domingo, 7 de agosto de 2022

Elecciones presidenciales 2024 Venezuela:

 

¿Ilusión o posibilidad?

 

¿Realmente es posible que se lleven a cabo elecciones en Venezuela y que haya una transmisión efectiva del poder?

O, ¿Estaremos solo ante el siguiente “episodio” del programa “La rueda de los perdedores”, con el desfile de políticos candidateables que se quieren lanzar al circo de la elección presidencial?

La pregunta obligatoria de hacer y contestar, con la cual comenzaría ese imaginario concurso, sería:

Señor(a) candidato(a):

“¿En base a qué supone Ud. que el régimen venezolano soltaría el poder que detenta hoy cómodamente, -sin oposición ni amenaza sobre ellos-, sólo para entregárselo a alguno de ustedes y así exponerse ellos mismos a un proceso judicial masivo?”

Este articulo en el blog no puede ser largo, porque ya hemos descrito en el pasado a los personajes políticos de oposición que coparticiparon -y lo siguen haciendo, incluso cuando guardan silencio-, en la reducción a la mínima expresión del país, que ha dado paso a esta especie de Colonia “estable y en crecimiento” que tenemos hoy, y en donde todos sabemos que primero “correrá sangre” entre ellos (los candidateables) con tal de lograr ser el/la/los elegidos/as para así medirse con el candidato que ponga el “lado oficialista” del régimen.

NOTA: Entiéndase que la oposición actual, por acción u por omisión, es la otra parte activa del sistema.

Arriba les dejé la gráfica con la lista de “candidateables” que ya circula en la red digital social; realmente no es ni sorprendente ni algo que no se pudiera esperar por los nombres que en ella salen, al menos si lo que sigue prevaleciendo como muda aspiración entre nosotros, es tan solo esa especie lacónica exclamación de “vamos a darle el poder a otros para que arreglen las cosas”, aún cuando sabemos que, ni tienen intenciones transparentes hacia el país, ni nos dirán -y mucho menos consultarán para luego hacernos caso-, sobre lo que hay que hacer.

Básicamente este relajo candidatural carente de recato alguno es posible por el abandono ciudadano que nos auto infringimos progresivamente con la cooperación tacita de todos los movimientos de oposición, primero, (concluida dicha etapa históricamente con el arribo del segundo gobierno de Rafael Caldera), y continuada con el advenimiento del siempre en consecuencia, periodo chavista, que finalmente nos lleva a la presente era colonial liderada por la corporación político-militar madurista, secundada permanentemente por los despojos de la oposición desarticulada y sin valores de dignidad que tenemos hasta hoy.

 

En lo personal, veo que sin un cambio de rumbo en nuestro comportamiento como sociedad, está cada vez más lejana la posibilidad de un resurgir nacional por la vía de alguna elección presidencial libre y legítima (puesto que ello requeriría de nuestra presencia cohesionada como amenaza real al stablishment actual), y a donde sólo concurrieran candidatos con alguna solvencia ética real entre nosotros.

Por eso es que desde hace rato la visión que se viene levantando sobre el horizonte como opción más factible es la de la caída violenta y la posterior sustitución del régimen por una junta de gobierno donde incluso aún es imposible determinar la procedencia idónea de sus integrantes, ni de si seria civil o militar, y todo este panorama es el resultado de la aplastante realidad: ante la falta de liderazgo indiscutible, todas las opciones se han disuelto en una miríada de argumentos vacios que han dejado sucesivamente ir las oportunidades aparecidas en el camino.

El estado actual de las cosas es tan calamitoso en el sentido de lo vulnerable que ha llegado a ser, que incluso la estructura actual del régimen, compuesta en su lado fuerte por un gobierno en esencia autocrático y dominado por un “sínodo” de mafias bajo el resguardo decisivo de la Fuerza Armada Nacional (ahora FANB: “Fuerza Armada de Nicolás y su Banda”), y con un partido político único (*), tiene más posibilidad de caer en manos de nuevos líderes internos al régimen, que mas alineados con un pragmatismo de prosperidad propia casada con la prosperidad nacional a través de la producción y el ejercicio rudo de la justicia, podrían suplantar y juzgar a los actuales cabecillas, bajo la egida entonces de un proyecto totalitario allende a los actualmente encontrados en los sistemas de gobierno chino o ruso.

(*): Den por descontado poner en consideración dentro del balance de poder real en Venezuela a alguna figura partidista adicional; todas las existentes se han degradado hasta la forma organizativa que mas que ser la de partidos políticos, son sólo componendas administrativas diseñadas para canalizar ambiciones políticas ávidas de accesar al poder.

