulnerabilidad, de la necesidad que teníamos de gobernarnos mediante algunos elegidos, para que el resto nos pudiéramos dedicar a trabajar y a existir. Rápidamente aprendieron que en esa situación de entrega y dejadez por nuestra parte al dejarlos sin control y auditoria severa, que a ellos en vez de construir puentes entre nosotros, les resultaba de mayor beneficio construir muros, para que la distancia que tuviéramos que recorrer hacia la verdad, fuera de manera imperceptible cada vez más larga y desalentadora, hasta tal punto que fuese mejor que creyéramos que era mejor que ellos pensaran y decidieran por nosotros; así nos fueron encerrando con nuestro torpe consentimiento en un laberinto de condiciones, prerrequisitos y coimas para lograr cualquier cosa, con lo que finalmente nos llevaron a vivir en un gran círculo imposible de describirse como tal.

Ellos, los políticos de oficio, hechos burócratas nada mas llegaban al poder sin importar la tendencia "política" de la que vivieran o dijeran venir, lograron que cada ley, que cada reglamento, que cada decreto y que cada ordenanza, se levantara como una pared más en el laberinto existencial donde nos enseñaron que debíamos vivir y hasta agradecerles; descubrieron que cuantas más leyes y regulaciones, más paredes y recovecos tendría el laberinto y más fácil sería extraviarse en el para nosotros. Nos acostumbraron a esperar sus instrucciones para supuestamente saber por dónde ir, haciéndonos creer que nos llevaban a la salida, a la tan esperada y prometida “prosperidad” de la que ellos mismos y siempre con cuidado y discreción, nos apartaban.

A las fuerzas armadas de la nación, las convirtieron en la gran cegadora que volaba la cabeza a quien tuviera la idea de ponerse de acuerdo con alguien para subirse en sus hombros buscando ver más arriba y más allá de las paredes para descubrir la verdadera salida.

Nos distrajeron del camino; nos hicieron olvidar la esencia; los más incautos creyeron en sus historias y murieron por ellas. Sin ser capaces de admitirlo, buscamos enmendar nuestras debilidades apoyándonos en la ambición de quienes nos ofrecieron “villas y castillos” sin prueba alguna en la mano, y lo peor, sin que tuvieran que pagar luego por sus mentiras y promesas incumplidas. Así, quienes deseaban el poder por el poder mismo, se hicieron de éste, y con ello, del país, hasta convertirnos en gentes sin derechos, y sin libertad.

Hemos dejado de ver que los gobiernos como están, autojustifican la apropiación de aquello que no les pertenece, resumiendo la existencia a robar o dejar que te roben.

 

“La distancia más corta para progresar, por ruda que parezca o llegue a ser, es siempre la que sigue el sendero de la verdad”

Nos hemos dejado infiltrar por la creencia cuasi religiosa de que las doctrinas izquierdistas o derechistas, -según el ojo que la vea o la moda de turno que prevalezca, alimentado por el desespero y la ignorancia-, son la solución a todo los males, cuando en realidad, el mal es en sí toda creencia que nos aleja o distraiga del camino más corto al progreso y el bienestar: El del ejercicio de la verdad y la honestidad, en amor.

La única revolución real a la que podemos aspirar hoy en día, es a la de vivir con la verdad y la honestidad basada en los más excelsos valores humanos, comprendiendo que todos ellos están forjados en la fragua eterna del amor.

Cuando como mayoría entendamos que al robar la dignidad de nuestras propias acciones, abrimos también el camino para robar la de los demás, y que si nadie pudiera robar lo público, ni robar lo privado, ni adueñarse de la autoridad que por naturaleza radica en la soberanía de la población como sociedad, sin ser sometido inmediatamente a la investigación, el juicio y el castigo, sin duda, el mundo sería en esencia, un mundo de amor.

