Y finalmente ocurrió lo que se dejaba ver en el horizonte como una significativa probabilidad tras los movimientos militares estadounidenses de finales del año pasado en el Caribe: El gigante -pero envejecido vecino del Norte-, tomó cartas en el asunto venezolano, a conveniencia de sus propios intereses, con lo que el tablero político nacional fue movido de un solo -y “limpio”-, golpe.
Evitemos por ahora el hacer una lista de los “cambios”
(cosméticos) ocurridos desde que los Estado Unidos de Norteamérica
entraron por iniciativa propia a la vida “nacional” (nunca antes ese término
había estado tan reducido en su significado), y comenzaron a tomar
disposiciones y girar ordenes como los nuevos “jefes” de la “cosa nostra”
venezolana; los gringos tomaron el control (previa conspiración con otros
jerarcas del régimen), sacando así a la pareja Flores-Maduro casi que quirúrgicamente,
aparentemente como un acto “ejemplarizante y de advertencia” para que
los demás entraran por “el aro” estadounidense de la obediencia (particularmente
la triada del poder mafioso venezolano conformada por Diosdado Cabello, los
hermanos Rodríguez y Padrino López), mientras que el bando de la “oposición”,
más tomado por sorpresa que otra cosa por la acción estadounidense, condujo a
que improvisada -y provisionalmente-, María Corina Machado (MCM) se autoerigiera como
la cabeza visible de la oposición, haciendo malabares para tratar de garantizar
su llegada al poder en Venezuela (a todas estas por cierto, pasando con muy
bajo perfil el ciudadano supuestamente electo en los comicios…).
Irónicamente, al presente el poder luce más “sólido,
estable y seguro” que nunca en manos de los “representantes” de
facto de EEUU; es decir, nos referimos a la mencionada triada oficialista,
que es la que cuenta realmente con el control de la fuerza civil y militar en
todo el territorio, por ahora.
COMENTARIO 1: Tengan en cuenta que tiene sentido la
estrategia y táctica asumida por los estadounidenses: “descabezar” ejemplarmente
al régimen para “aleccionar” al resto; que se cumplan las instrucciones
estadounidenses sin resistencia a cambio de que conserven el “control
administrativo” de la estructura de poder interior; piénsenlo: EE.UU. no quiere
quitar al “líder” y generar un caos; ya les pasó en Libia…
Si nos ponemos a hacer
historia, fíjense que ya ha quedado casi olvidada en el tiempo aquella fecha en
la que debió tomar posesión el ya entonces geriátrico y cabizbajo candidato asignado
a dedo por MCM, que nunca habría sido reconocido como triunfador de la
contienda, por la naturaleza misma de aquella ficticia elección realizada por el
régimen. No está de más el decir que ese proceso comicial fue una muestra contundente
de que aquel adagio en Venezuela cayó en saco roto, hasta casi el infinito:
"Con
el mal no se dialoga; se le combate".
La oposición probó en esa
ocasión lectoral con sus propios huesos (y con los nuestros), que su
real participación ya no era necesaria en el juego político; mucho menos sus escasas
ideas, requiriéndose únicamente su complicidad tacita. En consecuencia, no ganaron
nada real en el proceso electoral que el régimen propuso, gestionó, e impuso, y
solo perdieron todo los que les quedaba. Incluyan en ese proceso a la misma MCM,
y al presidente electo que, a pesar de sus avanzados años de vida, optó por la
fuga segura a España que a la confrontación con el régimen para defender su “triunfo”.
Ya nadie habla seriamente de
que asumo su cargo; todo fue demasiado turbio, y optan por llamar a una nueva elección
donde la diarrea de candidatos lloverá sobre nosotros…
COMENTARIO 2: Por cierto, de
los políticos que en el exterior permanecen, no podemos esperar nada nuevo; de
los ocultos aquí, tampoco, mientras que el “outsider” necesario (por su
honestidad y estrategia fresca y transparente), no aparece, y eso sin tomar en
cuenta que lo que actualmente depende del presidente estadounidense Trump, (si,
triste situación por depender de potencias extranjeras), está limitado al hecho
de que solo le quedan dos años de gobierno para “controlar” al régimen -y su simbiótica
oposición venezolana- en el caso de no sucederle en la presidencia de EEUU un
aliado político (entiéndase, republicano);
Luego habrá que ver lo que
ocurre…
Pero volvamos a la medula: salió Nicolas Maduro, y aún
así, -y en contra de las primeras interpretaciones de la población dentro y
fuera de Venezuela con sus celebraciones-, no ocurrió el cambio mágico y rápido
que se deseaba y que se cultivaba en el imaginario colectivo, quizás inspirado
por un poder divino guiando a una MCM en la clandestinidad (que luego se limitó
a llamar únicamente a “la vigilia y la oración”, tras el triunfo de
Edmundo…
Hoy la realidad abofetea a los aún adormilados, para que
despierten.