Dejemos en claro algo: Entiendo a todos aquellos que digan que cualquiera de la actual “oposición” lo haría mejor que los que detentan visiblemente el poder actualmente, sólo en el sentido de que quizás nos devolverían esos antiguos “aires” de “libertad” que conocíamos (si reconocemos también que esos mismos “aires” nos llevaron al actual estado de las cosas), y que por tal motivo algo de la reconstrucción del país podría tener una oportunidad de hacerse en la dirección correcta al menos en lo absolutamente inmediato, y hasta quizás sorpresivamente, (casi azarosamente) en algún aspecto al mediano plazo. Lo que no ocurrirá, (sin embargo), es un verdadero cambio que sea mantenible al largo plazo, y ello supondrá el colapso eventual nuevamente, al estilo del “tun-tun” latinoamericano entre sus izquierdas y derechas, para finalmente no llegar a nada que no sea a la de conclusión de que los extremos ideológicos en política, no sirven para gobernar a una nación.

Esta afirmación de mi parte viene del hecho de que avocarnos con cualquiera de estos políticos a reconstruir el país, -estos mismos que han perfilado y guiado a la oposición existente desde la llegada de Hugo Chávez al poder y su sucesión por parte de Nicolás Maduro-, sería en esencia dar pasos con los pies llenos de barro y sangre en la dirección que ellos nos digan, porque han demostrado hasta la saciedad mediante sus reiteradas consultas populares recurrentemente ignoradas (insistamos en este detalle), que harán lo que ellos consideren necesario -y no lo que nosotros señalemos-, lo cual sabremos que es así porque están dispuestos a hacer lo necesario para mantenerse en el poder una vez instalados, tal como lo hicieron en su momento sus padres políticos (“Acción Democrática” y “COPEI”), ante nuestra laxitud como ciudadanos.

Todo este escenario de opositores colaboradores con el chavismo-madurismo llegando al poder, solo sería posible porque habríamos llegado a ese punto de supuesta inflexión (la salida del actual “gobierno”), sin estar meridianamente preparados, porque sin una identificación y valoración de cada uno de los vicios de la nación, es imposible ofrecer soluciones y mucho menos ejecutarlas con algún grado de éxito esperable.

Olvídense de que eso “ya los políticos lo tienen estudiado”, porque insisto: dejarlo en sus manos, es solo cambiar de cuidador a la soga que tenemos al cuello como sociedad.

 

Entendamos que el ejercicio de la ciudadanía, se perdió entre nosotros con el descuido sistemático de cualquier deber que esta supusiera sobre nosotros, -en aras de magnificar todo derecho concebible, por inverosímil que fuera-, y eso nos hizo totalmente vulnerables hasta el punto de sacarnos de la ecuación de poder, al haber perdido la capacidad de cohesión social que nos hiciera ser por hecho y por derecho, una amenaza real para quien se siente a administrar el poder nacional que es nuestro. (Disculpen, pero es que debo insistir sobre ello).

Seguimos entando totalmente a expensas de ellos; nos redujimos a ser “habitantes de relleno”: incómodos estorbos para los que detentan en tanto el poder, y que se toleran porque es mejor y más barato esperar que se fastidien y se vayan o se mueran, que dedicarse a perseguirlos y quedar expuestos en sus verdaderas intenciones por ello.

Nos hemos minimizado hasta tal punto a nosotros mismos como sociedad nacional capaz de obrar en una misma dirección, que cada vez es menos descabellado la perspectiva de que llegue una fuerza mercenaria con intereses “X”, y liquide a los cabecillas del actual régimen cívico militar, asumiendo ellos el control del territorio y su población dócil (o sea, nosotros).

¿Inimaginable todos estos escenarios?; bueno, también dijeron que Venezuela jamás seria como Cuba, y aquí estamos; ningún político actual representa algo distinto en el fondo a todo aquello que nos trajo hasta acá, hasta esta “Cuba venezolana”, y no por ser fidelista o comunista, sino por insistir en ser un archipiélago de intereses separados...

Sé que tenemos un destino bonito y brillante, sólo que no sé cuantas generaciones deben o debían pasar para que llegara. Como todo en la vida, -salvo el nacimiento y la muerte-, seguramente se dará paulatinamente, paso a paso, en la medida en que como individuos, como familias, y como sociedad, vayamos despertando, como seguramente ya lo estamos haciendo.