Las situaciones más complejas, desesperanzadoras, apremiantes y áridas, todas, absolutamente todas, comienzan a cambiar con sólo una decisión. Una sola.

Esa decisión es la que tenemos que tomar, y para que nunca más nos manipulen, ese punto de inflexión en nuestras historias tiene que pasar por una única puerta: la de hacer del robo en cualquiera de sus formas, motivo de diligente y proporcional castigo al robo realizado.

Entiendan que sobre este mundo, al amor, se le contrapone el robo.

Entendamos qué nos hemos dejado robar, y en ese momento el país cambiará; será como una descarga eléctrica que nos atravesará a todos y nos hará levantarnos en pies de dignidad y consciencia.

Necesitamos entender que la tolerancia ante el robo socavó todo lo digno que podíamos tener, dejando que la figura del político de oficio, -del burócrata-, emergiera entre nosotros como cimiento de las paredes que conformarían a la larga, nuestro laberinto y prisión.

 

Execremos la noción del político de oficio, de ese burócrata con "linaje por derecho propio a gobernarnos", y estaremos execrando de la sociedad al primer actor que pone en marcha las ruedas del ventajismo, de la componenda y de la coima.

Necesitamos administradores de lo público: gente cuya recompensa sea la seguridad social que les brindemos con dignidad, y el reconocimiento nacional que les daremos como héroes por apegarse al camino de la verdad.

Esta es la única manera de mantener en nuestras manos las riendas de la sociedad que deseamos ser.

No busquemos en las ideas rebuscadas y las estrategias que sólo unos pocos entenderían -y donde pueden colarnos cualquier engaño-, la solución a nuestro problema raíz: la tolerancia al robo; ENTIÉNDASE: al robo material, al robo espiritual, al robo de toda estructura proba de prosperidad.

En definitiva, les convido a que hagamos del “no al robo en cualquier manera o forma”, la frase que nos defina como venezolanos.

martes, 14 de diciembre de 2021

“No vine a guiar corderos; vine a despertar leones”

Tras las truculentas, -pero predecibles- elecciones regionales de Noviembre de 2021 en el marco de un régimen totalmente derrapado en su descaro, con una oposición absolutamente desencajada a causa de la corrupción y la complicidad que comparten, nada más comienzo a escribir estas reflexiones y ya me siento obligado a hacer un suspiro profundo seguido de una pausa, porque es mi convicción que para enfrentar y cambiar lo adverso nacido de nuestra propia inconciencia o la de otros a los cuales seamos vulnerables como seres humanos, siempre es necesario -aunque haya que partir desde un golpeado corazón-, el aceptar la realidad imperante antes de poder modificarla para mejor.

Sé que comprenden que esto lo digo porque es necesario continuar haciendo el esfuerzo de reconocer lo que nos está pasando como sociedad, -y, en definitiva, como nación devenida en colonia-, si queremos en verdad cambiar.

Nada ni nadie se abre al cambio, sin antes aceptar lo que hasta el momento ha sido. Nada.

Por esa razón pienso que sería una insensatez insistir en dejar de ver lo que ya es tan brillante como el Sol mismo: que ante el absoluto dominio del régimen que nació con Chávez y ha sido mantenido por la cofradía mafiosa liderada por Cuba, Maduro y las FANB,  literalmente todos los políticos de oficio venezolanos de oposición, -en el interior de nuestras fronteras permeadas o en el exterior del país-, incluyendo a los “asesores” y “opinadores” que les secundan y actúan en complicidad, sólo han sido hombres y mujeres que en esencia, (y en contraste con la afición por la violencia sistemática utilizada por el régimen), le temen a todo lo que suponga el uso de la fuerza y de la contundencia, actuando en consecuencia siempre para no invocarla.

Ellos le temen al poder del consenso, al poder de una población en la calle sin vuelta atrás, y al poder de las armas dirigidas no a oprimir, sino a liberar, y esto es así, porque reconocen que ellos mismos no podrían garantizar sus propias supervivencias políticas si se colocan del lado de la transparencia y el ejercicio de una justicia totalmente imparcial a partir del uso de esa fuerza.