…Entonces, ¿qué pasó?; ¿Eso significa que Maduro
no era el pilar del sistema totalitario venezolano como para acabar con la
pesadilla, una vez extraído este del país?
La respuesta corta es que efectivamente, él no
era el pilar, aunque si su principal fachada. Lo hemos dicho desde hace
tiempo: Venezuela, como territorio sin ley o forma ciudadana que buscara
el bienestar colectivo, ha estado regida por una corporación de mafias;
es decir: ese aparato cívico-militar autosustentable que incluye íntima y
profundamente a la oposición, ha estado actuando bajo la estrategia del
poder distribuido y disimulado para evitar su decapitación (como efectivamente
pasó en tiempos de Chávez, oportunidad por cierto perdida por la extrema incompetencia
de quienes tuvieron el acceso al vacío de poder resultante).
¿Lo Recuerdan?; les hablo del 2002. Allí ellos aprendieron
la lección…
Entonces, ¿Alguien aún cree que el movimiento del
gobierno de EEUU supuso la transición a algo distinto a lo interno y profundo
del país, teniendo exactamente a los mismos protagonistas a disposición para
relevar/repetir a los actuales pillos, ahora con nuevo “jefe”?
Algo sigue estando muy mal, y no sé si la gente
comienza a intuirlo por las consecuencias apiladas y sufridas en carnes propias
desde el 3 de enero del 2026.
Obviamente, si elegimos tomar en cuenta los aspectos
geopolíticos que hemos tocamos en el artículo pasado de este mismo blog, el
tema se complica grandemente y adquiere capas de distracción que encubren a su
vez movimientos e intereses más profundos y sensibles que resultan imperceptibles
para la mayoría, y lo cierto es que hará falta gente que entienda todo esto
para conformar entonces un verdadero cambio social, político y económico en
el país, que no pase en modo alguno por la realización a priori de unas
elecciones, mientras se arrastra como caballo de troya, a tanto despojo político
entre las patas.
No olviden esto: La figura de la Junta de Gobierno
(con un fin bien definido y un tiempo finito para realizar lo programado),
y su adjunto Tribunal de Justicia para la reconstrucción nacional, son
fundamentales.
Piénsenlo; no hay otra manera de reconstruir con
cimientos reales el “edificio” nacional del Estado y la posibilidad de
establecer un régimen de gobierno distinto, ya incapaz de incurrir en los
mismos errores. No hay que temerles a las consecuencias si no se hace, porque precisamente
esas ya están entre nosotros desde la muerte de Chávez.
Nos hemos acostumbrado a vivir
en el precipicio
“Ni nos mantenemos en la
cumbre, ni nos terminamos de caer”; el arte de vivir en el
acantilado de la inacción y la neutralización social.
Esta es la otra dura realidad:
entendamos que, si los tontos volaran, el cielo de Venezuela (como en
general en el de Hispanoamérica / Latinoamérica) estaría “nublado” de
tantos que son.
Sin más cortapisas ni
parábolas de escape, tenemos que aceptar la realidad que nos trajo hasta esta
coyuntura, para así no huir de lo que nos está manteniendo esclavizados: que
hay que poder construir algo que sea sostenible por los que hereden nuestras
acciones.
El inmediatismo no basta; tampoco
la mediocridad para planificar y hacer cumplir lo establecido como plan rector
nacional alcanzado por consenso.
¿Recuerdan cuál es la trampa
de la “democracia” que nos han vendido?: que esta se convirtió no en
el gobierno del pueblo (es decir, en el de la opinión y consejos de sus más
elevados ciudadanos), sino en la expresión sesgada e interesada de al menos
dos partidos que encuentran en el conflicto forzado y la polarización de las
masas resultantes, la esencia misma del juego político necesario para fomentar
y mantener la presencia de acuerdos innombrables para la administración del
poder y a los corruptos que se aprovechan de ello.
No es lo mismo el servicio
a la sociedad, que el cálculo electoral, y esto último es
lo que reina entre “nosotros” (aceptándolo) y entre nuestros “lideres”
(aupándolo).
La génesis del tráfico de
influencias que nos destruyó, está en la necesidad impuesta de acordar
transacciones económicas y de poder, siempre a manos de oligarquías que se
heredan en los puestos, y que se mantiene a su vez en contante remodelación y
camuflaje.
El problema de la democracia
occidental es que se redujo al “ejercicio del voto de parte de una mayoría
que no entiende nada, para estar al servicio de una minoría convertida en millonaria
por el acceso al poder, que a su vez compra los votos de aquellos desesperados
o desperanzados”.