En tanto nos decidimos, no confundan hablar de la “cruda verdad”, con “pesimismo”. Al contrario, nada más lejos de la realidad. Si lo hablamos, es porque no cae en saco roto. Por eso les digo que el tiempo llega, y no hay libreto conocido sobre su llegada, así que tenemos la libertad de intentarlo de una vez, como ciudadanos arremolinados sobre una sola y digna idea: la de la libertad justa.

No nos conformemos con “falsas alegrías” (país mejorando, bodegones, elecciones 2024 -como las del 2018-), creyendo que siempre serán mejores que una “verdadera tristeza” (la de pararnos frente al espejo social, y admitirlo todo); en eso René Descartes, se equivocaba.

Les diría de una vez, “¡Ánimo!”, pero para eso, primero tenemos que levantarnos como ciudadanos.

lunes, 1 de agosto de 2022

Embarazos infantiles en Venezuela:

 ...O como la prosperidad de un país no se debe medir por su economía.

Dicen que Venezuela ha mejorado, pero los valores estadísticos sobre menores de edad embarazadas en el país para los últimos años no indican tal cosa, aun existiendo países con menor índice de ingreso per cápita que el nuestro.

En nuestra búsqueda inconsciente de justificaciones para decir que las cosas no están “tan mal, y que hasta están mejorando poco a poco”, sucumbimos a la tentación de pasar por alto elementos sociales muy cercanos a nuestros hogares y vecinos que resultan más reveladores que las meras cifras macroeconómicas con las cuales conseguimos, -como si se tratara de un colador de agujeros muy grandes-, el justificar que no tenemos problemas que atrapar y atender.

Véanlo de esta manera: ni porque el ingreso familiar en Venezuela se situara en 20 mil dólares mensuales, podríamos ocultar ni justificar el hecho de que somos el país que lidera las cifras suramericanas en embarazos en adolescentes, y eso nos dice sin dudar, que ESTAMOS MAL.

Dicen que el diablo está en los detalles, y es cierto, porque una tasa descontroladamente alta de embarazos en adolescentes, -con lo que seguramente es también una tasa consecuentemente alta de abortos-, nos hablan a todos sobre un profundo, medular y autoalimentado problema desatado a nivel individual y familiar, y en la escala social de los colectivos humanos que toleran estas cifras citadas, por ignorancia o por negligencia, tanto en el ejercicio ciudadano de las responsabilidades familiares, como en el ejercicio ciudadano de la administración social.

Casi está de más que les recuerde que la existencia de niñas y jóvenes embarazadas dejan ver la pobreza de nuestra educación y del sistema que la entrega; del inexistente acompañamiento que debía ser oportuno desde el aparato de administración ciudadano (gobiernos), o de la cada vez más patente desconexión entre los miembros de las familias, casi siempre fundadas sobre los problemas de la generación que la precedió, y atizado todo por la creciente pésima comunicación real y asertiva entre las personas.

No podemos medir el bienestar de nuestra sociedad por la cantidad de bodegones y de beneficiados por estos, o por la libre circulación de un dólar sin fuente legitima de origen que lejos de ser moneda, se maneja en realidad como un instrumento de trueque convenido sin más valor que el de la subjetividad con la que para ese día las fuerzas de la especulación le otorguen; no, ese bienestar se mide en realidad por nuestra conexión con la noción esencial de lo que ser ciudadano es: un ejercicio de honestidad y congruencia individual, personal, asertivo y de autorrealización, que se derrama sobre la familia que formemos, y que se filtra abiertamente a través del día a día en nuestro quehacer social para construir entre todos un colectivo humano que se autoregula en ese mismo actuar producto del delicado, pero consciente balance que debemos manejar entre derechos y deberes.

 

Solo así podemos tener capacidad para autocriticarnos, amarnos y sacar lecciones para corregirnos sobre la marcha; solo así podemos mirar a los ojos a nuestros hijos y reconocer sus necesidades por atender también con amor, y todo esto hay que hacerlo antes de que nuestra manía de postergar, de dejar para después, construya en ellos carencias que luego sean llenadas por actos promiscuos y sin orientación que solo crearán traumas y estigmas en medio de un país devastado en lo concerniente a sus valores y dignidades. Sin estas últimas dos cosas, sólo se puede construir un pueblo auto engañado y superficial, listo para ser manipulado por la siguiente camada de políticos venidos precisamente de esas carencias existenciales que hoy como venezolanos, terminan de sepultar aquel ensayo de nación que no supimos ser.