Es por eso que en esencia, los políticos venezolanos que estaban llamados a propiciar un cambio que supusiera el destierro del régimen que terminó gobernando al país, sólo han liderado la sumisión y el fracaso durante más de 35 años.

Un fracaso monumental, sólo tan grande para erigirse como lo hace frente a todos, como grande ha sido el pedestal que nosotros mismos le hemos construido poniendo las espalda, -dóciles y rendidas pese a nuestros alardes de arrogancia fútil-, para que semejante traste rígido y muerto, amalgamado con nuestro sudor y la sangre de miles de víctimas, se mantenga en lo más alto de todo, para señalar la dirección que como territorio sin ley republicana alguna, hemos elegimos por acción u omisión soportar, como quien obligado a llevar un dildo en su ano sin rechistar, suda frío de indignación pero se dedica a disimular, en vez de simplemente sacárselo.

 

Ahora que cierra el 2021 con una revolución cebada y su oposición descansada aunque esté totalmente acéfala cuando buscamos virtud y rectitud (mientras que el poder sigue en las manos de quienes son intocables ante la falta de una amenaza creíble), nos corresponde desenmarañar lo que podemos esperar a lo inmediato, de no cambiar nosotros mismos con una acción fulminante, al próximo año 2022.

 

Percibo que llegado el fin del teatro electoral de Noviembre, la lacerante realidad se mantiene ahora inclemente, golpeando a quienes quedan levantados con la esperanza de que la “Democracia y las Instituciones del país” sacarán al actual “gobierno”, quedando estos ahora ante virtualmente el único escenario factible que valga advertir, y que obedece casi exclusivamente para su ocurrencia, a los propios intereses que puedan tener quienes detentan el poder: El referéndum revocatorio presidencial.

Esta posibilidad sin embargo, hay que verla con cuidado y tomarla con pinzas como todo en Venezuela; muchos no estamos de acuerdo con que la salida a esta tragedia sea por esa vía, porque ha dependido exclusivamente, (ante la falta de amenazas reales), de que el propio régimen quiera “retirarse” a disfrutar de sus fortunas personales, (como hizo desde hace poco el ahora ex gobernador Omar Prieto, -de la Gobernación del Estado Zulia-, quien tras su terrible gobierno saliente, dedicado a la mafia y a minar Bitcoins durante su mandato, ahora opta por “disfrutarlos”, impunemente).

Para nada va a depender de la cantidad de votos que se puedan lograr en ese referéndum, dado que para nadie es un secreto la alta manipulabilidad del sistema electoral vigente, sea por la vía de la reorganización de los votos a conveniencia, por la extorsión a los votantes, o por la manipulación mediante el aparato judicial venezolano, que tiene puerta abierta para modificar lo que quiera y cuando quiera; agreguemos a eso que al aceptar esto (el referéndum) como única vía para salir del régimen, supone también una especie de espaldarazo al status quo, al no achacarle atisbo alguno de ilegalidad a una situación que de por sí y desde hace rato, debería justificar un alzamiento popular.

 

Aunque esperar hasta la fecha “legal” para reclamar el ejercicio de un referéndum era inadmisible a mi modo de ver, (ya que postergaba lo que de facto podíamos haber hecho de inmediato -el levantamiento-), lo cierto es que guste o no, la llegada ahora del período señalado por “la ley” para solicitarlo, nos pone en la oportunidad, más que de activar un mecanismo legal, en la de:

1: Darle chance al régimen para que se vaya si ya es lo que quiere, como lo habíamos mencionado (con lo que nosotros los dejaríamos ir sin exigir justicia, en tanto que los políticos de oficio se matarían ansiosos por agarrar lo que iría quedando), y

2: Ponernos en la situación de intentar al menos activar este mecanismo que, aunque casi nunca funcionó para nada, al menos serviría para que, si nos lo vuelven a negar, poner en evidencia que insistimos en ser unos auténticos eunucos incapaces de fraguar nuestra propia libertad.