Hemos perdido la capacidad de
razonar y asimilar el que, si las partes en realidad trabajaran por un bien
común (como por ejemplo, el de la Nación), se harían entonces las cosas de
la mejor manera posible, al estar todos “empujando” en la misma dirección.
Así las cosas, ni siquiera el
bipartidismo sería necesario, sino más bien la discusión de las ideas y el
acuerdo (el mencionado consenso), y ante esto último parece que los políticos
sustraídos del concepto de servicio al pueblo, prefieren primero
la muerte o el exilio -con lo que se robaron-, que aceptarlo.
Pregúntense: ¿Si la
constitución y sus leyes están tan bien logradas en sus propósitos y
actuaciones, por qué tenemos políticos electoreros dedicándose a
reformar lo que ya podría funcionar, en vez de servidores públicos que estén
dedicados al alto compromiso de administrar y gestionar la cosa pública ya
organizada?
¿Cómo esperamos entonces tener
alguna coherencia en un país donde se permite eso?; ¿Cómo no ser blanco de
invasiones entonces?
Lo que DEBE OCURRIR para que todo siga igual.
En resumen, no pueden volver a la palestra los mismos protagonistas
del pasado y sus variantes “novedosas”; ninguno de ellos ha cambiado en sus ideales
y actuaciones, y lo demuestran queriendo cambiar a la criatura desde adentro;
ninguno llama a la formación de una Junta de Gobierno de la que ellos estén excluidos
y menos a un tribunal de justicia que los pueda investigar y condenar; solo insisten
en hacer lo que mejor negocio y réditos da: Elecciones, -enormes e infinitas
elecciones-, de esas manipuladas no en las urnas, sino en la cabeza de la
gente que iría mansamente a votar por el “menos malo” según les hayan
vendido, dejando así colar al sistema que se quería eliminar, al suficiente
número de los peores entre nosotros, que bajo la promesa de un cambio, en
realidad se aseguran de mantener todo como está.
Insisto: necesitamos gente casada desde el amor
patrio, con la idea de servir y hacer prosperar -bajo el manto de la ley
y su ética interpretación-, al prójimo.
No olvidemos quienes fueron -y son-, los que crearon
las condiciones y los protagonistas necesarios para que un “Hugo Chávez”
tuviera oportunidad de surgir, y años después, ganar elecciones a hombros de
una mayoría defectuosa por muchas razones; son los mismos que ahora preparan
maletas para regresar físicamente, pues su influencia remota no ha cesado de
estar entre nosotros y el régimen.
“Perder un país”
debería ser muy difícil -sino imposible-, pero Venezuela demostró que
ello si puede ocurrir y, aun así, no sé si hay alguien que toma nota de ello a
estas alturas.
Mientras llega ese momento de inflexión
real, los gringos mandan, y los “ratones” políticos de la vieja escuela
(ver fotos) se mordisquean y chillan afanosamente por consumir las
sobras y así volver a por lo de ellos: la corrupción.
Necesitamos despertar para
poder cambiar al país, para cambiar los valores rectores de la sociedad, pero
solo con aquellos de ustedes que sean capaces de dejar de temer a la idea de “desnudarse
y sentir vergüenza”, porque lo que viene es duro, a consecuencia de las
décadas de complacencia que nos permitimos.
El Universo no acepta
desequilibrios, y nosotros estamos en uno muy grande.
No confíen en los
protagonistas políticos de este tiempo; olvídense de la capacidad de MCM para
llevarnos a un puerto distinto y épico; no vean a ninguna ayuda externa como
salvadora de todos nosotros; estos últimos vienen a por sus intereses, no por los
nuestros.
Una nación incapaz de
liberarse por si misma, indefectiblemente perece con el pasar de los años. Eso
nos pasó; la decadencia es parte natural de la vida, y quizás solo debamos
aceptar que la decadencia nos consumió, y que tratar de recuperar los buenos
tiempos, es solo una fantasía.
Por eso es tiempo de “resetear”,
de borrar el corrompido sistema operativo e instalar uno nuevo. Uno escrito con
nuestras subrutinas y algoritmos de libertad, vigilancia, justicia y
oportunidad, aprendido de los errores de aquellos que no lo lograron.
Los EEUU no vinieron por ello.
Solo son un “virus” buscando su propio beneficio en medio del decadente “cuerpo”
geopolítico que nos permitimos ser.
¿Llegaremos a tener el “antivirus”
correcto entre nosotros para poder salvar algún vestigio de lo que alguna vez
fueron valores venezolanos cultivables, que podamos heredar a nuestros
descendientes?