Si, podríamos decir que el asunto viene de la mano de la falta de anticonceptivos accesibles y de carencia de información y prevención, pero no, la realidad medular es que seguimos levantando generaciones de niños carentes de amor y que en consecuencia, no pueden tratarse a sí mismos con perdón y ternura, lo que resulta esencial para crear en ellos la dignidad necesaria para elevarse de antemano, a la adversidad de vivir en un país en esencia, superficial.

No busquemos culpables: más bien identifiquemos las debilidades, aceptémoslas como reales, y encontremos soluciones que podamos poner en práctica, siempre a condición de que antes consigamos hacernos en verdad, ciudadanos libres y dignos ante los más elementales valores humanos de honestidad, justicia y amor.

En tanto nos decidimos a actuar, probablemente seguiremos liderando la tabla de perdedores, y no "sólo" por los embarazos...

miércoles, 6 de julio de 2022

Por primera vez en la historia, dos colombianos izquierdistas están en las presidencias de dos repúblicas vecinas.

 

Hablo de Colombia y Venezuela; de Gustavo Petro y de Nicolás Maduro.

 

La historia contemporánea sigue tejiendo sus hilos, indiferente a los deseos de cada fibra involucrada.

 

Estamos caminando un peligroso sendero donde la falta de valores y de ética entre los políticos, está haciendo cada vez menos atractiva la formula democrática verdadera, en favor de modelos con menor alternancia de líderes, privilegiando así a la figura del Estado “benefactor y protector”, y a la del partido hegemónico, no ya como trampolín político a secas, sino como nodo de regulación y administración social.

 

Ahora, Colombia estrena presidente, y con ello el norte de Suramérica se viste con la idiosincrasia neogranadina desde el océano pacifico colombiano hasta el macizo guayanés venezolano y su costa caribeña, como si la izquierda latinoamericana en un torcido giro de los acontecimientos, se dirigiera a refundar a la Gran Colombia, pero esta vez bajo el predominio de la desesperanzada masa popular convertida en un cheque en blanco para una nueva minoría política que ascienden al poder, quizás ya sin retorno para  países que como Colombia y Venezuela, basaron sus destinos casi exclusivamente en la ruleta de unas elecciones presidencialistas.

 

No puedo hablar mucho sobre Colombia y los colombianos; no vivo allí, es su país y como en el caso venezolano, cada pueblo se lanza en la hoguera de su preferencia. Sin embargo, los hilos que se entrecruzan íntimamente al Este y al Oeste de la frontera común entre estas dos naciones, permiten al menos meditar sobre lo que está ocurriendo a fin de dilucidar lo que puede venir para estos pueblos.

 

Sobre Venezuela en realidad hay muy poco que decir que no se haya mencionado ya: Un Estado fallido desde la óptica de la libertad ciudadana y el ejercicio real de la justicia; una nación que funciona y hasta se estabiliza mejor bajo la formalidad ya descarada de una mafiosa administración colonial.

 

Con respecto a Colombia y las recientes elecciones donde gana la izquierda de la mano de un guerrillero que finalmente se tranzó con el sistema predominante de su país para acceder al poder (tal como lo hizo en su momento el golpista Hugo Chávez en Venezuela), tenemos que comenzar entendiendo el contexto de las cifras con que ganó: Petro asciende al poder con el 50.47% de los votos escrutados en la segunda vuelta electoral; aproximadamente resultan ser unos 11 millones de votos, de poco más de un universo de 22.6 millones de electores que votaron, a su vez sobre una base de votantes activos de 39 millones, lo que representó entonces un participación total real del 58% de la población activa para votar, con lo que Petro realmente se convirtió en “presidente legitimo”, con sólo el 28% de los votos posibles a nivel nacional, lo que la pone en similitud con el caso de Venezuela y el triunfo de Rafael Caldera en 1993, y todo lo que ello trajo para el país.

 

Así las cosas, la presidencia de Colombia fue elegida “democráticamente” por minoría absoluta.

 

El mundo “democrático” latinoamericano está funcionando de esa manera, sea socialista, “medio socialista”, “medio de los dos lados”, o “ligeramente de centro” (porque “derechistas”, ninguno), mientras que gente simplemente “honesta y equilibrada, alineada con la honestidad desnuda”, virtualmente no existe en la política actual, ni mucho menos se dejan ver, mientras permanecemos a la expectativa de que aparezcan.