 

Tengo que reconocer que desde hace tiempo no sé qué más decirles sobre esta etapa ruda de desgaste final que hemos vivido, porque todo sigue aún el mismo guión aberrante, mientras que el régimen se continúa adaptando y aprendiendo a usar la desgracia de todos nosotros como ex ciudadanos, para fundar y extender sus propias empresas de lucro y abuso.

Sé que es durísimo lo que voy a decir, pero hay que aceptarlo de una vez por todas:

Hemos sido una sociedad carente de fe real en algo que consideremos propio como comunidad humana organizada bajo el amparo de algún ideal nacido, -y no impuesto-, porque si lo piensan, jamás nos dimos cuenta de que hemos vivido de herencias, de epopeyas ajenas, y de héroes del pasado. En ningún momento nos empeñamos con rigor a construir algo, sentirlo como propio, y conservarlo. Nunca.

Hasta hoy.

Ahora por asunto de supervivencia tenemos que hacerlo, o seremos testigos de nuestra muerte como sociedad, tal como lo hizo la Venezuela que habíamos heredado y que finalmente por acción y por omisión, -insisto-, le dimos mesiánicamente a Chávez para llevarla a la funeraria de la historia.

Sé que la verdad es muy incómoda, incluso si la digo en mis propias palabras y con la humilde visión de las cosas de alguien que se mantiene anónimo.

Hasta ahora hemos preferido morir de pie con nuestra arrogancia, -así se lleve por delante a nuestras propias familias-, que aceptar la equivocación y enmendar el rumbo.

Ahora un referéndum que probablemente no dependa de nosotros en su resultado, puede que sea la única salida, -aunque deshonrosa-, de esta etapa que mansamente hemos aceptado vivir.

Lo digo porque si no es por la vía del referéndum, ya solo nos quedará -insisto, nos guste o no-, para derrocar este régimen y a esta mentalidad de vivir, la vía del alzamiento popular, la del golpe militar con apoyo extranjero, o la de un terremoto u otra pandemia que deje en pañales a esta que nos dejó en el suelo desde el 2019, mientras infecta y mata a quienes detentan el poder y a quienes los dejaron hacer y deshacer.

La violencia; esa que nos ha acompañado indiscretamente desde el 2002 y casi siempre a cuenta gotas, con la suficiente “suavidad” como para que nos justifiquemos ante el espejo cada mañana desde hace décadas al no hacer nada exitoso para detenerla, en de hecho una hemorragia continua pero lenta, para la gente que optó por rechazar la contundencia de la acción de todos, al dejarse someter por la ambición de pocos.

Entendamos (insisto), que bajo las circunstancias actuales donde el régimen NO TIENE AMENAZA CIERTA QUE ATENTE CONTRA SU SUPERVIVENCIA, nada cambiará, a menos que los mismos protagonistas del dominio, decidan irse por su propio beneficio y resguardo.

(Es decir, los que gobiernan, incluyendo al caído en desgracia Juan Guaidó, quien habiendo podido pedir, organizar y coliderar la intervención militar extranjera y el levantamiento popular, optó en cambio por los cantos de sirena de la vieja guardia adeca que aún desde la misma Venezuela y desde España, lo controlan).

NO HAY AMENAZA cierta. NO LA QUEREMOS SER AÚN, y no hay político ni líder aquí o afuera que lo sea; no nos constituimos al presente como peligro para ellos, y ya ni siquiera como parte de instrumento alguno para alcanzar o mantener el poder por parte de terceros grupos interesados.

Nos hemos convertido en descartables, porque es el sistema de gobierno y modelo de nación que nuestra propia apatía y falta de cohesión permitió nacer y prosperar, ya no sólo entre nosotros, sino por extensión también sobre nuestros hijos, el que se auto sustenta y depreda todo a su paso.

Esto no lo digo como sentencia condenatoria para todos los que estamos unidos por Venezuela; lo digo desde la más pura intención de dejarnos de una vez por todas desnudos y sin excusa frente a la verdad que ha drenado lo mejor de esta nación oprimida, para dejar únicamente una especie de concentrado toxico y dañino de sumisión, envasado en un oscuro contenedor de arrogancia y prepotencia, que fue etiquetado con el rojo de la revolución, luciendo con el azul de la oposición, escritas sobre ella las falsas palabras de “soberanía”, “libertad” y “justicia social”.

Es que todo es falso, queridos compatriotas; hemos reducido la existencia republicana misma a un enorme tinglado de suposiciones, mentiras y orgullos deformes, sin ley o juez alguno en quien creer.

Hay amor, sí, y dignidad, sí, pero se mantienen atomizados, dispersos, latentes, sabiéndose insuficientemente unidos y repartidos como para marcar un nuevo rumbo aún, aunque van haciendo lo suyo, imparablemente, con paciencia.

Desnudarnos; hacerlo para dar el paso definitivo;

No creer en que se puede, sino hacerlo porque ya no hay opción; ese es el gran motor de la supervivencia, cuando ya sin medir consecuencia más allá de la libertad y la justicia misma que se desea alcanzar para ejercerla y conservarla, se pone en las manos prestas a construir y transformar, lo que antes sólo se llevaba en el corazón: el amor por la dignidad humana bajo el amparo de los cielos.

Suena como un salto al vacío hoy en día, -lo sé-, al carecer de figuras públicas decentes que no estén contaminadas con alguna dosis letal de esta historia decadente en la que casi todos hemos sido participes o cómplices por guardar silencio, y sean en consecuencia capaces de liderar el nacimiento de una nueva era; aun así, ese es un salto necesario, porque si no eliminamos lo tóxico, no dejaremos jamás espacio para la transformación y posterior manifestación y ejercicio de lo decente.

El periodo chavista fue muestra fehaciente de lo que no debe repetirse: el dejar infiltrar desde el principio a cualquier iniciativa de “renovación nacional”, con el extracto pérfido y casi siempre heredado del interés de pocos, porque es condenar a la revolución que nace viciada entonces desde el principio, a girar en círculos descendentes, -como avión con el ala quebrada-, impregnada y marcada en la frente por el miedo a reconocer la verdad, dando espacio en consecuencia a que bizarras figuras como hoy, en nombres como Maduro, Diosdado, Guaidó, Leopoldo, Cilia, Capriles, Rosales y miles más como ellos, pululen y prosperen, arrastrando lo que aún no haya quedado abatido en el país.

 

Mientras no nos decidamos a poner en cargos públicos a personas que sólo se dediquen a administrar y liderar el ejercicio de la ley, y que puedan ser investigadas, verificadas sus vidas y pertenencias, removidas de sus cargos en los tiempos máximos preestablecidos, sin ningún tipo de reelección o prorroga posible, y castigables nada más se detecte el delito, -a ellos y a todos los familiares y amigos que disfrutaran conscientemente de lo robado-, nos estaremos condenados a seguir girando en esos círculos funestos, como bueyes amarrados a una pesada piedra de molino, mientras convertimos en polvo de oro para otros, lo que pudo ser en justo orden y responsabilidad, un país de bien para todos, ahora muerto y esperando por su entierro, como única manera de dejarle espacio a esa nueva nación que aún debe germinar y crecer con nuestro cuidado.