 

 

Colombia tenía todos los elementos sociales para que se materializara esta misma visceral conducta electoral de “démosle el turno a ellos, a ver si resuelven esto” que ya en Venezuela marcó el rumbo desde 1998. La tan cacareada alta clase colombiana, esa de una “trayectoria política de alto perfil frente al concierto de las naciones” según ellos mismos se enseñoreaban, y reconocida además por la habilidad diplomática para ganar territorios particularmente en la frontera que compartía con su vecino occidental, -lo que casi les permite adueñarse del Golfo de Venezuela en tiempos del coronel Londoño-, hoy yace fragmentada y obesa, inoperante frente a los nuevos signos sociales, e incapaz de interpretar las señales que iban destruyendo su cómodo piso de influencia, como recurrentemente ha venido ocurriendo en el resto de Suramérica frente a la negligencia política predominante.

Colombia con su guerra interna, literalmente se acostumbró a vivir con un cáncer en su cuerpo social, a pesar de los gritos de agonía que su vecina Venezuela dejaba salir como clara alerta de lo que vendría.

 

“Democráticamente” quizás, el país neogranadino no tenga vuelta atrás; posiblemente llegó para engrosar una nueva posición en la lista de países carcomidos por su propia inoperancia social y colonizados por sus élites más populistas.

 

Son tiempos agitados para todos; el mundo es “redondo”, así que no hay dirección que decidamos tomar para largarnos muy lejos de la verdad, que no nos lleve eventualmente a circunnavegar y arribar al mismo punto de donde salimos: que nos estamos entregando a minorías políticas y económicas que de a poco se han ido enquistando en el poder, como si fueran los sacerdotes Sanedritas del templo político moderno, devenidos en corporación política con inspiración feudal.

 

El tiempo lo dirá. Quizás, -solo quizás-, Colombia apenas no ha hecho más que comenzar el camino revolucionario marcado por Venezuela; Petro y los colombianos deberán mostrar de qué son capaces para evitar el despeñadero de una estéril revolución tipo chavista, y para eso no hacen falta décadas: únicamente unos pequeños pasos en la dirección equivocada.

 

Por ahora, y para comenzar con nuevo pie (el izquierdo, literalmente), tienen ventajas comparativas que les permiten sacar provecho e inclinar la balanza del lado de la prosperidad: una capacidad industrial y comercial que les permitiría adueñarse del depauperado mercado venezolano, si saben mover los hilos políticos, tomados pragmáticamente de la mano de Nicolás Maduro y así acrecentar su valor geopolítico; devolverle “Monómeros” al régimen venezolano les permitirá ganar réditos, y coordinarse de manera más práctica con el cliente más cercano allende a su frontera Este, mientras desmantela el inútil bloqueo político de su antecesor en la presidencia Colombiana.

 

Las oportunidades económicas abundan en un mundo que hoy más que nunca, muestra que la geopolítica es la que manda; más que cualquier consideración humanitaria. Así estamos y permaneceremos, mientras no demos un giro a la actitud ciudadana de los pueblos hoy en día marginados y doblegados.

 

Del triunfo de Petro se sacan dos posibilidades enormes: Que la alianza de dos neogranadinos en las respectivas presidencias den paso a un dinámico y enorme intercambio comercial en el que Colombia suplante a EEUU y posiblemente a China como principal aliado comercial de Venezuela, mientras que el trabajo coordinado dé además estabilidad como nunca se ha visto, a los dos grandes de la antigua Gran Colombia.

 

El tiempo lo dirá, no ya su población.

 

martes, 5 de julio de 2022

Nuevo negocio a la vista en el régimen de Nicolás Maduro: La generación de electricidad solar en Venezuela.

En un país que tiene sobrada capacidad hidráulica y térmica instalada para producir electricidad -aunque esté mal administrada y arruinada-,  ahora se antoja que según los funcionarios políticos del ministerio de energía eléctrica (MPPPE), comprar asesoramiento y equipos para producir electricidad a partir de la luz solar, es "mejor".

Entiéndase de una vez: se define como “mejor”, la oportunidad para que la corrupción y la negligencia se hagan con el dinero público mediante la adquisición de la infraestructura generadora solar.

Estemos claros que las fuentes verdes de energía son el futuro, -incluyendo en ellas a la generación nuclear-, pero por ahora nos vamos a apartar de los aspectos tecnológicos, para continuar centrándonos en lo que verdaderamente motiva esta iniciativa: Sacar jugosas y cuantiosas comisiones en el proceso, dilapidando con ello la posibilidad de una corrección razonable de la calamitosa situación que presenta el sector eléctrico venezolano.