 

No tengamos miedo a escribir el epitafio de esta Venezuela que cumplió su ciclo; no tengamos miedo en señalarnos para decirnos que no supimos dejar “hijos dignos” (como sociedad, a lo largo de las décadas transcurridas desde los 50´s), capaces de mantener y prevalecer con algún sentido de dignidad y pudor, obteniendo en consecuencia, únicamente sucesivos gobiernos que nos llevaron de fracaso en fracaso. Tampoco tengamos miedo a reconocer que de esto se trata la vida: de errar, de reflexionar, de elevar la consciencia y de finalmente, corregir y progresar.

Jamás se trata de rendirse y perecer.

Es que no hay tiempo perdido ni ganado, cuando se trata de la vida y de los pasos necesarios por el destino para aprender.

Somos un inmenso conglomerado disímil de perspectivas y consciencias diversas, heridos, confundidos e incapaces aún de coordinarnos bajo un ideal que alcanzar, pero eso cambiará, y cuando nos decidamos de manera espontánea, -o premeditada, mediante la organización-, podremos antes de lo que creemos, estar festejando un cambio profundo y duradero.

Recuerden: no hay guerra eterna: Hasta el holocausto más grande, deja sobrevivientes y entre ellos la semilla del cambio positivo.

 

Nos duele descubrir que estábamos en el “paraíso” (por lo natural y rico, no por los gobiernos y las actitudes que teníamos), y ver que nos lo dejamos quitar de a poco, entre los pliegues que nuestra propia obesidad mental nos ocultaba.

Ahora que estamos desnutridos y raquíticos, no debe haber sitio donde ocultar nada, a menos que insistamos tercamente en hacernos pliegues al doblar otra vez nuestras espaldas y piernas para arrodillarnos y hacerle reverencia a ese extracto puro y sucio que en forma de minoría mafiosa tras el disfraz de “gobierno”, “oposición”, “fuerzas armadas” y “amigos internacionales”, nos dominan y escupen.

Tenemos que dejar de aceptar esta violenta manera a cuenta gotas de sacrificarnos sin sentido; el cambio es ya, si lo decidimos, y ahí sí, cualquier sacrifico estará justificado y será recompensado.

No crean en líderes de Twitter ni de red social digital alguna. Crean en quien haga en rectitud y transparencia, lo que como sociedad, no hemos podido hacer pero anhelamos en silencio.

Cortemos el cordón umbilical que nos ata a estos serviles gusanos de oficio que, en género masculino o femenino, hemos llamamos “políticos”; démosle espacio a los que quieren servir y honrar, a quienes quieren brillar por el mero brillo de la honestidad a toda prueba.

Aun podemos. Es todo lo que tengo para decirles.

Los métodos y las formas, bajo la idea de “hojas de ruta”, “decálogos de honestidad”, “lineamientos estratégicos y tácticos para el ejercicio de la soberanía”, y hasta la “guía del verdadero ciudadano”, aguardan ya en decenas de páginas de este blog por todos ustedes, sin necesidad de que sepan quien los hizo, más allá de que fue alguien como ustedes, que tan sólo le puso palabras a lo que todos presentíamos.

Sirva entonces la imagen con que acompañé esta entrada al blog (hecha en Argentina para Javier Milei, economista y ahora diputado del congreso argentino), para ilustrar el leitmotiv de cada palabra que dejo aquí para ustedes con devoción por la verdad: “No vine a guiar corderos; vine a despertar leones”.

 

Despierten.

Aún podemos. La Providencia así lo dispuso.

sábado, 20 de noviembre de 2021

En cada paso hacia la “nada”, nos acercamos más a una realidad resistida a aceptar.

Sé que suena extraño el titulo que escogí, más acaso: ¿No es esta situación la de un país que lo tuvo todo (menos lo necesario para autocriticarse y reencausarce), y que ahora no tiene casi nada, (salvo en esencia, gente y miseria para exportar), algo que también suena, -cuando menos-,  “extraño”?