Olvídense de que existe una real intención de cambio: en Venezuela la pérdida del parque eólico instalado en el norte del Zulia hace años, -a causa de la desidia, negligencia y falta de interés-, aún se mantiene de pie junto con sus restos, como monumento colosal a la desidia de un país mal gerenciado desde los tiempos de Hugo Chávez, por la mafia que él mismo  instaló como Estado y Gobierno en nuestro país, reducido ya a colonia.

¿Saben por qué ese parque eólico fue abandonado, a pesar de estar en capacidad de generar electricidad para toda la zona de la Guajira?: ¡POR LA FALTA DE UNA SUBESTACION!; y es que con todo conocimiento de causa, dejaron morir premeditadamente una planta de generación eólica porque nunca se aprobó la construcción de la interconexión con la red de los pueblos a los que favorecería!

¡Es como haber construido el puente sobre el lago de Maracaibo, y no haberle hecho los tramos finales que lo conectaran con la costa de lado y lado!

El parque eólico languideció porque no había negocio relevante en eso; finalmente colapsó en manos de las mafias que roban metal Cobre de la zona, gracias al lucrativo negocio del tráfico ilegal de metales estratégicos hacia Colombia.

 

Lo que para cualquier cabeza racional en el país es obvio a la hora de atender y resolver el problema eléctrico, resulta ser algo que está totalmente "ausente" de las autoridades encargada del sistema. Por esa misma razón fue negocio lucrativo dejar a los cubanos comprar plantas de gasoil “repotenciadas”, en el mercado internacional, para rellenar los huecos obvios que estaba dejando el colapso del Sistema Interconectado Nacional (CEN), a través del plan que el mismo Hugo Chávez llamaba “generación distribuida”, y que supuso el despilfarro y robo de cerca de 20 mil millones de dólares que solo sirvió para crear y mantener una red -pero de corrupción-, que iba desde Cuba, pasando por las autoridades civiles y militares gubernamentales nacionales y estatales, hasta los mandos altos de CORPOELEC en cada estado. (Nota: no busquen a la mayoría de esos personajes entre nosotros, pues ya se encuentran en su mayoría, emigrados hacia otros países donde podían resguardar los dineros robados).

Ahora, hablemos de electricidad mediante la generación paneles solares: Actualmente la inversión es tan brutalmente elevada, que no hay manera de justificar el dinero requerido, siendo que su uso más bien en la restauración del sistema que dejaron colapsar (SEN), ofrece más garantías de estabilidad, gestión, organización y viabilidad de mantenimiento que cualquier opción que por su naturaleza solar, estaría limitada en su disponibilidad horaria, y obliga a un gasto importante adicional para el diseño, importación, instalación, mantenimiento y sustitución por fallas de los dispositivos de generación, almacenamiento y distribución.

NOTA: Está comprobado que al comparar Kw de energía generado Vs. el Kg de CO2 producido por los conceptos de la fabricación, transporte, instalación, mantenimiento y operación de todo el ciclo de vida para tcnologia comercializada hoy (solar, nuclar, hidraulica, térmica), la energía solar hoy en día es más contaminante incluso que la nuclear. Los invito a indagar este tortuoso tema que nos encandila con las "candilejas" de la publicidad “verde”.

El sueño de ver millones de paneles solares cubriendo los hogares e industrias de Venezuela por si solo se convertirá en una pesadilla al estilo “buses Yutong”, si dejamos a un lado todo lo que comprobadamente resulta ser la opción más estable y mas económica a medio y largo plazo: Reparar y adecuar lo existente.

Insistir en el sueño solar en este momento para Venezuela es caer en el típico “negocio” de todos los gobiernos nacionales, estatales y locales del país: Comprar ingentes cantidades de algo, no darle mantenimiento, y luego ante cualquier pequeña falla, arrumarlo y perderlo, para así proceder con una nueva compra masiva, eternizando de esa manera el ciclo de corrupción y enriquecimiento ilicito.

El asunto de estabilizar con calidad técnica y ética el servicio eléctrico en Venezuela, no pasa por inventar nuevas oportunidades disfrazadas; pasa por revisar lo existente, y corregir sus deficiencias, ampliar su capacidad y hacer de su administración, una empresa transparente; todas cosas que no existen al presente, sabida cuenta que CORPOELEC  está limitándose a lo único que puede: mantener funcionando precaria y mínimamente, los restos del antiguo y poderoso SEN.