Porque díganme ustedes: ¿Qué le va quedando a lo que es hoy “Venezuela”?;

¿Quizás riqueza?, pero de qué tipo, y quién la disfruta?;

¿O quizás le queda Orgullo?; y si es así, para qué sirve, o a qué está sujeto?;

¿Prepotencia será?; ¿Le es útil?;

¿O se trata más bien de la suficiente vanidad como para no admitir mal alguno en su sociedad de mentira, aún carcomida por una insaciable necesidad de individualismo entendido como la capacidad de aplastar al otro sin tener consecuencia para sí mismo?;

¿Es que acaso la consecuencia de todo esto no se ve?

 

Discúlpenme si soy rudo al llegar acá con ustedes después de meses sin comentar cosa alguna diciendo ahora una verdad que no tienen la obligación de escuchar ni de asimilar; aún así, prefiero ser yo ahora, -quedando con la consciencia tranquila-, y no esperar a que un político de oficio que al final tan solo les dirá lo que le convenga a él mismo decir, (y siempre matizado por un lenguaje más propio del que habla con débiles mentales, que de alguien que se dirige con respeto y dignidad a una sociedad de ciudadanos), sea el que tome el escenario.

Pero claro, antes de seguir hablando de ciudadanos, tenemos que preguntarnos casi con sarcasmo: ¿Y es que realmente hay ciudadanos en Venezuela?

¿Somos como mayoría, un derroche de civilidad y compromiso como republica?

Vamos, no lo reconozcan entre dientes: Para ser ciudadanos, hay que tener ante todo una convicción visible y defendible ante un ideal común de valor humano innegable, y que a partir de ello, hayamos mayoritariamente aceptado un conjunto de normas bajo las cuales cohabitar en el marco de unos derechos y unos deberes que no atentaran contra los mencionados valores mismos.

Eso, queridos compatriotas, no es algo que caracterice a nuestra “sociedad”: somos más bien “súbditos” en una sociedad mafiosa cuyos cabecillas, -en forma de una corporación con los intereses más mezquinos y bizarros que pudiéramos imaginar nacer entre nosotros-, administran esta "Colonia" donde optamos por vivir sin cambiar nada, salvo nuestra propia capacidad mayoritaria de adaptarnos en dirección de la minusvalía y la carestía, mientras un grupúsculo refina cada día el arte de aplastar a los demás.

 

 

Temo que quizás algunos se acercaron a este blog en busca de leer un análisis quizás más o menos inteligente de lo que ocurriría en las elecciones del 21 de noviembre del 2021 en esta Venezuela apabullada, pero les evito la molestia de leer extensamente en esta oportunidad, pues en un nuevo ejercicio de hábil manipulación mediática, demostrando que ellos tienen tomado "el sartén por el mango", me basta con citar a dos lideres del régimen mafioso administrador, que dijeron en pocas palabras, -casi como sentencias-, a modo de bofetada para quien no lo esperaba, (es decir, a los que como candidatos o electores, estaban determinados a ejercer su “derecho” al voto con alguna genuina -pero inofensiva-, esperanza de algo.

Sin más, aquí en estas dos graficas está el resumen:


No importa lo que haya dicho algún personero del régimen conformado por el oficialismo (y su oposición hecha a imagen y semejanza) en el pasado reciente; aquí en Venezuela o el exterior, pues todo, absolutamente todo, queda claro en una nueva (pero predecible) y magistralmente ejecutada macabra estrategia:

1.-El rector del CNE, indica con claridad, libre de toda duda, que cualquier opinión en contra de lo que se haga o se dé como resultado en esas elecciones, es incuestionable, incluso por los que se digan observadores, veedores y demás personajes que pretendan fungir como validadores de los mencionados comicios.

2.-Nicolás Maduro dice que cada participante en las elecciones, convalida no solo a la elección misma, sino al “gobierno”, a la autoridad electoral, y a la Asamblea Nacional.

 Aquí no hacía falta emular la campaña y las recientes elecciones hechas en Nicaragua, y ni siquiera la brutalidad con la que fueron manipuladas; aquí, en la cuna de la perversión política, los resultados ya están cantados, porque en esta ocasión no se trata de quién gane o de quién pierda, sino del hecho apabullante de que en el mencionado proceso electoral, ningún cargo que pudiera cambiar el rumbo político del país, está en juego, ni lo va a estar, -en este proceso o en otro-, en tanto los que detentan el poder no se sientan verdaderamente amenazados por nuestra reacción colectiva e imparable ante lo injusto y castigable.

 

Amo a Venezuela, pero más que verla como una "madre", les digo que hay que verla como un "hijo" del cual todos hemos sido padres; uno que sigue el camino que nosotros hemos facilitado, con los valores que le hemos logrado inculcar.

Nos hemos equivocado al dejarnos vender la idea de que estábamos ante una “madre”; ese concepto es un error en sí mismo y por fuerza de naturaleza, porque en esencia, una madre vive en el pasado con relación al hijo, con un final que invariablemente llegará antes que el del propio “hijo”, pues porque de eso se trata la vida: de la sucesión, y en el caso de los seres humanos, del progreso y el bienestar, cuando se organizan, se toman las decisiones correctas y estas son apoyadas por una mayoría no coercionada por una minoría que apunta en otra dirección, distinta a la de los valores humanos de amor y dignidad originalmente cultivados.

Visto así, -como hijo-, y a la luz de la "perdición" sembrada y de la "enfermedad" terminal que padece luego de tanto abuso y vicio, ya el único remedio es dejarlo ir (al hijo); entender que ya hizo su vida y decidió el camino a seguir, y que nos queda ahora sólo limpiar el hogar que él (nuestra sociedad) destruyó, para dejarle espacio sano, más reflexivo y sabio, al próximo hijo que vendrá para que criemos.

En otras palabras: Nos toca admitir los errores, rectificar el camino, fundar una nueva nación y aplicar justicia ciega -pero con corazón-, sin jamás olvidar lo aprendido ni a quienes cometieron los delitos y los crímenes de lesa humanidad.

 

El domingo muchos irán a votar, pero sepan que para lo único que servirá, será para que una parte (ni siquiera todos) de ellos mismo, despierten más adelante a la cruda realidad: que seguimos siendo un país reducido a colonia, no por el poder o la inteligencia de ellos, sino por nuestros miedos, por nuestras dudas, y por la incapacidad de cohesionarnos bajo elevados valores, que aún insistimos en abrazar como individuos y no como sociedad de ciudadanos.

Una nación no es una suma de individuos jalando cada uno para un lado distinto; lo es cuando todos acuerdan hacer el esfuerzo en la misma dirección: en la de un acuerdo de valor y dignidad en principio para todos, y desde donde cada uno puede explorar su propia individualidad creativa, revitalizando así al colectivo que por naturaleza formamos.

El cambio vendrá cuando dejemos a un lado el terror a enfrentar nuestros propios demonios; cuando dejemos a un lado el miedo a enfrentar nuestra irreverencia ante las leyes, nuestra arrogancia frente a quien se atreva a decirnos que estamos equivocados, y nuestra avaricia por ser los dueños únicos del saco de la verdad, aunque sepamos en el fondo, que el saco y su contenido, son falsos.

 

El 21 de Noviembre de 2021, en Venezuela sólo se elije la continuidad de la mentira, y con ello paradójicamente, se abre la oportunidad que muchos aún rezagados se autodescubran, dentro del laberinto existencial en el que hemos como temerosos conjunto manipulable de individuos, estado existiendo. No lo olviden.

 

Nunca la libertad, -la verdadera-, nos llegará sin hacer el esfuerzo supremo y propio de lograrla, y eso jamás ocurrirá si no nos unimos bajo una sola convicción, que nada tiene que ver con la sumisión de ir a votar bajo las condiciones y resultados preestablecidos de quienes ya no nos temen ni respetan. 

Nunca.